August 25, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
150 puntos de vista

Nada como estos logros para demostrar lo que se podr铆a conseguir hoy si hubiera verdadera voluntad y conciencia de clase.

Mario del Rosal, profesor de econom铆a

La batahola de acontecimientos econ贸micos de primer orden en estos d铆as es estruendosa. Desde la reforma laboral hasta la cuesti贸n de los fondos europeos de recuperaci贸n, pasando por la aprobaci贸n de los presupuestos generales el Estado o la creciente inflaci贸n, las noticias son m煤ltiples y de gran calado. De ah铆 que su an谩lisis sea tan tentador como necesario.

Sin embargo, y por ir a contracorriente, el texto que propongo hoy ir谩 destinado a recordar y homenajear una de las haza帽as m谩s memorables de la clase trabajadora a lo largo de la historia: la Comuna de Par铆s de 1871. Y no s贸lo porque estemos a punto de cerrar el a帽o de su bicentenario, sino por las extraordinarias medidas econ贸micas y sociales que sus protagonistas se atrevieron a poner en marcha, a pesar de su brevedad y sus gigantescas dificultades. Nada como estos logros para demostrar lo que se podr铆a conseguir hoy si hubiera verdadera voluntad y conciencia de clase.

Estas medidas son un valios铆simo ejemplo de lo que es la econom铆a pol铆tica de la clase obrera en contraposici贸n a la econom铆a pol铆tica de la burgues铆a, de c贸mo los trabajadores podemos alcanzar la emancipaci贸n material sin la que cualquier idea de libertad no es m谩s que un fraude esgrimido por los explotadores para apuntalar sus privilegios.

Antes del levantamiento comunero, los trabajadores de Par铆s, tras cinco meses de sitio por parte del ej茅rcito prusiano en la guerra francoprusiana de 1870, se encontraban una situaci贸n desesperada. Las letras pendientes de los peque帽os comercios vencidas desde agosto de 1870 fueron exigidas por sus acreedores en marzo de 1871 con intereses, a pesar de que era imposible conseguir dinero o cr茅dito, con sus negocios cerrados durante siete meses. De igual manera, todo el mundo tem铆a el pago de los alquileres pendientes, que llevar铆an a mucha gente a la c谩rcel.

Ante esta situaci贸n, y sin perder un solo momento tras el levantamiento del 18 de marzo, el Comit茅 Central puso en marcha acciones inmediatas y directas contra las deudas, aut茅ntica condena de esclavitud para el proletariado. As铆, el d铆a 21 de marzo prohibi贸 los desahucios, suspendi贸 la venta de bienes empe帽ados en el Monte de Piedad y prorrog贸 un mes los vencimientos de efectos comerciales. El d铆a 30, con la Comuna ya proclamada, se decret贸 una rebaja general de los alquileres pendientes de pago.

En el 谩mbito laboral, la delegaci贸n de Trabajo e Intercambio, comandada por L茅o Frankel e 铆ntegramente compuesta por socialistas revolucionarios, tuvo un papel muy destacado. Fue la 煤nica que pidi贸 la participaci贸n de los obreros en la redacci贸n de los decretos. Gracias a ello, se puso en vigor una serie de medidas de gran calado. Se prohibi贸 el trabajo nocturno de los panaderos y se acab贸 con las oficinas de colocaci贸n privadas, aut茅nticas ETTs de la 茅poca, transfiri茅ndolas a las alcald铆as de los distritos. Se establecieron, para los funcionarios y los representantes pol铆ticos, salarios similares a los que ganaban los obreros, con un tope m谩ximo de 6.000 francos. En realidad, no se trataba s贸lo de una medida de igualaci贸n retributiva, sino de evidenciar el hecho esencial de que los servidores p煤blicos deben ser trabajadores al servicio de los trabajadores y que, por lo tanto, deb铆an vivir como ellos. Por otra parte, esta delegaci贸n public贸 un decreto destinado a entregar las f谩bricas cerradas o abandonadas por sus patronos a los obreros, organiz谩ndolas en cooperativas. Adem谩s, se plane贸 la uni贸n de todas estas cooperativas con el objetivo de evitar la competencia mercantil entre ellas y abrir el camino para una verdadera socializaci贸n de los medios de producci贸n y de la actividad econ贸mica.

Para aliviar la terrible miseria de gran parte de la poblaci贸n de Par铆s, la Comuna destin贸 una parte de sus fondos a los m谩s pobres y trat贸 de aplicar un impuesto urbano progresivo, reduciendo tipos para las rentas m谩s bajas y aument谩ndolos para las ganancias del capital. Y hab铆a proyectos mucho m谩s ambiciosos. Por ejemplo, el responsable del departamento de Asistencia P煤blica, Treilhard, que organiz贸 admirablemente el ca贸tico servicio sanitario, propuso la creaci贸n de un sistema para sustituir la beneficencia. Asimismo, la delegaci贸n de Trabajo e Intercambio lanz贸 un proyecto destinado a instaurar un embri贸n de Seguridad Social destinada a dar a los trabajadores garant铆as de auxilio y apoyo en caso de desempleo.

El eficiente funcionamiento del departamento de Finanzas permiti贸 la continuidad e, incluso, la mejora de los servicios p煤blicos gracias, sobre todo, al buen hacer de trabajadores modestos, que hasta ese momento hab铆an estado marginados de la funci贸n p煤blica, siempre en manos de la alta burgues铆a. Sin duda, 茅ste fue uno de los mayores logros de la Comuna.

Y, por supuesto, se aboli贸 la financiaci贸n de la Iglesia por parte del Estado y nacionaliz贸 todos los bienes eclesi谩sticos, algo esencial para hacer efectiva la separaci贸n Iglesia-Estado.

Es interesante recordar que estas medidas, impuestas por el proletariado para la emancipaci贸n del proletariado, resultaban atractivas tambi茅n para la peque帽a burgues铆a urbana y para el campesinado rural. Para la primera, porque acababa con las draconianas leyes sobre impagos de deudas y alquileres que estaban arruinando a una buena parte de los comerciantes de Par铆s. Y para el segundo, porque repudiaba sin matices la deuda ileg铆tima que Bismarck impuso a Francia tras su derrota en la guerra francoprusiana y que se hab铆a cargado sobre las espaldas de los campesinos.

Esta es una de las razones por las que una parte importante de la peque帽a burgues铆a apoy贸 a la Comuna. Y tambi茅n fue una de las explicaciones de por qu茅 aislar a Par铆s del resto de Francia fue una preocupaci贸n continua para la burgues铆a acantonada en Versalles. Cualquier contacto de los revolucionarios parisinos con las Comunas de Lyon, Saint-脡tienne, Le Creusot, Marsella, Toulouse o Narbona habr铆a podido provocar una sublevaci贸n que se habr铆a extendido como la p贸lvora por todo el pa铆s.

No obstante, y a pesar de sus meritorios y memorables aciertos, la Comuna no supo afrontar algunas medidas econ贸micas imprescindibles para garantizar su futuro. Y, en la mayor parte de los casos, se debi贸 al atemorizado respeto que mostraron ante las dos instituciones econ贸micas fundamentales de la burgues铆a: el Banco de Francia y el Ministerio de Finanzas.

Para empezar, ya el 19 de marzo, d铆a siguiente al levantamiento, el Comit茅 Central necesitaba imperiosamente dinero para poder pagar los treinta sueldos de subsidio con los que los trescientos mil parisinos sin trabajo ni recursos llevaban viviendo siete meses. Para ello, Varlin y Jourde, delegados del Comit茅, acudieron al ministerio de Finanzas, donde se guardaba el Tesoro. Pero, en lugar de forzar las arcas, cuyas llaves estaban en Versalles, el Comit茅 decidi贸 pedir el dinero al Banco de Francia. Su gobernador les asegur贸 que las cuestiones pol铆ticas no eran cosa suya y les entreg贸 un mill贸n de francos a cuenta de la ciudad de Par铆s(1) .

Este gesto es un claro s铆ntoma del miedo reverencial a las instituciones capitalistas del que adoleci贸 la Comuna desde su nacimiento. A pesar de tener en propiedad los 4,6 millones del Tesoro, 1,2 millones en la arcas municipales parisinas y medio mill贸n m谩s procedentes de los arbitrios municipales, optaron por seguir los cauces legales establecidos por el capital.

El d铆a 22 de marzo ya se hab铆a gastado el mill贸n y el Comit茅 tuvo que pedir otro al Banco de Francia. Sin embargo, el gobernador decidi贸 no entreg谩rselo a los delegados, de modo que el Comit茅 tuvo que enviar un batall贸n para forzarlo a pagar. Aunque el poder militar estaba en manos de la Comuna, el poder monetario, financiero y bancario segu铆a en las mismas manos de siempre.

De hecho, el Banco de Francia tem铆a que los revolucionarios comuneros ejecutaran el Tesoro de un momento a otro. Tal fue as铆, que el gobernador Rouland huy贸 de la ciudad, dejando el puesto al subgobernador De Pl艙uc, quien pronto se dar铆a cuenta del apocamiento de la Comuna y se convirti贸 en un fiero perro guardi谩n, peleando a los delegados cada c茅ntimo que ped铆an. Una situaci贸n absurda, ya que el dinero que la Comuna ped铆a era suyo, dado que la ciudad de Par铆s era acreedora de 9,4 millones en las cuentas del Banco.

Se estima que las b贸vedas del Banco de Francia guardaban 77 millones en moneda y 166 millones en billetes, adem谩s de ingentes cantidades en valores, lingotes y joyas. En total, no menos de 3.000 millones de francos que la Comuna no se atrevi贸 a tocar. De hecho, ni siquiera tuvo la iniciativa de nombrar a un gobernador, sino que mantuvo a De Pl艙uc y se content贸 con enviar a un delegado que rechazaba la intervenci贸n del Banco con casi mayor convencimiento que el propio gobernador.

Este miedo reverencial a las instituciones econ贸micas y financieras del capitalismo fue, junto con dejar marchar al ej茅rcito a Versalles, el mayor error de la Comuna. Supuso inevitablemente el sometimiento a su autoridad y arbitrio. Con el Banco de Francia en su poder, la Comuna podr铆a haber tenido un arma clave para asegurar su supervivencia frente a sus enemigos, evitando, por un lado, que pudiera financiar a la Asamblea en Versalles (cosa que hizo con largueza, mediante pr茅stamos que superaban los 250 millones de francos) y, por otra parte, facilitando la negociaci贸n con Prusia. Y algo mucho m谩s importante: habr铆a tenido en su mano el control de las reservas de oro, de la emisi贸n de la moneda nacional y del cr茅dito oficial, adem谩s de una irresistible influencia sobre el potente sistema bancario del resto del pa铆s.

La experiencia de la Comuna, con todas sus contradicciones y dificultades, debe servirnos como ense帽anza fundamental para la actualidad, como ejemplo de lo que los trabajadores somos capaces de hacer cuando comprendemos y rechazamos nuestra sumisi贸n como clase social bajo el capitalismo, cuando tomamos las riendas de nuestro destino. La Comuna pone en evidencia que las fronteras de lo posible est谩n muy lejos de lo que nuestros gobiernos, simples gestores del capitalismo, pretenden hacernos creer. Y tambi茅n deja claro que la emancipaci贸n de los obreros debe ser obra de ellos mismos, como recordaba la Primera Internacional y como se deduce del hecho de que la Comuna fuera la primera asamblea de la historia en la que m谩s de un cuarto de sus miembros eran obreros (2).

Si aquellas gentes, en poco m谩s de dos meses y en una ciudad sitiada por los ej茅rcitos franc茅s y prusiano, fueron capaces de levantar la Comuna, 驴qu茅 no podr铆amos hacer nosotros si decidi茅ramos seguir su ejemplo?

(1) Esta actitud pretendidamente tecnocr谩tica, tan caracter铆stica de las instituciones financieras del capitalismo, hace buenas las palabras atribuidas a Mayer Amschel Rothshild: 鈥淧erm铆tanme emitir y controlar al dinero de un pa铆s, y no me importar谩 qui茅n haga las leyes鈥.

(2) Los ejemplos de trabajadores con responsabilidades en el Comit茅 Central y la Comuna son m煤ltiples. Valgan como ejemplos los de L茅o Frankel, delegado de Trabajo e Intercambio, Eug猫ne Verlin, responsable de Finanzas del Comit茅, y Fran莽ois Jourde, delegado de Finanzas de la Comuna. El primero era joyero, el segundo era obrero encuadernador y el tercero, contable de banca.

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Fuente: Grupotortuga.com