October 1, 2021
De parte de SAS Madrid
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Es oto├▒o de 2011 y la econom├şa espa├▒ola atraviesa uno de los momentos m├ís cr├şticos de las ├║ltimas d├ęcadas. Ha pasado ya m├ís de un a├▒o desde el tijeretazo de 15.000 millones de euros de gasto p├║blico llevado a cabo por el Gobierno de Jos├ę Luis Rodr├şguez Zapatero. Un grupo de personas mayores se agolpa a las puertas de la central del Banco Santander en Barcelona. En un visto y no visto, dejan la calle atr├ís y entran en el edificio. De pronto, despliegan carteles. “Rescate para la ciudadan├şa y no para los bancos”, vienen a decir. Son los yayoflautas, uno de los muchos hijos del 15M. Un movimiento que con el paso del tiempo fue germinando a lo largo y ancho de Espa├▒a y que sent├│ las bases de la movilizaci├│n permanente de un sector de la sociedad que sabe lo que es batirse el cobre en las calles. Este fin de semana, una d├ęcada despu├ęs de aquella primera ocupaci├│n y coincidiendo con el D├şa Internacional de las Personas de Edad, los mayores volver├ín a tomarlas. Y lo har├ín para exigir a la clase pol├ştica unas pensiones y un sistema residencial digno. 

“No recuerdo en democracia una movilizaci├│n sostenida durante tantos a├▒os”. Quien habla al otro lado del tel├ęfono es Leopoldo Pelayo. Tiene 69 a├▒os. Hace veinte, era profesor de Matem├íticas en un instituto p├║blico. Ahora, la cara visible de la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema P├║blico de Pensiones (Coespe). No le resulta complicado hablar con los medios de comunicaci├│n. Se maneja bien, se desenvuelve con soltura. Quiz├í sea porque lleva casi toda su vida guerreando en todo tipo de organizaciones. “De izquierdas”, se├▒ala. Pero el movimiento en el que ahora participa, aclara, trasciende las ideolog├şas. “Es transversal, amplio. Aqu├ş puede haber votantes de todo tipo. Eso s├ş, siempre y cuando defiendan un sistema p├║blico de pensiones y unas prestaciones dignas”, apunta en conversaci├│n con infoLibre.

Puede que ese sea uno de los ingredientes que permiti├│ ver c├│mo cientos y cientos de pensionistas protestaban en Bilbao religiosamente cada lunes. Una ceremonia que se repiti├│ de forma continuada durante dos a├▒os. Y all├ş, como un clavo, se colocaba cada comienzo de semana Luki G├│mez, que ahora tiene 67 a├▒os. Cuando arrancaron las protestas, en enero de 2018, estaba prejubilado. Pero no dud├│ en implicarse a fondo en el movimiento. “El que tuvo, retuvo”, dice entre risas. Como Pelayo, el vasco tambi├ęn ha estado siempre movilizado. Desde que comenz├│ a trabajar en los Altos Hornos de Bizkaia en 1974. Entonces, militaba de forma clandestina en CCOO ÔÇôel sindicato no fue legalizado hasta 1977ÔÇô. “Yo me encargaba de cobrar a los compa├▒eros la cuota sindical, un dinero que luego hac├şa llegar al responsable de finanzas”, rememora G├│mez.

Y ah├ş, en ese pasado, es donde ambos sit├║an la clave del ├ęxito de la fuerza de movilizaci├│n que tiene el colectivo. “Las personas mayores venimos de unos a├▒os en los que se luch├│ mucho en las calles por los derechos y las libertades”, reflexiona el jubilado de Euskadi. Es algo en lo que coincide su compa├▒ero residente en Madrid. “De j├│venes peleamos por unos derechos que ahora est├ín perdiendo nuestros nietos. Y esa etapa de compromiso y resistencia sigue viva”, dice el portavoz de Coespe. Al final, resalta Mariv├ş Nieto, una de las que lleva la voz cantante en Marea de Residencias, es gente que “lleva en su ADN” el “salir” a “defender” lo que es de todos. Por eso, pide que no se deje toda la carga sobre sus espaldas. “La gente joven tambi├ęn tiene que movilizarse. Porque hoy es por ellos, pero ma├▒ana ser├í por ti”, dice.

La lucha no ha terminado. De hecho, todav├şa queda mucho camino que recorrer. Por eso, m├ís de noventa colectivos est├ín preparando un oto├▒o caliente cargado de movilizaciones. El pistoletazo de salida se dar├í este s├íbado, con una marcha que partir├í a mediod├şa de Atocha y discurrir├í por el Paseo del Prado hasta terminar alcanzando el Congreso de los Diputados. El objetivo general de la manifestaci├│n, que contar├í con delegaciones enviadas desde varios territorios, es reclamar una “defensa de los servicios p├║blicos”. Sin embargo, los protagonistas ser├ín ellos, los mayores. Sobre todo, despu├ęs de un a├▒o y medio de pandemia que ha dejado al descubierto el abandono al que se ven sometidos. “Recuerdo el caso de una vecina del barrio que vive sola y que se vio en pleno confinamiento sin dinero para hacer la compra. No sab├şa usar el cajero, y a la sucursal no pod├şa pasar sin cita previa. ┬íQue le pidiese ayuda a alg├║n amigo, le dec├şan!”, ejemplifica G├│mez.

Más residencias públicas y con más personal

Pero lo m├ís dram├ítico, recuerda el pensionista, es lo sucedido en los geri├ítricos, donde han fallecido en lo que va de crisis sanitaria m├ís de 30.600 ancianos con covid confirmado o s├şntomas compatibles con la enfermedad, seg├║n los ├║ltimos datos del Imserso. “Lo que ha pasado ah├ş ha sido inhumano. ┬íLa mayor├şa han sido tanatorios!”, dice. Por eso, estos centros ocupar├ín un papel primordial en la marcha. Y lo har├ín con un lema claro: “Residencias de personas mayores y dependientes, cien por cien p├║blicas y de calidad”. “Queremos que se lleve a cabo una fuerte inversi├│n en plazas p├║blicas y que no sean de gesti├│n indirecta”, apunta Nieto. El sector en Espa├▒a est├í totalmente dominado por la empresa privada. Seg├║n datos recopilados por el director de investigaci├│n de infoLibre, Manuel Rico, en su libro ┬íVerg├╝enza! El esc├índalo de las residencias, nada m├ís y nada menos que el 87% de las plazas en las residencias de mayores est├ín en manos del sector privado.

La primera ola de la pandemia ha puesto de manifiesto que los centros p├║blicos soportaron mejor el azote del virus. O que varias administraciones no permitieron la derivaci├│n de residentes a hospitales en base a unos protocolos de exclusi├│n, como desvel├│ este diario. Pero tambi├ęn, las carencias en la atenci├│n a los mayores. “En definitiva, ha ido mostrando lo que nosotros ya sab├şamos antes de que llegara el coronavirus”, afirma Nieto. Desde Marea de Residencias son conscientes de que son las comunidades quienes tienen las competencias en materia de servicios sociales. Sin embargo, exigen un “marco” a nivel nacional que fije unos “m├şnimos” a cumplir. Por ejemplo, que los nuevos centros p├║blicos que se construyan, porque es necesario construir m├ís, no tengan m├ís de un centenar de plazas. O que se fijen unas ratios m├şnimas de personal obligatorio.

Una reforma de las pensiones a medio hacer

Junto a los geri├ítricos, las pensiones es otro de los grandes temas que vehicularan la marcha. Una manifestaci├│n que se desarrollar├í pocas horas despu├ęs de que el Ejecutivo haya logrado esquivar el primer obst├ículo para sacar adelante la primera fase de su reforma del sistema. Este jueves, el Congreso de los Diputados rechaz├│ la enmienda a la totalidad del PP al texto que el Gobierno pact├│ con los agentes sociales, ese que suprime los aspectos m├ís pol├ęmicos de la reforma de Rajoy: el ├şndice de revalorizaci├│n, que limitaba la subida anual a un 0,25% en situaciones de d├ęficit y el llamado factor de sostenibilidad. Con este primer paquete en tramitaci├│n, ahora el Gobierno debe atar el segundo. Tiene hasta el pr├│ximo 15 de noviembre para alcanzar un acuerdo con los agentes sociales relativo al “mecanismo de equidad intergeneracional” que sustituya al factor de sostenibilidad. Si no lo logra, tendr├í que definirlo en solitario.

Los pensionistas est├ín vigilantes. Sobre todo, despu├ęs de escuchar las ├║ltimas declaraciones del ministro de Seguridad Social, Jos├ę Luis Escriv├í, esas en las que reflexionaba, en respuesta a una pregunta sobre las prejubilaciones en la banca, sobre la necesidad de un “cambio cultural” para que “se trabaje cada vez m├ís” entre los 55 y 75 a├▒os, si bien luego quiso dejar claro que el Gobierno no se plantea en ning├║n caso elevar la edad legal de jubilaci├│n, que llegar├í a los 67 a├▒os en 2027. Pero, adem├ís, exigen m├ís cambios. “De las movilizaciones de hace un par de a├▒os solo conseguimos que se revalorizar├ín con el IPC real. Pero ten├şamos muchas m├ís reivindicaciones que todav├şa no se han atendido”, recuerda G├│mez, que se enciende al hablar de este asunto.

El manifiesto de la manifestaci├│n de este s├íbado exige que no se retrase la jubilaci├│n, que no se incrementen los a├▒os de cotizaci├│n, que se establezca una pensi├│n m├şnima del 60% del salario medio y que no se penalicen las jubilaciones anticipadas. “Queremos, por lo menos, una m├şnima de 1.084 euros”, se├▒ala el pensionista vasco, que tambi├ęn pide una “auditor├şa de la Seguridad Social” o que se garantice que la pensi├│n de viudedad sea del cien por ciento de lo que percib├şa el c├│nyuge fallecido.

La marcha de este fin de semana es solo el principio. El pr├│ximo 16 de octubre se espera otra gran movilizaci├│n en la capital con gente llegada desde todos los rincones del pa├şs. Y, entre medias, el 8 de octubre, una nueva plataforma estatal de pensionistas que aglutine a grandes organizaciones de ├ímbito nacional. Formar├ín parte de ella la Confederaci├│n Espa├▒ola de Organizaciones de Mayores (Ceoma), la Uni├│n Democr├ítica de Pensionistas y Jubilados (UDP), el Comit├ę Espa├▒ol de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi) y la ONCE. Todo para continuar la lucha. “Me duele cuando veo a gente joven diciendo que al menos nosotros tenemos una pensi├│n y que ellos no van a llegar a eso. ┬íOs han ganado la guerra cuando ni siquiera hab├ęis librado la primera batalla!”, sentencia G├│mez.

Enlace relacionado InfoLibre.es (01/10/2021).




Fuente: Sasmadrid.org