June 14, 2021
De parte de Nodo50
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A menudo hemos descrito a las extremas derechas como una erupci贸n an贸mala que ven铆a a desestabilizar el orden pol铆tico liberal. Es cierto que las cr铆ticas a los fallos de las democracias liberales resultan m谩s dif铆ciles cuando sentimos que el sistema puede estar amenazado. Pero 驴y si los postfascismos no fuesen excepciones sino evoluciones hist贸ricas de una serie de acontecimientos y pol铆ticas que han creado la oportunidad de su emergencia?

El fil贸sofo camerun茅s Achille Mbembe dijo que 鈥las ideas modernas de libertad, igualdad, incluso de democracia son hist贸ricamente inseparables de la realidad de la esclavitud鈥. As铆, la democracia nunca se libr贸 de su contraparte maldita; su historia no es la historia de las sociedades pacificadas que recordamos, la violencia siempre estuvo inscrita en ella. En EEUU, en lo que fue el orden esclavista y su expansi贸n hacia el oeste sobre el espacio y las vidas de los pueblos nativos. En Europa, vinculada a un sistema colonial de car谩cter brutal. La acumulaci贸n de capital que hace posible el despegue del capitalismo 鈥揳l que estas democracias vincularon su desarrollo鈥 no hubiese sido posible sin la apropiaci贸n del trabajo de los esclavos. (Y de las mujeres: del trabajo reproductivo naturalizado.) 鈥淓l mundo colonial no era la ant铆tesis del orden democr谩tico, siempre fue su doble, o incluso su cara nocturna. No hay una democracia sin su doble, su colonia, poco importa el nombre y la estructura鈥. Todav铆a hoy.

Hoy, con la extensi贸n del modelo neoliberal, dice Mbembe lo que se ha producido es una universalizaci贸n de la condici贸n que antes estaba reservada a los negros. El 鈥devenir-negro del mundo鈥: nos habla de una 鈥渉umanidad que se ha vuelto superflua” y que ya es totalmente prescindible para el funcionamiento del capital. En esta necropol铆tica del capitalismo contempor谩neo la acumulaci贸n de capital se organiza como un fin absoluto. El r茅gimen econ贸mico que resulta de ello es el de una trituradora de vidas puestas al servicio del mercado. Pero esto no sucede solo en las periferias del mundo 鈥揺n la excolonias arrasadas por el neoliberalismo鈥 sino que tambi茅n produce el descolgamiento a c谩mara lenta de una parte creciente de la poblaci贸n de los pa铆ses centrales. Este descolgamiento tiene mucho que ver con la emergencia en Europa 鈥揳 partir de la crisis del 2008鈥 de los proyectos posfascistas.

Vidas que no ser谩n lloradas

Judith Butler se pregunta por qu茅 hay p茅rdidas de vidas que no suscitan duelo ni lamento, por qu茅 hay vidas que no ser谩n lloradas. Y responde: solo se llorar谩 por un cuerpo que haya sido violentado si ese cuerpo era previamente considerado importante y digno de protecci贸n. Solo duele una muerte si esa vida ten铆a atribuida alg煤n valor. Si pensamos en vidas que no importan surgen con facilidad las recientes im谩genes de Ceuta. De miles de personas intentando cruzar la valla, muchas de ellas ni帽os, personas en riesgo de muerte. Vidas a las que se abandona o se desprecia. Vox habla de invasi贸n refiri茅ndose a ni帽os, pero el gobierno manda al ej茅rcito contra ese 鈥渋nvasi贸n鈥 infantil. 

En Ceuta se ha normalizado la pr谩ctica ya habitual de las devoluciones en caliente 鈥搃nmediatas, sin comprobaci贸n del estatuto de las personas migrantes, su edad o si est谩n embarazadas鈥. Esta pr谩ctica es ilegal, contraria a nuestra leyes y al orden internacional de de los DD.HH., ese marco en el que 鈥揹ecimos鈥 basamos nuestra democracia amenazada por los posfascismos, marco que cada vez tiene menos valor en Europa. Mientras, el marcador sigue sumando. A d铆a de hoy en el Mediterr谩neo han muerto m谩s de 20.000 personas desde el 2014, seg煤n la ONU. A esta cifra hay que sumar la de los muertos tratando de llegar a Canarias. Muertes que se han normalizado. 

Como tambi茅n nos hemos acostumbrando a campos como los de Lesbos, donde la vida no cuenta demasiado para las 17.000 personas refugiadas que lo habitan. De nuevo los campos. Campos de 鈥渃ontenci贸n鈥 鈥搇os llaman鈥, pero tambi茅n CIEs, espacios de reclusi贸n o de 鈥渁cogida鈥 en los que arrojamos vidas que no se consideran valiosas o dignas de protecci贸n. Esa Europa que externaliza a otros pa铆ses la gesti贸n de las fronteras 鈥揗arruecos, T煤nez o Turqu铆a鈥. Recientemente, Dinamarca, que fue paradigma de las pol铆ticas garantistas de protecci贸n de los refugiados, acaba de aprobar una legislaci贸n para reubicar a los solicitantes de asilo en otros pa铆ses fuera de la Uni贸n Europea 鈥揷omo Ruanda鈥, probablemente tambi茅n en campos. Por una lado, las extremas derechas; por otro, no existe ni un solo gobierno de la UE que tenga la voluntad de dise帽ar una pol铆tica migratoria que apueste por la defensa de los derechos fundamentales de las personas migrantes.

A pesar de todo, siguen llegando. Para los migrantes sin papeles la frontera se desplaza all谩 donde ellos van, el miedo va con ellos, la explotaci贸n y el abuso tambi茅n. La trata, el trabajo esclavo, sigue creciendo en nuestro pa铆s y solo es posible por la propia configuraci贸n de la frontera, por su papel en segmentar la mano de obra: con o sin derechos. El lenguaje del capitalismo global puede ser el de la disoluci贸n de la frontera, pero su existencia la reafirma constantemente como productora de mano de obra barata. Las migraciones suponen as铆 un cuestionamiento radical del contenido democr谩tico de la vieja Europa asediada por m煤ltiples crisis.

En esta etapa de gobierno neoliberal del mundo podemos hablar por tanto de nuevo modelo de gesti贸n de las poblaciones que se consideran sobrantes, que se dejan caer en las excolonias o se les niega su pertenencia. Esto ha preparado el camino para la emergencia de las extremas derechas. Seg煤n Wendy Brown, las privatizaciones masivas, el ataque a los derechos sociales o a lo p煤blico pero tambi茅n a la misma idea de lo social 鈥搇a tarea de desmantelamiento de los v铆nculos y de individualizaci贸n radical鈥 han sentado las bases para que los pol铆ticos autoritarios o de extrema derecha emergieran de las ruinas econ贸micas y pol铆ticas del neoliberalismo. Este individualismo radical, adem谩s, ha preparado el terreno para que arraiguen los discursos etnonacionalistas y posfascistas. Este aspecto micropol铆tico es clave en la estrategia de generar una cultura antidemocr谩tica desde abajo.

A este acostumbrarse a la p茅rdida de vidas que no cuentan, Rita Laura Segato le llama pedagog铆a de la crueldad. Dice Segato que para esta fase del capital es funcional e indispensable que las personas se vuelvan menos emp谩ticas 鈥搎ue no nos afecte el sufrimiento de los cuerpos que tengo al lado y que hemos conceptualizado como desechables鈥. La pedagog铆a de la crueldad se ejerce para que las personas se vayan acostumbrando al sufrimiento que provocan las formas de despojo y de exclusi贸n que produce el sistema econ贸mico. Habla aqu铆 de las muertes en la frontera pero tambi茅n lo vincula con las formas m谩s espectacularizadas de la violencia contra la mujer: las muertes de Ciudad Ju谩rez, las violaciones m煤ltiples que luego se comparten en la red鈥, todas ellas forman parte de esta pedagog铆a de la crueldad que nos 鈥渁costumbra鈥 a un mundo de due帽os, que acumulan capital y vidas 鈥搎ue deciden sobre la vida y la muerte鈥.

No existe un solo gobierno de la UE que tenga la voluntad de dise帽ar una pol铆tica migratoria que apueste por la defensa de los derechos fundamentales de las personas migrantes

Sobre esta destrucci贸n de la sociedad, los postascismos siembran el miedo. El miedo es parte de la tonalidad afectiva de estos tiempos de desencanto y resentimiento: miedo a los extranjeros, miedo a los menas, a los okupas, a las personas trans鈥 Se agita constantemente el fantasma de la inseguridad. Las extremas derechas se proponen para la gesti贸n de ese miedo, para la gesti贸n de esta organizaci贸n del mundo de due帽os en la crisis de la democracias liberales.

La naci贸n est谩 amenazada, el cuerpo nacional est谩 amenazado: sus valores, su forma de vida, o su civilizaci贸n por 鈥渓os otros鈥, no por la desigualdad, la pobreza y sus efectos sobre la sociedad. Las desigualdades econ贸micas se refractan a trav茅s de la lente del conflicto 茅tnico. Los rostros de las extremas derechas pueden ser diferentes que aquellas del siglo pasado, pero la funci贸n pol铆tica de sus discursos etnonacionalistas permanece: neutralizar el conflicto social. Hoy, los que amenazan la reproducci贸n de la naci贸n son las personas desplazadas y que acaban conceptualizadas como el enemigo y tratadas como tal. Tambi茅n son declarados como enemigos los sujetos poscoloniales 鈥搇os otros dentro de nuestras fronteras鈥 que viven en Europa, que son europeos muchas veces 鈥揺s el caso de los musulmanes que se declaran como incompatible con 鈥渘uestro modo de vida o con la misma democracia鈥濃. 

No olvidamos pues a Mbembe y su evocaci贸n de la colonia como la cara nocturna de la democracia. Lo que nos recuerda la colonia de la democracia es que los 贸rdenes reproductivos de las naciones occidentales se han edificado siempre contra o sobre otras poblaciones. La gesti贸n neoliberal y la posfascista de las poblaciones designadas como excedentes, aunque muchas veces se presentan como opuestos, tienen m谩s en com煤n de lo que solemos reconocer. 

La ret贸rica de las democracias liberales es la de la libertad, la globalizaci贸n y el multilateralismo. Se habla tambi茅n de libertad de circulaci贸n, aunque sea bajo la idea de 鈥渕igraciones ordenadas鈥, y se invoca el discurso de los derechos humanos o de la igualdad ante la ley. Pero el marco real, material, de gesti贸n de la frontera es el necropol铆tico. A pesar de su ret贸rica, las derechas nacionalistas radicales tampoco quieren eliminar la inmigraci贸n, algo imposible salvo por v铆as genocidas, sino apoyar la segmentaci贸n, el grado de ciudadan铆a atribuyendo m谩s o menos derechos en funci贸n de consideraciones raciales, hoy m谩s culturales que biologicistas 鈥搖na forma m谩s antigua de racismo鈥. 

La cara nocturna de la democracia

Quiz谩s podr铆amos considerar estos posfascismos como una suerte de conciencia reprimida de las democracias liberales, no siempre su contrario, sino la afirmaci贸n de su peor rostro, de la verdad de su dependencia de la injusticia y la explotaci贸n. Lo que hay de diferente en el posfascismo es una verbalizaci贸n descarnada del racismo. Por eso cuando los posfascismos dicen que est谩n contra lo pol铆ticamente correcto no mienten, porque dicen sobre las personas migrantes lo que las fronteras est谩n haciendo ya con ellos. En Ceuta, se han retirado las concertinas de nuestro lado de la frontera para ponerlas al otro lado, en el lado marroqu铆, para que las vulneraciones de DD.HH. m谩s descarnadas ocurran en otros sitios y nosotros podamos seguir disfrutando de la ficci贸n democr谩tica.

Evidentemente estos posfascismos dicen querer llevar esas pol铆ticas racistas m谩s all谩, y sus discursos tienen efectos muy reales: por ejemplo, cuando impulsan y provocan la violencia contra los menores no acompa帽ados. Pero es f谩cil ver una continuidad, una complementariedad, m谩s que una radical oposici贸n. El liberalismo y las derechas radicales son expresiones igualmente constitutivas del capitalismo moderno. Pero eso no significa aplanar el campo de batalla. La emergencia de estos posfascismos han desplazado el campo pol铆tico hacia la derecha: los frentes populares constituyen un buen ejemplo, porque limitan nuestras posibilidades para la cr铆tica y reducen nuestros horizontes emancipatorios. Hay que vencer a las extremas derechas, pero vencerlas no asumiendo o gestionando las pol铆ticas que les dan paso, sino llevando adelante las que pueden frenar su penetraci贸n en lo social: las de la redistribuci贸n igualitaria de la riqueza, y la democracia radical.




Fuente: Ctxt.es