July 1, 2022
De parte de Lobo Suelto
196 puntos de vista

Existe una concepci贸n dominante del deseo que lo define a partir de la falta de su objeto, de la ausencia de aquello que se anhela, cuya tradici贸n se remonta a Plat贸n y llega hasta el psicoan谩lisis. Esta historia del deseo, que tiene su hito fundamental en el di谩logo plat贸nico en que la sabia Diotima establece que la madre de Eros es la carencia (Pen铆a, la personificaci贸n de la pobreza), tiende a velar que en esa misma genealog铆a plat贸nica el padre del deseo lleva el nombre de 鈥渞ecurso鈥 o 鈥渃amino鈥 (Poros). Es decir que si bien no hay deseo sin falta (Deleuze discute esta tesis de manera relativamente solitaria), tampoco puede haberlo sin ciertos medios o recursos para lidiar con esa falta. El libro de Constanza Michelson Hacer la noche opera como un recordatorio de este aspecto olvidado: advierte que de lo que se trata en relaci贸n con las compulsiones y ansiedades que aplastan el deseo en la actualidad es de recobrar los recursos ps铆quicos capaces de crear una distancia que permita al erotismo circular y a la vida existir. Entre esos recursos, a Michelson le interesa sobre todo uno: el conflicto, su fuerza habilitante y su poder curativo. El conflicto es la 鈥渧ida pol铆tica interior鈥 a partir de la cual es posible hacer la noche, construir ese espacio temporal en que habitamos el dolor sin huir de 茅l o pretender aniquilarlo. Habr谩 entonces que mirar a la cara el insomnio, cifra de la compulsi贸n simbi贸tica. El pensamiento po茅tico que despliega este libro corta el cuerpo.

Michelson distingue: hay una noche primitiva, indiferenciada, uterina, ca贸tica, de fantasmas y terror, y hay una segunda noche que es la noche de la enso帽aci贸n, que posee una luz intermedia que no es ni tinieblas ni la 鈥渓uz feroz鈥 de la ausencia de velos y el d铆a continuo. Ah铆 en el medio los ojos no necesitan abrirse en estado de alerta paranoica ni andar ciegos de confianza; se entrecierran para acceder a lo simb贸lico, al 谩mbito del mito (t茅rmino que quiz谩s proceda del verbo myein que significa abrir y cerrar los ojos, entrecerrarlos). En ese 谩mbito podemos lidiar con el sufrimiento, contamos con los recursos y tambi茅n los velos para hacerlo. 鈥淟a noche tiene una inteligencia, no obstante, el d铆a y sus razones no le han dado descanso鈥. Se trata del insomnio de mediod铆a, el m谩s terrible, que no es estar despierto sino sostener el delirio en razones, y que remite a una luz sin sombra donde las cosas pierden su espesor. La ansiedad que domina el mundo contempor谩neo, que rechaza la ausencia y exaspera de presencia aunque no se est茅 casi presente, cancela no solo la espera (la demora er贸tica) sino tambi茅n el s铆mbolo, recurso clave de la vida del conflicto. Cancela en definitiva el misterio, la opacidad constitutiva de lo humano, aquello que permite la diferencia.

En el caos sin borde ni contenci贸n tenemos el abrazo o el Rivotril, apunta este libro, pero ninguno de ellos alcanza para hacer un mundo: hace falta el lenguaje, el recurso humano por excelencia. El lenguaje al que se refiere Michelson, el lenguaje de la segunda noche, surge de la Ca铆da, corte de la simbiosis. No es el lenguaje con el que Ad谩n nombra bestias y aves en el para铆so, pero tampoco es el lenguaje de Saussure, puro signo arbitrario. Lejos de una visi贸n instrumental del lenguaje, en el que este es visto como un medio para comunicar contenidos que le son externos, el modelo que toma este libro para lo ling眉铆stico es nada menos que la plegaria. La plegaria del creyente pero tambi茅n la del ateo, porque lo esencial reside en la voz que profiere desde la radical vulnerabilidad, condici贸n de todo lazo. No se trata aqu铆 de la respuesta, sino del ruego, de la vida interior que se construye a partir de 茅l. El animal humano se caracteriza por lanzar un grito que es traducido luego como llamado. Por eso la plegaria define tambi茅n la filiaci贸n: 鈥淭us hijos no te pertenecen. S铆, su llamado鈥. La 茅tica de la responsabilidad en la que insiste Michelson se funda en el compromiso con la escucha de ese llamado, en el gesto que responde por la fragilidad de lo creado y que supera la verdadera tentaci贸n, el verdadero deseo prohibido, que no es sexual sino que consiste en el deseo de desresponsabilizarse (como ense帽a el c茅lebre sue帽o de Irma). 鈥淪eamos creyentes o ateos, la plegaria es el gesto de la fe de la existencia de otro en m铆鈥, y para eso debemos permanecer sobrios, abiertos, evitar la solemnidad que destruye el lazo (鈥淐risto no fue solemne鈥, escribe Mistral, aqu铆 citada). El 谩mbito de la trascendencia resguarda literalmente un m谩s all谩, un aire para el vuelo de Eros, contra el materialismo banal incapaz de establecer para la vida coordenadas que excedan una inmediatez compulsiva. En este sentido, Michelson trae a colaci贸n un comentario de Rafael Gumucio: 鈥渜uienes no creen en la vida despu茅s de la muerte viven como si nunca fueran a morir. Entonces, 驴qui茅n es el creyente rid铆culo? Mejor creer en lo imposible que en una estupidez鈥.

Con la muerte de Dios, la capacidad del lenguaje para reparar el mundo entra en crisis. Habitamos entonces lenguajes rancios, el lenguaje as茅ptico de la correcci贸n pol铆tica, el lenguaje infantil de la indignaci贸n, el lenguaje culposo plagado de clich茅s e incapaz de una palabra verdadera, el lenguaje indolente de la salud mental, 鈥渟in vuelo ni promesa鈥, que no escucha (el llamado que procede siempre de la singularidad). El hospital se qued贸 sin hospitalidad, nos dice. 鈥淧ara lo sanitario el dolor no sirve para nada, aunque tampoco es justo decir que sirva鈥. El dolor no es un instrumento, es la condici贸n que nos liga. Michelson nos recuerda que los lenguajes para el dolor importan: la actualidad del psicoan谩lisis, su potencia alternativa a la medicaci贸n generalizada y descontrolada, reside en la pr谩ctica de la escucha, pero adem谩s en que su lenguaje acredita el conflicto como modo de hacer con el dolor, de hacer el duelo, porque del otro lado hay 鈥渦na carnicer铆a que busca paz como se busca la paz en la guerra: borrando al enemigo鈥.

En la misma direcci贸n, se se帽ala como recursos el lenguaje pol铆tico, el lenguaje alusivo del humor, el lenguaje como poder de conjurar, de disolver y curar. Estos lenguajes reclaman paciencia, la paciencia que no tenemos (鈥渉emos construido imperios pero hemos perdido la paciencia鈥), pero si bien la ansiedad devino programa pol铆tico, un halo de esperanza ti帽e las p谩ginas de este libro, felizmente insolente con el discurso de la ciencia y profundamente compasivo con todo sufrimiento que comporta estar vivo. Se trata de la apuesta inclaudicable por los recursos ps铆quicos, ling眉铆sticos y simb贸licos sin los cuales no es posible entregarse al descanso que ofrece la noche. Necesitamos hilos para retornar a ese hogar que, nos ense帽a esta lectura, no preexiste sino que se hace. La genealog铆a que Arist贸fanes crea para Eros afirma que es hijo de Nix, la noche. Michelson lo entiende igual. El camino de la cura no es una l铆nea ni un progreso, sino el conflicto en tanto hilo que orienta en la noche. Porque no se trata de satisfacer la suma total de las inclinaciones (como define Kant la felicidad), sino que 鈥渁 veces se puede estar bien estando mal鈥.

* Rese帽a de Hacer la noche, Paid贸s, Santiago de Chile, 2022, 255 pp.




Fuente: Lobosuelto.com