January 6, 2022
De parte de SAS Madrid
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La comunidad foral lidera la incidencia acumulada del virus en España y en Europa con más de 6.400 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días.

Martín Bilbao y su amigo Enrique Erdozáin aseguran no conocer de nada a Idoia Martínez y a su amiga Carla Torres. Pero estos jóvenes veinteañeros del municipio navarro de Estella, de apenas 13.900 habitantes, tienen en común varios amigos y conocidos y un mismo foco de contagio de COVID-19 el día de Nochebuena. Forman parte del 10% de veinteañeros navarros que ha dado positivo en los últimos 14 días en medio de la explosión de contagios asociada a la cepa ómicron. El caso de ellos es solo un ejemplo más de lo ocurrido en las dos semanas de las fiestas navideñas. De hecho, este grupo de edad registra la incidencia acumulada del virus más alta de Navarra, con más de 10.393 casos, a la vez que la comunidad foral sigue batiendo nuevos récords y lidera la tasa de contagios en España y Europa al superar este miércoles los 6.422 positivos por cada 100.000 habitantes a los 14 días.

“Nos hemos contagiado más de la mitad de la cuadrilla en Nochebuena. Todos los que estábamos en el mismo bar hemos dado positivo”, relata Bilbao, de 27 años. La imagen se ha repetido en multitud de hogares de la comunidad foral, en la que los jóvenes han pasado la cena del 24 o recibido las Campanadas aislados en sus cuartos, solos en sus pisos o separados de los suyos en el mismo salón con las ventanas abiertas. Después de los primeros síntomas, la tónica general ha sido el autodiagnóstico con test de antígenos, el autoaislamiento y a veces el auto tratamiento ante la dificultad o imposibilidad de contactar con la atención primaria de salud. En la última semana de diciembre, el tsunami de nuevos positivos ha provocado la saturación de la red de rastreo y ha obligado al Departamento de Salud del Gobierno de Navarra a cambiar los protocolos y validar los positivos por autotest, sin confirmación por prueba PCR.

El estudiante de doctorado fue él mismo quien comunicó a través de un correo electrónico a Salud Pública la aparición de la segunda línea en el indicador T de su test de antígeno. Al día siguiente recibió un mensaje de los rastreadores informándole de lo que ya sabía, que estaba contagiado, y que ahora además el rastreador era él: ‘En los pasados días dio un resultado positivo en una prueba diagnóstica COVID-19. En las actuales circunstancias, ha resultado inviable realizar el rastreo de sus contactos. Solicitamos su colaboración para que les comunique que, si presentan síntomas compatibles con COVID-19, contacten con el sistema sanitario’.

En otro mensaje le informaban que le llamarían próximamente de su centro de salud. “Han llamado a muchos amigos míos, pero en mi caso no ha pasado todavía”, apunta, para reconocer que es quien peores síntomas ha tenido de su grupo. Con la pauta completa de vacunación, fueron tres días de fiebre, dolor de cabeza y tos. Decidió por su propia cuenta extremar precauciones y completar diez días de cuarentena en vez de siete. Tras salir del aislamiento su madre también dio positivo, aunque asegura desconocer si se contagió por otra vía.

En medio de la escalada de contagios que provocaba el colapso de la red de rastreo, el Gobierno de Navarra decidió adelantar el cierre de bares y discotecas a la 1.00 horas en la semana de Nochevieja. Mientras, el cambio en el protocolo que incluía la validación de los miles de autotest realizados desde casa ha conllevado el caos estadístico de la sexta ola de la pandemia. De hecho, a lo largo de este pasado martes, el Gobierno foral dio tres cifras diferentes en distintas horas. Pero ninguna coincidió con la notificada por el Ministerio de Sanidad. Los positivos detectados por test de antígenos y las pruebas reportadas por laboratorios privados afloran cada día nuevos contagios correspondientes a fechas anteriores. La tasa de positividad ha llegado a superar así el 50% en la última semana, pero no deja de ser una estadística engordada al comunicarse a Salud Pública solo los resultados positivos de los autotest y no los negativos.

Bilbao asegura no conocer de nada a otra joven de Estella, Idoia Martínez. Pero su contagio está relacionado con el de esta profesora de 23 años, quien también salió el 24 de diciembre por la tarde en la misma zona. Ella y otra amiga dieron positivo días después. Martínez señala que ha pasado la enfermedad como un catarro, pero contactar con su centro de salud le llevó toda una mañana. Los siete días de aislamiento coincidieron con Nochevieja y dio la bienvenida al 2022 sola en su casa. Los suyos la acompañaron a través de video llamada. Su amiga Carla Torres sospecha que ella llegó contagiada a la tarde del 24. “Estaba mala esa semana y me hice un test, que dio negativo. Hasta la semana siguiente no me empecé a encontrar peor y no me hice el siguiente. El 29 de diciembre di positivo y hasta el 6 de enero estoy en cuarentena”, relata esta estudiante de 24 años. Apunta que se repitió la prueba al comprobar que su tía se había contagiado y, aunque reconoce su mayor vida social, desconoce quién contagió a quién.

El jueves 30 de diciembre la comunidad foral alcanzó un máximo de contagios notificados de toda la pandemia con 4.477 positivos. Ese mismo día, el director general de Salud del Gobierno de Navarra, Carlos Artundo, alertó de la elevada incidencia de la COVID-19 en la comunidad foral, la más alta de Europa, tras el “impacto tremendo” de la nueva cepa del Sars-Cov-2. “Tenemos que evitar que se puedan producir situaciones de colapso, que es la amenaza más grave que tienen los sistemas sanitarios de España y Europa”, advirtió, a la vez que pidió “cautela” ante la hipótesis de estar ante fin de la pandemia. “Nos gusta ser cautos y en esta pandemia global no avanzar los finales, porque siempre que alguien lo ha hecho se ha equivocado”, señaló.

Tras conocer el resultado positivo de su prueba y en medio de una atención primaria tensionada y desbordada, Carla Torres recibió todas las pautas a seguir en la misma farmacia. “La farmacéutica fue la que me dio las indicaciones. Me dijo que tenía que estar confinada diez días, hasta que se cambió el protocolo y la enfermera me confirmó que podía recibir el alta el día 6 de enero”. Esta estudiante de máster no logró hablar con su médico de cabecera y fue una enfermera de su centro de salud quien le contactó al día siguiente de recibir el mensaje de la red de rastreo. Tampoco a Enrique Erdozáin le suena ni Idoia ni Carla. Este joven de 27 años, orientador en un colegio, también sospecha que se contagió o bien durante la cena del día 24 o posteriormente en algún bar. Tras comenzar a dar síntomas pasada la Navidad, se hizo un test de antígeno y dio positivo. Pero duda sobre cuál fue el origen de su contagio, ya que su hermana de 25 años también había dado positivo unos días antes. Fuera como fuese, la cena de Nochevieja la compartió con ella, mientras pasaba la infección con apenas síntomas. Coincide que ni Erdozáin ni Bilbao ni Martínez ni Torres solicitaron la baja médica, bien por ser estudiantes o por trabajar en el ámbito educativo en periodo de vacaciones.

“Más de la mitad de mis dos grupos de amigos se ha contagiado”, indica también otra joven de 27 años de Pamplona, Amaia Otazu, quien dio positivo en COVID-19 después de una comida el fin de semana previo a la Navidad. Ese sábado, solo dos de siete amigas se libraron del contagio. “Me dijeron que igual había sido yo el foco, porque fui la primera en dar síntomas. El día anterior había tenido otra cena, pero en ese grupo nadie se contagió, por lo que sospecho que me contagié el día siguiente”, relata, para reconocer que el virus le ha alcanzado por segunda vez y con una dosis de la vacuna puesta. Asegura que la primera vez sucedió por estas mismas fechas el pasado año y que los síntomas fueron peores. Al igual que ella, los positivos de sus dos grupos de amigos han pasado la enfermedad con síntomas leves, salvo el caso de una persona que no había recibido ninguna dosis contra la COVID-19. La mayoría, eso sí, ha trasmitido el virus a sus parejas o familiares más cercanos.

Pese a la elevada incidencia de contagios, la consejera de Salud, Santos Induráin, volvía a insistir el 30 de diciembre que esta sexta ola de la pandemia “no es comparable con la primera” debido a las altas tasas se vacunación que están protegiendo a la red hospitalaria de nuevos ingresos. De hecho, el pico de hospitalizados de la segunda ola se alcanzaba el 1 de noviembre de 2020 con 428 personas ingresadas, algo más del doble de los 204 pacientes actualmente ingresados. Con todo, la explosión de nuevos casos ha conllevado un incremento del 75% en las hospitalizaciones en las dos últimas semanas. Y no tiene visos de remitir. A la vez, el Servicio Navarro de Salud ha comenzado a suspender las vacaciones del personal sanitario que no pueda ser sustituido ante el aumento de las bajas laborales por contagios, que han superado las 1.600 en las dos últimas semanas entre el personal que lleva dos años trabajando en primera línea.

Enlace relacionado ElDiario.es 05/01/2022).




Fuente: Sasmadrid.org