March 31, 2021
De parte de Lobo Suelto
185 puntos de vista


 

Yo amo, sin embargo, el dolor y hasta el remordimiento, porque me devuelven la conciencia de m铆 mismo. As铆 termina de escribir Mansilla su excursi贸n a los ranqueles. As铆 tambi茅n podr铆a haberla empezado: con un elogio de la pasi贸n. La vivencia afectiva es en Mansilla la condici贸n 鈥揺l soporte material y primero鈥 de todo su pensamiento. La raz贸n que despliega cuando escribe tiene por fundamento un cuerpo que vive y sufre. Tiene por fundamento un coraje: asumir su historia, poner en juego lo m谩s propio. Esta audacia, esta especie de imprudencia, lo llev贸 a derribar los consensos pol铆ticos y est茅ticos de su 茅poca. El coraje es lo que le permite a Mansilla se帽alar en la realidad social lo que esta negaba de s铆: la otredad radical encarnada bajo la figura del indio.

Escribir, se dice, es volcar en el papel lo que el paso del tiempo sediment贸 en cada uno. Mansilla da sin embargo un paso m谩s. Su cr贸nica de los ranqueles no es mera condensaci贸n de lo vivido, sino experiencia de un retorno de la experiencia. De su excursi贸n a Leubuc贸, tambi茅n de Europa y Am茅rica; un regreso luego de haber vivido como un marqu茅s en Par铆s y como un guaran铆 en el Paraguay. Ese coronel extravagante, que dice dormir mejor en la pampa que en algunos hoteles porte帽os, no deja de afirmar que la civilizaci贸n y la libertad han arrasado todo. Que aquella barbarie refinada que los doctores llaman civilizaci贸n no es m谩s que una ceguera voluntaria de los grandes centros urbanos.

Es por este motivo que Mansilla emprende su expedici贸n. Para mostrarles a los que se refugian en los barrios cultos de Buenos Aires esas tierras de las que tanto hablan, esa patria a la que tanto dicen amar. Pero tambi茅n viaja para hacer justicia con su propio destino. Su excursi贸n es una venganza contra las clases pol铆ticas que lo excluyeron del lugar que, seg煤n cre铆a, deb铆a ocupar. Es el suyo un coraje con venganza, un arrojo con recelo. Ese entramado de pasiones fuertes, indelebles, le permite iniciar un camino en el que ir谩 destruyendo el imaginario urbano del desierto argentino. A lo largo de su cr贸nica, Mansilla invierte la dicotom铆a inaugurada por Sarmiento, cuestionando la erudici贸n civilizada bajo el fondo b谩rbaro de la experiencia in situ. El tacto, el o铆do, el sabor y el olor de la Tierra Adentro son aquello que el coronel 鈥搎uien se so帽ara a s铆 mismo como el Napole贸n de los ranqueles鈥 se dispone a indagar. Pero no s贸lo eso: indaga tambi茅n el olor y el sabor de los repliegues del coraz贸n ajeno. Hay un m谩s all谩 y un m谩s ac谩 de la geograf铆a; hay un m谩s all谩 y un m谩s ac谩 del coraz贸n. Y es esta doble barbarie, esta doble civilizaci贸n, la que el coronel explora a lo largo del camino.

En medio de la necedad y la necesidad de esta expedici贸n pacificadora, Mansilla cuenta algunas historias. Sus narraciones recuperan las voces de los gauchos cuyas cadencias encuentran un eco simp谩tico en el coraz贸n. Son historias que evocan el aire fresco con el que Mansilla anima, entre mate y mate, el transcurrir de los fogones, que retratan mundos y ambientes que la erudita Buenos Aires del siglo XIX no incorpora en su literatura. Odios, celos, venganzas, miedos; la tristeza de una ceremonia militar donde los 鈥溌resente!鈥 renacen como un alivio en el pecho. Las historias de los gauchos trasladan en su voz la elocuencia del dolor.

No es una ficci贸n, sin embargo, lo que Mansilla relata cuando escribe. Es una cr贸nica. Su pluma no inventa lo artificial. Recoge sabores, aromas y voces. La barbarie, ahora puesta en el m谩s ac谩, se funde con el m谩s all谩 de la civilizaci贸n en una cr贸nica que pareciera, por momentos, rozar el g茅nero fant谩stico. El deseo de ver con los propios ojos aquella tierra que, dicen, se encuentra adentro, se conjuga con las penas y los placeres del d铆a a d铆a. Y as铆 se encuentra con otros mundos dentro del mundo a inspeccionar.

Por eso el coronel se sumerge en aquella prolongaci贸n del coraz贸n que llamamos lenguaje. Quiere aprender todo sobre los ranqueles: sus palabras, sus ceremonias, su numeraci贸n. Mansilla busca en Leubuc贸 lo que Mar铆a Rosa Lojo llam贸 las seducciones de la barbarie: la realidad, la libertad y el placer. Pero no cualquier realidad, ni cualquier libertad, ni cualquier placer. Lucio Mansilla, quien fuera un dandy en Par铆s, disfruta de comer sentado en el piso abrazado, entre eructo y grito, a una comunidad de hombres que no es la suya.

El indio, el gran otro del siglo XIX argentino, no es para 茅l una otredad radical. Esta disruptiva percepci贸n social es la que le permite asumir una de las vivencias fundamentales que atraviesa su excursi贸n: la empat铆a. Esa capacidad de alojar el coraz贸n ajeno en el propio cuerpo es el insumo fundamental del que se sirve Mansilla para relacionarse con la vida ranquel. Le贸n Rozitchner dec铆a que no sabe el que quiere saber, sino el que se atrevi贸 a sentir el sufrimiento ajeno como propio. Esta relaci贸n entre empat铆a y pensamiento nos permite dar un paso m谩s. Dec铆a que en Mansilla, el afecto vivido aparece como condici贸n para el despliegue de sus ideas, para el despliegue de su raz贸n. Podemos agregar ahora que es la empat铆a, en tanto m铆mesis sensible, la que da lugar a su pensar. Hay una participaci贸n afectiva de Mansilla en esa realidad ajena que le permite animar en su cuerpo los misterios del coraz贸n ranquel.

Para que la empat铆a sea posible, para que el afecto imaginado en el otro sea vivido como propio, ese otro no puede ser nunca una otredad radical. Debe ser, con sus diferencias, un semejante. As铆 aloja Mansilla dentro suyo a la vida ranquel. Esta capacidad de hacerse otro es su principal ruptura con la tradici贸n que, a grandes rasgos, podr铆amos llamar sarmientina. Esta ruptura es antes afectiva que ret贸rica, antes sensible que gnoseol贸gica. El indio, al igual que el gaucho, son concebidos como semejantes y, por lo tanto, como seres con las mismas penas y alegr铆as que el coronel.

Las ideas no se matan pero se las deja morir si no hay un cuerpo que las anime. Le贸n Rozitchner dec铆a que para no sentir el dolor ajeno como propio hubo antes que convertir al coraz贸n en una tumba helada donde el cuerpo del otro aparece como muerto. El cuerpo insensible, se帽ala, lleva en sus entra帽as dos muertes: la propia y la ajena. As铆 se constituye una otredad radical: una vida a la que se le neg贸 el cobijo en el propio cuerpo. Una vida que fue asesinada en la imaginaci贸n sensible de cada quien. A partir de esta negaci贸n, las personas pueden 鈥揳 veces los tiempos hist贸ricos lo exigen鈥 seguir adelante sin sentir. Desde que nacemos hasta que morimos, otros respiran el mismo aire que nosotros, transitan por el mismo barro. Para no sentirlos, fue necesario eliminarlos como semejantes en la imaginaci贸n: darle muerte en uno mismo a esa vida c谩lida que el otro encarna.

Hay, sin embargo, cierta ambig眉edad en el modo en que Mansilla empatiza con los ranqueles. Es la inevitable ambivalencia del otro en uno, con sus resonancias y disonancias. Pero, en definitiva, es el resultado esperable del encuentro con alguien que no es visto como una otredad radical, y con el que, sin embargo, tampoco hay una plena identificaci贸n. Los indios ranqueles no son para Mansilla un diverso indiferente ni tampoco un opuesto desde el que se constituye la propia identidad. Es otra la relaci贸n que el escritor, devenido militar, establece con ellos. Sin indiferencia ni oposici贸n, reconstruye en su relato la tensi贸n que le produce el encuentro con esa misteriosa otredad. Ese yo extravagante, erudito y a la vez salvaje, que el coronel elabora con su prosa, es el lugar donde anima la verdad de los ranqueles.

Mansilla, partiendo desde lo m谩s 铆ntimo, supo narrar lo que su 茅poca no pod铆a ver: la belleza l煤cida y misteriosa de la vida ranquel. Recuper贸 situaciones, personajes, costumbres, y les dio una voz. La suya: la voz viril y dulce de Mansilla. En ese ir y venir de vivencias, de silencios y de historias, construy贸 una atm贸sfera suave y fresca que ventila una 茅poca con su lenguaje. El lenguaje en Mansilla no es un recurso, ni un estilo, ni una forma. Es el medio mismo de su pensamiento.

 ***

 En casi dos meses se acab贸 el mundo. Fue en el invierno de 1879, casi diez a帽os despu茅s de la excursi贸n. De aquel universo de historias y misterios no qued贸 ni la tumba de Mariano Rosas. Mansilla, quien hiciera de sus ojos el insumo de su pluma, morir铆a ciego en el civilizado oto帽o de Par铆s.

ENGENDROS. Pedro Yag眉e  // Hecho At贸mico Ediciones




Fuente: Lobosuelto.com