February 22, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
374 puntos de vista


La violencia es tolerada en determinadas circunstancias y en otras se utiliza para criminalizar la protesta, ese es el t贸tem hegem贸nico sobre el que gira el debate p煤blico y que favorece a los intereses del discurso de orden y palos de la ultraderecha.

Antonio Maestre

No me creo las condenas a la violencia. Son solo un artificio, una escenificaci贸n gen茅rica de esc谩ndalo fingido en un marco pol铆tico que suele ser difundido por quienes defienden el uso de la violencia en otros escenarios. No me las creo porque los hechos van en la direcci贸n contraria y porque las condenas de violencia siempre son selectivas y la ignoran de manera sist茅mica cuando est谩 dirigida al lugar que creen adecuado. Los marcos de la extrema derecha funcionan como punta de lanza y el discurso hegem贸nico preponderante en el panorama medi谩tico act煤a como correa de transmisi贸n de la propaganda posfascista. Una opini贸n publicada de tintes ultras que conforma el sentido com煤n mayoritario. O condenas la violencia que se te marca, solo esa, ignorando otras, o eres un violento. La trampa discursiva habitual. Porque la violencia es tolerada en determinadas circunstancias y en otras se utiliza para criminalizar la protesta. Ese es el t贸tem hegem贸nico sobre el que gira el debate p煤blico y que favorece a los intereses del discurso de orden y palos de la ultraderecha.

Enrique Rodr铆guez Galindo falleci贸 la semana pasada. El general de la Guardia Civil es el s铆mbolo de la violencia institucional, el paradigma del uso de la violencia de Estado. El guardia civil que estuvo a cargo del cuartel general de Intxaurrondo y que fue condenado a 75 a帽os de c谩rcel, de los que solo cumpli贸 cuatro, por el secuestro, tortura y asesinato de Jos茅 Antonio Lasa Ar贸stegui y Jos茅 Ignacio Zabala Artano. Nunca jam谩s le fueron retiradas todas las medallas y condecoraciones. Fue un terrorista, un hombre que us贸 su cargo para institucionalizar la tortura y el crimen en la Guardia Civil que dirig铆a. Su muerte provoc贸 el homenaje entusiasta y las eleg铆as de Macarena Olona, portavoz de Vox en el Congreso, y, lo que es m谩s grave, de las asociaciones profesionales de la Guardia Civil. Un hecho tan grave no ocup贸 ning煤n espacio en la agenda p煤blica, no se pregunt贸 al ministro del Interior por el hecho de que guardias civiles hagan apolog铆a del terrorismo ni se pregunt贸 al PP si condena que un socio de gobierno haga lo mismo. Hubo un silencio atronador en los medios. La violencia no fue motivo de discusi贸n.

Un tuit de Pablo Echenique convirti贸 la agenda p煤blica en un铆voca. Unidas Podemos alentaba la violencia, ahora ten铆a que condenarla. Todo el debate gir贸 en torno a ese mensaje. No solo por la petici贸n de asunci贸n de responsabilidades a Unidas Podemos por ese mensaje, sino para trasladar al Gobierno la necesidad de la condena del mismo. El estado de opini贸n hab铆a sido creado. Unidas Podemos no condena la violencia, en gen茅rico, de unos disturbios callejeros de escasa importancia que no provocaron m谩s que da帽os materiales. La misma semana en la que la Guardia Civil y un partido con 52 diputados hicieron apolog铆a del terrorismo, el discurso sobre el repudio de la violencia se centra en el destrozo del mobiliario urbano. No perdamos de vista la perspectiva. La violencia no siempre est谩 tan mal vista. Es aceptable y tolerable cuando persigue ciertos objetivos y adem谩s es una buena herramienta para hacer pol铆tica contra el adversario. El cinismo de nuestro tiempo es insoportable.

La violencia es inadmisible en democracia, dijo Pedro S谩nchez. Los espacios comunes como tablero de discusi贸n pol铆tica. Pero no es verdad. No les importa la violencia, es solo la moral de los hip贸critas. Toda la violencia no es inaceptable, la de la Polic铆a es jaleada aunque sea desproporcionada. Jaleada, ocultada e impune. Porque sin Polic铆a no hay disturbios. Todos aquellos que hemos cubierto manifestaciones en primera l铆nea sabemos que el momento en el que los disturbios van a comenzar, cuando todo est谩 tranquilo, es cuando los antidisturbios se ponen el casco. La brutalidad policial es un debate hurtado de manera sistem谩tica en el debate p煤blico, el elefante en la habitaci贸n de la democracia.

Porque la Polic铆a tiene un sesgo ideol贸gico que todos aquellos que hemos estado en manifestaciones, como ciudadanos o periodistas, conocemos de manera precisa. No se apalea en manifestaciones de cayetanos o de neonazis, ni en las de negacionistas. Se hace en las de los mineros, las marchas de la dignidad, a favor de la sanidad p煤blica o de la libertad de expresi贸n. La violencia policial tiene sesgo pol铆tico y la violencia es marginal en las movilizaciones cuando los antidisturbios no ejercen con exceso de celo. Un hecho conocido por todos y que solo la ficci贸n se ha atrevido a tratar en los espacios mainstream, la recreaci贸n m谩s real de lo que ocurre en una intervenci贸n de antidisturbios ha sido a cargo de Rodrigo Sorogoyen.

Entiendan que dude de la ejemplaridad del discurso del pensamiento de orden. Una ret贸rica que considera aceptable para el mantenimiento de la seguridad ciudadana que se saque un ojo a una manifestante y que romantiza la violencia policial compartiendo frases b铆blicas para burlarse de quien pierde la visi贸n por ejercer un derecho constitucional. La denuncia de la violencia de parte es solo un trampantojo pol铆tico para criminalizar la protesta y de paso seguir haciendo cu帽a contra una parte del Gobierno molesta para un sector importante del poder, el que manda de verdad y dicta qu茅 violencia hay que condenar y cu谩l hay que ensalzar.

El Diario




Fuente: Grupotortuga.com