November 13, 2020
De parte de La Haine
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Eran las nueve de la noche de un 13 de noviembre de 1992 cuando Luis Merino P├ęrez, un Guardia Civil de 25 a├▒os, efectu├│ los disparos que acabaron con la vida de Lucrecia P├ęrez. Sucedi├│ en las ruinas de la antigua discoteca Four Roses, en el barrio madrile├▒o de Aravaca, donde una comunidad de entre 80 y 100 inmigrantes dominicanos sin hogar hab├şa improvisado un techo bajo el que intentaban sobrevivir.

En el momento del asesinato, Luis Merino (25 a├▒os) estaba acompa├▒ado por Felipe Carlos Mart├şnV├şctor Juli├ín Flores y Javier Qu├şlez, todos ellos menores de edad (16 a├▒os) con los que hab├şa organizado una ÔÇťcaza del inmigranteÔÇŁ instigada por los sectores m├ís sanguinarios de la extrema derecha.

Treinta y cuatro d├şas antes, Lucrecia hab├şa comenzado su viaje a Espa├▒a, y como muchas otras en su misma situaci├│n lo hizo a trav├ęs de las redes de tr├ífico de personas. La ruta comenz├│ en Vicente Noble, su localidad natal y de ah├ş a Santo Domingo. En la capital del pa├şs cogi├│ el primer avi├│n de su vida rumbo a Nueva York y desde all├ş a Par├şs, m├ís tarde a Bilbao para finalmente tomar un tren con destino a Madrid. Con este rodeo, las mafias consegu├şan evitar los f├ęrreos controles de la Polic├şa, que deportaban a centenares de personas nada m├ís poner un pie en el Aeropuerto de Barajas.

Lucrecia inici├│ su nueva vida trabajando como empleada del hogar de una acomodada familia madrile├▒a para conseguir dinero con el que sufragar los estudios de su hija, pero a los pocos d├şas fue despedida. Ella era una mujer sencilla que hab├şa crecido en uno de los barrios m├ís pobres de la Rep├║blica Dominicana, lejos de los usos cotidianos de una familia espa├▒ola, incluyendo una lavadora que no sab├şa utilizar.

Desamparada, sin un sueldo con el que poder sustentar las m├şnimas condiciones de vida, decidi├│ refugiarse en la familiaridad de sus compatriotas, que hab├şan acondicionado las ruinas de una antigua sala de fiestas.

ÔÇťSe ve├şa venirÔÇŁ, es la frase m├ís repetida que recogen las cr├│nicas de aquel suceso. A principios de los a├▒os 90, Espa├▒a disfrutaba con la fantas├şa cortoplacista de su primera burbuja econ├│mica. El pa├şs comenzaba a despertar del letargo de la dictadura y dos grandes acontecimientos hab├şan levantado la moral de una ciudadan├şa acostumbrada a vivir entre las sombras. Los Juegos Ol├şmpicos de Barcelona y la Exposici├│n Universal de Sevilla animaban el mercado de trabajo y con ello la llegada de inmigrantes, gracias a los cuales se alcanz├│ unas cuotas de bienestar inimaginables tan solo unos pocos a├▒os atr├ís.

Pero el aumento del flujo migratorio tambi├ęn provoc├│ el resurgir de un franquismo sociol├│gico que, por mucho que se empe├▒en en ocultar con un relato idealizado de la transici├│n, sigui├│ y sigue muy presente tras la muerte del dictador. Unas semanas antes del execrable crimen, en las calles de Aravaca aparecieron una serie de carteles con mensajes xen├│fobos: ÔÇťEspa├▒oles: nuestra patria est├í en grave peligroÔÇŁ, ÔÇťINMIGRACI├ôN STOP. Primero los espa├▒olesÔÇŁ o ÔÇťFuera NegrosÔÇŁ, que fueron colocados por grupos de extrema derecha.

En este barrio de Madrid, las decenas de dominicanas que trabajaban como internas se reun├şan una vez a la semana en la Plaza Corona Boreal, para pasar un rato juntas, charlar, divertirse y recordar viejos tiempos. Algunos vecinos solicitaron la intervenci├│n del Ayuntamiento esgrimiendo que causaban ruido y suciedad, y el consistorio decidi├│ responder con el brazo de la intimidaci├│n policial. Los agentes incrementaron su presencia en la zona, hostigando a las migrantes, hasta que un d├şa, cuando intentaron llevarse a dos indocumentadas, se produjo un altercado con el resto de las mujeres, que no dudaron en salir en defensa de sus compa├▒eras. La refriega se sald├│ con cuatro agentes heridos y ocho veh├şculos de la polic├şa apedreados. ÔÇťSer├şan las seis de la tarde. Est├íbamos en la plaza, tan tranquilas y charlando de nuestras cosas, cuando llegaron dos polic├şas provoc├índonos y pidi├ęndonos la documentaci├│n. Casi todas salimos corriendo, pero cogieron a dos y las introdujeron en un coche patrulla. Al ver que se las llevaban nos pusimos delante del coche para impedirlo y le dimos golpes. Despu├ęs llegaron m├ís y m├ís veh├şculos de Polic├şa; hasta siete cont├ę. Se bajaron los guardias y cargaron contra nosotras sin ninguna contemplaci├│n. Fue entonces cuando algunas empezamos a lanzarles ladrillos de una obra cercanaÔÇŁ, recuerda una de las mujeres implicadas.

La prensa más conservadora aprovechó el incidente para avivar el odio de la xenofobia, tachando a las migrantes de delincuentes y acusándolas de haber generado un clima de inseguridad en el barrio. El sensacionalismo de los tabloides fue la mecha que prendió el 13 de noviembre de 1992.

Aquella noche, Luis Merino, Felipe Carlos Mart├şn, V├şctor Juli├ín Flores y Javier Qu├şlez se reunieron en la Plaza de los Cubos. M├ís tarde se subieron al coche del agente, que estaba repleto de pegatinas y parafernalia nazi, con destino a Aravaca. A la altura del estadio Vicente Calder├│n, un coche de la polic├şa les oblig├│ a parar tras saltarse dos sem├íforos en rojo, pero Merino ense├▒├│ su identificaci├│n de la Guardia Civil y les dejaron continuar. Cuando llegaron a las ruinas de la antigua discoteca, fue el propio Merino quien abri├│ fuego indiscriminadamente, hiriendo de gravedad al dominicano Augusto C├ęsar Vargas y matando a su compatriota Lucrecia P├ęrez, que solo tenia 33 a├▒os. Al regresar a la Plaza de los Cubos alarde├│ antes sus amigos: ÔÇťLes he dado tres plomos, que se los repartan como puedan. Ha sido como tirar a dos chuletas de corderoÔÇŁ.

Luis Merino, que acumulaba en su expediente nueve sanciones por conductas violentas, fue condenado a 54 a├▒os de prisi├│n, y los tres menores a 24 de internamiento, pero en la actualidad ya disfrutan de la libertad.

El crimen provoc├│ que la sociedad espa├▒ola descubriera el racismo y la xenofobia que llevaban dentro pero que se negaban a reconocer. El lugar del suceso se llen├│ de velas y flores, se convocaron manifestaciones en las principales ciudades del pa├şs y las instituciones, partidos pol├şticos, organizaciones sociales y sindicatos expresaron su m├ís en├ęrgico rechazo. “El asesinato provoc├│ una gran conmoci├│n social, humana e institucional y una buena respuesta por parte de la ciudadan├şa, pero los cr├şmenes han seguido sucedi├ęndoseÔÇŁ, asegura Estaban Ibarra, presidente de Movimiento Contra la Intolerancia, en declaraciones a TVE.

El estado espa├▒ol reconoci├│ a Lucrecia P├ęrez como la primera v├şctima oficial de un crimen odio y se comprometi├│ a legislar para atajar los efectos de un veneno, que sin embargo, han seguido corrompiendo todos los estratos de la sociedad. Cada a├▒o, se producen en Espa├▒a unas 4.000 agresiones motivadas por la raza, el origen, la religi├│n o la orientaci├│n sexual y la web crimenesdeodio.com ha documentado 103 asesinatos instigados por estas fobias desde 1991.

“┬┐Qui├ęn fue el que dispar├│? 
┬┐Qui├ęn dispar├│?
Criminal de la inocencia, no hay perd├│n
Llegaste aqu├ş con toda ilusi├│n
Buscando un ed├ęn que no existe
Hoy yo canto por ti
Voy a cantar, solo lo har├ę por ti
Lucrecia, Lucrecia por ti
Voy a cantar, solo lo har├ę por ti
Lucrecia por ti”

Ska-P. ‘Lucrecia’.

Fuente




Fuente: Lahaine.org