May 18, 2021
De parte de SAS Madrid
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Pese al 茅xito de la vacuna, la ocupaci贸n en los centros de mayores no ha recuperado niveles previos a la pandemia.

El 16 de noviembre, Candelas Leal tom贸 una decisi贸n que hizo saltar todo por los aires. Recogi贸 a su madre, de 91 a帽os, de la residencia en la que viv铆a en Valladolid y se la llev贸 a casa, donde la cuida desde entonces. “Hab铆a pasado la covid y la tuvieron un mes tumbada en la cama, sin moverse, sola. Tras superar la enfermedad dej贸 de comer, yo la notaba tan apagada que pens茅 que se mor铆a”, explica. As铆 que fue a buscarla en un taxi. “La encontr茅 sin movilidad, desnutrida, deshidratada, con una infecci贸n de orina. Tomaba 20 pastillas y media al d铆a”. Han sido meses duros, con Leal teletrabajando e ingeni谩ndoselas como puede para atender a su madre, pero ahora la medicaci贸n se ha reducido a la mitad y ya es capaz de levantarse de la silla de ruedas e incluso hacer trayectos cortos con el andador. “Me estoy dejando la vida, pero la he salvado. A una residencia no vuelve”.

La confianza en los centros se ha resquebrajado y en la retina permanecen las im谩genes del horror. Desde que estall贸 la crisis sanitaria han muerto 19.115 ancianos por la covid y otros 10.492 han fallecido con s铆ntomas del virus, cuando no hab铆a suficientes pruebas diagn贸sticas. Ahora, pese a que los contagios y las muertes han ca铆do en picado por la vacunaci贸n y a que comienza a reactivarse el ritmo de ocupaci贸n de las plazas vac铆as, siguen sin alcanzarse los niveles previos a la crisis. Muchas familias retrasan o descartan la decisi贸n de recurrir a una residencia. Y eso obliga a buscar alternativas, como el cuidado en el hogar o contratar servicios externos.

No hay datos para el sector privado, pero las cifras del sistema de dependencia de usuarios de residencias con plazas p煤blicas y concertadas lo corroboran: actualmente hay 159.000 usuarios, lo que supone 12.000 personas menos que en febrero de 2020. Los expertos consultados lo atribuyen al n煤mero de decesos, al par贸n que ha sufrido el sistema el 煤ltimo a帽o y, tambi茅n, a las reticencias de las familias a recurrir a una residencia en plena pandemia. En ese mismo tiempo, los servicios de ayuda a domicilio han aumentado en 7.000 casos, hasta superar los 259.500, y las prestaciones por cuidados en el hogar, un dinero que reciben los dependientes a los que cuida un familiar, en m谩s de 28.000, hasta alcanzar a m谩s de 457.000 personas.

Leal tira sola del carro. Compr贸 una gr煤a, una cama articulada, un motor para la silla de ruedas, contrat贸 un servicio de rehabilitaci贸n. Son varios miles de euros gastados, pero asegura que tiene la suerte de haber podido permit铆rselo. Ahora se plantea contratar a alguien, por tener un respiro, porque la carga no es solo f铆sica, tambi茅n psicol贸gica. Pero insiste en que no se arrepiente. Cumpli贸 50 a帽os un d铆a despu茅s de que su madre recibiera la segunda dosis de la vacuna, mientras se recuperaba. “Sus necesidades emocionales las tenemos que cubrir las familias y las residencias tienen que darse cuenta de eso. No son muebles”, dice.

Como cuenta, desde 2019 ten铆a plaza en un centro p煤blico. “Los problemas llegaron cuando se contagi贸 y no tuve suficiente informaci贸n, estuve nueve d铆as sin hablar con ella, fue horrible, desesperante”. Las asociaciones de familiares hablan del descr茅dito del sector. Las empresas se defienden y aducen el abandono que sufrieron, sin poder derivar a los enfermos al hospital en muchos casos. Pero la mayor铆a reconoce una p茅rdida de confianza.

El resultado es que la atenci贸n recae a煤n m谩s en los hogares, explica la decana de la Facultad de Sociolog铆a de la Universidad de A Coru帽a, Raquel Mart铆nez Buj谩n, que est谩 estudiando el impacto de la covid en los cuidados. “Hay dos tendencias: se han refamiliarizado y se han mercantilizado, es decir, que se contratan servicios de atenci贸n en el hogar, a trav茅s de empresas o de manera informal”, expone.

M谩s rechazos de plazas

La patronal de ayuda a domicilio Asade, que aglutina a 40.000 empleados y trabaja sobre todo con conciertos o licitaciones p煤blicas, no ha notado una subida significativa de la demanda. Sin embargo, varias empresas s铆 notan el repunte. Cuideo, que hace de intermediaria entre familias y trabajadores a domicilio, ha visto c贸mo sus usuarios se han doblado, pasando de unos 4.000 de media al mes antes de la pandemia a 8.000 ahora. La empresa emergente Qida [le铆do cuida] ha triplicado sus servicios, de 250 hace un a帽o a 800. Y Andr茅s Rodr铆guez, director general de Macrosad, que atiende a 11.000 usuarios de ayuda a domicilio en Andaluc铆a, ha visto la demanda subir en un 20%, mientras que en sus ocho residencias ha ca铆do un 10%.

La lista de espera para acceder a una plaza p煤blica ha descendido respecto a antes de la pandemia en ocho regiones que han facilitado datos: seis autonom铆as y las diputaciones de 脕lava y Gipuzkoa. Solo ha aumentado en Extremadura. Parte del descenso se debe, sin duda, a las muertes (el a帽o pasado fallecieron m谩s de 55.000 personas mientras aguardaban por alg煤n tr谩mite de la dependencia), pero los expertos consultados aseguran que los recelos de las familias influyen. En Madrid, la lista ha ca铆do de 6.294 personas en febrero de 2020 a solo 510 en abril. Es el descenso m谩s abrupto.

Varias regiones reconocen que hay familias que no aceptan la plaza que se les ofrece, aunque aseguran que 煤ltimamente la situaci贸n se est谩 normalizando. Pero solo dos han aportado cifras que permitan comparar el n煤mero de rechazos anterior a la pandemia con el actual: Asturias y Catalu帽a. Y demuestran que la situaci贸n no es homog茅nea en todo el pa铆s. Si bien en la primera ha permanecido estable (solo 20 m谩s en 2020 respecto a 2019), en Catalu帽a los recelos son bastante mayores: de las 19.681 personas que esperaban por una plaza p煤blica en enero de 2020, 5.215 hab铆an renunciado al menos una vez a ocuparla (pueden seleccionar tres opciones, por lo que tienen margen). A principios de mayo aguardaban 16.889 usuarios, de los cuales 7.277 hab铆an desistido en alguna ocasi贸n.

Andr茅s Rueda, de la Asociaci贸n de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, se帽ala que “hay 15.000 plazas vac铆as en Catalu帽a: quiere decir que hay oferta y, sin embargo, baja la demanda”. “Se debe a la historia reciente. Las residencias m谩s castigadas por la pandemia, que han salido en los medios, tienen m谩s dificultades para cubrir plazas. Estamos de acuerdo en que hay que cambiar el modelo, pero tardar谩 a帽os, hay que dar pasos antes, como subir las ratios y aportar financiaci贸n”, expone.

Dos de las tres patronales de la dependencia consultadas reconocen que, tras este a帽o, ha existido un problema de p茅rdida de confianza. Aunque las tres insisten en que el sector empieza a recuperarse. Ignacio Fern谩ndez, presidente de la FED (alrededor de 2.000 residencias), explica que llegaron a tener “entre un 15% y un 30% de desocupaci贸n, en funci贸n de las zonas, porque la incidencia ha sido dispar”, y estima que ahora est谩n “entre un 10% y un 20%”. Jos茅 Mar铆a Toro, secretario general de CEAPS (unos 2.000 centros), cuenta que el golpe ha sido elevado, pero cree que la mala imagen no es justa, dado que se vieron solos luchando contra el virus, y en la desocupaci贸n han influido tambi茅n la falta de diligencia de la Administraci贸n y las restricciones impuestas, que hac铆an que los familiares se lo pensaran antes de recurrir a una residencia. Jes煤s Cubero, secretario general de Aeste (unos 400 centros), no ve una p茅rdida de confianza y a帽ade factores como la mala situaci贸n econ贸mica de las familias, “que ha llevado a personas en paro o en ERTE a asumir los cuidados”.

Para las asociaciones de familiares, la crisis de reputaci贸n es indiscutible. “Son un negocio”, critica Mar铆a Jos茅 Rodr铆guez, de Marea de Residencias. Paulino Campos, presidente de la asociaci贸n gallega de familiares Rede y portavoz de La Plataforma, que agrupa a organizaciones de todo el pa铆s, sostiene que en este tiempo los familiares han sentido “p谩nico”. Hay familias que han optado por un cambio de centro “porque muchas marcas se han quedado con el sambenito de la covid pegado a sus instalaciones”, tras unos primeros d铆as de pandemia de “falta de personal, carencia de medios de protecci贸n, no existencia de protocolos, personal no formado ni informado, comunicaciones nulas, irresponsabilidades en las gestiones de aislamientos o sectorizaciones de contagiados y sintom谩ticos, no derivaci贸n a los hospitales, abandono sistem谩tico”, enumera. Define lo ocurrido como “la mayor cat谩strofe humana vivida en Espa帽a despu茅s de la Guerra Civil”.

Enlace relacionado ElPa铆s.com 16/05/2021.




Fuente: Sasmadrid.org