May 10, 2021
De parte de La Haine
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Comandado por Jorge Masetti, integrado por un pu帽ado de combatientes y planificado por el Che Guevara desde Cuba, el foco fue r谩pidamente aniquilado en Salta, en 1964. Uno de esos hombres se llamaba Hermes Pe帽a; y esta es su historia. Adem谩s, Jouv茅, Rot y Szpunberg recuerdan la experiencia y critican el libro de Lanata.

鈥淢ovilidad constante. Vigilancia constante. Desconfianza constante鈥. Esas hab铆an sido las 煤nicas palabras que Hermes hab铆a escuchado del Che durante la breve despedida. Las 贸rdenes eran concretas: relevar la zona, evitar el combate, no dar a conocer la presencia del grupo hasta que se decidiera entrar en acci贸n. Hab铆a que consolidar al foco en la zona y esperar: el Che hab铆a prometido, en esa breve despedida, sumarse cuanto antes al grupo que comandaba Masetti.

Ah铆 estaba Hermes, esperando la salida del avi贸n, repitiendo una y otra vez aquella sugerencia como un estigma. En sus manos llevaba un cuaderno de tapas duras: un regalo del Che. Le hab铆a pedido (y los pedidos del Che eran una orden para Hermes) que llevara un registro diario de la epopeya en Argentina. No era sencillo el desaf铆o, y el Che lo sab铆a: Hermes hab铆a aprendido a leer y escribir hac铆a muy poco tiempo, por eso la orden del Comandante era, tambi茅n, una prueba para el joven capit谩n cubano. Una prueba que le quitaba el sue帽o en pleno vuelo.

Buscaba Hermes la palabra justa para empezar su diario. A unos asientos de distancia, Masetti le iba dejando lugar al sue帽o, que ya ven铆a. La Habana se hab铆a esfumado de las ventanillas del avi贸n hac铆a un rato. Estaba solo Hermes, frente al cuaderno. Las hojas en blanco, el l谩piz, el silencio. Y una historia por escribirse鈥

2. La novedad, fugaz, atraves贸 los teletipos de las agencias de noticias el 12 de julio de 2005: 鈥淓l juez federal de Or谩n, Ra煤l Reynoso, confirm贸 que fueron hallados los restos del guerrillero cubano capit谩n Hermes Pe帽a Torres (m谩s conocido como el 鈥榣ugarteniente鈥 de Ernesto Che Guevara), quien hab铆a sido abatido el 18 de abril de 1964 durante un enfrentamiento con la gendarmer铆a argentina鈥.

Sin abundar en detalles, la cr贸nica daba cuenta del hallazgo de los restos de un cubano en el cementerio de Or谩n, en Salta. El cable finalizaba con la versi贸n oficial de la muerte del guerrillero: 鈥淐uando Hermes fue detectado en El Bananal, esa ma帽ana mat贸 al gendarme Juan Romero. Al atardecer, fue alcanzado por la patrulla y antes de morir a manos del gendarme Luis Rosas, Hermes mat贸 por la espalda a Bail贸n V谩zquez, porque crey贸 que 茅ste lo hab铆a entregado a la gendarmer铆a, cuando fue a pedirle que le compren v铆veres en Yuto para continuar huyendo鈥.

Nada m谩s. 脡sa fue la noticia difundida por un pu帽ado de diarios, 茅sa fue la 鈥渞econstrucci贸n鈥 hist贸rica expandida desde una agencia informativa. Breve, fugaz, la noticia pas贸 de largo un par de d铆as despu茅s y se perdi贸 en los archivos, sin que nadie reparara en la historia falseada, en la suerte de un cubano que hab铆a muerto durante un enfrentamiento en el monte salte帽o cuarenta a帽os atr谩s, persiguiendo una causa que nadie se preocup贸 por mencionar, protagonista de un proyecto que ning煤n medio se detuvo a describir.

Pero Hermes no s贸lo era el 鈥渓ugarteniente鈥 del Che: hab铆a sido el jefe de su escolta personal, su hombre de confianza, su hermano del alma. Detr谩s de la cr贸nica hab铆a, tambi茅n, una historia entra帽able.

Hab铆a nacido el 7 de abril de 1938 en un solitario boh铆o de una finca llamada La Plata, en Marea del Portillo, provincia de Oriente. Como tantos guajiros, Hermes trabaj贸 de ni帽o y no tuvo acceso a la educaci贸n; padeci贸 el hambre primero y la explotaci贸n despu茅s. No ten铆a a煤n veinte a帽os cuando observ贸 la aparici贸n de la guerrilla en la sierra, hasta el 24 de noviembre de 1957, cuando se sum贸 a las filas rebeldes para combatir contra la tiran铆a de Batista. Se incorpor贸 en el Escambray, antes de la invasi贸n a Las Villas, y form贸 parte de la Columna 8 鈥淐iro Redondo鈥, al mando de aquel enigm谩tico guerrillero argentino llamado Ernesto Guevara.

La primera responsabilidad para Hermes fue cargar con la mochila m谩s pesada del Che: la de sus libros. 鈥淟a invasi贸n se organiz贸 bajo el principio de voluntariedad. El Che plante贸 que hab铆amos recibido una misi贸n, la de salir a cumplir una tarea muy dif铆cil. El que no quer铆a ir, se pod铆a quedar, no era obligatorio. Todos levantaron la mano鈥, relat贸 Harry Villegas Tamayo 鈥淧ombo鈥, tambi茅n integrante de la Columna 8 que tomar铆a Santa Clara en una legendaria batalla. Hermes particip贸 de aquella ofensiva en primera fila, al lado del Che, y tuvo una destacada actuaci贸n: se lo vio desliz谩ndose por debajo de los vagones del tren blindado de Batista para rociarlos con nafta.

El peligro y las situaciones extremas ir铆an cimentando la amistad entre aquellos hombres que estaban a punto de asestarle la derrota m谩s dura a la dictadura. 鈥淓l Che me llevaba cinco a帽os nada m谩s, pero nos quer铆a a nosotros como si fu茅ramos sus hermanos menores. Nos llamaba, estaba pendiente, nos dec铆a: 鈥楨sto es as铆, cuidado 隆eh!鈥欌, recuerda Alberto Castellanos, otro de los miembros de la escolta del argentino. El propio 鈥淧ombo鈥 describe la relaci贸n que sostuvo el Che con sus hombres m谩s cercanos: 鈥淓l Che nos conoc铆a como conocen los padres a los hijos, sab铆a cu谩ndo hac铆amos una maldad, cu谩ndo le ocult谩bamos algo, cu谩ndo comet铆amos un error por ignorancia o por travesura. En ese per铆odo, el Che tambi茅n se enamor贸 de Aleida March, que nos ayud贸 mucho a nosotros, a los escoltas del Che: a Alberto, a Hermes y a m铆. Podr铆amos decir que fue como nuestra madrina, porque 茅ramos traviesos y el Che a veces nos criticaba duro. Ella era la intermediaria en muchas oportunidades en que evaluaba la situaci贸n de manera distinta, y le hac铆a ver que era muy fuerte con nosotros鈥.

A partir de la preocupaci贸n del Che por instalar carpas con alfabetizadores para los campesinos, todos los miembros de su guardia personal debieron pasar por la escuela obligatoriamente. Adem谩s de las clases militares, los guerrilleros estudiaban la historia de Cuba y las matem谩ticas en pleno escenario de combate. All铆 Hermes aprendi贸 a leer y escribir.

La victoria revolucionaria en enero de 1959 fue una brisa c谩lida en el rostro de los j贸venes guerrilleros que avanzaban por las calles de La Habana, rodeados por una multitud que festejaba el final de la dictadura. Los barrios eran un tumulto, y las miradas se deten铆an en aquellos j贸venes h茅roes que llegaban para cambiarlo todo. Tambi茅n las miradas femeninas se posaban, a veces, en aquellos perfiles juveniles.

3. Se vieron por primera vez el 20 de mayo de 1959, durante un acto en Santiago de Las Vegas. Ella, Catalina Sibles S谩nchez, de 15 a帽os, desfilaba como abanderada de la escuela de Calabazar. 脡l, Hermes Pe帽a, de 21 reci茅n cumplidos, primer teniente de la Columna 8, no pudo dejar de mirarla en toda la tarde. En el recuerdo de Catalina, esos primeros d铆as se manten铆an frescos con cada detalle: 鈥淎l hablar con mi familia, como era una tradici贸n fijar d铆as concretos para la visita de novios, Hermes aclar贸 que no pod铆a ajustarse a eso porque era uno de los escoltas del Che, sino que vendr铆a cuando tuviera oportunidad. Por eso iba a verme a la hora que pod铆a y en ocasiones se aparec铆a a las diez de la noche, estaba un rato conmigo y se iba con deseos de quedarse, con los mismos deseos m铆os de que no se fuera鈥.

Hermes y Catalina se casaron en diciembre de aquel inolvidable 1959, con el Che como padrino de bodas. Pero los deberes de Hermes con la revoluci贸n le imped铆an pasar demasiado tiempo con su mujer. Cada tanto, desaparec铆a durante d铆as para seguir los pasos de Guevara en el trabajo voluntario, en el Ministerio de Industria o en las reuniones nocturnas con amigos y compa帽eros.

La revoluci贸n crec铆a, insolente, a escasas millas del gigante imperialista, cuando Catalina dio a luz a Teresita, la primera hija de Hermes, el 3 de octubre de 1960. 鈥溌縌u茅 c贸mo era 茅l? Para la Revoluci贸n que ten铆a en la sangre era muy firme, muy fuerte de car谩cter, como para cuidar al Che. Para tratarme a m铆 era muy dulce. Sin embargo -paradojas de la vida, del destino, yo no s茅- para tratar a la ni帽a, a la 煤nica hija que conoci贸, era d茅bil, porque no conceb铆a que se la rega帽ara. Ni siquiera aceptaba que se le dijera que no. A veces parec铆a en consentimiento el abuelo de la ni帽a y no su padre. O tal vez pensaba, como me dijo un d铆a, que 茅l hab铆a luchado para decirle a los ni帽os que s铆 y para que no sufrieran como 茅l鈥, se帽ala Catalina.

En las escasas horas que Hermes pod铆a compartir con su familia, se transformaba en un padre cari帽oso con su ni帽a, tal como lo describe su esposa en una an茅cdota que lo pinta de cuerpo entero antes de abandonar Cuba para siempre: 鈥淟a 煤ltima vez que tuvo tiempo para sacar a pasear a su hija la llevamos a un parque infantil. La ni帽a se sent贸 en una hamaca. Yo me sent铆a mal y Teresita ten铆a un a帽o y medio. Y a la hora de irnos vino Hermes compungido porque la ni帽a no se quer铆a ir. Vino indeciso, como a darme las quejas. Iron铆as de la vida 驴no? Un hombre valiente como 茅l, de la Sierra, de la invasi贸n, uno de los rebeldes que cuidaba la espalda del comandante Guevara, incapaz de cargar con la ni帽a por la fuerza.

-驴C贸mo que no quiere ir?-, le pregunt茅.

-No, no hay qui茅n la quite de all铆-, asegur贸 茅l.

Fui enseguida para all谩 y le dije: 鈥楾eresita, vamos鈥 y la hal茅 por un brazo. La cara de Hermes le cambi贸 totalmente. Yo se lo not茅 al momento. Entonces 茅l me dijo, contrariado: 鈥楾煤 llevas muy recio a la ni帽a鈥欌.

4. M谩s de una vez Hermes hab铆a acompa帽ado al Che hasta el edificio de Prensa Latina, la agencia de noticias que dirig铆a Jorge Ricardo Masetti, aquel periodista que hab铆a sido el primero en difundir las voces de los comandantes rebeldes desde la Sierra. La amistad entre Guevara y Masetti hab铆a crecido luego de la victoria revolucionaria, los dos ahora con nuevas funciones pero siempre con tiempo para proyectar hacia el futuro pr贸ximo. Uno de esos planes conversados de madrugada era la instalaci贸n de un grupo armado en Am茅rica del Sur, m谩s precisamente en la patria de aquellos dos revolucionarios: Argentina.

El objetivo de generar un foco en el norte argentino se pone en marcha en 1962: el lugar elegido es Salta, por su similitud geogr谩fica con Sierra Maestra, y el nombre del destacamento es el Ej茅rcito Guerrillero del Pueblo (EGP). El Che se pone al mando de las operaciones, dispone que sea el propio Masetti el comandante y se encarga tambi茅n del reclutamiento. El primero elegido por el Che es Hermes. 鈥淪us caracter铆sticas lo hac铆an ideal. Coraje a toda prueba, disciplina espartana, una inteligencia natural, aguda, y magn铆fica preparaci贸n militar. Uno de sus rasgos personales que lo hac铆an candidato perfecto era su f铆sico; se trataba de una persona de las que en Cuba se conocen como indios: piel cobriza, estatura mediana, pelo lacio, con ese enorme sentido de la orientaci贸n solamente propio de los campesinos que suelen andar de noche por los montes鈥, explica Joaqu铆n Rivery Tur, periodista de Granma.

Tres de los hombres m谩s cercanos al Che (Masetti, Hermes y Castellanos) forman parte de aquel proyecto bautizado como EGP, y parten hacia Europa hasta que est茅n dadas las condiciones para instalarse en el monte salte帽o.

Antes de partir, Hermes se despide de su esposa sin poder explicar a ciencia cierta las caracter铆sticas de su misi贸n: 鈥溌縉uestra despedida? Cuando 茅l se fue definitivamente, me dio un beso y un abrazo y me dijo con un tono y una mirada que no podr茅 olvidar nunca: 鈥楳e voy a pasar una escuela en Rusia, y seguro me demor贸 en venir鈥. Al o铆rlo, al ver la expresi贸n de su rostro y captar por instinto de mujer enamorada que no me estaba diciendo la verdad, que me estaba mintiendo piadosamente o protegiendo un secreto militar, le dije: 鈥楽i vas a pelear, no viras鈥. Yo s茅 que fui dura, pero tambi茅n fui honesta y sincera. 鈥楴o, yo viro, esp茅rame鈥, me dijo con su optimismo de siempre鈥, relata Catalina.

5. 鈥淛unio 21, 1963. A las 22 prestamos juramento como miembros del EGP y entramos al pa铆s鈥, anota Hermes en su diario, el 煤nico registro existente de pu帽o y letra de los guerrilleros. El diario de Hermes, lleno de errores ortogr谩ficos pero trascendente por su valor documental, es un elemento decisivo para comprender el desarrollo del EGP y , a la vez, un signo del esfuerzo de Hermes por mejorar aquel aprendizaje que comenz贸 antes de la victoria de la Revoluci贸n.

 Los hombres del comandante Segundo (seud贸nimo que adopta Masetti en la guerrilla, el primero era el Che) eligen la localidad salte帽a de Or谩n como base de operaciones, y desde all铆 se desplazan con el objetivo de instalar centros de aprovisionamiento, en extenuantes caminatas. En esos interminables recorridos por el monte, Hermes demuestra su capacidad de adaptaci贸n, destacada por todos los sobrevivientes del EGP, por ejemplo, H茅ctor Jouv茅:

鈥淓n algunas oportunidades sal铆amos de exploraci贸n. De repente, Hermes se paraba y dec铆a: 鈥榓 diez minutos de marcha, en tal direcci贸n, vamos a encontrar agua鈥. Percib铆a una serie de datos, como el desarrollo de los 谩rboles, el tipo de vegetaci贸n, los colores de las plantas y flores; cosas muy sutiles que 茅l iba asimilando. Y efectivamente, a diez o quince minutos, en la direcci贸n que nos se帽alaba, aparec铆a el agua鈥. Otro que ratific贸 la habilidad de Hermes para manejarse en el monte fue Carlos Bandoni: 鈥淭en铆a que cruzar un r铆o cumpliendo una orden. Me encontraba entonces en un gran problema. No sab铆a elegir el paso (鈥), despu茅s de mucho pensar, cuando me decid铆a, casi siempre me perd铆a en un pozo. Todo al rev茅s suced铆a cuando ya en grupo, dirigido por el capit谩n Hermes, nos encontr谩bamos en la playa de un r铆o. Hermes echaba solo una mirada, se fijaba en las corrientes, remansos, y despu茅s sin titubear, nos indicaba el paso. Esta actitud propia de un guerrillero consumado me despertaba asombro y admiraci贸n鈥.

Volviendo a los primeros meses del EGP, y pese a la facilidad con que Hermes se desenvolv铆a en el lugar, la geograf铆a y el clima se convertir谩n en un escollo para los rebeldes: los golpes se har谩n comunes y la presencia de mosquitos, jejenes, zancudos, niguas y t谩banos ser谩 constante durante la marcha. Como consecuencia de estas complicaciones, uno de los guerrilleros muere al desbarrancarse desde una ladera de treinta metros de altura.

Otro problema para la guerrilla fue el contacto con los habitantes de la zona, sin presencia campesina a la vista. Lo que se encontraron los hombres del EGP a su paso fueron grupos marginales, aislados de cualquier contacto con la realidad. Sin embargo, Segundo pudo establecer una breve amistad con uno de los caciques coyas del monte, al que le curaron una hija enferma. El cacique Guari Apaza, viv铆a en la miseria y, agradecido, colabor贸 con el EGP en todo lo posible. Este contacto motiv贸 a Masetti a escribir su 鈥淢ensaje a los campesinos鈥, un texto de gran calidad literaria:

鈥淎 ustedes los echan de sus tierras, o los obligan a servir en el ingenio y los maltratan, como a nosotros nos echan de las f谩bricas, o no nos pagan nuestro trabajo o nos encarcelan o todo eso junto. (鈥) Cada 谩rbol de naranjas que da frutos, les da plata a ellos. De cada cosecha, ellos exigen, roban, les da plata a ellos. 驴Es que acaso cuidaron la vaca parida o sembraron el pasto para alimentarla, o plantaron y podaron los naranjeros? 驴Acaso ellos siembran bajo el sol, desayunan en medio de la lluvia, persiguen a los bichos del monte, ahuyentan a los loros, luchan contra la peste? 驴Es que alguna vez en su vida se doblaron sobre la tierra para hacer un surco o plantar un 谩rbol? 驴Acaso alguna vez sus manos empu帽aron un hacha para voltear un tronco, o metieron sus pies desnudos en la selva plagada de v铆boras? Ellos, los que mejor comen, jam谩s sembraron. Los que tienen los m谩s lujosos muebles, jam谩s cortaron un 谩rbol. Y los que siembran, los que hachan, s贸lo comen ma铆z y ni tienen, no una mesa, ni una cama propia. Es f谩cil ver como viven ellos, los que no trabajan, y c贸mo viven los hijos de ustedes, los hijos nuestros, los hijos de los pobres鈥.

El mensaje, fechado en enero de 1964, lleg贸 a muy pocas manos pero refleja las sensaciones de Segundo despu茅s de conocer el terreno. 鈥淎hora llevamos recorridos m谩s de un centenar de kil贸metros en el mapa, aunque en realidad son much铆simos m谩s. Nuestro contacto con el pueblo es desde todo punto de vista positivo. De los coyas aprendimos muchas cosas, y los ayudamos en todo lo posible. Pero lo m谩s importante es que quieren pelear鈥, dice Segundo en una carta dirigida a su familia, y despu茅s agrega: 鈥淓sta es una regi贸n en que la miseria y las enfermedades alcanzan el m谩ximo posible, lo superan. (鈥) Quien venga aqu铆 y no se indigne, quien venga aqu铆 y no se alce, quien pueda ayudar de cualquier manera y no lo haga, es un canalla鈥.

6. 鈥淗ermes era un tipo simple y sencillo, pero profundamente optimista. El compromiso que ten铆a era fenomenal, era como un hermano para m铆. Yo le preguntaba -recuerda Jouv茅, teniente del EGP-: 鈥樎縋or qu茅 est谩s ac谩, luchando?鈥, y 茅l me dec铆a: 鈥楽i el Che est谩 en Cuba, 驴por qu茅 no voy a estar yo ac谩? 驴C贸mo le devolvemos al Che lo que hizo por nosotros?鈥欌.

 鈥淐on Hermes nos entend铆amos mucho, porque los dos 茅ramos r谩pidos para caminar -contin煤a Jouv茅-. A veces, si 铆bamos a la vanguardia nos mandaban atr谩s porque revent谩bamos a todos, nos olvid谩bamos del resto. Era un tipo de no muchas palabras, pero alguien sumamente sensible. Un tipo con una integridad total鈥. El relato de los compa帽eros del EGP ratificaba que el Che no se hab铆a equivocado al enviar a Hermes como el segundo al mando. El cubano no s贸lo hab铆a demostrado una capacidad extraordinaria para trasladarse por la espesura, tambi茅n era el que m谩s r谩pido se orientaba en las caminatas nocturnas y el gu铆a respetado en cada expedici贸n, como reconoce Ciro Bustos, encargado de desarrollar los contactos urbanos:

鈥淎campamos al atardecer, bajo la direcci贸n de Hermes, que ejerc铆a su autoridad de experto sin contemplaciones. Aunque deslumbrado por la magnitud de lo que nos rodeaba, empez贸 a moverse como si hubiera nacido all铆. Un d铆a, al acampar casi de noche, medio perdidos porque la realidad no se ajustaba a la carta geogr谩fica que dispon铆amos, Segundo orden贸 una exploraci贸n que nos situara en el mapa. Salimos con Hermes ya de noche. Empez贸 a caminar en medio del monte como si fuera por el trillo de su batey, en Oriente. Al cabo de dos horas, yo pod铆a seguirlo s贸lo porque ve铆a la luz fosforescente del cuadrante de su Rolex, pero no ten铆a ni la menor idea de la direcci贸n que llev谩bamos, ni de d贸nde hab铆an quedado el resto de los compa帽eros. Subimos y bajamos lomas, cruzamos arroyos, hasta que se par贸 y dijo: 鈥楢j谩, volvamos鈥. En dos horas est谩bamos de regreso, justo para hacerme cargo de mi turno de posta鈥.

Pero con el paso de los d铆as, los problemas se multiplicaron. A la subsistencia en medio de una vegetaci贸n imposible se le sum贸 la negativa de movilizarse de forma constante, violando una de las normas b谩sicas de la guerra de guerrillas. Masetti prioriz贸 entonces la permanencia en uno de los campamentos para intentar afianzar la relaci贸n con los pobladores, pero la delaci贸n de uno de ellos es la que llama la atenci贸n a las fuerzas represivas sobre extra帽os movimientos. El hambre, el cansancio, la presencia cercana de gendarmer铆a, va minando el 谩nimo de la columna del EGP. A las primeras deserciones se le suma un extremo rigor en el cumplimiento de las sanciones disciplinarias, como m茅todo ejemplificador y disuasivo con el fin de detener la desmoralizaci贸n de la tropa. Pero todo se va de las manos.

El cerco de gendarmer铆a impide al EGP alcanzar las bases de provisiones y el hambre comienza a hacer estragos. En este escenario es que se forma el tribunal disciplinario para juzgar la conducta de un guerrillero, acusado de faltar al c贸digo de moral revolucionaria y fusilado horas despu茅s. Meses m谩s tarde, otro integrante del EGP es ejecutado, previo juicio sumario, tambi茅n por reiteradas faltas y por poner en peligro la seguridad del grupo. Los fusilamientos son el principio del fin de la guerrilla.

Ya en febrero del 64, dos agentes policiales se infiltran en el EGP simulando pertenecer a un grupo escindido del Partido Comunista. Para entonces, la suerte de la columna est谩 echada. Los dos infiltrados promueven un incidente donde hieren a un guerrillero. La gendarmer铆a, por su parte, extiende el cerco y captura a algunos rebeldes: los que caen no se resisten porque presentan un agudo grado de desnutrici贸n. Otros mueren de hambre antes de ser capturados.

Con la columna dividida, Masetti y un par de hombres esperan a orillas de un r铆o mientras Hermes y Jorge Guille son comisionados para buscar comida. Ellos dos protagonizar谩n los 煤nicos enfrentamientos con gendarmer铆a.

7. No hubo otros episodios en la breve historia del EGP que fueran m谩s tergiversados que los dos 煤nicos enfrentamientos que protagonizaron. En ambos choques, el protagonista excluyente fue Hermes.

Seg煤n la versi贸n oficial de los hechos, 鈥淕endarmer铆a env铆a una patrulla de veinte hombres a la zona, dividi茅ndose sus efectivos en tres grupos con el fin de patrullar una mayor extensi贸n de terreno, y al llegar al paraje ubicado unos 30 km al noroeste de la confluencia del r铆o Las Piedras y Pantanoso, siendo las 8:30, se produce un encuentro con los guerrilleros, quienes, ocultos en el terreno, abrieron fuego, cayendo mortalmente herido el gendarme Juan Romero鈥. Hasta aqu铆 la versi贸n oficial que da cuenta del primer choque.

Vale entonces una aclaraci贸n: durante toda la reconstrucci贸n oficial se evitar谩 cualquier alusi贸n (es decir, se oculta, se miente) a que los gendarmes hubieran practicado una t谩ctica rechazada por los militares: la emboscada. Para las fuerzas represivas, la emboscada era un instrumento propio de la guerrilla, y por tal motivo 鈥渋mpracticable鈥 por las fuerzas el orden.

Ratifica la versi贸n oficial el comandante mayor Giovannini en su relato: 鈥淓l grupo de gendarmes y la dupla de delincuentes subversivos se avistaron simult谩neamente. No hubo tiempo para ninguna maniobra, y lo que pod铆a haber sido el inicio de la persecuci贸n, se frustr贸 con la ca铆da del gendarme Romero鈥. Sin embargo, la defensa judicial de los guerrilleros, una vez apresados, difundi贸 otra versi贸n: 鈥淐onsta por declaraci贸n de otro gendarme que acompa帽aba al gendarme muerto, que ambos fueron acerc谩ndose a dos de los muchachos y que al llegar a 20 o 30 metros de distancia, el que luego fue muerto, le apunt贸 con la pistola apretando el gatillo. El gatillo, por un desperfecto el arma, fall贸. Pero el movimiento fue visto por el destinatario del tiro fallido (Hermes) que, en defensa propia, le tir贸 a su vez鈥.

Es decir, los hechos confirmar铆an m谩s tarde la veracidad del relato del abogado: no hubo un 鈥渁vistaje simult谩neo鈥 entre gendarmes y guerrilleros sino una emboscada armada por las fuerzas represivas despu茅s de descubrir la presencia enemiga. No hubo voz de alto y s铆 existi贸 la intenci贸n de disparar a 鈥渜uemarropa鈥 contra el cuerpo de Hermes, quien se salv贸 y respondi贸 al fuego s贸lo a partir del defecto en el arma del gendarme abatido. Es entonces cuando, mientras los gendarmes intentan rearmar la persecuci贸n, Hermes, lejos de amedrentarse por la desventaja num茅rica, se oculta primero para cubrir la retirada de su compa帽ero y realiza despu茅s un rodeo veloz hasta ocupar posiciones en la retaguardia de la patrulla, disparando desde all铆, dividiendo a los gendarmes y provocando su huida con gran pericia militar. Ese valiente movimiento le permite a los dos guerrilleros escapar.

El testimonio del suboficial mayor Luis Rosas, a帽os m谩s tarde, terminar铆a por anular la versi贸n de gendarmer铆a: 鈥淪e hab铆a avistado a dos presuntos guerrilleros que avanzaban en nuestra direcci贸n, por lo que planeamos emboscarlos al dejarlos venir鈥.

Pero las mentiras no se detendr谩n all铆. Sigamos la cr贸nica de gendarmer铆a sobre el segundo de los enfrentamientos con los mismos rebeldes, en la tarde de ese mismo d铆a: 鈥淧oco despu茅s (del primer choque) los integrantes de la patrulla, a pesar de la baja sufrida continuaron la lucha contra los atacantes, quienes se hab铆an replegado en direcci贸n a la estancia Mart铆nez. All铆, al verse los guerrilleros cercados por la intervenci贸n de otra patrulla procedente de El Bananal, entablaron un intenso tiroteo, cayendo dos guerrilleros, que al ser identificados se comprob贸 que se trataba de Hermes Pe帽a, de nacionalidad cubana, y el guerrillero Jorge鈥.

Con respecto a los hechos posteriores, el comandante general Jos茅 San Juli谩n agregar铆a que 鈥渟e produce una discusi贸n entre el primero (Hermes) y el capataz de la estancia, de apellido V谩zquez, que epiloga con su asesinato cometido por 鈥楬ermes鈥 con un disparo por la espalda y a corta distancia. Lo inesperado de la situaci贸n planteada obliga a que el gendarme Rosas abra fuego, lo que en modo alguno amilana a 鈥楬ermes鈥, quien avanza al ritmo de su carabina autom谩tica, hasta caer abatido por un certero disparo del gendarme. 鈥楯orge鈥, sorprendido, pretendi贸 replegarse mientras se resist铆a, cayendo bajo las balas de un desprendimiento de la patrulla鈥.

Tiempo despu茅s, es posible reconstruir fielmente, al menos, la primera parte de los hechos: al atardecer de ese d铆a, Hermes y Jorge llegan a una finca, propiedad de Jorge Bail贸n V谩zquez, a quien le ofrecen una suma de dinero para que consiga alimentos y un par de zapatillas (Hermes caminaba descalzo en un pie y con alpargata en el otro) para las 煤ltimas horas del d铆a. Mientras tanto, los guerrilleros se ocultan en el monte. A la hora convenida, el capataz ya anotici贸 a los gendarmes de la cita, quienes a su vez prepararon una emboscada, ocultos en la espesura cercana. Es decir: otra vez los gendarmes preparan una emboscada y otra vez lo niegan m谩s tarde, aunque ser铆a un gendarme el primero en desnudar la verdad de la operaci贸n: 鈥淟a maniobra empezada por el sargento Abraham y el gendarme Rosas, se concret贸 en una emboscada o golpe de mano, tan bien concebida y mejor realizada que debe consider谩rsela como un modelo en su g茅nero鈥.

Antes de escuchar las primeras balas, Hermes detecta la trampa y ordena la retirada. Desde su escondite, los gendarmes disparan. 鈥溾楬ermes鈥, al contrario de la actitud de 鈥楯orge鈥, que se tir贸 a un costado, reacciona disparando su carabina autom谩tica, movi茅ndose y saltando de un lado a otro como un animal, y no hac铆a m谩s de dos disparos a la vez鈥, relata Rosas. En el tumulto de las r谩fagas, Hermes corre y se parapeta en un pozo que encuentra por el camino. Desde all铆 recibe disparos sin precisi贸n y aguarda su momento. Ese momento llega cuando el gendarme Rosas dispara, pero la bala se atora en su fusil 鈥渆scuch谩ndose el golpe del block de cierre de rec谩mara, por lo que (Hermes) dedujo en la desesperaci贸n, que se hab铆a quedado sin munici贸n. Felizmente (Rosas) repiti贸 la maniobra de carga, mientras el oponente, advertido del caracter铆stico ruido del golpe en el vac铆o, abandonaba su refugio y se dirig铆a en su direcci贸n para atacarlo, suponiendo que estaba indefenso鈥, detalla el informe gendarme.

鈥淓n ese instante, a escasos diez metros, mi arma se destrab贸 y dispar茅 dos r谩fagas a quemarropa, en forma sucesiva al ver que el bulto no ca铆a, hasta que, luego de la segunda r谩faga, perdi贸 el equilibrio y cay贸 hacia delante. Salt茅 como un resorte, d谩ndole vuelta y despoj谩ndolo del arma, observ茅 que le sal铆a sangre por la boca. Termin贸 as铆 el mito del corajudo guerrillero cubano, cayendo en su ley鈥, finaliza Rosas.

Sobre la muerte del capataz Bail贸n V谩zquez, la gendarmer铆a se apresura en informar que las balas que lo mataron fueron las del cubano, pero para el abogado de los miembros del EGP detenidos, la versi贸n nunca fue probada: 鈥淢ientras los gendarmes se acercaron a los muchachos desde el monte (lugar m谩s adecuado para ocultarse) los muchachos, al advertirlo, escaparon hacia el r铆o, y por lo tanto, lugar m谩s adecuado para eludir la persecuci贸n. La gendarmer铆a imput贸 a los muchachos la muerte del paisano. El paisano estaba situado en una de las barracas, es decir, entre el monte, de donde vinieron los gendarmes, y el r铆o, hacia donde trataron de escapar los perseguidos y ultimados. Un paisano del lugar me confirm贸 que el paisano cay贸 bajo las balas de gendarmer铆a鈥.

 Luego de la ca铆da en combate de Hermes, los gendarmes profundizan la b煤squeda de los guerrilleros, dispersos por el monte. Lo que sigui贸 fue la debacle total: uno a uno, caen todos los campamentos, casi todos los combatientes son tomados prisioneros, sus contactos urbanos detenidos, y los uniformados desatan una feroz represi贸n en los poblados cercanos, castigando a los simpatizantes y en busca de datos sobre el comandante Segundo y el resto de los hombres.

Pero de Segundo nada se sabe. Apenas que estaba acompa帽ado por otro miembro del EGP en la playa del r铆o Las Piedras, a la espera de ayuda e impedido de continuar la marcha por el hambre y las heridas.

El monte cubre de silencio el final de su historia.

8. Las noticias del naufragio del EGP llegaron a o铆dos del Che r谩pidamente. Guevara no sal铆a de su asombro a medida que conoc铆a los detalles del fracaso de la expedici贸n. 鈥淓l Che me hizo llamar a La Habana -se帽ala Ciro Bustos, uno de los integrantes de apoyo del EGP que consigui贸 eludir el cerco militar-. Hice un largo informe verbal en su despacho del Ministerio. No pod铆a creer que en una selva llena de animales, se pudiera morir de hambre, sin pelear, adem谩s鈥. Lo cierto es que, m谩s all谩 de los errores militares y pol铆ticos cometidos por el EGP, el fracaso de la operaci贸n hab铆a terminado con la muerte de uno de los hombres m谩s queridos por el Che, Hermes, y la desaparici贸n de otro de ellos, Masetti.

Fue el propio Che, acompa帽ado por el abogado Gustavo Roca, el encargado de informar la mala noticia a la familia de Hermes: 鈥淓se tema al Che lo golpe贸 dur铆simo. En 1964, cuando viaj茅 a Cuba me llev贸 a verlo al padre de Pe帽a para que le contara todo sobre la muerte de su hijo, que cay贸 como un h茅roe. Los gendarmes se ensa帽aron con 茅l, lo abrieron y obligaron a los otros detenidos a introducir la cabeza en sus v铆sceras. En su momento yo denunci茅 todo eso, que fue terrible. Lo cierto es que tuve que contarle todo al padre de Hermes, un campesino duro al que no se le ca铆a una sola l谩grima, mientras el Che no pod铆a contener el llanto鈥, comenta Roca.

Tambi茅n la esposa de Hermes conoci贸 entonces el final de su compa帽ero: 鈥淐uando supe que hab铆a muerto en combate, lo primero que pens茅 fue en mis hijas, sobre todo en Ana Mar铆a, a la que 茅l no conoci贸. Aquello fue un golpe dur铆simo para ellas y para m铆. (鈥) Entre las sensaciones m谩s hondas que guardo de su figura, de su conducta, de su forma de ser, est谩 lo que me escribi贸 en una de aquellas cartas que romp铆 cuando estaba enferma de los nervios. Creo que fue la 煤ltima que recib铆 de 茅l. Esa vez me escribi贸: 鈥楥atalina, 驴recuerdas que el d铆a de nuestra despedida te negaste a creer que yo iba a volver? Puede que t煤 tengas raz贸n, tal vez yo no regrese nunca, pero la historia dir谩 hasta d贸nde llegu茅鈥欌.

9. En la ma帽ana del 20 de abril de 1964, media hora despu茅s de las 6, un cami贸n de gendarmer铆a detuvo su marcha a las puertas del peque帽o cementerio de Or谩n. All铆, tres empleados de Obras P煤blicas esperaban hac铆a media hora con instrucciones de enterrar, sin demora, dos f茅retros que les entregar铆an los gendarmes. 鈥淯no de los cajones ten铆a un cart贸n pegado que dec铆a Hermes鈥, recuerda hoy uno de aquellos empleados. 鈥淟os enterramos uno al lado del otro, en la parte sur, entre la quinta y la cuarta secci贸n, donde actualmente est谩n los nichos. Desde la entrada, a unos 80 metros por la vereda de acceso al cementerio鈥, precisa ante la prensa el mismo empleado. 鈥淣o colocamos ninguna cruz ni nada que identifique el lugar鈥, agrega.

All铆, en ese rinc贸n apartado del cementerio salte帽o, fueron a parar los restos de Hermes Pe帽a; y all铆 se quedaron durante m谩s de cuarenta a帽os.

All铆, fueron hallados por un equipo de antropolog铆a cubano en 2005. Tiempo despu茅s, sus restos fueron trasladados hasta el Museo de la Revoluci贸n, en Santa Clara, donde descansa tambi茅n su jefe, su comandante, su hermano del alma, Ernesto Che Guevara.

Trece d铆as antes de su ca铆da en combate, Hermes hab铆a cumplido 26 a帽os.

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Fuentes consultadas: Los or铆genes perdidos de la guerrilla en Argentina, de Gabriel Rot; La guerrilla del Che y Masetti en Salta, de Daniel 脕valos; Misi贸n cumplida, de Eduardo Garay; revistas Todo es Historia y Lucha Armada, . Los textuales de Catalina Sibles S谩nchez (ya fallecida) pertenecen a 鈥淟a historia dir谩 hasta d贸nde llegu茅鈥, entrevista de Luis Hern谩ndez Serrano, diario Juventud Rebelde, 27/04/04.

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Fuente: Lahaine.org