May 4, 2021
De parte de Lobo Suelto
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Si la familia no se elige, se la erige. Un d铆a Emilio Jurado Na贸n descubri贸 que era pariente de Julio Argentino Roca. Tiempo m谩s tarde, hizo el segundo descubrimiento en esa l铆nea: su t铆o abuelo Bebi Roca hab铆a escrito, sobre las historias de la familia, el libro de memorias Los Roca y los Sch贸贸. As铆 surgi贸 el proyecto a largo plazo de Los Roca y los yo: una colecci贸n de textos, diversos en g茅nero, registro, tono y extensi贸n, que se alimenta del libro de su t铆o abuelo (al que busca pervertir, desvirtuar e hipertrofiar) y de la cual T贸pico de los dos viajeros (Palabras Amarillas, 2020) fue el primer volumen publicado. Si bien la figura de Julio Argentino es gravitante en el proyecto de Jurado Na贸n, los distintos episodios del proyecto indagan, como lo hizo Bebi, en an茅cdotas, acontecimientos y personajes tangenciales (o bien transversales) a la familia Roca. Es el caso del texto que se presenta a continuaci贸n, 鈥淟os Pinc茅n鈥; suerte de diario de lectura ensay铆stico que escarba en torno a un genealog铆a de caciques pampa y su construcci贸n, por parte de los Roca, como enemigo a someter y, a la vez, reflejo distorsionado de la cultura que detentan como propia.

 

Los Pinc茅n (primera parte)

de Emilio Jurado Na贸n

El calor es amplio y constante: irradia desde los m煤sculos hacia afuera de la piel, late, bombea desde el centro del cuerpo, obliga a separar en s铆labas la respiraci贸n. Estamos promediando un largo a帽o de verano completo que amenaza con aniquilar las otras estaciones y despu茅s olvidarlas e imponer su absolutismo 鈥搖n r茅gimen consensuado por el sopor mayoritario de los partidos, los grandes medios, la af贸nica y acomplejada opini贸n p煤blica. Billetes remanidos entran en ignici贸n espont谩nea cuando se los olvida sobre la mesa del comedor, la plata se deshilacha entre los dedos, las monedas perdieron lo met谩lico: ya no tintinean cuando se las tira al suelo; apenas rebotan, giran un par de veces y se detienen, adhesivas.

El 2016 es un a帽o entero: un bloque. No se quiere ir.

Que representaci贸n e interpretaci贸n no tienen sentidos equivalentes lo s茅, lo entiendo. Pero decir que 鈥渘o hay hechos, s贸lo interpretaciones鈥 y, a la vez, que 鈥渓a realidad es pura representaci贸n鈥 los acerca, iguala los conceptos. Representar es realizar una interpretaci贸n, e interpretar se vuelve un acto de representaci贸n.

Todav铆a intento hacerme sincero: fabricar un texto sincero. Lo que no es lo mismo que la honestidad. Honesto ser铆a no mentir, hablar verdad (鈥渘o hay verdad sin una toma de posici贸n鈥). La sinceridad, como yo la veo, no tiene que ver con el paradigma de lo verdadero y de lo falso; tiene que ver con una delgadez del discurso: si la piel es el texto y el hueso la conciencia de s铆 sobre la que se articula, entonces el discurso sincero es aquel que menos carne tiene entre medio. 驴Y qu茅 es la carne? La carne es charqui. (No me gusta la analog铆a: es p茅sima y le hace el juego a la anorexia).

Texto sincero es el que mira a los ojos cuando habla.

(Lo anterior tambi茅n me suena a poco sincero 鈥損or exceso de l铆rica poray).

Vuelvo a sostener en el aire el libro de Bebi, Los Roca y los Sch贸贸. Don Segundo, desde la tapa, me contempla, suspende un amague de sonrisa, ampl铆a la frente. Esta vez lo abro por la parte de 芦Los Pinc茅n禄, la parte favorita de Tita. Teresa, Taretita, mi abuela: a quien le afan茅 el ejemplar. Impoluto se lo rob茅, ni una marca ten铆a. 脷nica se帽al de su lectura era el se帽alador 鈥搖na estampita de San Cayetano鈥, que en el reverso intitulaba, en cursiva prolija, 鈥淟os Pinc茅n鈥. De ah铆 asumo que este episodio es su preferido. Bebi amontonaba an茅cdotas, episodios hist贸ricos, chismes, exageraciones, mentiras, recurriendo frecuentemente a la parataxis (es decir, un texto a la que te criaste). Pero cada tanto el ardor escriturario de Bebi se sosegaba, se centraba 鈥揷reo yo, cuando alg煤n tema lo atra铆a por dem谩s dej谩ndolo, 驴c贸mo decirlo?: engolosinado.

Tir茅 un cubo de hielo en la maceta del balc贸n, la de los jazmines. Se sostuvo cuarenta segundos; tras de s铆 dej贸 una mancha de humedad sobre la tierra dura, que ya fue absorbida. Alrededor, el cielo se acomoda a los bordes irregulares de los edificios. Las nubes son pocas y poco consistentes 鈥搉o vale la pena caracterizar.

En el verano de 1858, cuando Felisa contaba 9 a帽os y estaba con sus padres en La Benicia, junto a sus hermanos Segunda, Pilar y Dionisio Vicente, sufri贸 una fuerte impresi贸n motivada por un ataque de indios, un mal贸n encabezado por el famoso cacique Pinc茅n, que lleg贸 en su avance a las proximidades del casco de la Estancia (鈥) El formidable ataque y el desamparo en que vivieron dejaron un recuerdo tal que las hizo, cuando grandes, siempre muy precavidas en sus estancias en cuanto a medidas de seguridad se refiere. Paredes anchas, fuertes rejas en las ventanas y pesadas trancas en las puertas que nunca se dejaron de noche de atrancar.

Felisa es la abuela de Bebi 鈥搈i t谩tara abuela鈥, de apellido Sch贸贸 y casado con Agust铆n Roca 鈥揾ermano de Julio Argentino. La 鈥渇uerte impresi贸n鈥 que recibi贸 a los nueve a帽os, como escribe Bebi, a causa de un mal贸n en Pergamino habr铆a condicionado su salud por el resto de su vida, volvi茅ndola enfermiza, delicada, inestable. La indiada no lleg贸 a penetrar en la estancia La Benicia: se mantuvo en las inmediaciones arrasando, si bien no con la poblaci贸n, s铆 con las vacas (鈥渃ost贸 miles de cabezas de ganado arreadas por los indios de lanza y la chusma adl谩tere鈥) y operando sobre la memoria del clan al imprimir aquel 鈥渞ecuerdo imborrable [que] se incorpor贸 a la tradici贸n familiar, quiz谩s, por ser el primero que afrontaron los Sch贸贸鈥.

Me deleito con algunas frases de Bebi, en donde las manos se le juegan por un desliz moment谩neo fuera de la prosa historicista: 鈥淧aredes anchas, fuertes rejas en las ventanas y pesadas trancas en las puertas que nunca se dejaron de noche de atrancar鈥.

Pareciera que el primer maloqueo de los Pinc茅n produjo, principalmente, una transformaci贸n en la arquitectura hogare帽a. Bulle el Desierto del otro lado de las gruesas paredes de adobe. Los belfos de la caballada plagiar bufan tras las trancas y el casco de estancia late 鈥搇ate quedo y silencioso. Al centro, en el fondo de la casa, Felisa se palpa el pecho. Reconoce, en sus latidos, un pulso com煤n con la estancia entera.

Paredes anchas, fuertes rejas en las ventanas y pesadas trancas en las puertas que nunca se dejaron de noche de atrancar.

El timbre estridente de un cubierto ca铆do al piso, en un descuido, la atormentaba. Tenedor rebot铆n sobre la losa, 隆ay! La prole en t茅mpano: clavaban los ojos sobre Felisa y su espinazo se torc铆a en arco como alcanzado por una lanza en plena carrera por el yuyal. Sosten铆a el brazo un segundo, adem谩n defensivo de un cuerpo que ignora de d贸nde viene el peligro. Sin pesta帽ear, volv铆a a mover las pupilas: el tenedor en el suelo, pura energ铆a potencial sobre el cuadriculado de las baldosas. Entonces, la prole continuaba su masticaci贸n del almuerzo y Felisa se retiraba, enjuagaba el cubierto, algunas tazas, se iba, hac铆a como que no.

Est谩n las moscas de la yerba y est谩n las moscas del pescado rancio. Las de la yerba simpatizan con la cocina: descansan en azulejos marrones. El pescado rancio, en cambio, no s茅 de d贸nde viene: si del tacho, si de la bolsa que pensaba haber lavado y archivado, si de los restos que se juntan en la bacha, bajo platos, asaderas, elementos. Atrae moscas morrudas y de un torso tornasol, ruidosas. El olor es un asco.

Bebi 鈥揅arlos A. Roca鈥 es un historiador amateur. Ama lo que hace o no tiene otra cosa que hacer. Algunos familiares dicen que miente. Debe ser por envidia. Su memoria es rozagante, estirada, plet贸rica. Casi el 煤nico 贸rgano fibroso que le quedaba cuando lo visit茅. (Esto no es un chiste para burlarme de su estado de salud 鈥搇ejos de m铆鈥, intenta elogiar aquel 贸rgano facultativo y, a la altura de sus 煤ltimos a帽os de vida, aut贸nomo que significaba su memoria).

Bebi 鈥揅arlos A. Roca鈥, mi t铆o abuelo, escribe de manera sinuosa e inconsistente. Pero, por momentos 鈥損or pasajes鈥, se afirma.

Los tres Pinc茅n representan tres escalones descendentes de una historia de salvajes. El primero, 芦el viejo禄, lucha por su tribu y muere en su tolder铆a con la lanza enhiesta al lado del caballo fiel que vela por su agon铆a; el segundo, el 芦Tapinc茅n禄, el grande, lucha y guerrea heroicamente por lo suyo pero es vencido y muere obediente a los dictados y a la ley que le impone otra raza que lo domina y con 茅l se rinde su pampa b谩rbara; y el tercero, el Pichi Pinc茅n, ya entregado espiritualmente, se entremezcla con el enemigo y se incultura peonando junto al adversario de ayer, quiz谩s feliz por el logro de una vida de paz, sedentaria y estable, regida por normas human铆sticas, propias de la civilizaci贸n occidental y cristiana.

Bebi 鈥揅arlos A. Roca鈥, mi t铆o abuelo, al escribir, 驴se imaginar铆a a s铆 mismo, historiador vern谩culo, pisando aquellos 鈥渢res escalones descendentes de una historia de salvajes鈥? Cada escal贸n una cabeza de indio. Yo me lo imagino as铆: imagin谩ndose eso mientras escribe. Seguramente no. Pero, 隆qu茅 alarde te贸rico! Cada estrato de la genealog铆a cacique apacienta m谩s la sangre salvaje. Se trata de una derrota cultural por cap铆tulos: capitulaci贸n extensiva. Hasta que el tierno indio tercera generaci贸n se mimetiza con la peonada y olfatea el delirio de ser 鈥渇eliz por el logro de una vida de paz, sedentaria y estable, regida por normas human铆sticas, propias de la civilizaci贸n occidental y cristiana鈥. Por m谩s que la descendencia ind铆gena se acerque a nuestro pacifismo humanista, seguir谩n siempre sin embargo siendo indios 鈥搇os v谩stagos.

Bebi escrib铆a por las tardes en un estudio luminoso, rodeado por el cuero de las bibliotecas, respirando polvillo. A veces, conforme con el desempe帽o, dejaba la pluma de acero junto a sus papeles para contemplar la larga ep铆stola que preparaba para su hermano Quique. Recorr铆a de vuelta los contornos de su caligraf铆a, bizqueaba para ver s贸lo las formas p煤rpuras, las hondas, los meandros de la tinta contenida. Estornudaba.

Al rato, Beba, su esposa, sol铆a tamborilear con discreci贸n el marco de la puerta, entraba cuidando no pisar muy fuerte las leves tablas del parquet y con esa misma delicadeza empujaba la silla de ruedas por arom谩ticos pasillos estrechos hacia el dormitorio, a donde deslizaba a Bebi, estancado en sue帽os.

驴Cu谩ndo termina una genealog铆a? 驴Lo decide el historiador vern谩culo con su recorte o la progenie con su despunte? 驴A d贸nde van las letras que me olvido de teclear?

鈥撀縐sted es Roca? 鈥搇e pregunt贸 el sujeto de sopet贸n a modo de simple presentaci贸n.

El mismo polvo gris que se arrastrar por la casa es el que alquitrana las manchas de la ba帽era. El mismo polvo gris se abroquela en las plantillas, delinea la curva neta de un arco: el de mi pie.

le pregunt贸 el sujeto de sopet贸n

           a modo de presentaci贸n.

Ya que no es este un texto honesto 鈥搒ino sincero: o en tren de serlo鈥, uno se puede preguntar acerca de lo genuino. 驴Cu谩l es el sustantivo de 鈥済enuino鈥? Ni la g茅nesis ni la gen茅tica ni la genealog铆a ni la genialidad. Tampoco la ingenuidad.




Fuente: Lobosuelto.com