April 18, 2021
De parte de El Topo
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Me pregunto hasta qu茅 punto caminamos sobre nuestro pasado sin ser conscientes de la historia de los lugares que, en el presente, habitamos. 驴Deambulamos sobre cementerios sepultados, valga la redundancia? Quiz谩s sea ut贸pico, incluso puede que no tenga un sentido pragm谩tico, aspirar a conocer todo lo que ocurri贸 en un rinc贸n cualquiera del mundo, pero definitivamente podemos 鈥攄ebemos鈥 descubrir, conocer y comprender m谩s de lo que hacemos.

Esta premisa es extrapolable tanto a personas, animales, plantas鈥 y, en general, seres vivos; como a objetos, elementos naturales y artificiales, disciplinas te贸ricas, etc. Aqu铆 buscamos indagar en la historia de los espacios, los escenarios en los que representamos el devenir hist贸rico, o bien, los lugares que capturan recuerdos significativos para la memoria colectiva; aquellos sitios en los que es posible evocar el pasado y aprender algo nuevo sobre qui茅nes somos.

En el colegio, en el instituto, a veces tambi茅n en la universidad, nos llevan como estudiantes a lugares 芦importantes禄 de nuestro entorno. En mi experiencia, los lugares a visitar han incluido iglesias, museos y edificios de instituciones p煤blicas: como el parque de bomberxs de mi pueblo, la base militar de Rota y el Parlamento de Andaluc铆a. Son emplazamientos, sin duda, interesantes, dado que su funci贸n social afecta, en mayor o menor medida, a toda la poblaci贸n. No obstante, tambi茅n la funci贸n social de las panader铆as afecta considerablemente a toda la poblaci贸n. Desde una humildad sincera, sigo esperando que alguien me explique de forma convincente el sentido en el que el rey de Espa帽a es m谩s importante que yo.

Las historias de la 芦gente corriente禄 rara vez se han considerado dignas de figurar en los libros de texto y las unidades did谩cticas. Los lugares en los que el colectivo realiza su vida no se encuentran en las gu铆as tur铆sticas. Me cuestiono la legitimidad de las razones para que la realidad sea la que es y no otra; para que el orden establecido 鈥╯ea el de una peque帽a 茅lite sostenida en el lujo y la comodidad por la pobreza y el sacrificio end茅micos de la mayor铆a social, gracias a la conformidad de una clase media que, por un par de privilegios superficiales, ofrece su colaboraci贸n.

La historia hegem贸nica nos habla sobre la relevancia de guerras, revoluciones y l铆deres. Es un discurso coherente para una jerarqu铆a piramidal basada en la dominaci贸n violenta. Pero, quiz谩s, a la gente que estamos abajo nos interese m谩s o铆r sobre la necesidad de la cotidianeidad, sobre c贸mo construimos, momento a momento y entre todas las personas, como una cadena infinita, el mundo y la vida. Pienso que, para entender de d贸nde vengo, me resulta m谩s ilustrativa la historia de una esclava sexual que la de un arist贸crata. Pero la historia de la esclavitud sexual arroja sombras perturbadoras sobre la historia de la realeza, y se la acalla con silencios y eufemismos.

Este es uno de los grandes obst谩culos a los que se enfrenta el movimiento memorialista cuando intenta recuperar鈥╡l recuerdo de las v铆ctimas del franquismo. En realidad no se trata de falta de pruebas, sino de que las historias de las muertes de estas personas evidencian el sadismo de un sistema bajo el que (mal)vivimos durante cuarenta a帽os, del que nuestra actual 芦democracia禄 es heredera. Son historias inc贸modas porque nos hacen reflexionar sobre nuestra (falta de) 茅tica social y, lo que es aun m谩s subversivo, nos hacen querer transformar la realidad.

En algunos momentos particulares, en los que la realidad social es 鈥攃omo en el pasado pero de diferente forma鈥 dolorosa y traum谩tica, el recuerdo de la resistencia colectiva se convierte en una prioridad. Tambi茅n es necesario que conozcamos las consecuencias que puede llegar a tener el mantenerse fiel a unos ideales, no para abrazarnos a la cobard铆a, sino porque, si algunas formas de vivir y pensar resultan tan amenazantes para el autoritarismo como para ser perseguidas sistem谩ticamente, es probable que esas filosof铆as sean beneficiosas para las personas de abajo.

En los lugares de la memoria hist贸rica residen los recuerdos de la resistencia colectiva. En estos espacios se exponen las huellas de un pasado significativo para el presente. En el cementerio de San Fernando se encuentra la fosa com煤n, entre otras siete, de Pico Reja. Esta era la tumba colectiva que usaba el cementerio de la capital cuando, el 18 de julio de 1936, se declar贸 el golpe de Estado fascista. Las autoridades eclesi谩sticas se apresuraron a poner la fosa com煤n al servicio del ej茅rcito franquista que, en apenas tres semanas, hab铆a inhumado a m谩s de 1 100 v铆ctimas de los cr铆menes contra la humanidad del franquismo.

En enero de 2020, comenz贸 su exhumaci贸n, aprobada en 2018 y financiada por la Junta de Andaluc铆a, la Diputaci贸n Provincial y el Ayuntamiento de Sevilla. En el Laboratorio Municipal se han recogido muestras de ADN de las personas que buscan a sus familiares desaparecidxs. El plan para la recuperaci贸n e identificaci贸n de los restos es de cuatro a帽os, pero los informes se帽alan, despu茅s de un a帽o de trabajo, que posiblemente haya m谩s del doble de v铆ctimas enterradas de las que se esperaba (en julio de 2020, la cifra barajada rondaba las 2 600 personas).

Una vez que la exhumaci贸n de Pico Reja est茅 completa: 驴qu茅 ser谩 de este lugar de la memoria? 驴Qu茅 queda de un escenario tras su derrumbe? En Sevilla tenemos el caso de un campo de concentraci贸n franquista (de los, al menos, 53 que hubo en Andaluc铆a), situado entre lo que hoy conocemos como Los Remedios y Triana (se cree que en la calle Virgen de F谩tima). Por el campo de Los Remedios pasaron, entre 1937 y 1939, como m铆nimo, medio millar de personas prisioneras, cuyos relatos fueron sentenciados, tambi茅n, al olvido.

Sin embargo, el recuerdo colectivo del campo de Los Remedios persiste. A pesar de que no quede rastro tangible de sus instalaciones, sabemos de su existencia. Y esto se debe a que el esp铆ritu de la resistencia colectiva, que, m谩s de 80 a帽os despu茅s, necesitamos evocar, sigue viviendo all铆. Por lo tanto, los lugares tambi茅n cuentan con una esfera simb贸lica, de modo que, cuando perdamos la esperanza y agotemos nuestras fuerzas, cuando necesitemos el ejemplo de la lucha de nuestrxs antepasadxs, siempre podemos viajar, utilizando la imaginaci贸n hist贸rica, a los refugios que nos ofrece la memoria colectiva.

Por

Victoria C茅sar

Doctoranda e integrante del grupo de investigaci贸n Memoria y Comunicaci贸n (MyC), Universidad de Sevilla




Fuente: Eltopo.org