October 7, 2021
De parte de La Haine
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Se multiplican los conflictos territoriales (l茅ase robos de tierras) que involucran a comunidades mapuche por parte de argentinos y extranjeros

Ante la multiplicaci贸n de conflictos territoriales que involucran a comunidades mapuche, se hace necesario reflotar el debate por el origen de la situaci贸n actual de este pueblo. Y seguir discutiendo las formas en que la violencia hacia los pueblos originarios se reproduce en el presente sobre la base de una configuraci贸n hist贸rica de la desigualdad.

Cada vez que sale a la luz un conflicto que involucra a comunidades mapuche, emergen los argumentos que las presentan como portadoras de un voraz deseo de acaparar tierras mediante la acci贸n ilegal y en perjuicio de quienes tienen legalizada su permanencia en el espacio a trav茅s de t铆tulos de propiedad. En esta trama argumental hay una figura favorita: la de la 鈥渦surpaci贸n mapuche鈥, que sirve como impulso para las causas penales que tienen como parte imputada a muchas comunidades, para las 贸rdenes de desalojo e incluso para la entrada de las fuerzas de seguridad en territorio ind铆gena.

Hemos naturalizado una versi贸n de la historia que sostiene que en alg煤n momento muy lejano se repartieron las cartas con las que hoy se juega, y que hay que aceptar lo que a cada uno le toc贸. A unos les toc贸 tener las cartas de las estancias, y a otros les toc贸 vivir traslad谩ndose de una tenencia precaria a otra.

Todo este razonamiento se construye sobre el pensamiento de que como el reparto de cartas sucedi贸 hace tanto tiempo, no vale la pena discutir en qu茅 t茅rminos se realiz贸. El problema con esta idea es que en realidad el despojo configura paisajes que no solo se fundan en un evento violento de desposesi贸n. Sino que la desposesi贸n es un proceso prolongado y reconfigurado a lo largo del tiempo en tramas que llegan hasta el presente.

Para 1870, antes de la 鈥淐ampa帽a al desierto鈥, Argentina era un pu帽ado de provincias que no inclu铆a ni la Patagonia ni la zona del Chaco. La Patagonia ya ten铆a su poblaci贸n y su civilizaci贸n: los pueblos ind铆genas. La 鈥渃onquista鈥 del 鈥渄esierto鈥 no fue otra cosa que una campa帽a para anexar las tierras por medio de la violencia, exterminando o expulsando a sus pobladores originales, y luego incorporando sus remanentes como mano de obra barata.

Este hecho, que incluy贸 campos de concentraci贸n, caminatas en situaciones infrahumanas, violencia sexual, desmembramiento de familias, entre muchas otras situaciones, fue el que fund贸 el paisaje de despojo mapuche. Las clases dominantes se apropiaron del mazo por medio del Estado y repartieron las cartas. Los notables apellidos de Buenos Aires se volvieron los propietarios ausentes de la Patagonia.

Luego al Estado le preocup贸 asentar poblaci贸n que tradicionalmente ten铆a pautas de vida m贸viles, a la cual se fueron sumando inmigrantes. En las tierras cercanas a la cordillera las grandes estancias de propietarios privados nacionales y extranjeros marcaban la pauta de ocupaci贸n del espacio, salvo en recovecos donde se sosten铆a presencia ind铆gena.

Durante unas dos d茅cadas, en este plan de radicaci贸n fueron contempladas las familias ind铆genas, prometiendo en muchos casos la propiedad de la tierra si se cooperaba con el Estado. Corr铆a la d茅cada de 1910 cuando estas promesas empezaban a ser abandonadas. La propiedad ser铆a concedida preferentemente a las familias con capital.

El Estado, entonces, regul贸 el acceso de los pueblos ind铆genas a la tierra, y en beneficio de otros actores, los mantuvo como habitantes precarios que casi nunca llegaron a titularizar las tierras. Este fue el caso, por ejemplo, de las comunidades Campo Maripe y Fvta Xayen (ambas cerca de A帽elo), que sin poder acceder a la propiedad de sus tierras entraron en conflicto con privados que las titularizaron durante la 煤ltima dictadura militar (1976-1983).

En los casos en los que hubo t铆tulos de propiedad en favor de los mapuche, los actores dominantes regionales, muchas veces comandando las instituciones locales del Estado, mezclaron estrategias legales e ilegales para ejecutar nuevos despojos. Este fue el caso de la comunidad Paicil Antriao (en Villa La Angostura) a partir de la d茅cada de 1950. Las comunidades fueron arrinconadas a lo largo del siglo XX a espacios marginales y carentes de recursos b谩sicos como el agua.

Tambi茅n hubo otros casos en los que el propio estado de Neuqu茅n reconoci贸 tierras en reserva, aunque ante la posibilidad de desarrollar actividades lucrativas despoj贸 parcialmente a las familias mapuche de lo previamente reconocido. Esto sucedi贸 con la comunidad Puel (en Villa Pehuenia) en los 鈥80.

Es decir, ese hecho fundante pleno de violencia que 鈥渞eparti贸鈥 las cartas se prolong贸 y se reactualiz贸. Los paisajes del despojo mapuche se est谩n configurando tambi茅n en la actualidad y no son meramente cosa del pasado. Sobre la base de esa mano de cartas tan pobre para los pueblos originarios, actualmente se siguen sucediendo estrategias de juego que, sin esa violencia caracter铆stica de la 鈥渃onquista鈥 del 鈥渄esierto鈥, reproducen sus consecuencias y las refuerzan. Se trata de una violencia de la vida cotidiana que agrava las desigualdades.

Un ejemplo de ello es la resistencia de algunos estados provinciales a aplicar las leyes nacionales y normas internacionales del derecho ind铆gena, que buscan revertir situaciones hist贸ricas de desigualdad hacia estos pueblos. En Neuqu茅n, el estado reglament贸 en 2002 la Ley nacional 23.302 para imponer criterios m谩s restrictivos para reconocer a una comunidad como tal -esta normativa local fue declarada inconstitucional aunque aun as铆 no se ha derogado. Tambi茅n se ha negado sistem谩ticamente a relevar las tierras ind铆genas acorde a la Ley 26.160 del a帽o 2006.

Aunque este a帽o se han abierto nuevamente las negociaciones para firmar un convenio de relevamiento entre el Instituto Nacional de Asuntos Ind铆genas (INAI) y la provincia, el camino seguido para llegar aqu铆 ha sido desalentador. Esto se agrava a partir de la extendida creencia de que los funcionarios locales no deben capacitarse en derecho ind铆gena, como sostuvo el secretario de desarrollo y medio ambiente en un juicio del 2019. Como si no hubiera derecho que reconocer, y abonando la imputaci贸n penal por agravios a la propiedad privada, desconociendo los trasfondos hist贸ricos de las tierras en disputa.

El paisaje del despojo mapuche incluye las formas de violencia hist贸rica en la obligaci贸n de habitar espacios marginales y desprovistos de recursos, en el avance de actividades extractivistas y contaminantes sobre los espacios ind铆genas, que son tenidos como 鈥渢erritorios sacrificables鈥. Pero tambi茅n integra las violencias cotidianas de quienes lo caracterizan como un pueblo sin derechos y lo construyen como criminal -incluso imputando a sus miembros penalmente- por defender sus territorios. La estigmatizaci贸n y la difusi贸n de representaciones estereotipadas forman parte de esto.

La pregunta que queda por hacernos es qu茅 formas de apropiaci贸n social de esas violencias de larga data y de la cotidianeidad estamos poniendo en pr谩ctica y cu谩les podemos lograr cambiar. Un camino posible empieza por reconocer estos despojos como una violaci贸n de los DDHH de los pueblos ind铆genas. Esto supone colocar al Estado en un rol central para la reparaci贸n.

Una reparaci贸n hist贸rica, en tanto ha sido el mismo Estado el que ha actuado haciendo mella a las condiciones de vida de los pueblos ind铆genas en el pasado -en defensa de intereses de actores dominantes locales y extranjeros-, y se encuentra actualmente en una posici贸n dual: responsable del despojo y responsable del desagravio.

Otro camino se vincula con el rol de quienes, desde diferentes lugares, estudiamos la realidad social. Nos queda la tarea de habilitar ciertas condiciones para desterrar el negacionismo y que exista una apropiaci贸n social de la historia que incluy贸 un genocidio y que posteriormente lo vio prolongar sus consecuencias hasta el presente.

Tambi茅n estamos recorriendo un camino intercultural que es necesario fortalecer y ampliar. Desde el entendimiento de que a ra铆z de esa historia de despojo y de los actores dominantes que han oprimido y oprimen tanto a los pueblos originarios como al que se reconoce como argentino, debemos asumir que estos pueblos caminan juntos inevitablemente.

Estos caminos, que no pueden encontrarnos separados, pueden llevarnos a construir un mundo donde quepan otros mundos, no mediante una inclusi贸n subordinada sino mediante un di谩logo sobre la base de la identidad, el territorio y la autonom铆a. As铆 pueden estos caminos revertir los paisajes del despojo.

* Historiadora y docente de la Universidad Nacional del Comahue
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Fuente: Lahaine.org