September 19, 2021
De parte de SAS Madrid
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Cientos de madrile帽os que buscan una cirug铆a de confirmaci贸n de g茅nero en la sanidad p煤blica se encuentran con un tap贸n causado por la Comunidad de Madrid que est谩 ahogando al departamento que centraliza la atenci贸n, a pesar de un fuerte aumento de la demanda. El doctor Antonio Becerra, fundador en 2007 de la Unidad de Identidad de G茅nero (UIG), encargada de las derivaciones a quir贸fano, denuncia que tras su jubilaci贸n al finalizar 2019, el personal ha dejado de dedicarse exclusivamente a la atenci贸n a las personas trans para atender otras enfermedades endocrinas como la diabetes o trastornos de la conducta alimentaria. Esta reducci贸n del servicio, que est谩 provocando sufrimiento y una oleada de quejas, se ha producido a pesar de que la demanda se ha multiplicado por seis: de 100 nuevos solicitantes al a帽o en 2017 a 600 en 2019, seg煤n Becerra.

“Lo han reducido a una consultilla porque no creen en este tema”, protesta en conversaci贸n con este peri贸dico el m茅dico, que ahora pasa consulta privada y es coordinador del grupo de trabajo sobre identidad en la Sociedad Espa帽ola de Endocrinolog铆a.

La UIG es un peque帽o departamento con una endocrina, dos psic贸logos, una gestora de pacientes y una auxiliar de enfermer铆a. El equipo contaba con dos endocrinos antes de la jubilaci贸n de Becerra. Su sede se encuentra en un s贸tano del Hospital Ram贸n y Cajal de Madrid, una mole de 17 plantas en el norte de Madrid. Ellos controlan una lista de espera que no es p煤blica y que contiene las derivaciones al quir贸fano donde se hacen las cirug铆as, en el cercano Hospital de La Paz. La cola para una primera consulta es de casi un a帽o; para cirug铆as supera en algunos casos los seis a帽os, seg煤n denuncian los pacientes. Una portavoz del Hospital Ram贸n y Cajal responde a este peri贸dico que la lista de espera actual es de nueve a 12 meses, debido al impacto de la pandemia de coronavirus, pero este dato es desmentido por Becerra y una fuente m茅dica cercana a la UIG que pide anonimato para evitar represalias. Tambi茅n lo refrendan asociaciones y pacientes que llevan a帽os en el limbo.

La reorganizaci贸n ha supuesto que el nuevo hombre fuerte en la UIG es el jefe del servicio de endocrinolog铆a del hospital, H茅ctor Escobar Morreale, descrito por varias fuentes que han trabajado con 茅l como un hombre muy conservador, expedientado por acoso laboral a una subordinada. La portavoz del hospital rechaz贸 la posibilidad de entrevistar a Escobar Morreale.

La debilitaci贸n del servicio se produjo cuatro meses despu茅s de la llegada al poder madrile帽o de Isabel D铆az Ayuso, cuyo Gobierno es dependiente de Vox, un partido abiertamente hostil contra los avances en derechos de la comunidad trans. Ayuso anunci贸 este jueves que va a modificar las leyes de g茅nero y protecci贸n contra la LGTBIfobia, cediendo parcialmente a la presi贸n de Vox, que ha pedido derogarlas.

Quienes tienen los hasta 16.000 euros que puede costar una cirug铆a genital y de pecho en la sanidad privada acaban march谩ndose para librarse del atasco en la UIG. Pero los grandes perdedores son pacientes como Haidar Ali Moracho, un chico trans de 23 a帽os en paro y con escasos recursos econ贸micos. Lleva dos a帽os y tres meses de espera en la UIG para una cirug铆a de masculinizaci贸n de pecho. Su experiencia ha sido un tormento debido a que es citado para consultas de seguimiento en las que siente que no se producen avances. El colmo de su descontento se produjo al recibir el pasado junio un volante para una cita en el que la UIG era llamada “unidad de trastorno de g茅nero”, un nombre ofensivo que deber铆a haber sido borrado por completo tras la aprobaci贸n en 2016 de la ley de g茅nero. La endocrina de la UIG Laura Montanez se disculp贸 y le dijo que otros servicios del hospital a煤n no han actualizado la terminolog铆a.

“Da la sensaci贸n de que no tienen inter茅s, ni vocaci贸n, ni formaci贸n”, lamenta Moracho.

Moracho y otros cuatro j贸venes pacientes presentaron en agosto una queja ante el Defensor del Pueblo y la Consejer铆a de Sanidad por el anormal funcionamiento de la UIG. Otras asociaciones que atienden a personas trans confirman el fuerte malestar con la UIG. Cogam ha recibido a lo largo de los a帽os m谩s de 50 quejas y M茅dicos del Mundo, m谩s de 30.

El Gobierno de Esperanza Aguirre caus贸 sorpresa en 2007 cuando anunci贸 la creaci贸n de la UIG. Aquellos eran a帽os de r谩pido cambio social y el PP comenz贸 su t铆mido proceso de apertura. Un a帽o antes el alcalde madrile帽o Alberto-Ruiz Gallard贸n, hab铆a oficiado su primera boda gay. Recientemente, Ayuso ha puesto a la UIG como ejemplo de que Madrid es una regi贸n abierta. Ha presumido en varias ocasiones de que personas trans de otras comunidades ven铆an a Madrid a operarse y ha afirmado que ese servicio era pionero en Espa帽a, lo que no es cierto. La realidad es que Andaluc铆a (1999) o Catalu帽a (2006) fueron m谩s r谩pidas. Eso no ha impedido a los diferentes Gobiernos del PP utilizar este servicio como un medio de propaganda para tratar de demostrar su sensibilidad LGTBI.

Este jueves, Ayuso volvi贸 a sacar pecho por la UIG a la vez que cuestionaba la sinceridad del apoyo de la izquierda al colectivo LGTBI. “[Somos] una comunidad que ha acogido durante m谩s de 15 a帽os a personas de todos los rincones de Espa帽a, a transexuales, que han venido a ser operados de cambio de sexo”, resalt贸 en el pleno de la Asamblea. Desde su origen, en 2007, la UIG ha derivado al quir贸fano a m谩s de 400 personas, seg煤n la portavoz del hospital, que no detalla la procedencia de los pacientes.

Los sucesivos premios de asociaciones LGTBI como Transexualia, controlada por miembros del PP, contribuyeron a generar buena prensa y a dar una idea entre parte del colectivo LGTBI de que las cosas iban bien. Pero seg煤n el hombre que dirigi贸 la UIG desde su origen, el servicio ha estado infradotado durante a帽os y la administraci贸n auton贸mica no le facilit贸 el trabajo. “Me cost贸 mucho reclamar personal desde el inicio”, dice Becerra. Un problema que vio pronto es que hab铆a un cupo de cirug铆as para estos pacientes que nunca era ampliado. “No puedes tener a una persona esperando para una operaci贸n ocho a帽os”, dice 茅l, lamentando el sufrimiento que produce esta demora en una poblaci贸n vulnerable con una tasa de suicidio que es el doble del resto de la poblaci贸n.

Parte del malestar ha trascendido a la prensa en los 煤ltimos a帽os. En 2015, La escritora trans Elizabeth Duval revel贸 en El intermedio que la gestora de pacientes, Mar铆a Jes煤s Lucio, le habl贸 de modo insensible: “Si luego llegas a arrepentirte, en un futuro, lo 煤nico que te queda es tirarte por un puente”. En 2020 relat贸 esta experiencia en su libro Reina. 

Pero las quejas han sido en parte contenidas por Transexualia, que no las ha dado a conocer al p煤blico a pesar de tener conocimiento de ellas. Una portavoz responde por tel茅fono que prefiere no participar en el reportaje.

Las listas de espera fueron un asunto relativamente manejable hasta 2018, pero ese a帽o, cuando se multiplic贸 por cuatro la demanda, todo se puso cuesta arriba. Becerra atribuye a una “moda” este aumento, que tambi茅n se ha dado en otros pa铆ses occidentales. “Son sobre todo mujeres en torno a los 16 a帽os que quieren ser hombre”, dice este endocrino. La visi贸n de Becerra entra en conflicto con la de otros endocrinos que piden que se respete el derecho a la autodeterminaci贸n de g茅nero. Critican que se llame moda o capricho a la transexualidad y hablan de una liberaci贸n de personas que hab铆an estado reprimidas y ahora reclaman sus derechos.

“No s茅 si puedo aguantar”

Las largas colas en la UIG no se han debido solo a la falta de recursos. Desde 2007, Becerra impuso a los nuevos pacientes un per铆odo obligatorio de seguimiento de dos a帽os como condici贸n necesaria para entrar en la lista de espera quir煤rgica. Se supone que el fin es evitar arrepentimientos (un fen贸meno inferior al 0,5% de operados, seg煤n un estudio en Holanda), pero es una etapa desesperante para quien tiene bien clara su decisi贸n o para quien sufre dentro de un cuerpo que no se corresponde con su identidad. Adem谩s, el per铆odo de dos a帽os se impone incluso a quienes inician tratamiento hormonal en otro centro p煤blico, lo que supone que se penalice la atenci贸n por proximidad. La ley no impone ninguna espera y la recomendaci贸n de expertos internacionales es que esa etapa sea de 12 meses.

La gestora de pacientes, Lucio, ha guardado con celo esta directriz incluso en casos extremos como el de Lena Blanco, una chica trans de 24 a帽os. “No hay atajos posibles”, le dijo Lucio en enero del a帽o pasado a la joven. Las dos hablaron sobre las ideas suicidas de la chica, seg煤n se oye en una grabaci贸n de la consulta.

“Yo es que no s茅 si puedo aguantar dos a帽os”, le dice la joven conteniendo sollozos.

“S铆 vas a aguantar, y adem谩s no me digas eso porque entonces yo creo que no est谩s estable y aunque pasaran dos a帽os no te podr铆a derivar”, le contest贸 la gestora de pacientes.

No sirvi贸 de nada que la chica le mostrara dos semanas despu茅s un informe de un psiquiatra del hospital que recomendaba adelantar la operaci贸n debido al sufrimiento que estaba padeciendo.

“Tenemos 贸rdenes expresas de la consejer铆a (de Sanidad)”, zanj贸 la empleada de la UIG con voz hastiada. Hab铆an pasado siete meses desde que Blanco se registr贸 en la UIG para comenzar su tratamiento hormonal. Esa misma noche tuvo un intento de suicidio. Sus mu帽ecas conservan la huella.

“En la UIG se r铆en en tu cara. No les importamos”, protesta la joven en conversaci贸n con este peri贸dico. Como otros pacientes frustrados por las esperas, ha desistido de seguir en la cola de la sanidad p煤blica.

Blanco ya ha hablado con cirujanos privados que le han dado presupuesto y le han garantizado que podr铆a ser operada. Pero ahora est谩 en paro y ahogada por deudas. Ha trabajado como editora de v铆deo pero no encuentra empleo y sobrevive gracias a la ayuda p煤blica para la pobreza y los aportes de otros amigos trans. Este mes una amiga le ha dado 100 euros para completar el alquiler de su habitaci贸n en un piso compartido de Carabanchel.

Lucio, foco de gran malestar, “toma decisiones como le da la gana y la administraci贸n mira para otra parte”, seg煤n su antiguo jefe, Becerra. Este endocrino impartir谩 a partir de finales de mes un curso de Experto en Medicina Transg茅nero para formar y sensibilizar a sanitarios.

“Estamos igual o peor que cuando empezamos en los ochenta鈥

El atasco pone en peligro la salud de muchos pacientes. Susana Linares, una mujer trans de 67 a帽os, fue atendida en urgencias en agosto por la rotura de sus pr贸tesis mamarias, que tienen ya m谩s de tres d茅cadas de antig眉edad. Debe reponerlas debido al riesgo que corre, pero en la UIG le han dado cita para una consulta regular con la endocrina Montanez el 28 de junio de 2022. Se ha ido corriendo a la privada. Por suerte tiene los casi 6.000 euros que cuesta la cirug铆a gracias a que regenta una academia de inform谩tica.

Su vida ha sido pr贸spera y feliz desde que hizo historia en 1987. Entonces, el Supremo la autoriz贸 a inscribir su nuevo nombre en el Registro Civil y, en 1992, otra sentencia de un tribunal inferior conden贸 a la Seguridad Social a financiar sus cirug铆as, que le costaron algo m谩s de un mill贸n de pesetas (6.010 euros).

Ahora este golpe le ha devuelto el mal recuerdo de aquella batalla. “Estamos igual o peor que cuando empezamos en los ochenta, desatendidos por la Seguridad Social. Se habla mucho de ley trans pero todo es un tongo milongo”.

Enlace relacionado ElPais.com (17/09/2021).




Fuente: Sasmadrid.org