June 23, 2022
De parte de Biblioteca Anarquista
231 puntos de vista

La radicalidad del pensamiento anarquista implica entre muchas cosas la capacidad de la permanente autocr铆tica tanto en 谩mbitos te贸ricos, como aquellos que refieren a nuestra pr谩ctica cotidiana. Siendo este el caso, podr铆a resultar hasta violento para algunas personas provenientes del feminismo y de las disidencias militantes el que se pongan en cuesti贸n la validez de conceptos que se han arraigado tan profundamente a nuestra cosmovisi贸n pol铆tica que incluso algunas identidades se han conformado en torno a ellos.

En este trabajo intento un acercamiento anarcofeminista queer a la lucha trans como punto intermedio entre el patriarcado y la liberaci贸n total de los estilos de vida a trav茅s de la abolici贸n del g茅nero. Proceder茅 a cuestionar la validez de conceptos como el sexo, el g茅nero, la identidad y la expresi贸n de g茅nero.

El g茅nero y el sexo como construcciones sociales

El sentido com煤n por parte de los liberales y los progresistas hoy nos ofrece un panorama bastante claro respecto de c贸mo entender ciertas nociones vinculadas al 鈥渇eminismo鈥 y los 鈥渁suntos de la diversidad sexual鈥: el sexo refiere a una realidad biol贸gica que los individuos encarnan de manera binaria (macho/hembra) y el g茅nero consiste, desde el punto de vista de los individuos, en un conjunto de pr谩cticas, actitudes, imaginarios y autopercepciones. Desde el punto de vista del g茅nero de una persona, seg煤n el acercamiento contempor谩neo, podemos distinguir por un lado la identidad de g茅nero y por otro lado la expresi贸n de g茅nero. Por el lado de la cultura, el g茅nero ofrecer铆a en nuestro mundo occidental del siglo XXI dos g茅neros, el femenino y el masculino, que llenan una casilla tanto en el 谩mbito de la identidad de g茅nero como en el de la expresi贸n. De este modo, por ejemplo, puede haber una persona de sexo macho, cuya identidad de g茅nero es femenina y su expresi贸n de g茅nero es masculina, y as铆 diversas combinaciones.

La instauraci贸n de este tipo de relatos en canales masivos ha permitido la dignificaci贸n, el respeto y la seguridad de muchas personas integrantes del colectivo trans, colectivo que fue hist贸ricamente perseguido y marginado, incluso hasta nuestros d铆as. Sin embargo, resulta necesario cuestionar si estos relatos no favorecen nuevas opresiones y est谩n a medio camino de la b煤squeda de la liberaci贸n total. Y, por otro lado, si este relato no provendr铆a de un af谩n excesivamente despolitizador de la lucha trans, perdiendo de vista los conflictos originados por un patriarcado que precisamente crea categor铆as en vistas de oprimir. Quiz谩 aquellos conceptos que en su momento fueron 煤tiles para comprender los fen贸menos y construir la lucha han dejado de ser 煤tiles para avanzar en conquistas de mayor alcance.

La primera distinci贸n que debemos desbaratar, y esto ya es patrimonio de la teor铆a queer hist贸rica, es la distinci贸n entre sexo y g茅nero. A diferencia de los conservadores y las feministas radicales que sostendr铆an una base biol贸gica, objetiva e inamovible al sexo en contraste con el g茅nero, debemos entender por qu茅 el sexo es parte del g茅nero y, por consiguiente, ambos son construcciones sociales. Pero para hablar con propiedad de construcciones sociales es necesario contar con una perspectiva sobre las construcciones sociales que haga sentido con la comprensi贸n que las ciencias sociales y nuestra vida cotidiana tienen de estas.

Las categor铆as sociales, sean del tipo que sean, ya sea 鈥渟illa鈥, 鈥渂ombero鈥, 鈥渕illonario鈥, etc., son poseedoras de una normatividad. Esta normatividad consiste en un conjunto de reglas de las cuales los individuos son portadores (no siempre de manera consciente) que permiten identificar que el objeto que se tiene en frente es de hecho el que es y no cualquier otro. De este modo, por ejemplo, identifico que este objeto es una silla porque tiene una determinada forma y sirve para sentarse, etc.

La normatividad que es propia de cualquier cultura en todos sus 谩mbitos despliega modos habituales y comunes sobre c贸mo las cosas son. No es esto pernicioso en s铆 mismo; de hecho, es fundamental que existan un conjunto de modos t铆picos que nos indican c贸mo las cosas son, de modo tal que las pr谩cticas de nuestra vida cotidiana puedan programarse y planearse de manera m谩s o menos rigurosa y fundada. Si no cont谩ramos con reglas, por ejemplo, que nos permitan identificar lo comestible de lo venenoso la humanidad habr铆a desaparecido de inmediato. M谩s all谩 de esto, entendemos que tales reglas tienen un origen hist贸rico y que la estabilidad de estas es reglas est谩 sometida al arbitrio de quienes integran la comunidad. La normatividad de la cultura, estas reglas, se torna problem谩tica, sin embargo, cuando ciertas normas, ciertos imaginarios, ciertas exigencias, ciertas costumbres, interfieren con el bienestar o la libertad de las personas, y se transforman en mecanismos de dominaci贸n, opresi贸n y discriminaci贸n. El sexo y el g茅nero caen dentro de esta descripci贸n.

El g茅nero desde el punto de vista de la cultura (es decir, la norma social, no 鈥渆l g茅nero de un individuo鈥), y aqu铆 estamos necesariamente pensando dentro de los criterios de la cultura patriarcal que combatimos, provee una serie de criterios t铆picos a trav茅s de las cuales los individuos podemos identificar qui茅n es de hecho 鈥渉ombre鈥 o 鈥渕ujer鈥. Ser 鈥渉ombre鈥 o 鈥渕ujer鈥 radicar铆a en c煤mulos de caracter铆sticas y predicados que al reunirse de manera m谩s o menos adecuada nos permiten hablar con mayores o menores dudas de que esta persona que se tienen en frente es un hombre o una mujer. Estas caracter铆sticas son muy variadas y al inspeccionar las normas sociales notamos que radican en cosas tales como la vestimenta, un determinado tipo de cuerpo, un determinado rol en la familia, un cierto tono de voz, cierta vocaci贸n predilecta, una determinada forma de expresar las emociones, etc., etc.

Como constata Judith Butler en El g茅nero en disputa, el g茅nero tiene un car谩cter eminentemente performativo: el g茅nero se act煤a y se lleva a cabo en p煤blico precisamente orient谩ndose por estas reglas de car谩cter social. Solo se pertenece a un g茅nero, nuevamente, razonando desde la l贸gica patriarcal, cuando una persona se presenta en p煤blico personificando una cantidad razonable de predicados propios de un g茅nero y se le reconoce como siendo parte de ese g茅nero. Esta es la manera en la que en nuestra vida cotidiana nos orientamos para designar 鈥渉ombres鈥 y 鈥渕ujeres鈥.

Aqu铆 tenemos que notar que separar el g茅nero del sexo como un componente biol贸gico no resulta justificado porque los elementos que componen el as铆 llamado 鈥渟exo biol贸gico鈥 ingresan muchas veces como criterios para identificar el g茅nero de una persona. Dentro del imaginario patriarcal un hombre o una mujer son pensados como teniendo un rol, vistiendo de una manera, teniendo un tipo de cuerpo y tambi茅n teniendo unos genitales y unos cromosomas: la categor铆a social piensa el sexo y el g茅nero como una unidad: macho en este contexto patriarcal es lo mismo que hombre. Los elementos biol贸gicos tienen una preeminencia particular en la normatividad del g茅nero, pero esa preeminencia tiene tambi茅n una naturaleza social: que ciertas cosas sean establecidas como particularmente relevantes o no es tambi茅n una arbitrariedad de la cultura construida hist贸ricamente.

驴Pero acaso el sexo biol贸gico no era una realidad material inamovible? No realmente. El as铆 llamado sexo biol贸gico es una categor铆a abstracta, social y, por consiguiente, arbitraria, que re煤ne de maneras algo oscuras a ratos un conjunto de criterios para establecer qu茅 es un macho y qu茅 es una hembra. Anne Fauso Sterling ha sido particularmente sofisticada en mostrar esto en Cuerpos sexuados. Lo que releva el car谩cter arbitrario del concepto es que puede haber criterios basados en los cromosomas, criterio basados en los genitales, criterios basados en las hormonas y nunca queda claro cu谩l es realmente preeminente dentro del sexo biol贸gico, sobre todo a sabiendas que esos tres criterios muchas veces no tienden a ser un铆vocos. Aqu铆 tambi茅n chocamos con los bordes de la categor铆a de sexo y de g茅nero. 驴Qu茅 elementos del aspecto f铆sico son realmente pertenecientes al sexo y cu谩les son pertenecientes al g茅nero?, 驴la voz, la forma de las caderas, cierta suavidad de la piel, cierto volumen de vello, la longitud de los dedos 铆ndice, de los pies, el volumen de las gl谩ndulas mamarias, el tama帽o de gluteus maximus o de la manzana de Ad谩n?, 驴esas cosas pertenecen al sexo o al g茅nero?

El intento de mantener estas categor铆as crece a煤n m谩s cuando nos enfrentamos a c贸mo la sociedad trata las aneuploid铆as sexuales. Una persona con una aneuploid铆a sexual es aquella cuyos cromosomas sexuales presenta una anomal铆a respecto a los habituales XX e XY, generando diversos s铆ndromes que, sin embargo, permiten la vida del individuo. Una persona que ha decidido, de manera totalmente arbitraria, sugerir que los sexos est谩n basados 煤nica y exclusivamente en los cromosomas, deber谩 lidiar con dos hechos bastante interesantes. En primer lugar, tendr谩 que asumir que hay m煤ltiples sexos, no solo macho y hembra, basados en los casos de aneuploid铆a sexual (que son por lo menos 50 posibles) y, por otro lado, tendr谩 que asumir que el sexo de las personas es algo que solo se puede conocer mediante an谩lisis gen茅tico, porque no existe ninguna otra manera de acceder al conocimiento de los cromosomas sexuales. Sin embargo, una persona que as铆 operase estar铆a movida por fines ideol贸gicos, porque el asunto en la cotidianidad es diferente. 驴Qu茅 ocurre, por ejemplo, con una persona con s铆ndrome de Klinefelter (XXY)? Desde un punto de vista estrictamente cromos贸mico esta persona no es ni macho (XY), ni hembra (XX). Sin embargo, en la entrada en la cultura estas personas son normalmente socializadas como hombres. 驴Por qu茅? Porque cuando crecen, presentan aspectos asociados convencionalmente con lo que nuestra normatividad de g茅nero nos indica que es un hombre (por ejemplo, tener pene (aunque muchas veces atrofiado)). Aqu铆 se puede generar una guerra entre las personas que est茅n ideol贸gicamente m谩s inclinadas a establecer que el criterio hegem贸nico para definir el sexo son los genitales y no los cromosomas. Sin embargo, notar estas controversias nos revela el car谩cter totalmente no-biol贸gico del concepto de sexo. En efecto, la biolog铆a como una ciencia emp铆rica de hechos puede constatar diversas cuestiones. La biolog铆a puede decir cu谩les son los cromosomas sexuales de una persona, puede hacer una descripci贸n de sus genitales y su infraestructura reproductiva, puede dar cuenta de sus niveles de las distintas hormonas y un conjunto de abundantes datos fisiol贸gicos. 驴En qu茅 momento aparece el sexo? 隆En ninguna parte! El sexo es una categor铆a que selecciona arbitrariamente algunas de esas constataciones biol贸gicas, les pone pegamento (uno que en muchos casos no puede pegarlas bien), crea nuevas categor铆as, las universaliza y presume que pueden atribu铆rsele a todos los individuos. Pero como la categor铆a no deja de ser social y no deja de establecer reglas para la identificaci贸n sexual de los individuos, teniendo en cuenta que en la cultura patriarcal la distinci贸n entre sexo y g茅nero no existe, esta misma es absorbida por el g茅nero. Esta es la raz贸n, por cierto, por la que muchos textos anarquistas queer utilizan la expresi贸n 鈥渟exo/g茅nero鈥 como una unidad.

M谩s all谩 de que estas conclusiones puedan resultar algo desconcertantes, porque ponen en cuesti贸n los conceptos con que muchas personas ingresamos en la teor铆a feminista, nos permiten hacer sentido de la lucha trans con mayor profundidad y, por cierto, con mayor franqueza. La lucha pol铆tica cotidiana en la que persona pro-trans y anti-trans se entrampan, a saber, 鈥渆lla [una mujer trans] es una verdadera mujer鈥 鈥渘o, ella es un hombre鈥, revelan que la normatividad del g茅nero nos ha resultado tan esquiva que tampoco hemos podido ofrecer buenas herramientas para argumentar en favor de la causa trans. La normatividad patriarcal, tan arbitraria y convencional como ella misma es, establece criterios para la identificaci贸n del g茅nero, y esos criterios se basan en una performatividad particular. 驴En qu茅 consiste la lucha trans? En cambiar ese criterio. Igual que much铆simas pr谩cticas culturales que se han construido org谩nicamente en las sociedades a lo largo de su historia se revelan nocivas y se hace un llamamiento expl铆cito a modificarlas, la normatividad de g茅nero patriarcal debe atravesar el mismo destino. La lucha trans, en b煤squeda de detener las situaciones opresivas y da帽inas que ocasiona la cultura patriarcal, plantea un cambio en la norma: que el 煤nico criterio realmente v谩lido para establecer el g茅nero de una persona sea su propia autopercepci贸n o autoidentificaci贸n, o bien, lo que a la persona sencillamente le acomode m谩s. El aspecto preeminente y definitorio para el g茅nero/sexo es, as铆, la identidad de g茅nero.

Si bien este an谩lisis resulta efectivo para entender el estado actual de la causa y la lucha trans, hay que notar que 茅l mismo revela las limitaciones, sobre todo conceptuales, con las que esa misma lucha ha sido pensada.

Avanzando hacia la abolici贸n del g茅nero

Lo que m谩s r谩pidamente llega a la mente cuando la lucha trans es comprendida de este modo es un fen贸meno que aparece en el margen: el no conformismo a las dos categor铆as que la lucha trans eventualmente liberar铆a para ser de libre identificaci贸n. En efecto, aparecen las personas as铆 llamadas 鈥渘o binarias鈥 o 鈥渁g茅nero鈥; personas que en este momento particular en que la lucha trans ha conseguido su objetivo de cambiar el criterio y ha logrado desplazar todo a la autoidentificaci贸n no se identifican con ninguno de los dos g茅neros socialmente disponibles, ni hombre, ni mujer. La lucha trans m谩s tradicional en sus aspiraciones de mantener el edificio conceptual de su propia lucha ha establecido que estos casos han de ser pensados como g茅neros independientes. De este modo, por ejemplo, podr铆amos hablar de que una persona puede identificarse como mujer, hombre o no binaria.

Lo que se acaba de describir hasta ahora resulta una descripci贸n m谩s o menos adecuada del imaginario actual que las personas progresistas y de sectores de izquierda radical tienen sobre el g茅nero y la lucha trans. Pero tenemos que notar las limitaciones de c贸mo se perfila esta lucha. En efecto, resulta dudoso en qu茅 medida 鈥渘o binario鈥 designe un g茅nero si es que solo est谩 construido por la oposici贸n a identificarse con dos categor铆as preexistentes. Pero en realidad las dificultades que hallamos son mucho m谩s hondas de lo que podr铆amos pensar en primera instancia.

Volvamos a nuestro escenario: la lucha trans ha conseguido su objetivo y lo 煤nico que resulta relevante para determinar el sexo/g茅nero de alguien es la identidad de g茅nero. Lo que sin embargo debi茅semos preguntarnos en este contexto es 驴qu茅 significa ser 鈥渉ombre鈥 o ser 鈥渕ujer鈥 ahora que es la autoidentificaci贸n el 煤nico criterio relevante? Hemos eliminado todos los elementos perform谩ticos del g茅nero, por lo que la expresi贸n de g茅nero ya no cumple ning煤n rol en la identificaci贸n del g茅nero de una persona: b谩sicamente alguien puede verse, vestirse, comportarse, manifestarse, expresarse, etc., de cualquier manera y aquello no nos habla de su g茅nero. La exterioridad no nos informa nada de la interioridad, donde estar铆a lo relevante. Pero si ese es el caso, 驴qu茅 significan 鈥渕ujer鈥 u 鈥渉ombre鈥 ahora? Lo que hace que la lucha trans como ha sido pensada hasta ahora est茅 a medio camino entre la din谩mica patriarcal y la liberaci贸n total de los estilos de vida es la asunci贸n de un esencialismo metaf铆sico impl铆cito que ahora se nos hace evidente. La situaci贸n que tenemos frente a nuestros ojos podr铆a sugerir que 鈥渉ombre鈥 y 鈥渕ujer鈥 son en realidad conceptos totalmente vac铆os que no designen nada m谩s que una esencia oculta, 铆ntima y secreta que est谩 dentro de los individuos, pero que no se manifiesta de ninguna manera en particular. Presumir este esencialismo parec铆a necesario pues de lo contrario recaer铆amos en el g茅nero performativo, y nuevamente aparecer铆an los elementos opresivos que est谩n implicados en que alguien se identifique con un g茅nero y no est茅 a la altura de las normas sociales preestablecidas que se exigen para la adecuada personificaci贸n de ese g茅nero.

Los resabios de la norma patriarcal permanecen, sin embargo, dormidos aun cuando la lucha trans consigue su objetivo. Lo anterior pues los imaginarios predominantes en la norma a煤n sirven de gu铆a a los individuos para identificarse, de lo contrario no habr铆a ninguna explicaci贸n de por qu茅 una persona se designar铆a a s铆 misma como no binaria, o incluso por qu茅 una persona se identificar铆a como mujer y no como hombre o viceversa, si esos conceptos no implican nada por s铆 mismos. De hecho, lo que la lucha trans de manera no intencionada ha conseguido con su 茅xito es mostrar que la misma categor铆a de g茅nero, de identidad de g茅nero y de expresi贸n de g茅nero son categor铆as no universales e incluso prescindibles. El no binarismo es la clave. El no binarismo muestra que la categor铆a de g茅nero sigue manteniendo su carga performativa, y por eso la niega. El no binarismo no es un g茅nero, es la negaci贸n del g茅nero: es la afirmaci贸n de que la expresi贸n propia es expresi贸n de la persona misma, de su individualidad y su comodidad. Pero esta conclusi贸n permanec铆a impl铆cita a la lucha trans misma, solo ten铆amos que extraer sus consecuencias.

Nos encontramos con el ideal de la abolici贸n del g茅nero, que el anarcofeminismo queer ha logrado construir a partir de su trasfondo en el transfeminismo y la teor铆a queer. Lo que se ha reflexionado hasta ahora ya nos ha dado algunas pistas. Ante la posibilidad permanente de que el g茅nero implique una divisi贸n entre quienes sienten comodidad con la norma (en t茅rminos de 鈥渆xpresi贸n de g茅nero鈥) y quienes quieren rechazarla extraemos la consecuencia m谩s radical: vamos a abolir el g茅nero como categor铆a social, y todos los conceptos implicados en 茅l. El anarquismo queer en sus pretensiones de abolir toda jerarqu铆a, autoridad y opresi贸n ha comprendido que la categor铆a de g茅nero tiene ella misma un origen patriarcal, y que por consiguiente solo a trav茅s de la abolici贸n la categor铆a misma podremos liberar los estilos de vida. 驴C贸mo luce la abolici贸n del g茅nero? Luce como la gente no binaria: cada persona es criterio de s铆 misma y por consiguiente cada qui茅n expresa su propia individualidad a trav茅s de su cuerpo, su expresi贸n, su manera de hablar, de vestir, su rol social y sexual, etc., etc. Eliminando el g茅nero no solo eliminamos la aborrecible posibilidad de que a alguien escuche el ep铆teto de 鈥渓as personas como t煤 no se comportan as铆鈥, sino que tambi茅n eliminamos la posibilidad de que una persona sea cuestionada por cualquiera sea la decisi贸n que ella tome respecto de su presentaci贸n social. En este sentido, ninguna persona trans pierde nada: todo lo contrario; lo 煤nico que consigue es que cada persona sin excepci贸n pueda vivir como estime conveniente, independiente de lo 煤nico, rebuscado, err谩tico y novedoso que sea el modo en que ha decidido presentarse al mundo.

Lo anteriormente dicho tiene como trasfondo una teor铆a anarquista queer del patriarcado que aqu铆 solo se ha asomado en algunos momentos. Quien a煤n pueda tener escepticismos respectos de la abolici贸n del g茅nero, que se acompa帽a con la b煤squeda sistem谩tica de abolir la orientaci贸n sexual y la norma g谩mica, ha de entender c贸mo las categor铆as sexuales no son naturales, sino que tienen un trasfondo hist贸rico que puede ser cuestionado. En efecto, el patriarcado como estructura de dominaci贸n a trav茅s de los estilos de vida busca la estabilizaci贸n, la fijaci贸n y la esencializaci贸n de las acciones de acuerdo a patrones arbitrariamente delimitados para establecer lo normal y lo anormal. Mucha dignidad hay la reivindicaci贸n de lo anormal, pero la historia ya nos ha demostrado que el camino que atraviesa tal reivindicaci贸n tiende a caer en las pol铆ticas liberales de la identidad y el asimilacionismo, donde algunos elementos hegem贸nicos dentro de la categor铆a anormal (por ejemplo, los hombres blancos homosexuales de clase media) se convierten en normales, excluyendo a煤n m谩s a quienes est谩n en los m谩rgenes y las intersecciones de la norma. Seguir luchando dentro de las categor铆as patriarcales sigue generando que lo fluido, lo marginal, lo et茅reo y lo cambiante tiendan a la estabilizaci贸n forzosa y la fijaci贸n ficticia y solo de palabra. Hacer proliferar decenas de g茅neros nuevos bas谩ndose en sea cual sea la minucia de turno solo porque las categor铆as patriarcales resultan demasiado estrechas muestran que la misma categor铆a falsea la experiencia que las personas tenemos de nosotras mismas, e intenta sobrevivir como una categor铆a moribunda haciendo concesiones. La cultura en su historia posey贸 y poseer谩 m煤ltiples categor铆as sociales que son y ser谩n abandonadas, y si la lucha se hace consiente de la importancia de tales abandonos en nombre de la liberaci贸n total, lo 煤nico que puede esperarse ser谩 que nuestros grados de libertad aumenten conforme avanzamos.

Anexo: la pseudo-abolici贸n del g茅nero del feminismo radical

El as铆 llamado feminismo radical tambi茅n se ha abanderado con el ideal de la abolici贸n del g茅nero, pero resulta claro que la incomprensi贸n de sus exponentes respecto de lo que el g茅nero/sexo significa les impide alcanzar una comprensi贸n adecuada de los asuntos. Ahondemos brevemente en esto.

Popularmente sabemos que el feminismo radical busca la abolici贸n del g茅nero, pero no del sexo. Para esta teor铆a el sexo ser铆a aquella presunta realidad biol贸gica inamovible y eterna que recibe m煤ltiples adornos a trav茅s del g茅nero, pero que siempre se mantiene. Por cierto que el feminismo radical tiene los mismos problemas para determinar exactamente en qu茅 consiste el sexo: si tiene que ver con cromosomas o si tiene que ver con genitales o con cualquier otra cosa. En efecto, resulta muy dif铆cil alegar la opresi贸n hist贸rica de las mujeres basada en el sexo (cosa que les importa sobremanera a las feministas radicales), si el sexo son los cromosomas, y si consideramos que los capadocios, los mongoles y los saduceos no ten铆an acceso a an谩lisis de ADN para determinar a qui茅n oprimir. En este respecto, la argumentaci贸n provista antes respecto de que el sexo es parte del g茅nero permanece v谩lida para blandirla contra el feminismo radical.

Hay, sin embargo, elementos perniciosos de los que hay que hacerse cargo. En efecto, en nombre de evitar el 鈥渂orrado de las mujeres鈥, el feminismo radical busca mantener la distinci贸n binaria basada en el presunto sexo biol贸gico y eliminar los imperativos culturales asociados tradicionalmente al 鈥済茅nero鈥. Sin embargo, ya notamos que la categor铆a de sexo biol贸gico est谩 lejos de ser biol贸gica porque responde, como ya se indic贸, a una selecci贸n antojadiza de descubrimientos de la biolog铆a reunidos de manera poco sistem谩tica y a conveniencia. Si volvemos sobre la controversia entre la lucha trans y la normatividad patriarcal asociada al g茅nero, descubrimos que el feminismo radical se posiciona como un actor adicional de la controversia: han venido a plantear que el 煤nico criterio relevante para establecer la diferencia sustantiva entre hombre y mujer son, por ejemplo, los genitales o los cromosomas. Comprendido de este modo, podemos ver que el feminismo radical no busca abolir el g茅nero, si por abolir el g茅nero se entiende abolir la categor铆a. Muy por el contrario, el feminismo radical lo que quiere es redefinir el g茅nero, bajo un nuevo criterio, esencialista y fijo, y por consiguiente tan patriarcal como el anterior. Las ventajas que inmediatamente salen a la luz respecto de entender las luchas feministas como intentos de resignificar (o eliminar) la normatividad asociada al g茅nero 鈥搕al como hemos hecho hasta ahora鈥, nos ofrece una muy pr铆stina explicaci贸n de la ya bien conocida transfobia del feminismo radical. Dado que hay una controversia respecto del criterio relevante, no resulta sorprendente que el feminismo radical est茅 imposibilitado estructuralmente de entender o solidarizarse genuinamente con la lucha trans, porque finalmente tienen una disputa irreconciliable respecto de la definici贸n del g茅nero. Sin embargo, lo que tambi茅n se nos muestra pr铆stinamente es que el feminismo radical construye su teor铆a respecto de una incomprensi贸n severa sobre lo que el sexo y el g茅nero significan, adem谩s de que realmente no aspira a la liberaci贸n total, sino solo reivindicar a un grupo acotado de personas (las 鈥渉embras humanas鈥) bas谩ndose en un criterio arbitrariamente construido como es el sexo biol贸gico.

Resulta dif铆cil de comprender exactamente en qu茅 se funda la preocupaci贸n de las feministas radicales respecto del 鈥渂orrado de las mujeres鈥 si es que el hecho de ser mujer se sostiene sobre aspectos tan irrelevantes y carentes de profundidad como son los genitales o los cromosomas. Si es que se lograse la presunta abolici贸n del g茅nero en los t茅rminos del feminismo radical, y lo 煤nico que permita distinguir entre categor铆as sexuales sea el hecho de tener vulva o pene, la categor铆a resultar铆a tan superflua que deber铆amos preguntarnos en qu茅 medida est谩bamos resguard谩ndonos del 鈥渂orrado de las mujeres鈥 si ser mujer radica en un hecho tan insignificante al lado de las profundidades a las que pueda aspirar la vida humana. Que se re煤nan las mujeres por ser mujeres se ver铆a como algo tan absurdo y trivial como que se re煤nan las personas de codos secos o de talla 38 de zapato. El borrado de las mujeres ocurrir铆a autom谩ticamente porque, sinceramente, si ser mujer es eso, 驴a qui茅n le importa siquiera ser o no mujer?

Pero no nos enga帽emos. El feminismo radical considera que ser una 鈥渕ujer biol贸gica鈥 concede cierto estatus. Muchas hip贸tesis analizando las construcciones po茅tico-simb贸licas e ideol贸gicas del feminismo radical se pueden hacer para explicar este desvar铆o. Lo que resulta m谩s probable es que, en el fondo, para el feminismo radical ser mujer implique una serie de cosas adicionales al hecho de tener vulva: virtudes conductuales, pureza moral, sociabilidad, destreza, sagacidad, analiticidad, inocencia hist贸rica, etc. 驴Puede justificarse una creencia tal?, 驴o acaso est谩 m谩s cerca de las rancias concepciones que afirmaban virtudes inherentes a los hombres por tener pene? Dec铆dalo usted.

[1] Butler, Judith (1999). Gender Trouble. Feminism and the Subversion of identity. Nueva York: Routledge

[2] Fausto-Sterling, Anne (2006). Cuerpos sexuados. La pol铆tica de g茅nero y la construcci贸n de la sexualidad. Barcelona: Melusina.

[3] Donde encontramos usos de este t茅rmino y donde podemos encontrar una ampliaci贸n de esta misma discusi贸n, v茅ase Stacy aka sallydarity, 鈥淎narcafeminismo y la nuev铆sima 鈥榗uesti贸n鈥 de la mujer鈥, Bugambilia, n掳 1.

[4] Lo que se explica aqu铆 permite comprender en qu茅 medida el no binarismo y el agenerismo son la misma cosa.

[5] La categor铆a donde caen la monogamia, el poliamor, la poligamia, la anarqu铆a relacional, etc.

[6] Volcano, Abbey (2018). 鈥淧olic铆a en las fronteras鈥. Revista cultura social y pensar contempor谩neo. n掳 1, vol. I, pp. 16-24

[7] La categor铆a de 鈥渕asturbador鈥 que se atribu铆a a ni帽os hace unos siglos como una 鈥渃ondici贸n鈥 fue pr谩cticamente abolida con el paso del siglo XX. La orientaci贸n sexual, que surgi贸 pr谩cticamente en la misma 茅poca, perdur贸 sin embargo. Vemos hoy en d铆a que categor铆as como las de 鈥減ecador鈥 est谩n afortunadamente agonizando. Este es el curso de evoluci贸n natural de la cultura. Una discusi贸n muy interesante sobre el car谩cter hist贸rico de las categor铆as sexuales est谩 en la introducci贸n de la obra de Sedgwick, Eve Kosofsky (1998), Epistemolog铆a del armario (Barcelona: Ediciones de la tempestad).




Fuente: Es.theanarchistlibrary.org