November 2, 2020
De parte de La Haine
918 puntos de vista

Muchos intelectuales dotaron de envergadura te贸rica, rigor cient铆fico y emoci贸n humana al socialismo

Aunque la mayor铆a de los intelectuales han ejercido, hist贸ricamente, la funci贸n de escribas del poder, esa tradici贸n empez贸 a quebrarse en el siglo XIX con el nacimiento del movimiento obrerista. Desde entonces, el trabajo de esos estudiosos y su relaci贸n con la sociedad (entendida como receptora de sus elaboraciones te贸ricas y de su ordenaci贸n del universo) y el papel que desempe帽an los llamados, desde Zola, intelectuales ha sido marcado a fuego por las reglas del capitalismo.

El surgimiento de una corriente intelectual alrededor del asunto Dreyfus que impugnaba el discurso dominante y, despu茅s, la progresiva organizaci贸n de importantes grupos alrededor de la propuesta por el socialismo que hizo expl铆cita la revoluci贸n bolchevique, inauguraron la nueva funci贸n del intelectual.

Desde R贸dchenko o Maiakovski, con su apuesta al servicio de la revoluci贸n, pasando por la acci贸n de Barbusse o Rolland en la Francia de entreguerras, y de otros escritores y artistas en el resto del mundo, hasta el compromiso de tantos relevantes cient铆ficos y autores a lo largo de los cuarenta a帽os posteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchos intelectuales acompa帽aron al movimiento socialista y comunista, dotaron de envergadura te贸rica y rigor cient铆fico al socialismo. Tambi茅n, de emoci贸n humana. Su papel resume la historia del 煤ltimo siglo: todos ellos componen la figura de un revolucionario, de un ser humano comprometido con su 茅poca y con la libertad que es tambi茅n un lector en el metro de Mosc煤.

Sin embargo, en los 煤ltimos a帽os del siglo XX, la desaparici贸n de la Uni贸n Sovi茅tica y el retroceso, incluso el desprestigio, de las ideas socialistas y comunistas, trajeron una progresiva defecci贸n de muchos intelectuales.

Hoy, relevantes autores se han convertido en consumados tah煤res al servicio del poder capitalista, abominan del compromiso pol铆tico con la izquierda y juzgan leg铆tima la complicidad con la explotaci贸n y el latrocinio, incluso con la rapi帽a imperialista, aunque no suscribir铆an una descripci贸n tan cruda como la anterior porque su vida precisa del disimulo.

Aceptan, al mismo tiempo, el papel de legitimadores del capitalismo y de creadores de mentiras en los laboratorios ideol贸gicos del sistema. Tambi茅n en la apuesta por una supuesta cultura popular que abomina de la instrucci贸n y de la ciencia, que rechaza la libertad. As铆, la desvergonzada, a veces sutil, represi贸n de una cultura liberadora, la repetici贸n constante de unos esquemas de entretenimiento social en los grandes medios de comunicaci贸n y, sobre todo, en la televisi贸n y las plataformas de internet que sirven a grandes audiencias la bazofia y la mugre del naufragio de la decencia, tienen como objetivo el embrutecimiento de la poblaci贸n y van de la mano de la compra, del halago interesado, del chantaje y de la extorsi贸n, a veces de la limosna, de muchos intelectuales. No es f谩cil resistir a la maquinaria de la propiedad.

Muchos intelectuales resisten

Para el capitalismo, la funci贸n del intelectual debe limitarse a ser corifeo del poder, en su m谩s precisa acepci贸n de conductor del coro, como en el teatro cl谩sico griego. Si el intelectual pretende desempe帽ar otro papel, se ver谩 reducido al desempleo, al ostracismo. A veces, a la muerte civil si no acepta reproducir una cultura burguesa que legitima a los due帽os del dinero y la propiedad.

La destrucci贸n de la biblioteca de Alejandr铆a, las hogueras con c贸dices hechas por los monjes espa帽oles en Am茅rica, el desprecio fascista del conocimiento y las hogueras de vol煤menes organizadas por los nazis (隆con participaci贸n del propio Heidegger!) tienen continuidad en el incendio de la Biblioteca Nacional de Bagdad, donde ardieron un mill贸n de libros, y en la destrucci贸n del Archivo Nacional de Iraq que supuso la desaparici贸n de dos millones de documentos sin que el ej茅rcito de ocupaci贸n estadounidense moviera un dedo para impedirlo.

Esa ferocidad capitalista contrasta, por ejemplo, con el esfuerzo de la Rep煤blica espa帽ola para llevar libros a los milicianos y soldados en los frentes de batalla.

Y, sin embargo, muchos intelectuales resisten, porque ligan su actividad a un proyecto libertario y fraterno, reconoci茅ndose, aunque haya pasado tanto tiempo, en el 茅nfasis por la cultura que se mostraba en los pa铆ses socialistas europeos tras la Segunda Guerra Mundial: todav铆a entre las ruinas de la guerra, los lectores del metro de Mosc煤 que vio Rossana Rossanda en 1949 eran los mismos hombres y mujeres que pocos a帽os antes hab铆an combatido contra el nazismo.

www.mundoobrero.es




Fuente: Lahaine.org