May 19, 2022
De parte de Asociacion Germinal
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Varias autoras
El imperialismo nunca termin贸, s贸lo cambi贸 de forma

Desde hace tiempo sabemos que el ascenso industrial de los pa铆ses ricos depend铆a de la extracci贸n del Sur global durante la 茅poca colonial. La revoluci贸n industrial europea se bas贸 en gran medida en el algod贸n y el az煤car, que se cultivaron en tierras robadas a los ind铆genas americanos, con el trabajo forzado de los esclavos africanos.

La extracci贸n de Asia y 脕frica se utiliz贸 para pagar la infraestructura, los edificios p煤blicos y los estados de bienestar en Europa, todos los indicadores del desarrollo moderno. Pero, a su vez, los costes para el Sur fueron catastr贸ficos: genocidio, despojo, hambruna y empobrecimiento masivo.

Finalmente, a mediados del siglo XX, las potencias imperiales retiraron la mayor铆a de sus banderas y ej茅rcitos del Sur. Pero durante las d茅cadas que siguieron, los economistas e historiadores asociados a la 芦teor铆a de la dependencia禄 alegaron que los patrones b谩sicos de apropiaci贸n colonial segu铆an vigentes y continuaban definiendo la econom铆a global. El capitalismo nunca termin贸, argumentaban, s贸lo cambi贸 de forma.

Ten铆an raz贸n. Investigaciones recientes demuestran que los pa铆ses ricos siguen dependiendo de una gran apropiaci贸n neta del Sur global, que incluye decenas de miles de millones de toneladas de materias primas y cientos de miles de millones de horas de trabajo humano al a帽o 鈥搃ncorporados no s贸lo en productos b谩sicos, sino tambi茅n en bienes industriales de alta tecnolog铆a como tel茅fonos inteligentes, ordenadores port谩tiles, chips inform谩ticos y autom贸viles, que en las 煤ltimas d茅cadas han pasado a fabricarse mayoritariamente en el Sur.

Este flujo de apropiaci贸n neta se produce porque los precios son sistem谩ticamente m谩s bajos en el Sur que en el Norte. Por ejemplo, los salarios pagados a los trabajadores del Sur son, por t茅rmino medio, una quinta parte del nivel de los salarios del Norte. Esto significa que por cada unidad de trabajo y recursos incorporados que el Sur importa del Norte, se ve obligado para pagarla a exportar muchas m谩s unidades.

Los economistas Samir Amin y Arghiri Emmanuel lo describen como una 芦transferencia oculta de valor禄 desde el Sur, que sostiene altos niveles de ingresos y consumo en el Norte. La fuga se produce de forma sutil y casi imperceptible, sin la declarada violencia de la ocupaci贸n colonial y, por tanto, sin provocar protestas ni indignaci贸n moral.

En un reciente art铆culo publicado en la revista New Political Economy, nos basamos en el trabajo de Amin y otros autores para cuantificar la magnitud de la fuga debida al desigual intercambio durante la era poscolonial. Descubrimos que la fuga aument贸 dr谩sticamente durante los a帽os ochenta y noventa, cuando se impusieron los programas neoliberales de ajuste estructural en todo el Sur global.

En la actualidad, el Norte global importa del Sur productos b谩sicos por valor de 2,2 billones de d贸lares [unos 2 billones de euros] al a帽o, en precios del Norte. En perspectiva, esa cantidad de dinero bastar铆a para acabar con la pobreza extrema, a nivel mundial, aun siendo esta quince veces mayor que la actual.

Durante todo el periodo que va de 1960 hasta hoy, la fuga ascendi贸 a 62 billones de d贸lares [57 billones de euros] en t茅rminos reales. Si este valor hubiera sido retenido por el Sur, contribuyendo a su crecimiento seg煤n sus propias tasas durante este periodo, tendr铆a hoy un valor de 152 billones de d贸lares [138 billones de euros].

Son sumas extraordinarias. Para el Norte global (y aqu铆 nos referimos a EEUU, Canad谩, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Jap贸n, Corea y las econom铆as ricas de Europa), las ganancias son tan grandes que, durante las 煤ltimas dos d茅cadas, han superado la tasa de crecimiento econ贸mico. En otras palabras, el crecimiento neto del Norte depende de la apropiaci贸n del resto del mundo.

Para el Sur, las p茅rdidas superan por un amplio margen las transferencias de ayuda exterior. Por cada d贸lar de ayuda que recibe el Sur, pierde 14 d贸lares [12,64 euros] s贸lo en drenaje por el intercambio desigual, sin contabilizar otros tipos de p茅rdidas como los flujos financieros salientes il铆citos y la repatriaci贸n de beneficios. Por supuesto, la proporci贸n var铆a seg煤n el pa铆s 鈥揺s m谩s alta para unos que para otros鈥 pero en todos los casos, el discurso de la ayuda oculta una realidad m谩s oscura de saqueo. Los pa铆ses pobres est谩n desarrollando a los pa铆ses ricos, no al rev茅s.

Los economistas neocl谩sicos tienden a ver los bajos salarios del Sur como algo 芦natural禄 鈥搖na especie de resultado neutral del mercado鈥. Pero Amin y otros economistas del Sur global sostienen que las desigualdades salariales son artefactos del poder pol铆tico.

Los pa铆ses ricos tienen el monopolio de la toma de decisiones en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), tienen la mayor parte del poder de negociaci贸n en la Organizaci贸n Mundial del Comercio, utilizan su poder como acreedores para dictar la pol铆tica econ贸mica en las naciones deudoras y controlan el 97% de las patentes del mundo. Los Estados y las empresas del Norte aprovechan este poder para abaratar los precios de la mano de obra y los recursos en el Sur global, lo que les permite lograr una apropiaci贸n neta mediante el comercio.

Durante las d茅cadas de los 80 y 90, los programas de ajuste estructural del FMI redujeron los salarios y el empleo en el sector p煤blico, al tiempo que recortaron los derechos laborales y otras normas de protecci贸n, todo lo cual abarat贸 la mano de obra y los recursos. Hoy en d铆a, los pa铆ses pobres dependen estructuralmente de la inversi贸n extranjera y no tienen m谩s remedio que competir unos contra otros para ofrecer mano de obra y recursos baratos con el fin de complacer a los barones de las finanzas internacionales. Esto garantiza un flujo constante de aparatos desechables y moda r谩pida hacia los consumidores acomodados del Norte, pero con un coste extraordinario para las vidas humanas y los ecosistemas del Sur.

Hay varias formas de solucionar este problema. Una de ellas ser铆a democratizar las instituciones de la gobernanza econ贸mica mundial, de tal modo que los pa铆ses pobres tengan una participaci贸n m谩s justa en la fijaci贸n de las condiciones comerciales y financieras. Otra medida ser铆a garantizar que los pa铆ses pobres tengan derecho a utilizar los aranceles, las subvenciones y otras pol铆ticas industriales para crear una capacidad econ贸mica soberana. Tambi茅n podr铆amos dar pasos hacia un sistema global de salarios dignos y un marco internacional de regulaciones medioambientales, que pondr铆an un nivel m铆nimo a los precios de la mano de obra y los recursos.

Todo ello permitir铆a al Sur captar una parte m谩s justa de los ingresos del comercio internacional y liberar a sus pa铆ses para una movilizaci贸n de sus recursos en orden a la eliminaci贸n de la pobreza y la satisfacci贸n de las necesidades humanas. Pero alcanzar estos objetivos no ser谩 f谩cil; requerir谩 un frente organizado entre los movimientos sociales dirigido hacia el logro de un mundo m谩s justo, en contra de aquellos que se benefician tan prodigiosamente del statu quo.

Autores:

鈥 Jason Hickel, Acad茅mico de la Universidad de Londres y Miembro de la Real Sociedad de Arte del Reino Unido.

鈥 Dylan Sullivan, estudiante de posgrado en el Departamento de Econom铆a Pol铆tica de la Univer-sidad de Sidney.

鈥 Huzaifa Zoomkawala, investigador independiente y analista de datos con sede en Karachi.

aljazeera.com. Traducido por Luis Lluna Reig

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Fuente: Asociaciongerminal.org