October 23, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
877 puntos de vista

Jose Carmona

Era 1968 y las visitas a la prisi├│n de Santa Catalina de C├ídiz terminaban a las seis, pero al ser su casamiento, la esposa de Fernando pudo quedarse hasta las ocho de la tarde. A esa hora no comenz├│ ninguna luna de miel. Fernando volvi├│ esa noche a la misma nave donde durmi├│ diez a├▒os. Un catre de hierro infestado de chinches, cuenta. La monoton├şa de un reo durante el franquismo.

“La humedad nos com├şa, las goteras llenaban de agua las salas, las paredes se desgajaban…”, recuerda Fernando. El concepto c├írcel le quedaba grande a ese castillo desconchado a orillas gaditanas. Fernando pas├│ diez a├▒os entre esas ruinas, que fing├şan ser una prisi├│n militar, cautivo por ser testigo de Jehov├í y negarse a hacer la mili. Entre 1950 y 1970, m├ís de 1.000 hombres fueron encarcelados por este mismo motivo: negarse a hacer la mili.

El franquismo no entend├şa: ┬┐un hombre neg├índose a hacer la mili? Entonces no se les llamaba objetores de conciencia, se les llamaba locos. Era tan inaudito como incomprensible. Tanto que de primeras se le mand├│ a un psiqui├ítrico. O manicomio, como se dec├şa entonces. Hay un importante v├şnculo de este credo con la objeci├│n de conciencia, e incluso cierto consenso historiogr├ífico en afirmar que fue un testigo de Jehov├í, Antonio Gargallo, el primer caso registrado de alguien que se neg├│ en Espa├▒a a empu├▒ar un arma. El bando golpista le llam├│ a filas al inicio de la Guerra Civil y ├ęl rehus├│ esa llamada. La consecuencia fue directa: fusilado el 18 de agosto de 1937 en Jaca.

Los testigos de Jehová en España

Los testigos de Jehov├í aterrizaron en Espa├▒a en torno a 1910 y su impacto fue comedido y discreto. Mediante misiones de captaci├│n financiadas desde EEUU por su profeta, C.T Russell, se introdujeron en un pa├şs fervientemente cat├│lico y consigui├│ captar a aquellos que no terminaban de encontrarse satisfechos con las lecturas de la Biblia que ofrec├şa la Iglesia. Los misioneros divulgadores y la revista La Atalaya serv├şan como puntos de referencia.

Fernando Mar├şn pertenec├şa a una de esas familias que realiz├│ la transici├│n de un credo a otro. ├ël era un ni├▒o y sigui├│ los pasos de su madre. Tras la Guerra Civil, la pluralidad religiosa era perseguida y sancionada, pero los testigos de Jehov├í aguantaron en clandestinidad. Tan ocultados estuvieron que desde la sede central de EEUU pensaron que ya no quedaba ninguno en Espa├▒a.

“Estaban prohibidas por ley las reuniones de mayores de veinte; nos reun├şamos en los hogares y hac├şamos la predicaci├│n discretamente. La acusaci├│n venia de la Iglesia cat├│lica, que nos consideraba herejes, pero la Polic├şa sab├şa que no constitu├şamos ninguna amenaza. Aunque algunos fuimos a parar a comisar├şas por las denuncias de sacerdotes, enseguida nos pon├şan en libertad”, evoca Fernando.

Pod├şan mantener en secreto su creencia, pero no sus actos de fe. Los testigos de Jehov├í, adem├ís de no celebrar sus cumplea├▒os o no recibir transfusiones de sangre, no pueden participar de ning├║n modo en conflictos b├ęlicos, y eso implica portar armas o disparar, por lo que Fernando tuvo que descubrirse ante un tribunal militar; ├ęl no pod├şa llevar a cabo ese ejercicio que la Patria le requer├şa.

Las entra├▒as del castillo

Fernando Mar├şn acab├│ en el castillo de Santa Catalina, lugar al que fueron a parar la mayor├şa de testigos de Jehov├í que se negaron a cumplir el servicio militar. Como castigo, una vez encerrados se les negaba el acceso a la Biblia, la mayor necesidad de estos milenaristas: “Primero me la tra├şa mi mujer escondida, era una biblia peque├▒a. Pero con el tiempo solicitamos tenerlas de manera oficial, y las autoridades, al ver que no ├ęramos una amenaza, nos dejaron”, relata Fernando.

Este castillo al borde del paseo mar├ştimo gaditano fue construido en el siglo XVI y desde el reinado de Carlos III sirvi├│ como prisi├│n militar hasta casi 1990. Conectado con el resto del puerto a trav├ęs de un puente, ahora es tan solo una atracci├│n tur├şstica. Una placa en la entrada recuerda las penurias que vivieron los presos testigos de Jehov├í. Entre sus explanadas y recintos, entre sus habitaciones ahora reconstruidas y sobre un c├ęsped verde que anta├▒o era inimaginable, llegaron a convivir hasta 300 creyentes.


Imagen del cartel en recuerdo a los presos testigos de Jehová en el castillo de Santa Catalina.

“Est├íbamos juntos los testigos ÔÇôsostiene FernandoÔÇô y tuvimos muy buen trato por parte de las autoridades militares. Adem├ís, ten├şamos el privilegio de recibir a miembros de nuestra familia”, dice en referencia a otros creyentes. De vivir en la clandestinidad a vivir presos, pero juntos. “Fue una estancia muy ├║til porque pudimos estudiar en profundidad y hablar de Dios”, asegura con optimismo.

Una vez los carceleros comprobaron que los motivos para no empu├▒ar armas no tra├şan detr├ís un republicanismo velado o un comunismo latente, el trato fue considerablemente mejor que el de los presos militares comunes: “Una vez, tres presos comunes intentaron una fuga, y a uno de ellos le dispararon y le mataron ÔÇôrememora FernandoÔÇô. Entonces el coronel hizo que trajeran al muerto y lo pusieran en medio del patio. Hizo salir a los presos comunes para mirar al muerto como advertencia. Cuando nosotros ├şbamos a salir, dijo que nosotros pod├şamos volver dentro porque nunca intentar├şamos fugarnos.”

Sin embargo, con un marcado acento catal├ín y un tono muy calmado, Fernando evita mirar hacia atr├ís con despecho, con amargura o con ning├║n tipo de odio: “Tengo un excelente recuerdo de esa etapa. Estaba en la c├írcel por servir a mi Dios, que no quer├şa que participara en ning├║n acto b├ęlico. Soy un hombre de paz”, dice desde la casa en la que vive con su esposa, la misma con la que se cas├│ en C├ídiz. La vida se abri├│ paso y dej├│ a su paso la paternidad. Ahora son dos ancianos que tienen en com├║n un hijo de 43 a├▒os.

Una salida tard├şa y una vida de fe

El maltrato a los testigos de Jehov├í en Espa├▒a no fue una cosa excepcional del franquismo. En la Alemania nazi corrieron una suerte similar aunque con finales algo m├ís tr├ígicos. Los testigos de Jehov├í se negaron a pronunciar el heil Hitler ni a alzar el brazo, al ver en toda la parafernalia fascista un sustitutivo de la fe. No pod├şan ni quer├şan cambiar su Dios por el F├╝hrer. Hasta el 97% de los testigos de Jehov├í alemanes sufrieron represi├│n, seg├║n John Conway y su obra La persecuci├│n religiosa de los nazis.

En Espa├▒a, no fue hasta 1967 cuando la dictadura de Franco aprob├│ la Ley de Libertad Religiosa, un hito dentro de la naci├│n que evitar├şa la clandestinidad y el secreto, aunque no fue hasta 1970 cuando se registr├│ a los testigos de Jehov├í como confesi├│n religiosa de forma oficial.

La realidad siempre camina m├ís despacio que las fechas oficiales y Fernando sali├│ de prisi├│n en 1974, d├şa en que empez├│, hasta hoy, a promulgar la fe de los testigos de Jehov├í. Tanto ├ęl como sus compa├▒eros de celda han reivindicado siempre ser los que trajeron a Espa├▒a el concepto de objeci├│n de conciencia, que la Constituci├│n espa├▒ola regl├│ en su art├şculo 30, aunque solo en lo que se refiere a la disciplina militar.

Fernando, tal vez como virtud heredada de a├▒os intentando convencer a otros para que adopten su religi├│n, es hablador e impetuoso, especialmente cuando vuelve a recordar el d├şa de su boda. Le cuesta entrar en detalles; se nota que no tiene ning├║n inter├ęs en escarbar en el dolor, pero se r├şe cuando se le pregunta por un vis a vis con su esposa para celebrar el casamiento: “No pudimos tener intimidad hasta salir de prisi├│n, pero eso fue secundario. Casarnos fue un logro. Est├íbamos convencidos de que hac├şamos lo correcto. Lo recordamos con mucho cari├▒o, llevamos casados m├ís de cincuenta a├▒os y estamos como el primer d├şa. Nuestro hijo tiene 43 a├▒os, tambi├ęn testigo de Jehov├í”.

P├║blico




Fuente: Grupotortuga.com