March 4, 2021
De parte de Lobo Suelto
218 puntos de vista


Los movimientos populares no matan. Hace casi medio siglo que no practican la lucha armada. Por una raz贸n relativamente simple. De los atentados anarquistas a las guerrillas de los a帽os setentas, el problema de la contra-violencia s贸lo se plantea cuando la intensidad de la lucha de clases asciende a determinados niveles del enfrentamiento. Como lo explic贸 el general Karl Von Clausewitz, no hay guerra si la fuerza agredida no se defiende. Los sectores organizados pol铆ticamente desde el poder, en cambio, no han dejado de asesinar.

Luego del aniquilamiento de las organizaciones armadas ocurrido en torno al a帽o 1977, los movimientos populares desplegaron formas de lucha cuya violencia -la violencia naturalmente implicada en una huelga, un escrache o un piquete- no implicaban amenaza de muerte alguna. A煤n as铆, esas acciones fueron interpretadas por los sectores de poder como una desaf铆o directo a su modo de vida. De ah铆 que, incluso durante los 煤ltimos a帽os, en la Argentina, se sigan produciendo muertes pol铆ticas. Como las de Santiago Maldonado, o Rafael Nahuel, en el contexto de la represi贸n estatal a la lucha de comunidades mapuches en el sur del pa铆s. O el asesinato de Pablo Kukoc (rematado por el polic铆a Luis Chocobar a pocos metros de distancia, cuando Pablo estaba ya herido y en el suelo). Asesinatos que el gobierno de Macri reivindic贸 como parte de la defensa de la propiedad privada, la libertad individual y la soberan铆a del estado. O las muertes de tantas mujeres violadas y asesinadas mediante actos criminales que -como nos ense帽an los feminismos- son tambi茅n actos de poder. Cr铆menes pol铆ticos. Es importante retener este dato elemental de nuestra historia, para comprender porqu茅 una acci贸n que se produce en el 谩mbito puramente simb贸lico -me refiero a las bolsas negras republicanas simulando cad谩veres, con respectivos carteles en la que se identificaban personas vivas, depositadas en la Plaza de Mayo- produce un efecto de amenaza concreta. Ser铆a una estupidez hist贸rica no advertir que quienes hacen estas amenazas est谩n trazando una serie en la que lo simb贸lico se trenza con asesinatos concretos.

El episodio plantea al menos dos tipos de problemas, igualmente importantes y estrechamente relacionados entre s铆. El primero de ellos tiene que ver con el papel agresivo, desinhibido, de esta derecha neo-fascista, que no hizo m谩s que acelerarse durante la pandemia. 驴Qu茅 dimensiones puede adquirir este fen贸meno en este momento hist贸rico? El segundo es su estricto reverso. 驴C贸mo superar cierta impotencia pol铆tica que parece caer sobre sujetos que suelen demostrar una 

capacidad muy superior de movilizaci贸n f铆sica y mental? La paradoja se plantea asi: quienes defienden el sistema, act煤an como si lo cuestionaran dr谩sticamente, y quienes lo cuestionan profundamente, parecieran quedar a la defensiva.

El primer problema se plantea de modo inconcebible: la derecha m谩s reaccionaria estar铆a logrando apropiarse de una actitud de rebeld铆a. Incluso se los suele llamar 芦anti-sistema禄. Lo que es simplemente absurdo, puesto que las manifestaciones neofascistas, no importa las diferencias que tengan entre s铆, coinciden en el hecho de encarnar una defensa total del orden de la propiedad privada, del intercambio mercantil y de la idea de libertad individual que surge de dicho intercambio. Estos grupos act煤an como milicias alzadas en custodia del orden. Y si por alguna raz贸n logran posicionarse como los 鈥渁nti鈥, y hasta denominarse 鈥渓ibertarios鈥, quiz谩s valga la pena preguntarse a qu茅 se oponen realmente estos replicadores inspirados en Trump o Bolsonaro. La respuesta mas clara y directa quiz谩s sea la siguiente: para defender el orden, que sienten en riesgo, los neofascistas decidieron atacar lo que podemos llamar el 鈥渃onsenso鈥, un conjunto de restricciones de tipo perceptivas y ling眉铆sticas que determinan lo que en la esfera de la comunicaci贸n suele llamarse lo 鈥減ol铆ticamente correcto鈥.

Lo que proponen estas 鈥渕ilicias鈥 es atacar con virulencia un consenso que a sus ojos ya no es 煤til, sino nocivo, para el sistema que defienden con id茅ntica virulencia. Esta actitud abre una brecha en el propio campo de la derecha. Porque el consenso cuestionado no es otra cosa que la traducci贸n burguesa -en el estado y en los medios de comunicaci贸n- del conjunto de las conductas sociales. Y es, por tanto, una pieza fundamental del sistema mismo. 驴Cu谩l es el contenido, el texto de ese consenso? B谩sicamente se trata de una serie de eufemismos para excluir del mundo simb贸lico toda referencia a lo real de la desigualdad, del racismo, del sexismo, del odio, de la explotaci贸n y de la muerte. El consenso ha sido una pieza clave para que el sistema sea tolerable. Y sin embargo, es en nombre de una defensa extrema del sistema que el neofascismo de hoy lo cuestiona.

Y bien, 驴qui茅n ataca realmente al sistema? 驴es que esta derecha, envuelta en un delirio de propietarios, ha enloquecido al punto de imaginar enemigos inexistentes? 驴Pero acaso no son la locura y el delirio efectividades claves, sin las cuales no se concibe la constituci贸n de fuerzas hist贸ricas? Creen -as铆 lo dicen- que la propiedad, y la libertad individual que de ella deriva, est谩n bajo peligro. La pandemia intensific贸 ese miedo. Encarnan un presentimento, una cierta anticipaci贸n paranoica y preventiva, de un hecho que no acaba a煤n de hacerse del todo presente. Intuyen una amenaza, por ahora virtual: la posibilidad de que parte de la sociedad reaccione contra la miseria que supone someterse a las categor铆as del neoliberalismo. Ven fantasmas. Y se aprestan a la guerra.

Lo que procesa la derecha es una evaluaci贸n pr谩ctica: 驴es conveniente romper este consenso, esta traducci贸n burguesa de las relaciones sociales en el plano de la percepci贸n y del lenguaje? Lo cierto es que incluso quienes adoptan compromisos con esta mediaci贸n consensual no dudan en violarlo cada vez que la defensa del sistema lo requiere. La paradoja sobre la que deciden en estas horas los grupos de poder se enuncia as铆: desean asegurar los fundamentos del sistema -muerte, despojo, explotaci贸n-, sin evidenciar el car谩cter estructural de la divisi贸n que inevitablemente promueve, y que s贸lo la lengua del consenso permite omitir o soportar.

Esto nos conduce al segundo problema. Lo 煤nico verdaderamente inc贸modo en esta situaci贸n es que las fuerzas que tienen legitimidad hist贸rica para atacar al sistema queden enredadas en la defensa de este consenso. En un art铆culo reciente, el fil贸sofo catal谩n Santiago L贸pez Petit plantea que s贸lo si las izquierdas elaboran una relaci贸n no fascista con la muerte (https://www.elcritic.cat/鈥/la-politica-i-la-mort-83702) podr谩n situarse mas all谩 del consenso, en el cuestionamiento del sistema. Se tratar铆a, entonces, no s贸lo de plantearse una relaci贸n no fascista con la muerte y con el odio, sino tambi茅n una relaci贸n no capitalista con la desigualdad y la explotaci贸n. Un modo de afrontar sin hipocres铆a, con un lenguaje directo y verdadero, cada una de estas cuestiones. Es algo que la cultura progresista elude sostenidamente, a pesar de contar con una entera filosof铆a argentina sobre la cuesti贸n. Habr谩 que volver a leer a Le贸n Rozitchner.

La Tecla 脩




Fuente: Lobosuelto.com