October 13, 2020
De parte de Labastida 1933
359 puntos de vista


eusbo

鈥淥tro mundo no es s贸lo posible, sino que est谩 en camino. En los d铆as tranquilos incluso oigo su respiraci贸n鈥
Arundhati Roy

脷ltima actualizaci贸n: 14 de diciembre de 2017


Despu茅s del fracaso del llamado primer bienio republicano-socialista, presidido por Manuel Aza帽a, las elecciones generales de noviembre de 1933 dieron la victoria a las fuerzas de la derecha encabezadas por la coalici贸n CEDA, ante una izquierda que se presento profundamente divida. La CNT, que hab铆a propugnado la abstenci贸n en estas elecciones, ante la deriva de los acontecimientos, decidi lanzarse a una huelga general revolucionaria que proclamase el comunismo libertario. Este levantamiento de diciembre no tuvo apenas efecto en Euskal Herria,  pero si que lo tuvo de manera destacada en Labastida.

Los sindicatos adheridos a la CNT de varios pueblos de La Rioja cercanos a Labastida llevaban alg煤n tiempo preparando ese movimiento que deber铆a de estallar cuando lo ordenara el Comit茅 Revolucionario organizado para tal efecto. Aunque el gobierno declar贸 despu茅s que se trataba de una campa帽a perfectamente preparada hasta en sus mas peque帽os detalles, en Labastida parece que la mayor铆a de los afiliados del Sindicato 脷nico, acrata, del pueblo no ten铆an un conocimiento certero de lo que se preparaba, tal y como nos cuenta el hsitoriador Santiago de Pablo Contreras1. En aquel tiempo el Sindicato 脷nico estaba compuesto en la localidad por sesenta miembros, la mayor铆a de los cuales se ganaban la vida trabajando en el campo. Se sabe incluso que Luis Gil S谩ez y el joven de 16 a帽os, Jos茅 Gil C谩mara, presidente y secretario respectivamente del sindicato, se enteraron de la existencia de este levantamiento la misma noche del 8 de diciembre.

Fue la ma帽ana de ese d铆a, cuando Sixto Barr贸n, uno de los principales anarcosindicalistas del pueblo y uno de los fundadores del sindicato en 1923, recibi贸 la visita de Fausto Villamor, dirigente cenetista de San Vicente de la Sonsierra, quien le comunic贸 el plan que se estaba preparando. Barr贸n, con objeto de cerciorarse de la noticia y conocer los detalles, sali贸 esa misma tarde hacia Haro, Briones y San Asensio, en cuyos sindicatos le confirmaron que la insurrecci贸n comenzar铆a aquella misma noche. Ante estas noticias, Barr贸n convoc贸 una asamblea en el local del sindicato del pueblo. Como primera medida, se decidi贸 que dos afiliados, Angel Manzanos y Jos茅 Gil, fueran a Vitoria a preguntar al Comit茅 Comarcal si deb铆an unirse al movimiento, al pertenecer ellos a la secci贸n Regional Norte del sindicato. Ambos regresaron al cabo de unas horas, comunicando que en Vitoria, la central sindical libertaria estaba desconectada de los detalles del movimiento revolucionario, aunque parece que ten铆an en mente intentar iniciar una huelga general. La falta de noticias concretas parece que hizo vacilar a algunos de los veinticinco sindicalistas que asistieron a la reuni贸n. Sixto Barr贸n y Daniel Quintana, propon铆an unirse al movimiento, mientras que Honorato Amurrio y el presidente Luis Gil, eran partidarios de no salir a la calle. Los primeros acabaron convenciendo a Gil de que era necesario secundar la huelga revolucionaria, puesto que esta, iba a comenzar a la misma hora en todo el Estado. As铆, en casa de otro militante anarquista, Esteban Manzanos, se dividieron por grupos y planearon la acci贸n antes de despedirse, para verse horas despu茅s, en el local del sindicato.

Hacia las dos de la madrugada del 9 de diciembre se oy贸 la se帽al convenida por Barr贸n con los cenetistas de Haro, el estallido de una bomba, para dar comienzo al levantamiento. Luis Gil orden贸 entonces a los sindicalistas que cogieran las armas: escopetas de caza, pistolas, y explosivos (dispon铆an de abundante provisi贸n de bombas, petardos, cartuchos con postas y de dinamita) que estaban en el local, y se echaran a la calle. Tomas Corcuera y Antonio Barr贸n se acercaron a casa de afiliados que no hab铆an asistido a la asamblea y les invitaron a unirse al movimiento, lo que hicieron un n煤mero aproximado de diez personas, entre ellos varios afiliados del Partido Republicano Radical: Jos茅 Rodr铆guez Garc铆a, Daniel Mart铆nez Velasco, Rafael Mart铆nez Montoya y Joaqu铆n Amurrio. Entre ellos, tambi茅n se encontraban varias personas no afiliadas a la CNT, que al parece ser fueron presionadas a salir a la calle, as铆 como alg煤n socio del propio sindicato anarquista contrario a salir.

Los insurgentes, dirigidos por Estanislao Barredo Ruiz, uno de los m谩s caracterizados sindicalistas de Labastida, que hab铆a estado trabajando en la zona minera de Bizkaia y se distingu铆a por un mayor conocimiento del ideario anarquista, Sixto Barr贸n, Amos Madrid, Daniel Quintana, Angel Manzanos y Luis Gil, se dirigieron en grupos a las casas de los vecinos y vecinas, exigi茅ndoles la entrega de las armas que tuvieran, para proveerse de m谩s armamento y desarmar a su vez, a qui茅n se pudiera oponer al levantamiento. Aunque la mayor铆a las entregaron sin protesta alguna, hubo varias personas que se negaron a cumplir las exigencias de los anarcosindicalistas, entre ellos el alcalde, Luis Mart铆nez 鈥淓l Templao鈥, al que invitaron a sumarse al movimiento, el capataz de camineros Pedro Angulo, un guarda jurado Luis Garizabal o algunos carlistas del pueblo. La reacci贸n de estos para con los reticentes fue desigual: mientras de algunas casas se marcharon sin m谩s, al no obtener lo que ped铆an, en otras, como en la vivienda del alcalde, colocaron cartuchos de dinamita o peque帽as cargas explosivas, que en parte llegaron a estallar produciendo algunos destrozos en general aunque de escasa importancia. Otro grupo se dirigi贸 al domicilio del panadero, Rufino Barr贸n, dici茅ndole que hab铆a estallado la revoluci贸n y que deb铆a amasar pan para toda la comunidad. Despu茅s fueron al comercio propiedad de Anselmo Quintana, al que hicieron comprometerse a no vender nada, sin la autorizaci贸n de un futuro Comit茅 Revolucionario local que se pretend铆a constituir.

Hacia las tres y media de la madrugada, un grupo se dirigi贸 al cuartel de la Guardia Civil espa帽ola, donde entonces, prestaban servicio un sargento y cuatro guardias m谩s. All铆 rodearon el cuartel. Tomas Corcuera, F茅lix Manzanos, Angel Barr贸n, Le贸n Quintana y Pablo Mart铆nez, se parapetaron a unos 25 metros de la casa cuartel, detr谩s de una tapia ubicada en una finca comunal denominada Huerta de la Villa, donde actualmente est谩 el Hostal Jatorrena. Por el ala noroeste, se apostaron Luis Gil y Pablo Arroyo Pazos y cubriendo el lado sur, Paulino Quintana y Esteban Manzanos. Pablo Ca帽o y Paulino Gil rociaron con gasolina la puerta del cuartel y la prendieron fuego. En aquel momento, sali贸 de la casa un vecino, Marcelino L贸pez 鈥Gasolina鈥, que se hacia entonces cargo de la huerta mencionada, que con animo de advertir a los guardias, grit贸 鈥溌uego! 隆Fuego, guardias!鈥. Entonces uno de los asaltantes le dispar贸 con una pistola con intenci贸n de amedrentarle, y as铆 el vecino en cuesti贸n se refugi贸 en el interior de su vivienda. Alertados por los gritos y el disparo, se asomaron a las ventanas del cuartelillo el sargento del puesto, Nicol谩s L贸pez G贸mez, en la ventana principal del edificio del primer piso, y el guardia Pedro Garrido L贸pez, en la correspondiente del piso superior, siendo recibidos por una descarga cerrada de disparos en la que cay贸 herido gravemente Garrido, por herida de bala en la regi贸n parietal derecha. Se dice que entonces el sargento les grit贸 a los guardias: 鈥溌uego a discreci贸n, que esta noche nos matan a todos estos bandidos!鈥. As铆 se entabl贸 un intercambio de disparos, entre los guardias y los parapetados en el muro de la huerta. El tiroteo entre estos y los anarcosindicalistas, se prolong贸 por espacio de dos horas durante los cuales tambi茅n cayo herido el sargento, con una herida producida en el antebrazo derecho producida por posta. Uno de los guardias, Marcelino Gallego, consigui贸 finalmente abandonar el edificio e ir en busca del m茅dico del pueblo, Andr茅s Castillo, pero cuando consiguieron regresar al cuartel, Pedro Garrido ya estaba muerto. Durante esta refriega tambi茅n result贸 herido de un tiro el concejal carlista Alejandro Amurrio.

Mientras tanto, a las cuatro y media de la madrugada varios revolucionarios se dirigieron al Ayuntamiento, donde intentaron que el alguacil, Felipe Ochoa Gonz谩lez, que viv铆a entonces junto a su mujer en el interior del edificio, les entregara las llaves. Al negarse, los insurrectos decidieron asaltar el ayuntamiento al grito de 鈥溌iva la anarqu铆a!鈥. Ayud谩ndose de una escalera y forzando las puertas de uno de los tres balcones de la fachada, accedieron, sirvi茅ndose de un hacha, a la Alcald铆a, Secretar铆a y el Juzgado Municipal. De all铆, sacaron numerosos documentos a la calle, entre ellos los relativos a las fincas de la localidad y el registro de la propiedad, y les prendieron fuego en los soportales, como acto simb贸lico para proclamar la abolici贸n de la propiedad en el pueblo. Se da la circunstancia, que entre los documentos quemados tambi茅n se encontraban los libros de actas, el registro civil, los papeles del Juzgado, setenta y dos legajos de valor hist贸rico y toda la documentaci贸n de car谩cter administrativo desde 1800 hasta 1933, que se perdieron. Del ayuntamiento tambi茅n se llevaron dos carabinas y una escopeta. Durante este hecho se produjeron fuertes enfrentamientos verbales con el alcalde, el alguacil y la esposa de este, que al verles armados les grito: 鈥溌atarnos si quer茅is!鈥, a lo que una persona del grupo de los insurgentes le respondi贸 que no quer铆an hacerle ning煤n da帽o y menos a煤n matarles y trat贸 de tranquilizarla.

Mientras tanto, la encargada del tel茅fono p煤blico de Labastida trataba de hablar con Vitoria, sin conseguirlo, por haber sido voladas algunas l铆neas. Pablo Ca帽o, encargado de esta labor, por equivocaci贸n cort贸 el cable que abastec铆a el alumbrado p煤blico, en vez del cableado telef贸nico. Se dice tambi茅n, que los anarquistas efectuaron varios disparos contra el edificio donde la mujer se encontraba, para intentar amedrentarla y que varios proyectiles penetraron en el interior. Por otro lado, se sabe que el p谩rroco, natural de Labastida, Enrique D铆az Landaburu, escap贸 de su casa por la parte trasera y fu茅 hasta el pueblo de Berganzo para desde all铆, llamar por tel茅fono a Gasteiz para comunicar lo que estaba sucediendo. Al fin, la telefonista consigui贸 comunicarse con el comandante de la Guardia Civil de Haro, donde Fuerzas de Asalto, procedentes de Vitoria, hab铆an controlado all铆 otra revuelta, con m谩s de 30 personas detenidas, tras diversos tiroteos por las calles de la localidad y el intento de asedio al cuartel. Al amanecer, 鈥渢res disparos hechos por los vig铆as que ocupaban los altos de la ermita de El Santo Cristo avisaron a los comunistas de la llegada de las fuerzas鈥2 . Los anarquistas, hab铆an derribado 谩rboles en la carretera de Labastida-Laguardia con objeto de entorpecer la llegada de las fuerzas de seguridad, pero los guardias de asalto y otras personas provenientes de Haro, entraron a pie al pueblo, armas en mano. Se cruzaron algunos disparos, entre estos y los revolucionarios, y finalmente, la mayor parte de estos 煤ltimos huyeron en desbandada hacia la Sierra del Tolo帽o. Llegando parte de ellos, a la altura de Puellas y la era de la Tenereta, un buen n煤mero de guardias de asalto aparecieron por Sopalacio, disparando de nuevo a discreci贸n, sin alcanzar a ninguno de ellos.

Eran las 8 de la ma帽ana. En poco tiempo la tranquilidad se reh铆zo en el pueblo. Aquel d铆a, el secretario del Gobierno Civil en Araba, Pedro Rodr铆guez Llamas, clausuraba el local del Sindicato 脷nico. Ante lo que estaba aconteciendo tambi茅n en numerosos puntos de la geograf铆a del estado espa帽ol, se declara el 鈥淓stado de alarma鈥 en la provincia.

En aquellas mismas horas fueron detenidos 20 participantes en la rebeli贸n y las fuerzas de seguridad se incautaron de varias bombas, cartuchos de dinamita, armas y municiones. Entre los detenidos estaba Agapito Vadillo, que se encontraba en su casa simulando estar enfermo, o Estanislao Barredo, herido y escondido en un acervo de le帽a. Varios m谩s consiguieron escapar, pero fueron detenidos cuando intentaban huir de la comarca. Fue el caso del joven Jos茅 Gil, Nicanor Quintana, Isidro Quintana y Angel Barr贸n Mart铆nez que fueron sorprendidos por un pelot贸n de Caballer铆a en las proximidades de Urizaharra (Pe帽acerrada), que se dirig铆a a Logro帽o a ayudar all铆 a sofocar otro foco de la rebeli贸n. El mando del pelot贸n los entreg贸 a la Guardia Civil de esa localidad y estos los enviaron a la c谩rcel de Gasteiz. Ese mismo d铆a tambi茅n se inform贸 que, volviendo tropas de asalto a Labastida por la carretera de Pe帽acerrada de hacer un reconocimiento, fueron tiroteados por un grupo, y al intercambiar disparos entre ellos, una persona muri贸 y dos resultaron heridos de gravedad, aunque parece que este 煤ltimo suceso no tiene relaci贸n con Labastida.

Algunos de los que huyeron hacia el Tolo帽o fueron a la Pe帽a del Agujero, despu茅s un peque帽o grupo se dirigi贸 hacia Tabu茅rniga y una vez all铆, algunos se dirigieron hacia Vitoria y otros hacia Miranda. Otros como Sergio Vadillo y Jes煤s Gonz谩lez, exhaustos y perdidos en el monte, decidieron entregarse. El primero en la comisaria de Gasteiz, y el segundo en el cuartel de la Guardia Civil de Dos Caminos, Bidebieta, en Basauri.

Fotograf铆a de 鈥淟a Voz de Arag贸n鈥 del 15 de diciembre de 1933

Participantes destacados de la insurrecci贸n fueron, seg煤n las autoridades encargadas de reprimirla2: Estanislao Barredo, Serapio Vadillo, Fortunato Pesos, Pablo Ca帽o, Antonio Barr贸n, Eugenio Ayuso, Felipe, Esteban y Angel Manzanos, Jos茅 Gil, Sixto Barr贸n, Felipe Barrio y Daniel Quintana. De estos, solo los tres de estos 煤ltimos citados consiguieron escapar de la c谩rcel y los duros interrogatorios de las fuerzas policiales. Sixto, Felipe y Daniel, junto a a Paulino Gil S谩ez, consiguiendo llegar hasta Ocio, donde los acogi贸 el molinero Jos茅 Anda, all铆 se ocultaron durante tres d铆as, para despu茅s trasladarse a Miranda de Ebro, donde el ferroviario, Julio Noguerela, los introdujo en un vag贸n de mercanc铆as que los llev贸 hasta la localidad de Hendaia. Felipe Barrio, Daniel Quintana y tambi茅n Paulino Gil regresaron tiempo despu茅s a Labastida una vez hubieron sido juzgados en rebeld铆a y absueltos.

En Miranda fueron detenidos Esteban y Angel Manzanos. Los dos hermanos fueron a casa de un t铆o y una t铆a suya que ten铆an bajo su tutela a un joven socialista, maquinista de la Renfe, que les propuso un plan parecido al anterior, pretendi茅ndoles llevar hasta Irun en tren, pero cuando iban a salir de la casa la guardia civil les intercept贸, habi茅ndose enterado en Labastida de su paradero.

Con todo, 36 personas ingresaron en prisi贸n provincial de 脕lava a la espera de juicio.

El sargento herido fue llevado a Vitoria y de all铆 al Hospital Militar de Burgos, donde fue dado de alta a finales de enero de 1934. El 11 de diciembre fue enterrado en Vitoria, Pedro Garrido, el guardia fallecido a consecuencia del tiroteo en el cuartel.

funeralgasteiz
Entierro en Gasteiz del guardia civil Pedro Garrido, muerto en los sucesos de Labastida. El coche f煤nebre de color blanco, escoltado por Mi帽ones, abre la comitiva que transita por las calles. una pintada escrita en el antepecho de una ventana reza: 鈥淣o votad. Viva la FAI鈥 (Foto: Ceferino Yanguas)

El 15 de diciembre, con motivo de las diligencias abiertas, algunos de los detenidos fueron trasladados desde Vitoria a Labastida para ser sometidos a careos y reconstruir los hechos.

El impacto de aquellas revueltas en buena parte del estado espa帽ol tuvo una enorme resonancia en la prensa de aquellos d铆as, que relataba ampliamente lo sucedido a lo largo y ancho del estado espa帽ol, tambien claro, lo ocurrido en Labastida donde como prejuzgaba una columna de la prensa :鈥渓a propaganda y venta de periodicos como 鈥淐NT鈥 y 鈥淪olidaridad Obrera鈥 eran importantes鈥. Los dos diarios de Vitoria se pon铆an 鈥渆n estos momentos al lado de la autoridad, en la lucha que tiene empe帽ada鈥. El diario conservador 鈥淧ensamiento Alav茅s鈥, en su editorial del 9 de diciembre, dec铆a que 鈥渓a ra铆z del mal estriba en el odio y la ambici贸n que predicaciones insensatas despiertan en los corazones; en el ejercicio de la libertad liberal que ata las manos de la autoridad y suelta todos los frenos se sujetan las pasiones humanas鈥. El diario tradicionalista se asombraba de que el 鈥渃omunismo libertario del campo ha asomado ya en las provincias vascongadas. Nos qued谩bamos muy tranquilos cuando o铆amos o le铆amos los relatos de lo que en Extremadura o Andaluc铆a pasaba; la culpa era de los latifundios y el hambre del campesinado andaluz; en Euskalerria no hay latifundio ni hambre鈥. Por su parte, la edici贸n alavesa de 鈥淓uzkadi鈥, diario nacionalista, refiri茅ndose a los votos obtenidos por Jos茅 Lu铆s Oriol de Comuni贸n Tradicionalista en las recientes elecciones, titulaba 鈥269 votos: aquellos polvos traen estos lodos鈥, queriendo dar a entender que de la revuelta de Labastida ten铆an la culpa los tradicionalistas, que dominaban la vida pol铆tica local. Tambi茅n tuvieron eco estos hechos en la prensa espa帽ola como los diarios 鈥淟a Vanguadia鈥 o 鈥淎BC鈥 que se hizo eco de estos sucesos durante varios d铆as, as铆 como de los juicios posteriores.

Tal y como sucedi贸 en otras revueltas anarquistas, en Labastida los bienes o miembros de la Iglesia Cat贸lica no sufrieron da帽o alguno, aunque seg煤n el 鈥淧ensamiento Alav茅s鈥, varios anarquistas intentaron derribar a hachazos, sin conseguirlo, la puerta de la casa de uno de los sacerdotes. El reportero del diario espa帽ol republicano 鈥淟a Libertad鈥 asegur贸 que un sindicalista propuso pegar fuego a la casa cural, a lo que se opusieron sus compa帽eros, porque en ese caso, arder铆an tambi茅n las dem谩s casas de la manzana.

1 鈥淟a CNT y los sucesos revolucionarios de Labastida de diciembre de 1933鈥 (Kultura: Cuadernos de cultura. n潞 8 1985),

2 Declaraciones del Gobernador civil de Vitoria.




Fuente: Labastida1933.wordpress.com