October 7, 2021
De parte de Nodo50
366 puntos de vista


Este lunes 4 de octubre Lucía Lijtmaer terminaba su conferencia sobre el sueño americano después de seis horas de histeria en Silicon Valley. Mientras Facebook, Instagram y Whatsapp se habían caído, la escritora y periodista se preguntaba en Zaragoza por la salud del capitalismo.

Desde 2018 su show Deforme Semanal, ahora convertido en uno de los podcast más existosos del panorama radiofónico, desgrana este y otros muchos temas que atraviesan a la cultura pop. Junto con Isabel Calderón nos hablan de Susan Sontag pero también de Britney Spears, de cotilleos que atraviesan los siglos y se convierten en parte de nuestra historia. Todo desde el sarcasmo feminista, ese que te hace sentirte identificada por compartir parte de esa desesperación colectiva.

Acabas de realizar una serie de charlas sobre la exposición “El sueño americano. Del pop a la actualidad”, en el que desgranas punto por punto en qué es y qué no es, a quiénes apela y a quiénes no. ¿Es exportable al Estado español? ¿A Europa?

No porque el sueño americano es muy específico. Forma parte de una construcción de nuevo mundo basada en los textos bíblicos. La gente que emigra a Estados Unidos, a las colonias británicas, son calvinistas acérrimos. Viven según la palabra sagrada y creen que son el pueblo elegido. Europa está construida de una manera muy distinta. No existe el “sueño europeo” hasta bien entrado el siglo XX. Incluso habría que hablar de cuál es el sueño europeo, si es que existe. Sí que es interesante ver las periferias de los sueños, de los mitos. No porque sean iguales pero sí que sería interesante analizarlo de otra manera.

Junto con Isabel Calderón, realizan uno de los podcast más escuchados en el Estado, “Deforma Semanal Ideal Total” de Radio Primavera Sound. Foto: Rocío Durán.

Uno de los capítulos más sonados de la temporada pasada de Deforme Semanal Ideal Total (Radio Primavera Sound) fue el que trataba sobre el odio en las redes sociales, un problema que os afecta a vosotras y del que se quejan la mayoría de mujeres y géneros disidentes que están, sobre todo, en Twitter. ¿Qué soluciones creéis que puede haber?

Las soluciones son variadas y de distintos ámbitos. No podemos tener unas redes sociales autorreguladas. Mientras las redes sociales sean empresas que se autorregulan y que, sobre todo, no son sensibles a las violencias que sufren las mujeres y colectivos expuestos, no avanzará nada. Hay mujeres muy interesantes como Laia Serra, que habla de la necesidad de la regulación de los propios algoritmos. Mientras hablamos, hoy se ha caído WhatsApp, Facebook, Instagram… Lo cual nos da una idea de lo frágiles que son estas redes, de las que dependemos de alguna manera. Son frágiles pero no son transparentes también. Sin duda hay que empezar por ahí; luego hay muchas cosas que implementar pero no únicamente en las redes sociales, sino en general en nuestras vidas.

Por lo mejor sabéis que no estáis solas y que sois muchas las que pasáis por lo mismo y os acompañáis en ese camino.

Esto tendría que hablarlo más Isa que yo, que es la que sufrió la violencia en redes de una manera mucho más extrema. Creo que hay un momento en el cual la solidaridad no es suficiente porque no compensa. ¿Para quién estás trabajando? ¿Con quién estás manteniendo esas conversaciones? ¿Qué estás dispuesta a aguantar para poder decir lo que tienes que decir? ¿Para qué estamos ahí? Son preguntas que nos tenemos que hacer. ¿Por qué estamos ahí?

¿Crees que es algo que los hombres también ven como problema?

No soy un hombre, me resulta muy difícil. Me encantaría hacer un experimento, cambiarme un día, y lo digo de verdad, mi perfil con el de un hombre y colgar algo que yo haya hecho, como si lo hubiera hecho él, y ver qué recibimos cada uno. Salió un artículo de un hombre en Estados Unidos, que era empresario. Un hombre normal, que en su día a día laboral se dio cuenta de que estaba recibiendo mensajes muy agresivos. En el correo la gente le trataba mal, le contestaban mal, le decían que no a todo, que esperase… Resulta que se habían intercambiado el correo con su secretaria sin darse cuenta, se habían configurado mal. La secretaria, por otro lado, estaba encantada porque cada cosa que decía se hacía inmediatamente. Hasta qué punto es invisible lo que vivimos… Así que no lo sé pero me encantaría cambiarme la cuenta con alguien, con alguien que le vaya bien.

Hablamos con la periodista Lucía Lijtmaer sobre odio en redes sociales, cultura de masas y sueño americano. Foto: Rocío Durán.

Sobre la cultura de la cancelación se habla mucho de lo mal que lo pasan los hombres pero verdaderamente se han visto pocos en el que eso haya afectado a su trabajo. Vemos, por ejemplo, el caso de Johnny Depp. Tampoco sé si es algo a exigir, sobre todo, desde una perspectiva antipunitivista. ¿Hacia dónde crees que desembocará todo esto?

El problema lo tengo con la palabra cancelación, ahora mismo engloba cosas muy distintas y degradaciones muy diversas. No es lo mismo Harvey Weinstein o Bill Cosby, que lo que le ha pasado a Johnny Depp. Es algo que suele ser temporal y que no se ajusta necesariamente a lo que la persona haya hecho. Por eso me resulta muy difícil dar un diagnóstico a largo plazo porque la palabra en sí me parece un poco super ambigua. ¿Cancelar es que si yo mañana digo una tontería a lo mejor tengo una semana de odio en redes? Eso se considera cancelación. Pero a Harvey Weinstein le han caído 20 años por violaciones sistemáticas. Creo que todavía el término es demasiado amplio para un diagnóstico sobre la cancelación. Sí podría darte mi diagnóstico con respecto a la violencia sexual, o los medios de comunicación, pero la cancelación… Ahora mismo es tan poco aprehensible. Es algo pero no sabemos bien lo qué es.

Una de las críticas que más recibís en redes sociales a raíz del podcast son acusaciones de clasismo asociadas a vuestras recomendaciones. Sobre todo, recomendaciones de libros o películas, o incluso de actividades (ir a un museo a ver una exposición). Un poco se viene a decir que el arte no es algo asumible para la clase obrera, para la gente que puede escuchar vuestro podcast. ¿Cómo respondéis a estas críticas?

Ya respondimos en su momento desde el podcast. Primero, es entender que el arte o la cultura están hechos para una élite, cosa que no creemos. Creo que eso dice más de quien lo dice que de nosotras. Además es algo como que cada vez yo lo veo más lejano a nosotras, porque no tiene que ver con nosotras. Asumir que si estamos hablando de Susan Sontag o de María Antonieta estamos hablando de cultura elitista, ni desde una perspectiva marxista se sostiene. Lo veo insostenible incluso para replicarlo seriamente. La cultura contemporánea necesariamente implica a los medios masivos de comunicación. Estaba pensando el ejemplo de una ópera, pero es que incluso eso tú lo puedes escuchar en tu ordenador. En el momento en el que entran los medios masivos de comunicación, esta idea apocalíptica de la cultura, para mí queda muy relegada y no tiene sentido.

Es también autora del libro “Ofendiditos” (Anagrama, 2019), que va por su sexta edición. Foto: Rocío Durán.

De hecho, en tu libro ‘Ofendiditos’ (Anagrama, 2019) que ya va por la sexta edición y sigue sin pasar de moda, incluso con una pandemia de por medio, hablas de estos temas. ¿Crees que es cierto eso que se dice de que hay obras que ya no se podrían hacer en la actualidad, o es una forma más de queja de los señores?

Se puede hacer de todo culturalmente. Sí que es distinto cómo lo recibimos como público. Y no me refiero, por ejemplo, a “Lolita”, que Nabokov dijo que era una obra sobre un pedófilo. Lo que hay que distinguir, y que no tiene que ver con el puritanismo, es que la ficción tiene derecho a ser ficción y la primera persona no necesariamente representa a quien escribe. Eso es una confusión pero no es nueva; en los años 80 también lo vivimos. Las novelas no tienen que ser tomadas como ensayos políticos pero hay novelas y hay arte que tiene una ideología asociada a la obra. Eso también lo podemos analizar. Creo que estamos en un momento muy rico de la conversación pública de masas en las cuales tú sacas una obra cultural y la puedes poner a debate con el público, con la gente. Pensamos cada vez más que nunca sobre lo que consumimos culturalmente, eso es interesante.

Creo que se están haciendo obras cada vez más diversas. Lo cual no quiere decir que haya gente que no proteste. En España, los que están protestando son los más conservadores. Quien ha sufrido boicot en su película “Mientras dure la guerra” ha sido Amenábar por grupos de ultraderecha hace cosa de un año. Quien tiene problemas al estrenar un obra de disidencias sexuales o, por poner otro ejemplo, de Queercore, tendría problemas hoy pero no por “las minorías woke” (despiertas) o las feministas sino porque vivimos una época reaccionaria y eso también afecta. Sí que hay quejas pero no desde donde se dice, sino desde las respuestas más reaccionarias.




Fuente: Arainfo.org