November 25, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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T铆tulo original: Killer Apes and Global Ecocide

Autores: Thomas Klikauer y Meg Young

Info sobre ambos: https://www.counterpunch.org/author…

Traductor: DeepL Traductor

Info sobre el traductor en https://www.deepl.com/translator

Fuente: https://www.counterpunch.org/2021/1…

Amanuense: Agust铆n Velloso

Info sobre el amanuense: Es la primera vez que no reviso la traducci贸n del texto, ni pongo notas, ni escribo una introducci贸n, ya sois mayorcitos y yo estoy muy cansado, supongo que se entiende bien y -en general- es un texto interesante.

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Hace unos cuatro millones de a帽os, nos separamos de nuestros antepasados m谩s cercanos, los chimpanc茅s. Esto nos permiti贸 convertirnos en lo que somos hoy: seres humanos, el homo erectus que camina erguido y el homo faber, los hom铆nidos que fabrican herramientas.

Esto significa tambi茅n que somos descendientes de los chimpanc茅s y no de los vecinos de al lado, los bonobos, que en su d铆a fueron conocidos err贸neamente como chimpanc茅s pigmeos. Esencialmente, nuestros antepasados chimpanc茅s son muy diferentes de los bonobos, que nunca han sido una versi贸n peque帽a de los chimpanc茅s.

Nuestro alejamiento de los chimpanc茅s no s贸lo marca el hecho de que formamos parte de los simios guerreros, sino que tambi茅n nos se帽ala como estrechamente vinculados a la gente equivocada: los chimpanc茅s, y no los bonobos. Aunque ambos parecen similares en cuanto a aspecto y tama帽o, los chimpanc茅s y los bonobos son muy diferentes en cuanto a su forma de vida.

Para resumir d茅cadas de investigaci贸n sobre los primates: los bonobos hacen el amor – los chimpanc茅s matan. Los unos tienen sexo – los otros golpean, asesinan, violan, matan y aniquilan. Bueno, los chimpanc茅s tambi茅n tienen sexo, pero no a la escala de los bonobos.

Desgraciadamente, los humanos tendemos a estar un poco m谩s en el extremo de los chimpanc茅s cuando se trata de sexo, y no en el de los bonobos. En pocas palabras, con los chimpanc茅s, es la supervivencia del m谩s fuerte de Herbert Spencer. Mientras que con los bonobos, es la supervivencia del m谩s amigable.

No es de extra帽ar que ni en la naturaleza ni en cautividad se haya registrado nunca el asesinato de otro simio entre los bonobos. Lo que s铆 se ha registrado es mucho sexo. Entre los simios asesinos -los chimpanc茅s- se sigue documentando mucha agresividad, violencia, brutalidad, canibalismo, matanzas y asesinatos. Esto no s贸lo nos form贸, sino que sigue formando nuestro comportamiento. Cre贸 el macho demon铆aco.

Para asegurar la dominaci贸n, el macho demon铆aco, como lo llaman Dale Peterson y Richard Wrangham, tuvo que suprimir un poco de bonobo en nosotros. Esto es lo que Sigmund Freud llam贸 el impulso sexual. Y esto particularmente en las mujeres que, a pesar de lo que nos dijeron, tienen un – a veces, muy poderoso – impulso sexual. Peor para el macho demon铆aco es el hecho de que nosotros, a diferencia de la mayor铆a de los animales, podemos tener sexo todo el a帽o. No tenemos temporadas de apareamiento. Como consecuencia, el sexo necesita ser suprimido durante todo el a帽o.

Como consecuencia y tal vez tambi茅n para mantener la dominaci贸n masculina, el impulso sexual femenino tiene que ser suprimido, todos los d铆as, continuamente. En gran medida, el macho demon铆aco hace esto de dos maneras – f铆sica (MGF) o social. Para esto 煤ltimo, nosotros (como “macho”) hemos establecido un considerable aparato que dice a todo el mundo que “el sexo es malo”, desde las escuelas a los medios de comunicaci贸n, desde los padres a la religi贸n.

Los malvados herejes podr铆an incluso afirmar que no es casualidad que una de nuestras instituciones m谩s veneradas contra el sexo -la Iglesia Cat贸lica- sea tambi茅n una de las instituciones que ha creado un surtido interminable de esc谩ndalos sexuales. A煤n m谩s malvado, la gente podr铆a afirmar que el Islam, etc. no es mejor.

Con el declive de la religi贸n y el auge de la Ilustraci贸n en los pa铆ses occidentales, los medios de comunicaci贸n de masas tomaron el relevo. S贸lo hay que preguntarse: “驴cu谩ndo fue la 煤ltima vez que ley贸 un art铆culo positivo sobre el sexo en su peri贸dico local?” En lugar de eso, el macho demon铆aco ha asociado abrumadoramente el sexo con im谩genes negativas como, por ejemplo, la violaci贸n y la violaci贸n en grupo, la pedofilia y el abuso de menores, la agresi贸n sexual y los delitos sexuales, el sexting y la pornograf铆a vengativa, las insinuaciones sexuales ofensivas y el acoso sexual.

Desde que no nos apartamos de los bonobos y nos convertimos en la Especie Fatal vinculada a los chimpanc茅s, las p谩ginas de nuestros telediarios nocturnos est谩n llenas de delitos sexuales, casi todos los d铆as. Y funciona. Y lo que es peor, tiene mucho 茅xito a la hora de mantenernos alineados con los chimpanc茅s y alejados de ser un poco m谩s como los bonobos amantes del sexo.

Mientras tanto, la especie fatal ha interiorizado el mensaje de “el sexo es malo” que se nos lanza cada d铆a. En la mayor铆a de las sociedades actuales, 隆la MGF ya no es necesaria! Foucault ten铆a raz贸n en su obra maestra Disciplina y Castigo: hemos sido suficientemente disciplinados.

Una vez que la gente ha interiorizado el sistema de disciplina, las decapitaciones p煤blicas se vuelven innecesarias. Del mismo modo, una vez que las mujeres han interiorizado que el sexo es malo y sucio, que necesitan salvarse, que la virginidad es una virtud, que necesitan ser puras, etc., la MGF ya no era necesaria. Como resultado, se suprime el sexo, se asegura el orden establecido (masculino) y la especie fatal sigue adelante.

Dado que el homo sapiens no parti贸 de los bonobos guiados por las mujeres, sino de los chimpanc茅s dominados por los hombres, nuestras sociedades tienden a ser dirigidas por El Macho Demon铆aco. Desde que esto ocurri贸, ha tenido -y lo que es peor: sigue teniendo- consecuencias muy nefastas.

Durante los 煤ltimos cuatro millones de a帽os, El Macho Demon铆aco ha puesto a la sociedad humana en una trayectoria devastadora. M谩s recientemente, la especie fatal ha logrado poner incluso a nuestro planeta en un camino eco-suicida que podr铆a terminar con el Infierno de Dante. El infierno -o peor: el Koyaanisqatsi- nace de la incineraci贸n de la tierra.

Gran parte de esto comenz贸 cuando el genus homo domin贸 el uso del fuego descubriendo no s贸lo la luz y el calor, sino tambi茅n una nueva fuerza monstruosa. Era una 茅poca en la que sobreviv铆amos en grupos alrededor de la chimenea haciendo honor al dictamen de Arist贸teles de que el todo es mayor que la suma de sus partes. Nuestra unidad y nuestra capacidad de cooperaci贸n demostraron ser nuestros puntos fuertes. Sin embargo, esto tuvo efectos secundarios muy graves.

Pronto, estos gobernantes masculinos fueron apoyados por elencos de sacerdotes que, entre otras cosas, eran capaces de pronosticar o pretender ser capaces de pronosticar los cambios clim谩ticos, prediciendo inundaciones y hambrunas, y ejerciendo as铆 el poder sobre la producci贸n de alimentos. Con ello obten铆an enormes poderes sobre la poblaci贸n local.

Esta nueva capacidad y poder de la 茅lite gobernante se vio reforzada, como sabemos hoy, por la previsi贸n de sequ铆as que repercut铆an en la producci贸n de alimentos. Hoy en d铆a, la relaci贸n entre el cambio clim谩tico, las sequ铆as prolongadas y el colapso de estructuras sociales enteras est谩 bien documentada.

Sabemos que la superpoblaci贸n, la deforestaci贸n, el agotamiento de los recursos, la conquista tribal y la guerra han reforzado el colapso social en muchas sociedades. Sin embargo, lo que ocurri贸 a menor escala desde que descubrimos el fuego y a煤n m谩s desde que aprendimos a dominar la agricultura, se traslada ahora a una escala global que puede conducir al ecocidio.

Por supuesto, la invenci贸n de la moneda empeor贸 las cosas. No s贸lo sustituy贸 a la anterior econom铆a de trueque, sino que se convirti贸 en algo muy 煤til a la hora de conquistar otros pa铆ses, de saquear, de someter a las poblaciones y de camuflar el saqueo como una guerra que trae la democracia, como se ha llamado no hace mucho.

Esta es otra forma en la que nosotros -el macho demon铆aco- nos diferenciamos de los animales. Algunos animales matan para comer. Algunos pueden incluso jugar con sus v铆ctimas, como cuando las orcas, aparentemente “juegan” con los cachorros de foca para entrenar sus habilidades de caza. Y todos sabemos que los gatos juegan con los ratones y los zorros con las gallinas.

Sin embargo, ning煤n animal, ni siquiera nuestros antepasados m谩s cercanos, los chimpanc茅s, llegan a la ostentaci贸n de matar como nosotros, los humanos. Ellos no lo hacen, pero nosotros s铆 torturamos a nuestras v铆ctimas, a menudo de forma implacable. Adem谩s, tambi茅n cometemos asesinatos en masa en un grado gigantesco.

Los seres humanos practican formas grotescas de tortura, asesinatos en serie, genocidio y ecocidio. Se trata de un fen贸meno exclusivamente humano -algunos dir铆an: inhumano-. Va desde las masacres tribales, como la de los tutsis por los hutus en Ruanda, hasta los campos de exterminio a escala industrial simbolizados por Auschwitz.

Reconociendo su propia mortalidad, tal vez inconscientemente, los humanos intentamos triunfar sobre la muerte perpetrando la muerte. Desde hace milenios, construimos enormes colosos para los sacrificios rituales en masa y los crueles pero entretenidos juegos de gladiadores. La guerra, la crueldad, la conquista, la violaci贸n de las mujeres, la opresi贸n de los dem谩s, la muerte, la matanza y los juegos de gladiadores promet铆an la gloria en el m谩s all谩. La fascinaci贸n por la brutalidad, la matanza y la muerte no ha cesado desde hace 2000 a帽os, como demuestran pel铆culas como Gladiator.

Entre el circo romano y la pel铆cula de Russell Crowe sobre Gladiator surgieron cosas como los rituales de drenaje de sangre de los mayas y los aztecas, la caza de brujas europea, las c谩maras de gas de Auschwitz, los asesinatos en masa de Indonesia, el My Lai de Estados Unidos y, m谩s recientemente, Abu Ghraib.

Con el aumento de la tecnolog铆a, ahora somos capaces de acabar con el mundo mediante la ingenier铆a de los gases de efecto invernadero que envenenan la atm贸sfera haciendo nuestra tierra – inhabitable. Este sacrificio generacional manifiesta los oscuros demonios que siempre acechar谩n dentro de nuestra patol贸gica psique humana. Lo hace desde hace aproximadamente cuatro millones de a帽os y lo seguir谩 haciendo hasta el amargo final.

A diferencia de los animales, la especie mortal ha inventado y llevado a cabo la esclavitud. Semioficialmente, se nos ha hecho asociar la esclavitud con los barcos brit谩nicos del siglo XVIII que navegan con 茅xito eliminando el hecho de que hoy en d铆a hay unos 40 millones de esclavos. El macho demon铆aco siempre se ha cebado con los ind铆genas para obligarlos a la esclavitud laboral y sexual. Sin embargo, las mujeres han sido expuestas a un feminicidio a gran escala con unas 40.000 a 50.000 mujeres ahorcadas, torturadas, ahogadas y quemadas como brujas s贸lo entre 1560 y 1630. Incluso lleg贸 a los Estados Unidos.

Sin embargo, las fuerzas desatadas contra las mujeres, los inocentes y los d茅biles sustentan muchas de las principales instituciones de nuestra sociedad. Hist贸ricamente, esto signific贸 el adoctrinamiento sistem谩tico de generaciones enteras con ideolog铆as genocidas, desde la locura religiosa hasta las Juventudes Hitlerianas, pasando por Rwanada y Srebrenica. La especie fatal continuar谩. Tal vez, el gran autor jud铆o brit谩nico h煤ngaro Arthur Koestler no estaba muy equivocado cuando dec铆a en Janus: Un resumen,

el cerebro humano ha desarrollado un terrible defecto biol贸gico, de tal manera que ahora trabaja en contra de la supervivencia de la raza. Algo se ha “roto” dentro del cerebro. Ya no se trata necesariamente de una funci贸n que nos conduzca a un mundo mejor, sino de algo demon铆aco, pose铆do, quiz谩s incluso maligno.

El ya mencionado Sigmund Freud lo llam贸 Todestrieb o pulsi贸n de muerte. Quiz谩s esos demonios que buscan la muerte no est谩n enterrados tan profundamente dentro de nuestros llamados “corazones puros”, como se nos ha hecho creer com煤nmente. En nuestro interior a煤n aguarda el oscuro monstruo de la destrucci贸n y la aniquilaci贸n total. Apliquemos esto al calentamiento global, y tal vez el hombre que sustituy贸 a Isaac Newton y tal vez incluso a Albert Einstein, Stephen Hawking, no estaba muy equivocado cuando dijo,

… nuestros recursos f铆sicos se est谩n agotando a un ritmo alarmante… hemos hecho a nuestro planeta el desastroso regalo del cambio clim谩tico, el aumento de las temperaturas, la reducci贸n de los casquetes polares, la deforestaci贸n y la diezma de las especies animales.

Desde el asesinato de beb茅s por parte de caudillos rivales o de miembros de su propia tribu de chimpanc茅s, hasta la matanza ritual y religiosa de ni帽os en los altares aztecas, pasando por el sacrificio de millones de hombres en nuestras guerras mundiales, demasiados de nuestros j贸venes siguen a nuestros grandes l铆deres. Hoy, seguimos a nuestros grandes l铆deres -Trump, Modi, Boris Johnson, Bolsonaro, Duterte, etc. – en nuestro ecocidio global.

Los seguimos igual que seguimos al chimpanc茅 l铆der cuando atacaba a otra tribu hace m谩s de cuatro millones de a帽os. Hoy seguimos ciegamente a esos l铆deres igual que seguimos a nuestros curas que promueven el fanatismo y la xenofobia.

Como siempre, no faltan los que se apropian de la imagen de Cristo -un mensajero de la justicia- para promover el autocumplimiento del Armaged贸n, cantando Aleluya, el rapto est谩 llegando -el inminente ecocidio ambiental, agudizado por la sexta extinci贸n masiva, est谩 en camino.

En su obra maestra, From Warlike Primates to Planetary Mass Extinction, Andrew Y. Glikson escribe: “donde los nazis construyeron c谩maras de gas para millones de v铆ctimas, la calamidad clim谩tica amenaza con convertir el planeta en un horno de gas abierto”. Por supuesto, las c谩maras de gas nazis no son como el calentamiento global.

El prop贸sito de Auschwitz era matar gente. El prop贸sito del calentamiento global no es matar gente – sin embargo, el calentamiento global conducir谩 a muertes masivas. Sin embargo, los medios de comunicaci贸n corporativos de hoy en d铆a y un mont贸n de pol铆ticos lo niegan todo o -incluso mejor- se sacuden el reciente festival de lavado verde del GOP 26 blah-blah-blah-PR-fest.

Sin embargo, demasiadas v铆ctimas del calentamiento global se mantienen en la creencia de que todo est谩 bien. El s煤per nazi alem谩n Joseph Goebbels estar铆a de acuerdo. Una vez dijo: “si se cuenta una mentira lo suficientemente grande y se sigue repitiendo, la gente acabar谩 crey茅ndola”. Nuestras mentiras actuales sobre el calentamiento global s贸lo pueden mantenerse mientras nuestro oligopolio de medios de comunicaci贸n corporativos globales pueda proteger y manipular a la gente de las consecuencias pol铆ticas, econ贸micas y medioambientales de la mentira.

Bas谩ndose en una simbiosis de intereses globales entre unos pocos actores clave como, por ejemplo, las corporaciones que producen el material para nuestro sobreconsumo desenfrenado y devastador para el medio ambiente, el inter茅s de lucro de los medios de comunicaci贸n corporativos, y el inter茅s de los pol铆ticos complacientes comprados y vendidos en el mercado abierto de los grupos de presi贸n, nuestras mentiras suficientemente grandes se mantienen – incluso sobre el calentamiento global.

El GOP 26 no fue -de nuevo- m谩s que el repetido reacomodo de las tumbonas del Titanic en su camino hacia la muerte masiva. Sin embargo, incluso los horrores del Titanic se han convertido en una alucinaci贸n rom谩ntica que camufla otra muerte masiva impulsada por los beneficios.

Es posible que, como escribi贸 Shakespeare una vez, “el infierno est谩 vac铆o y todos los demonios est谩n aqu铆”. S贸lo que a los demonios de hoy se les hace aparecer como el director general de buen coraz贸n o el pol铆tico compasivo. En connivencia con los medios de comunicaci贸n corporativos y las plataformas online actuales, la 茅lite del buen hacer camufla su inherente insistencia en una mentalidad de “el ganador se lo lleva todo”.

Tiene un ansia ilimitada de s铆mbolos de estatus y el atractivo del poder, el dinero, las acciones de las empresas, las casas m煤ltiples e incluso la propiedad de una isla, el oro y los diamantes. Estos dos 煤ltimos simbolizan la miseria, el dolor y la muerte que se sufre en las lejanas minas de diamantes y oro y donde se destruyen las civilizaciones.

Mientras tanto, enterrados no muy profundamente dentro de la psique de la especie fatal, acechan los demonios f谩ciles de desencadenar por un miedo, un odio y una presi贸n de grupo bien dise帽ados. Al igual que el mono asesino en su d铆a, sigue liberando su agresividad y tensi贸n expresadas en v铆tores de la multitud, violencia sin sentido y derramamiento de sangre.

Hoy en d铆a, puedes leer casi cualquier libro sobre la historia de la humanidad y es probable que te quedes con una impresi贸n primordial y profundamente perturbadora. Parece que a nuestra fatal especie le resulta imposible vivir en paz con los dem谩s. Estos libros cuentan historias de sangre y v铆sceras, de campos de batalla heroicos y matanzas masivas.

Al igual que uno de los belicistas m谩s importantes del mundo -dotado de una estatua de gran tama帽o en el centro de Londres y glorificado por otros motivos-, Winston Churchill dijo en una ocasi贸n: “si se puede evitar la guerra, no he vivido para nada… Amo la guerra… disfruto cada segundo de ella”. Un sinn煤mero de personas tuvieron que morir por esto. Desde hace milenios, la c煤pula de la especie fatal se ha vuelto cada vez mejor en la ingenier铆a de esto. Es como dijo una vez el supernazi Hermann Goering,

Oh, eso est谩 muy bien, pero, con o sin voz, el pueblo siempre puede ser llevado a la voluntad de los l铆deres. Eso es f谩cil. Basta con decirles que est谩n siendo atacados y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por exponer al pa铆s al peligro. Funciona igual en cualquier pa铆s.

Ya sea en democracia o no, sigue funcionando bien. Sigue siendo, como una vez lo esboz贸 uno de los principales maestros de la manipulaci贸n de masas, la propaganda y las relaciones p煤blicas, Edward Bernays,

aquellos que manipulan este mecanismo invisible de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder gobernante de nuestro pa铆s… en casi todos los actos de nuestra vida diaria, ya sea en la esfera de la pol铆tica o de los negocios, en nuestra conducta social o en nuestro pensamiento 茅tico, estamos dominados por el n煤mero relativamente peque帽o de personas que entienden los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos los que tiran de los cables que controlan la mente del p煤blico.

Hermann Goering hace tiempo que se fue y Edward Bernays tambi茅n. Sin embargo, su legado sigue vivo. De hecho, se ha agravado. Hoy en d铆a, la especie fatal ha establecido una jungla de desinformaci贸n global dominada por los imb茅ciles que irradian desde las pantallas LED fluorescentes que nos distraen de la realidad.

El aparato de entretenimiento global nos muestra robots espaciales ostentosos, androides diversos, h茅roes ficticios de Hollywood, animadores de Disney y payasos pol铆ticos, jugadores de capa y espada, violadores despiadados, brutos con armas de fuego y amenazantes escuadrones de la muerte de Camisas Marrones o milicias de Camisas Negras, neonazis y asesinos en masa adyacentes.

Todo ello se ha convertido en una realidad virtual cotidiana, y esto no s贸lo en los embrutecedores videojuegos, sino tambi茅n en las llamadas pel铆culas de entretenimiento con t铆tulos de simios asesinos como Vive y deja morir, A View to a Kill, a License to Kill, Terminator, y sellando nuestro destino: Terminator – Dark Fate.

Para dise帽ar el pr贸ximo ecocidio masivo de todos nosotros, las c谩maras de eco globales de la especie fatal le dicen a un gran n煤mero de personas que el calentamiento global simplemente proviene del sol; que la tierra en realidad se est谩 enfriando; que el di贸xido de carbono es s贸lo alimento para las plantas; que el efecto invernadero es una conspiraci贸n de las Naciones Unidas; que el carb贸n limpio llegar谩 pronto; que el carb贸n es bueno para los pobres del mundo; que hay que perforar y perforar; que “es la econom铆a, est煤pido” de Bill Clinton; que la fuerza del mercado resolver谩 el problema del calentamiento global; que los cient铆ficos corruptos buscan becas de investigaci贸n; que los ecologistas quieren gobernar el mundo; etc.

Mientras tanto, la agresividad tribal de la especie fatal -inherente a la de nuestros primates ancestrales- sigue viva, implacable y peor, a pesar de los que intentan advertirnos. En lugar de prestar atenci贸n a las advertencias, la especie fatal se ha equipado con dispositivos nucleares y de emisi贸n de carbono que le dan la capacidad 煤nica de dise帽ar su propia extinci贸n. A pesar de Steven Pinker, estamos en camino.

Hoy, la especie fatal ha hecho posible que para el a帽o 2050, el espacio vital de m谩s de mil millones de personas pueda estar amenazado. Y por primera vez desde hace aproximadamente 10.000 a帽os, somos capaces de desestabilizar nuestro clima. Desde el advenimiento de nuestra civilizaci贸n agr铆cola neol铆tica, ten铆amos la capacidad de alimentar a la especie mortal. Esto se ve cada vez m谩s amenazado por el r谩pido aumento de las inestabilidades clim谩ticas.

Lo que hemos visto es una transformaci贸n de guerreros tribales en aut贸matas que aprietan botones, capaces de destruir el mundo que nos rodea. La capacidad mortal de la especie no s贸lo sigue inexplicablemente ligada a nuestra psique m谩s profunda, sino que ahora ha pasado a la sexta extinci贸n masiva de toda la vida en la Tierra.

Nuestra arraigada dependencia del camino que hemos demostrado durante milenios en innumerables masacres y asesinatos en masa, y que hemos perfeccionado cada d铆a desde el advenimiento del dominio del fuego, conducir谩, casi inevitablemente, al fin de la especie fatal.

Una especie nacida con un defecto de nacimiento terminal. Naci贸 del mono asesino. Como consecuencia, la especie fatal cumplir谩 su destino innato. Se suicidar谩 durante el pr贸ximo ecocidio.

Bonus de Navidad: https://www.youtube.com/watch?v=ERO…


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Fuente: Grupotortuga.com