December 2, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
307 puntos de vista

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El Informe ve la luz en un contexto en el  que cada vez hay m谩s reivindicaciones pol铆ticas de seguridad clim谩tica como respuesta al empeoramiento de los impactos de la desestabilizaci贸n del clima, pero sin embargo, hay muy poco an谩lisis cr铆tico sobre qu茅 tipo de seguridad se ofrece y a qui茅nes.

Esta gu铆a elaborada por Nick Buxton, desmitifica el debate y destaca el papel de las fuerzas armadas en provocar la crisis clim谩tica, los peligros de que ahora sean ellas quienes brinden soluciones a los impactos clim谩ticos, los intereses de las empresas que lucran con ello, los efectos en las personas m谩s vulnerables y las propuestas de alternativas para una 芦seguridad禄 basada en la justicia.

9. 驴Qu茅 rol cumplen las fuerzas armadas en la creaci贸n de la crisis clim谩tica?鈥

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En lugar de recurrir al sector militar como una soluci贸n para la crisis clim谩tica, es m谩s importante examinar c贸mo contribuye a la crisis clim谩tica con sus altos niveles de emisiones de GEI y su rol fundamental en el mantenimiento de la econom铆a de los combustibles f贸siles.

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Un informe del Congreso de Estados Unidos indica que el Pent谩gono es el mayor consumidor institucional de petr贸leo del mundo, pero seg煤n la normativa vigente, no est谩 obligado a tomar ninguna medida dr谩stica de reducci贸n de sus emisiones en consonancia con el conocimiento cient铆fico. Un estudio de 2019 calcul贸 que las emisiones del Pent谩gono ascend铆an a 59 millones de toneladas de GEI, m谩s que el total de emisiones conjuntas de Dinamarca, Finlandia y Suecia en 2017. La organizaci贸n brit谩nica Scientists for Global Responsibility calcula que el sector militar del Reino Unido emiti贸 11 millones de toneladas de GEI, equivalentes a 6 millones de autom贸viles, y que la UE emiti贸 24,8 millones de toneladas, siendo la contribuci贸n de Francia un tercio del total. Estos estudios presentan estimaciones conservadoras debido a la falta de transparencia de los datos. Tambi茅n se supo que cinco empresas de venta de armas con sede en los estados miembros de la UE (Airbus, Leonardo, PGZ, Rheinmetall y Thales) emitieron, como m铆nimo, 1,02 millones de toneladas de GEI en conjunto.

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El alto nivel de las emisiones de GEI de las fuerzas armadas se debe a su extensa infraestructura (la instituci贸n suele ser la mayor propietaria de la tierra en la mayor铆a de los pa铆ses), su alcance mundial 鈥揺specialmente las de Estados Unidos, que mantienen m谩s de 800 bases militares en el planeta, muchas de las cuales participan de operaciones de contrainsurgencia que dependen del combustible鈥 y el alto consumo de combustibles f贸siles de la mayor铆a de los sistemas de transporte militar. Un avi贸n de combate F-15, por ejemplo, utiliza 342 barriles (54 510 litros) de petr贸leo por hora, y es casi imposible de reemplazar con alternativas de energ铆a renovable. Aviones y barcos militares tienen ciclos de vida prolongados, lo que asegura emisiones de carbono durante muchos a帽os.

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Sin embargo, el mayor impacto en las emisiones radica en el prop贸sito dominante de las fuerzas armadas, que es asegurar el acceso de su pa铆s a los recursos estrat茅gicos, y el funcionamiento sin tropiezos del capital, as铆 como la gesti贸n de la inestabilidad y las desigualdades que provoca. Esto result贸 en la militarizaci贸n de regiones ricas en recursos (como Oriente Medio y los Estados del Golfo y las rutas mar铆timas alrededor de China) y tambi茅n convirti贸 a las fuerzas armadas en el pilar coercitivo de esta econom铆a construida sobre el consumo de combustibles f贸siles y comprometida con el crecimiento econ贸mico ilimitado.

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Finalmente, el sector afecta el cambio clim谩tico a trav茅s del costo de oportunidad de invertir en las fuerzas armadas y no en la prevenci贸n del colapso clim谩tico. Los presupuestos militares casi se duplicaron desde el final de la Guerra Fr铆a, aunque no ofrecen soluciones a las mayores crisis de la actualidad, como el cambio clim谩tico, las pandemias, la desigualdad y la pobreza. Ahora que el planeta necesita la mayor inversi贸n posible en la transici贸n econ贸mica para mitigar el cambio clim谩tico, se le suele decir al p煤blico que no hay recursos para hacer lo que exige la ciencia clim谩tica. En Canad谩, por ejemplo, el primer ministro Justin Trudeau se jacta de sus compromisos clim谩ticos, pero en 2020 su Gobierno destin贸 27.000 millones de d贸lares al Departamento de Defensa Nacional, y solo 1.900 millones de d贸lares al Departamento de Ambiente y Cambio Clim谩tico. Hace 20 a帽os, Canad谩 gast贸 9.600 millones de d贸lares en su defensa y solo 730 millones de d贸lares en el ambiente y cambio clim谩tico. As铆, en las 煤ltimas dos d茅cadas, mientras la crisis clim谩tica se agrava, los pa铆ses gastan m谩s en las fuerzas armadas y sus armas que en tomar medidas que protejan al planeta de un cambio clim谩tico catastr贸fico.

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10. Los militares, los conflictos y su v铆nculo con el petr贸leo y la econom铆a de extracci贸n鈥

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Hist贸ricamente, la guerra suele surgir de la lucha entre las 茅lites por el control del acceso a fuentes de energ铆a estrat茅gicas. Esto es especialmente cierto en el caso de la econom铆a del petr贸leo y los combustibles f贸siles, que provoca guerras internacionales, guerras civiles, el surgimiento de grupos paramilitares y terroristas, conflictos por el transporte mar铆timo y 贸leo/gasoductos, y una intensa rivalidad geopol铆tica en regiones clave, desde Oriente Medio al oc茅ano 脕rtico (a medida que el hielo se derrite permite el acceso a yacimientos de gas y rutas de transporte nuevos).

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Un estudio indica que entre 25 % y 50 % de las guerras interestatales desde el comienzo en 1973 de la denominada era moderna del petr贸leo estaban relacionadas con el petr贸leo, siendo la invasi贸n de Irak liderada por Estados Unidos en 2003 un ejemplo notorio. El petr贸leo tambi茅n lubrica, literal y metaf贸ricamente, la industria de las armas, proporcionando tanto los recursos como el motivo para que muchos Estados se embarquen en el gasto armamentista. De hecho, hay pruebas de que los pa铆ses utilizan la venta de armas para asegurar y mantener el acceso al petr贸leo. El mayor acuerdo de armas en la historia del Reino Unido (conocido como 鈥楢l-Yamamah鈥) se firm贸 en 1985 y pact贸 la exportaci贸n de armas a Arabia Saudita (para nada respetuosa de los derechos humanos) por muchos a帽os, a cambio de 600.000 barriles de petr贸leo diarios. La empresa BAE Systems gan贸 decenas de miles de millones de d贸lares con la venta, lo que ayuda a subsidiar las compras de armas del propio Reino Unido.

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En todo el planeta, la creciente demanda de productos b谩sicos expandi贸 la econom铆a de extracci贸n a regiones y territorios nuevos. Esto amenaza la propia existencia y soberan铆a de las comunidades locales y, por lo tanto, provoca resistencia y conflictos. La respuesta suele manifestarse en una brutal represi贸n policial y violencia paramilitar, que en muchos pa铆ses colaboran de forma estrecha con las empresas locales y transnacionales. En Per煤, por ejemplo, Earth Rights International (ERI) sac贸 a la luz 138 acuerdos firmados entre empresas dedicadas a la extracci贸n y la polic铆a en el per铆odo 1995-2018, que 鈥減ermiten a la polic铆a brindar servicios de seguridad privada dentro de las instalaciones y otras 谩reas鈥 de proyectos de extracci贸n a cambio de una ganancia鈥. El asesinato de la activista ind铆gena hondure帽a Berta C谩ceres en 2016, perpetrado por paramilitares vinculados al Estado que trabajan con la empresa de represas Desa, es uno de numerosos casos en el planeta donde el nexo entre la demanda capitalista internacional, las industrias de extracci贸n y la violencia pol铆tica generan un entorno letal para el activismo y los miembros de la comunidad que se atreven a resistir. Global Witness ha documentado la creciente ola de violencia en el mundo: en 2020 registr贸 el r茅cord de 227 asesinatos de defensores de la tierra y el ambiente, con un promedio de m谩s de cuatro por semana.

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Militarismo y petr贸leo en Nigeria

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Quiz谩s en ning煤n lugar sea tan evidente la conexi贸n entre el petr贸leo, el militarismo y la represi贸n que en Nigeria. Los reg铆menes coloniales y los sucesivos gobiernos posteriores a la independencia utilizaron la fuerza para asegurar el flujo de petr贸leo y de riqueza a una peque帽a 茅lite. En 1895, una fuerza naval brit谩nica incendi贸 la ciudad de Brass para asegurar que la Royal Niger Company retuviera el monopolio del comercio de aceite de palma por el r铆o N铆ger. Se estima que 2.000 personas perdieron la vida en el incendio. M谩s recientemente, en 1994, el Gobierno nigeriano estableci贸 el Grupo de Trabajo de Seguridad Interna del estado de Rivers para reprimir las protestas pac铆ficas en Ogoniland contra las actividades contaminantes de la empresa Shell Petroleum Development Company (SPDC). La brutal acci贸n en Ogoniland provoc贸 la muerte de m谩s de 2.000 personas, y la violaci贸n y flagelaci贸n de muchas m谩s, entre otras violaciones de derechos humanos.

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El petr贸leo foment贸 la violencia en Nigeria, en primer lugar al brindar recursos para que los reg铆menes militares y autoritarios tomaran el poder con la complicidad de las empresas petroleras transnacionales. Seg煤n un conocido comentario de un ejecutivo nigeriano de la Shell, 鈥減ara una empresa comercial que intenta realizar inversiones, necesitas un entorno estable鈥 Las dictaduras pueden d谩rtelo鈥. Se trata de una relaci贸n simbi贸tica: las empresas escapan al escrutinio democr谩tico y los militares se envalentonan y enriquecen al brindar seguridad. En segundo lugar, la distribuci贸n de los ingresos petroleros sienta las bases para el conflicto, as铆 como la oposici贸n a la devastaci贸n ambiental que provocan las compa帽铆as petroleras. Esto condujo a resistencias y conflictos armados en Ogoniland, que tuvieron una respuesta militar feroz y brutal.

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Aunque est谩 vigente una paz fr谩gil desde 2009, cuando el Gobierno nigeriano acord贸 pagar estipendios mensuales a los exguerrilleros, persisten las condiciones para que el conflicto resurja, algo que ya es una realidad en otras regiones de Nigeria.

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11. 驴Qu茅 impacto ambiental tienen el militarismo y la guerra?

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Por su naturaleza, el militarismo y la guerra priorizan los objetivos de seguridad nacional y excluyen todo lo dem谩s. Adem谩s se caracterizan por una forma de excepcionalismo, lo que significa que, con frecuencia, al sector militar se le da libertad de acci贸n para ignorar incluso las normas y restricciones que protegen de forma limitada al ambiente. En consecuencia, tanto las fuerzas militares como las guerras dejaron una herencia ambiental en gran medida devastadora. Los militares utilizan grandes cantidades de combustibles f贸siles, despliegan armas y artiller铆a profundamente t贸xicas y contaminantes, atacan la infraestructura (industria del petr贸leo, servicios de alcantarillado, etc.), dejando a su paso da帽os ambientales persistentes y paisajes llenos de municiones y armas t贸xicas, explotadas y sin detonar.

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Los pa铆ses afectados por guerras y conflictos tambi茅n sufren impactos a largo plazo debido a la ausencia de gobernanza que debilita la normativa ambiental, obliga a las personas a destruir sus propios entornos para sobrevivir y fomenta el surgimiento de grupos paramilitares que, con frecuencia, extraen recursos (petr贸leo, minerales, etc.) mediante pr谩cticas ambientales sumamente destructivas y que violan los derechos humanos. No es de extra帽ar que en ocasiones a la guerra se la describa como 鈥desarrollo sostenible a la inversa鈥.

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12. 驴Los militares no son necesarios para las respuestas humanitarias?

Una justificaci贸n importante para invertir en las fuerzas armadas en esta 茅poca de crisis clim谩tica es que son necesarias para actuar ante las cat谩strofes relacionadas con el clima, y muchos pa铆ses ya recurren a sus militares en este sentido. Tras el paso del tif贸n Haiyan, que caus贸 estragos en Filipinas en noviembre de 2013, las fuerzas armadas de Estados Unidos llegaron a desplegar 66 aviones militares, 12 embarcaciones navales y casi 1.000 militares para despejar carreteras, trasladar trabajadores humanitarios, distribuir suministros de socorro y evacuar personas. Durante las inundaciones de Alemania en julio de 2021, el ej茅rcito alem谩n [Bundeswehr] ayud贸 a reforzar las defensas contra el agua, rescatar personas y a limpiar cuando el agua retrocedi贸. En muchos pa铆ses, sobre todo de renta baja y media, las fuerzas armadas quiz谩 sean la 煤nica instituci贸n con la capacidad, el personal y la tecnolog铆a necesaria para actuar ante eventos catastr贸ficos.

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Que el sector militar desempe帽e funciones humanitarias no significa que sea la mejor instituci贸n para la tarea. Hay jerarcas militares contrarios a que las fuerzas armadas participen en tareas humanitarias porque consideran que estas distraen de los preparativos para la guerra. Aunque acepten esa funci贸n, existen muchos peligros de que los militares entren a desarrollar actividades humanitarias, especialmente en situaciones de conflicto o cuando la intervenci贸n humanitaria coincide con los objetivos estrat茅gicos militares. Como admite abiertamente Erik Battenberg, experto en pol铆tica exterior de Estados Unidos, en la revista del Congreso estadounidense, The Hill, 鈥渓a ayuda en casos de desastre dirigida por militares no solo es una urgencia humanitaria, sino que tambi茅n puede servir para una urgencia estrat茅gica m谩s amplia, como parte de la pol铆tica exterior estadounidense鈥.

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Eso significa que la ayuda humanitaria viene acompa帽ada de intenciones ocultas: en su m铆nima expresi贸n proyecta un poder blando, pero a menudo busca influir activamente en regiones y pa铆ses para que sirvan a los intereses de un pa铆s poderoso, incluso a costa de la democracia y los derechos humanos. Estados Unidos tiene una extensa historia de uso de la ayuda como parte de la contrainsurgencia en varias 鈥榞uerras sucias鈥 de Am茅rica Latina, 脕frica y Asia antes, durante y despu茅s de la Guerra Fr铆a. En las 煤ltimas dos d茅cadas, las fuerzas militares de Estados Unidos y la OTAN intervinieron frecuentemente en operaciones militares y civiles en Afganist谩n e Irak con el despliegue de fuerzas y armas, adem谩s de las tareas de ayuda y reconstrucci贸n. En general, esto las llev贸 a hacer lo contrario al trabajo humanitario. En Irak, la intervenci贸n gener贸 abusos militares, como las violaciones generalizadas de derechos humanos de los detenidos en la base militar de Bagram. Incluso en Estados Unidos, las tropas enviadas a Nueva Orleans dispararon contra los habitantes desesperados, llevadas por el racismo y el miedo.

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La intervenci贸n militar tambi茅n puede socavar la independencia, neutralidad y seguridad de los trabajadores civiles de ayuda humanitaria, haci茅ndolos m谩s propensos a los ataques de grupos militares insurgentes. La ayuda militar con frecuencia termina siendo m谩s cara que las operaciones de ayuda civil, al desviar los limitados recursos estatales hacia las fuerzas armadas. La tendencia gener贸 la profunda preocupaci贸n de organizaciones como la Cruz Roja/Media Luna Roja y M茅dicos sin Fronteras.

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No hay duda de que los pa铆ses necesitar谩n equipos eficaces de respuesta ante las cat谩strofes, as铆 como la solidaridad internacional. Pero eso no tiene por qu茅 estar vinculado a las fuerzas armadas, sino que podr铆a recurrirse a una fuerza civil nueva o reforzada con un prop贸sito humanitario exclusivo que no incluya objetivos contradictorios. Cuba, por ejemplo, con recursos limitados y en condiciones de bloqueo, desarroll贸 una estructura de Defensa Civil altamente eficaz e incorporada a cada comunidad que, combinada con comunicaciones estatales efectivas y asesoramiento meteorol贸gico experto, le ayud贸 a sobrevivir a muchos huracanes con una cantidad de heridos y muertos menor que pa铆ses vecinos m谩s ricos. Cuando el hurac谩n Sandy pas贸 por Cuba y Estados Unidos en 2012, solo 11 personas murieron en la isla caribe帽a, frente a 157 muertos en territorio estadounidense. Alemania tambi茅n tiene una estructura civil (Technisches Hilfswerk/THW, la Agencia Federal de Socorro T茅cnico), en su mayor铆a integrada por voluntarios, que generalmente se utiliza para la respuesta ante cat谩strofes.

13. 驴C贸mo buscan las empresas de armas y seguridad lucrar con la crisis clim谩tica?

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鈥淐reo que [el cambio clim谩tico] es una oportunidad real para la industria [aeroespacial y de defensa]鈥, afirm贸 en 1999 Paul Drayson, entonces ministro de Ciencia e Innovaci贸n y ministro para la Reforma de Adquisiciones de Defensa Estrat茅gica del Reino Unido. Y ten铆a raz贸n. La industria de las armas y la seguridad experiment贸 un auge en las 煤ltimas d茅cadas. Las ventas acumuladas de la industria de armas, por ejemplo, se duplicaron entre 2002 y 2018, de 202.000 millones de d贸lares a 420.000 millones de d贸lares, y muchas grandes empresas, como Lockheed Martin y Airbus, ampliaron su ramo de negocio a todos los 谩mbitos de la seguridad desde la gesti贸n de fronteras hasta la vigilancia nacional. Y la industria prev茅 que el cambio clim谩tico y la inseguridad que traer谩 aparejada impulsar谩n m谩s esas ventas. En un informe de mayo de 2021, Marketandmarkets pronostic贸 que el sector de la seguridad nacional tendr谩 ping眉es ganancias debido a 鈥渃ondiciones clim谩ticas din谩micas, el aumento de las calamidades naturales, el 茅nfasis del Gobierno en las pol铆ticas de seguridad鈥. Se calcula que el ramo de la seguridad fronteriza tendr谩 un crecimiento anual del 7 % y que el sector de la seguridad interior en general crecer谩 un 6 % anual.

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La industria se beneficia de diferentes formas. Primero, busca sacar provecho de los intentos de las principales fuerzas militares de desarrollar tecnolog铆as que no dependan de los combustibles f贸siles y sean resilientes a los impactos del cambio clim谩tico. Por ejemplo, en 2010, Boeing obtuvo un contrato por 89 millones de d贸lares con el Pent谩gono para desarrollar el avi贸n no tripulado SolarEagle (QinetiQ y el Centro de Conducci贸n El茅ctrica Avanzada de la brit谩nica Universidad de Newcastle se encargar谩n del armado), que tiene la ventaja de considerarse una tecnolog铆a 鈥榲erde鈥 y tambi茅n la capacidad de permanecer en el aire m谩s tiempo, al no tener que reabastecerse de combustible. La estadounidense Lockheed Martin trabaja con Ocean Aero para fabricar submarinos con energ铆a solar. Como la mayor铆a de las transnacionales, las empresas de armamento tambi茅n tienen inter茅s en promover sus esfuerzos de reducci贸n del impacto ambiental, al menos seg煤n sus informes anuales. Dada la devastaci贸n ambiental que provocan los conflictos armados, ese lavado verde se vuelve surrealista en ocasiones. Un ejemplo se dio en 2013 cuando el Pent谩gono invirti贸 5 millones de d贸lares para desarrollar balas sin plomo que, seg煤n las declaraciones de un portavoz del ej茅rcito de Estados Unidos, 鈥減ueden matarte o dispararle a un objetivo sin peligro para el ambiente鈥.

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En segundo lugar, prev茅 m谩s contratos debido a que los gobiernos refuerzan sus presupuestos en preparaci贸n para la inseguridad que provocar谩 la crisis clim谩tica en el futuro. Esto impuls贸 la venta de armas, equipos de vigilancia y fronterizos, productos policiales y de seguridad nacional. La segunda conferencia sobre Energ铆a, ambiente, defensa y seguridad (E2DS), celebrada en 2011 en Washington DC, se mostr贸 exultante sobre la posible oportunidad comercial que ofrece la expansi贸n del sector de la defensa a los mercados ambientales, afirmando que estos superaban ocho veces el tama帽o del mercado de la defensa, y que 鈥渆l sector aeroespacial, de defensa y de seguridad se prepara para abordar lo que parecer铆a convertirse en su mercado adyacente m谩s importante desde el fuerte surgimiento del negocio de la seguridad civil/interior hace casi una d茅cada鈥. Lockheed Martin, en su informe de sostenibilidad de 2018 anuncia esas oportunidades, y se帽ala que 鈥渆l sector privado tambi茅n tiene un papel en la respuesta ante la inestabilidad geopol铆tica y los eventos que pueden amenazar las econom铆as y las sociedades鈥.

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V茅ase tambi茅n: Castillo, J.M. (2016) Los negocios del cambio clim谩tico. Virus

14. 驴C贸mo impactan las narrativas de la seguridad clim谩tica en el plano interno y la polic铆a?

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Las perspectivas de seguridad nacional no tienen que ver exclusivamente con las amenazas externas, sino tambi茅n con las internas, incluidas aquellas que amenazan los intereses econ贸micos esenciales. Por ejemplo, la ley brit谩nica del Servicio de Seguridad (1989) encomienda expresamente al servicio de seguridad la funci贸n de 鈥渟alvaguardar el bienestar econ贸mico鈥 del pa铆s; la ley de Educaci贸n de Seguridad Nacional de Estados Unidos (1991) estipula de manera similar v铆nculos directos entre la seguridad nacional y el 鈥渂ienestar econ贸mico de Estados Unidos鈥. Este proceso se aceler贸 tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando se consider贸 que la polic铆a era la primera l铆nea de la defensa de la patria.

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Se ha interpretado que esto significa gestionar el descontento civil y la preparaci贸n para toda inestabilidad, marco en el cual el cambio clim谩tico es visto como un factor nuevo que impulsa una mayor financiaci贸n para los servicios de seguridad como la polic铆a, las c谩rceles y los guardias fronterizos. Esto se engloba bajo el nuevo mantra de 鈥榞esti贸n de crisis鈥 e 鈥榠nteroperabilidad鈥, que pretende una mejor integraci贸n de los organismos estatales dedicados a asuntos de seguridad 鈥揷omo orden p煤blico y 鈥榙escontento social鈥 (la polic铆a), 鈥榗onciencia situacional鈥 (recopilaci贸n de informaci贸n), resiliencia/preparaci贸n (planificaci贸n civil) y respuestas de emergencia (que incluye a las cuadrillas de emergencia y el antiterrorismo; la defensa qu铆mica, biol贸gica, radiol贸gica y nuclear; la protecci贸n de infraestructura cr铆tica, la planificaci贸n militar, etc.) 鈥 en estructuras nuevas de 鈥榤ando y control鈥.

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La militarizaci贸n se evidencia en las intervenciones policiales. Las redadas policiales en Estados Unidos por unidades de 茅lite tipo SWAT pasaron de 3.000 al a帽o en la d茅cada de 1980 a 80.000 solo en 2015, en su mayor铆a por registros de drogas y en forma desproporcionada contra minor铆as 茅tnicas. En todo el mundo, como se analiz贸 anteriormente, la polic铆a y las empresas de seguridad privada suelen participar en la represi贸n y el asesinato de activistas ambientales. Que la militarizaci贸n apunte cada vez m谩s a los activistas clim谩ticos y ambientales, dedicados a frenar el cambio clim谩tico, subraya c贸mo las soluciones de seguridad no solo no abordan las causas subyacentes, sino que pueden profundizar la crisis clim谩tica.

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Esta militarizaci贸n tambi茅n se filtra en las respuestas de emergencia. La financiaci贸n que el Departamento de Seguridad Interior destin贸 a la 鈥preparaci贸n contra el terrorismo鈥 en 2020 permite que esos mismos fondos se utilicen para 鈥渦na mejor preparaci贸n contra otros peligros no relacionados con actos de terrorismo鈥. El Programa Europeo para la Protecci贸n de Infraestructuras Cr铆ticas (EPCIP) tambi茅n incluye su estrategia de protecci贸n de la infraestructura ante los impactos del cambio clim谩tico en un marco de 鈥榣ucha contra el terrorismo鈥. Desde principios de la d茅cada de 2000, muchos pa铆ses de renta alta adoptaron leyes con poderes de emergencia que podr铆an aplicarse en caso de cat谩strofes clim谩ticas y que son de amplio alcance y con un control democr谩tico limitado. La ley brit谩nica de Contingencias Civiles (2004), por ejemplo, define una 鈥渆mergencia鈥 como cualquier 鈥渆vento o situaci贸n鈥 que 鈥渁menaza con da帽ar gravemente al bienestar humano鈥 o el 鈥渁mbiente鈥 de 鈥渦n lugar en el Reino Unido鈥. La norma faculta a los ministros a presentar 鈥渄isposiciones de emergencia鈥 de alcance pr谩cticamente ilimitado sin recurrir al Parlamento, lo que incluye autorizar al Estado la prohibici贸n de reuniones, viajes y 鈥渙tras actividades espec铆ficas鈥.

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15. 驴C贸mo afecta la agenda de la seguridad clim谩tica a otros 谩mbitos, como los alimentos y el agua?

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El lenguaje y el marco de la seguridad se han infiltrado en todos los 谩mbitos de la vida pol铆tica, econ贸mica y social, en particular en relaci贸n con la gobernanza de recursos naturales clave, como el agua, los alimentos y la energ铆a. Como sucede con la seguridad clim谩tica, el lenguaje de la seguridad de los recursos se emplea con distintos sentidos, pero tiene escollos similares. Lo impulsa la sensaci贸n de que el cambio clim谩tico aumentar谩 la vulnerabilidad del acceso a estos recursos esenciales y que, por lo tanto, es primordial brindar 鈥榮eguridad鈥.

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No cabe duda de la existencia de pruebas s贸lidas que advierten que el cambio clim谩tico afectar谩 el acceso a los alimentos y el agua. El informe especial del IPCC, El cambio clim谩tico y la tierra (2019), pronostica un crecimiento de hasta 183 millones de personas adicionales en riesgo de padecer hambre para 2050 como consecuencia del cambio clim谩tico. El Global Water Institute vaticina que la intensa escasez de agua podr铆a desplazar a 700 millones de personas en el planeta para 2030. En gran medida esto suceder谩 en los pa铆ses tropicales de renta baja, los m谩s afectados por el cambio clim谩tico.

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Sin embargo, cabe se帽alar que muchos actores destacados que advierten sobre la 鈥榠nseguridad鈥 de los alimentos, el agua o la energ铆a expresan l贸gicas nacionalistas, militaristas y corporativas similares a las que dominan los debates sobre la seguridad clim谩tica. Los defensores de la seguridad dan por supuesta la escasez y advierten de los peligros de la escasez nacional, con frecuencia promueven soluciones corporativas de mercado y, en ocasiones, defienden el uso de las fuerzas armadas para garantizar la seguridad. Sus soluciones para la inseguridad siguen una receta est谩ndar, centrada en la maximizaci贸n de la oferta: ampliar la producci贸n, fomentar la inversi贸n privada y utilizar tecnolog铆as nuevas para superar los obst谩culos. En el 谩rea de los alimentos, por ejemplo, esto condujo al surgimiento de la agricultura clim谩ticamente inteligente dedicada a aumentar el rendimiento de los cultivos en un contexto de temperaturas cambiantes, siendo introducida por alianzas como AGRA, cuyas protagonistas son las grandes corporaciones agroindustriales. Con respecto al agua, impuls贸 la financiarizaci贸n y privatizaci贸n del agua, con la convicci贸n de que el mercado est谩 en mejor posici贸n para gestionar la escasez y las alteraciones.

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En el proceso, se ignoran las injusticias existentes en los sistemas de energ铆a, alimentos y agua, en vez de aprender de ellas. La deficiencia actual en el acceso a los alimentos y el agua no responde tanto a la escasez sino a la forma en que estos sistemas, dominados por las empresas, priorizan las ganancias sobre el acceso. Esta situaci贸n permite el consumo excesivo, sistemas ecol贸gicamente da帽inos y cadenas de suministro mundial derrochadoras controladas por un peque帽o pu帽ado de empresas que atienden las necesidades de unos pocos y niegan el acceso a la mayor铆a. En estos tiempos de crisis clim谩tica, esta injusticia estructural no se resolver谩 con el aumento de la oferta, ya que eso solo agravar谩 la injusticia. Solo cuatro empresas 鈥揂DM, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus鈥 controlan entre 75 % y 90 % del comercio mundial de cereales. Sin embargo, este sistema alimentario liderado por las empresas no solo no acab贸 con el hambre que afecta a 680 millones de personas, sino que es uno de los mayores contribuyentes a los GEI, responsable de entre 21 % y 37 % del total de las emisiones.

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Los fracasos del concepto de seguridad que promueven las empresas hicieron que muchos movimientos ciudadanos reclamaran alimentos, agua y soberan铆a, democracia y justicia para abordar directamente los problemas de equidad que deben resolverse para garantizar la igualdad en el acceso a los recursos esenciales, particularmente en esta 茅poca de inestabilidad clim谩tica. Los movimientos por la soberan铆a alimentaria, por ejemplo, exigen el derecho de los pueblos a producir, distribuir y consumir alimentos inocuos, saludables y culturalmente apropiados de manera sostenible, dentro y cerca de su territorio; todas cuestiones que el t茅rmino 鈥榮eguridad alimentaria鈥 ignora y que en gran medida son la ant铆tesis del af谩n de lucro de la agroindustria internacional.

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V茅ase tambi茅n:

16.驴Podemos rescatar la palabra 鈥榮eguridad鈥?

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Por supuesto, muchas personas exigir谩n seguridad ya que refleja el deseo universal de cuidar y proteger las cosas que importan. Para la mayor铆a, seguridad significa tener un trabajo digno, un lugar para vivir, acceso a la atenci贸n m茅dica y la educaci贸n, y sentirse a salvo. Por lo tanto, es f谩cil entender por qu茅 los movimientos sociales se muestran reacios a dejar de lado la palabra 鈥榮eguridad鈥, y en cambio buscan ampliar la definici贸n para que incluya y priorice las amenazas reales del bienestar humano y ecol贸gico. Tambi茅n es comprensible que, en este momento en el que casi no hay pol铆ticos que reaccionen ante la crisis clim谩tica con la seriedad que se merece, que los ambientalistas busquen otros marcos y aliados para conseguir las acciones necesarias. Ser铆a indudablemente un gran avance si pudi茅ramos reemplazar la interpretaci贸n militarizada de la seguridad por un concepto de seguridad humana centrada en las personas.

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Hay organizaciones que intentan hacerlo, como la iniciativa brit谩nica Rethinking Security y la Fundaci贸n Rosa Luxemburgo y su trabajo sobre perspectivas de una seguridad de izquierda. TNI tambi茅n ha trabajado el tema, articulando una estrategia alternativa a la guerra contra el terrorismo. Sin embargo, es un terreno dif铆cil dado el contexto de fuertes desequilibrios de poder imperante en el planeta. Por lo tanto, la confusi贸n de significados en torno a la seguridad suele servirle a los intereses de los poderosos, y as铆 la interpretaci贸n militarista y corporativa centrada en el Estado prevalece sobre otras, como la seguridad humana y ecol贸gica. Como lo expresa el profesor de relaciones internacionales, Ole Waever, 鈥渁l denominar un hecho determinado como un problema de seguridad, el 鈥楨stado鈥 puede adjudicarse un derecho especial, uno que, en 煤ltima instancia, siempre ser谩 definido por el Estado y sus 茅lites鈥.

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O, como sostiene el acad茅mico contrario a la seguridad Mark Neocleous, 鈥渄arle un tratamiento de seguridad a asuntos del poder social y pol铆tico ejerce un efecto debilitador al permitir que el Estado absorba la acci贸n genuinamente pol铆tica en relaci贸n con los asuntos en cuesti贸n, consolidando el poder de las formas existentes de dominaci贸n social y justificando el cortocircuito incluso de los m谩s m铆nimos procedimientos democr谩ticos liberales. En lugar de tratar los problemas como asuntos de seguridad, entonces, deber铆amos buscar formas de politizarlos de maneras no referidas a la seguridad. Vale la pena recordar que uno de los sentidos de estar 鈥榮eguro鈥 es 鈥榥o poder escapar鈥: debemos evitar pensar en el poder del Estado y la propiedad privada mediante categor铆as que no nos permitan escapar de ellos鈥. En otras palabras, existe un fuerte argumento a favor de dejar los marcos de seguridad en el pasado y de adoptar estrategias que brinden soluciones justas y duraderas a la crisis clim谩tica.

V茅ase tambi茅n: Neocleous, M. y Rigakos, G.S. eds., 2011. Anti-security. Red Quill Books.

17.驴Cu谩les son las alternativas a la seguridad clim谩tica?

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Queda claro que, de no haber cambios, los impactos del cambio clim谩tico ser谩n determinados por la misma din谩mica que provoc贸 la crisis clim谩tica en primer lugar: poder empresarial concentrado y su impunidad, fuerzas armadas excesivas, un Estado de seguridad cada vez m谩s represivo, pobreza y desigualdad crecientes, formas debilitadas de la democracia e ideolog铆as pol铆ticas que premian la codicia, el individualismo y el consumismo. Si contin煤an dominando la pol铆tica, los impactos del cambio clim谩tico ser谩n igualmente poco equitativos e injustos. Para brindar seguridad a todos en la actual crisis clim谩tica, y especialmente a los m谩s vulnerables, ser铆a prudente enfrentar esas fuerzas y no fortalecerlas. Es por eso que muchos movimientos sociales se refieren a la justicia clim谩tica y no a la seguridad clim谩tica, porque lo que se requiere es una transformaci贸n sist茅mica y no solo asegurar una realidad injusta para continuar en el futuro.

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Sobre todo, la justicia exigir铆a un programa urgente e integral de reducci贸n de emisiones de los pa铆ses m谩s ricos y contaminantes, similar al Nuevo Pacto Verde o al Pacto Ecosocial, que reconozca la deuda clim谩tica que tienen con los pa铆ses y comunidades del Sur Global. Exigir铆a una importante redistribuci贸n de la riqueza en el plano nacional e internacional y la priorizaci贸n de los m谩s vulnerables ante los impactos del cambio clim谩tico. La miserable financiaci贸n clim谩tica que las naciones m谩s ricas prometieron (y que a煤n no cumplieron) a los pa铆ses de ingresos bajos y medios es completamente insuficiente para la tarea. Un primer buen paso hacia una respuesta m谩s solidaria ante los impactos del cambio clim谩tico ser铆a desviar parte de los 1,981 billones de d贸lares que el mundo gasta actualmente en las fuerzas armadas. De manera similar, un impuesto a las ganancias corporativas extraterritoriales recaudar铆a entre 200.000 millones y 600.000 millones de d贸lares al a帽o para apoyar a las comunidades vulnerables m谩s afectadas por el cambio clim谩tico.

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M谩s all谩 de la redistribuci贸n, fundamentalmente tenemos que comenzar a atacar los puntos d茅biles del orden econ贸mico mundial que podr铆an vulnerar aun m谩s a las comunidades durante el recrudecimiento de la inestabilidad clim谩tica. Michael Lewis y Pat Conaty sugieren siete caracter铆sticas esenciales que hacen que una comunidad sea resiliente: diversidad, capital social, ecosistemas saludables, innovaci贸n, colaboraci贸n, sistemas estables de comunicaci贸n y modularidad (esto 煤ltimo significa un sistema donde si algo se rompe, el resto no sufre consecuencias). Otras investigaciones demuestran que las sociedades m谩s equitativas tambi茅n son mucho m谩s resilientes en una crisis. Todo esto apunta a la necesidad de buscar transformaciones fundamentales de la actual econom铆a globalizada.

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La justicia clim谩tica requiere poner a quienes se ven m谩s afectados por la inestabilidad clim谩tica en primera l铆nea y en liderazgo de las soluciones. No se trata solo de lograr que las soluciones funcionen para ellos, dado que muchas comunidades marginadas ya tienen respuestas propias para la crisis que todos enfrentamos. Los movimientos campesinos, por ejemplo, con sus m茅todos agroecol贸gicos, no solo est谩n poniendo en pr谩ctica sistemas de producci贸n de alimentos que revelaron ser m谩s resistentes al cambio clim谩tico que la agroindustria, sino que tambi茅n almacenan m谩s carbono en el suelo y construyen las comunidades que pueden resistir en tiempos dif铆ciles.

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Esto exigir谩 la democratizaci贸n de la toma de decisiones y el surgimiento de formas de soberan铆a nuevas que requerir谩n la reducci贸n del poder y el control de las fuerzas armadas y las empresas, as铆 como el aumento del poder y la rendici贸n de cuentas de los ciudadanos y las comunidades.

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Finalmente, la justicia clim谩tica exige una estrategia de resoluci贸n de conflictos mediante formas pac铆ficas y no violentas. Los planes de seguridad clim谩tica se nutren con los relatos de miedo y de un mundo de suma cero donde solo un determinado grupo puede sobrevivir. Dan por supuesto el conflicto. La justicia clim谩tica busca, en cambio, soluciones que nos permitan prosperar colectivamente, donde los conflictos se resuelvan de manera no violenta y los m谩s vulnerables reciban protecci贸n.

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Podemos contar con la esperanza de que, a lo largo de la historia, las cat谩strofes suelen demostrar lo mejor de las personas, creando minisociedades ut贸picas y ef铆meras, construidas precisamente sobre la solidaridad, la democracia y la rendici贸n de cuentas que el neoliberalismo y el autoritarismo han despojado de los sistemas pol铆ticos contempor谩neos. As铆 lo registr贸 Rebecca Solnit en Paradise in Hell, donde examin贸 en profundidad cinco cat谩strofes de magnitud, desde el terremoto de San Francisco de 1906 hasta la inundaci贸n de Nueva Orleans de 2005. Solnit se帽ala que, si bien estos eventos nunca son buenos en s铆 mismos, pueden 鈥渞evelar de qu茅 otra manera podr铆a ser el mundo, revelan la fuerza de esa esperanza, esa generosidad y esa solidaridad. Revelan la ayuda mutua como un principio operativo por defecto y a la sociedad civil como algo que espera entre bastidores cuando est谩 ausente del escenario鈥.

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Vease tambien:

Comunidades en la primea l铆nea de lucha contra el cambio clim谩tico exigen soluciones de justicia clim谩tica.

Agradecimientos: Quisi茅ramos agradecer a Simon Dalby, Tamara Lorincz, Josephine Valeske, Niamh N铆 Bhriain, Wendela de Vries, Nuria del Viso, Deborah Eade y Ben Hayes.

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Fuente: Grupotortuga.com