October 3, 2021
De parte de La Haine
300 puntos de vista


Una respuesta a ‘Rialta Magazine’ :: Continuaci贸n real de la revoluci贸n cubana de 1959

La defensa del mon贸logo en tanto negaci贸n del di谩logo es siempre una afirmaci贸n problem谩tica. Se asemeja a algunos postulados que podemos encontrar en pensadores como Jacques Lacan o Derrida, que sostienen la imposibilidad de un encuentro cabal con el otro, algo que falla en la suspensi贸n del yo para abrazar lo real del otro.

Pero en estas ideas el di谩logo es siempre un presupuesto aunque nunca se complete por un problema ontol贸gico. El mon贸logo es, por tanto, una forma de di谩logo, aunque sea incompleto, algo que el escrito 芦Cuba: m谩quinas, di谩logos y l铆neas de fuga禄, de Hilda Landrove, publicado en Rialta el 12 de septiembre, niega.[1] De hecho, aqu铆 opera una oposici贸n abstracta entre di谩logo y mon贸logo.

Al parecer dos preceptos llevan a esta confusi贸n: 1) entender la pol铆tica como teatro, 2) entender el di谩logo como metaf铆sica de la libertad de expresi贸n. El primer caso es evidente a partir de la reiteraci贸n en tres ocasiones del concepto de 芦puesta en escena禄 del di谩logo por parte del Estado cubano y otras fintas menores que enuncian, no solo una desconfianza ontol贸gica hacia todo gesto democr谩tico del Estado, sino la convicci贸n de que se trata siempre de una simulaci贸n. Es decir, al Estado se le acusa de no ser aut茅ntico, pues la autenticidad del di谩logo, para la autora, implica dialogar con los enemigos del socialismo cubano. La 煤nica autenticidad del Estado es, para ella, la de ser un aut茅ntico represor de esa libertad pol铆tica pluralista y chata, condici贸n indispensable para ese 芦di谩logo禄.

Por desgracia para Rialta, pues criterios semejantes hemos le铆do en otros textos,[2] la pol铆tica real no funciona as铆 de simple en ninguna parte, y mucho menos en Cuba. Contrario a lo que afirma el art铆culo, Granma lejos de ser un peri贸dico de mon贸logos, es quiz谩s el m谩s dial贸gico de Cuba, pues no solo cada uno de sus art铆culos o notas son siempre una respuesta a determinada interpelaci贸n –venga esta del pueblo cubano o del gobierno estadounidense–, sino que funcionan, al un铆sono, como orientaciones y aclaraciones a su grande y diverso p煤blico meta, que son los mismos emisores a los que responde. Es decir, Granma es garant铆a de un proceso de comunicaci贸n continuo, ininterrumpido, a veces m谩s violento, expl铆cito o solapado, con m煤ltiples actores. La confusi贸n quiz谩s se deba al hecho de que Granma asume que todos saben a qu茅 se est谩 refiriendo, que todos conocemos aquello que ha negado lo que ahora ella afirma. Boris Groys describe este proceder tomando como ejemplo el r茅gimen sovi茅tico:

芦No por casualidad en esa 茅poca todas las declaraciones oficiales dirigidas contra la propaganda antisovi茅tica empezaban casi siempre con las siguientes palabras: ‘Contra las afirmaciones ampliamente conocidas de fulano o mengano…’, aunque las afirmaciones en s铆 jam谩s se daban a conocer oficialmente. La dirigencia comunista descontaba que cada uno conoc铆a esas afirmaciones desde siempre o que –conforme a la l贸gica total del Materialismo Dial茅ctico– pod铆a inferirlas r谩pidamente por s铆 solo. Por lo tanto, la principal exigencia que se le planteaba al sovi茅tico no era pensar sovi茅ticamente, sino pensar al mismo tiempo sovi茅tica y antisovi茅ticamente; pensar, por consiguiente, en t茅rminos totales.禄[3]

Granma, bajo estos t茅rminos, es dial贸gico, lo cual contradice el hecho de que su accionar editorial se queda muy por debajo de la misi贸n hist贸rica que sobre este 贸rgano impone la Revoluci贸n y el deseo emancipador popular. No obstante, en Granma no se agota el universo comunicacional revolucionario –sea o no estatal– que es profundamente heterog茅neo, y se encuentra atravesado por cientos de contradicciones; una riqueza y pluralidad constitutiva que solo el ojo subsumido en una m谩quina homogeneizadora ser铆a capaz de reducir a mera reproducci贸n al pie de la letra de lo dicho por Granma.

Para decirlo con mayor claridad: Rialta peca todo el tiempo de una homogeneizaci贸n abstracta del Estado –al reino del cual reduce las ideas de Revoluci贸n o socialismo–, como ente que secuestra la diversidad pol铆tica en su cuerpo unitario y no-conflictual. Si a Granma se le puede acusar de producir muchas veces un mundo imaginario, sobre Rialta solo podemos decir que cada vez que incursiona en la pol铆tica cubana es como si se abriera un libro de fantas铆a. Y creo que son muy conscientes de la labor ficticia que realizan.

Por supuesto, en el fondo de estos criterios se oculta una comprensi贸n liberal de un r茅gimen socialista que adolece, seg煤n esta manera de entender, de una gran falta: el pluralismo pol铆tico o la libertad de expresi贸n que solo radicar铆an en la sociedad civil. Pues para el liberal, la ausencia de libertades para la pol铆tica enemiga del socialismo es la ausencia total de libertades. Niegan as铆 la pluralidad pol铆tica contenida en el mundo no-contrarrevolucionario o no-anticomunista. Pero, en el fondo, lo que obvian estos enunciados es la cualidad ling眉铆stica y simb贸lica imperante en los reg铆menes socialistas. En un r茅gimen socialista toda acci贸n humana es un enunciado que significa pol铆ticamente. Una vez m谩s acudo a Groys:

芦En el comunismo sovi茅tico toda mercanc铆a se convert铆a en un enunciado ideol贸gicamente relevante, as铆 como en el capitalismo todo enunciado se convierte enmercanc铆a. Se pod铆a comer, vivir, vestirse como comunista; o como no comunista, o incluso como anticomunista. Por eso en la Uni贸n Sovi茅tica se pod铆a criticar y protestar contra los zapatos o los huevos o las salchichas que se ofrec铆an en las tiendas de la 茅poca de la misma manera que se pod铆an criticar las doctrinas oficiales del materialismo hist贸rico, y con los mismos conceptos. Porque esas doctrinas ten铆an el mismo origen que los zapatos, los huevos y las salchichas: las correspondientes decisiones del politbur贸 del Comit茅 Central del PCUS. Todo lo que era en el comunismo era como era porque alguien hab铆a dicho que deb铆a ser as铆 no de otra manera. Y todo lo que ha sido decidido en la lengua puede tambi茅n ser objeto de una cr铆tica verbal.禄[4]

Se trata de una sociedad en la que 芦el poder y su cr铆tica operan en el mismo medio [el lenguaje]禄,[5] una gran ventaja frente a las sociedades capitalistas, cuyo sujeto definitivo es el capital, ente mudo, por lo que una de las primeras tareas de todo movimiento revolucionario en el mundo capitalista es verbalizar la sociedad, decir sus verdades, y as铆 poder, primero, comprenderla y luego transformarla. Por ello, solo en reg铆menes socialistas un simple murmullo popular puede modificar grandes pol铆ticas estatales.[6] Es decir, mientras el poder del capital se basa en su no verbalidad, la cualidad ling眉铆stica del poder socialista le permite ser sensible a todo enunciado. La noci贸n de m谩quina hegem贸nica en el texto 芦Cuatro m谩quinas hegem贸nicas cubanas y una fuga de utop铆a禄 –nunca se usa el adjetivo 芦abstracta禄– se inserta en esta manera de entender el poder simb贸lico socialista: hace consciente un proceder inconsciente para, una vez 芦verbalizado禄, poder accionar sobre 茅l, transformarlo en un sentido m谩s leal al proyecto emancipador de 1959.

No obstante, nada de esto parece importar ante la exclusi贸n del enemigo del r茅gimen pol铆tico pactado para Cuba, pues el paradigma sigue siendo la inutilidad (m谩s que la libertad) de expresi贸n, y el pluralismo pol铆tico abstracto. Hay un raro deseo por una pol铆tica sin enemigos, en donde todos confluyen con la misma legitimidad. Malas noticias: toda pol铆tica implica una polarizaci贸n, un antagonismo y un m铆nimo de violencia f铆sica y simb贸lica. Por consiguiente, si la violencia es parte constitutiva de la pol铆tica, en su ejercicio existen niveles variados de incomunicaci贸n, de silencios, de fracturas. En tanto la violencia es un invariable, no se dice nada nuevo al afirmar que la pol铆tica es violenta, donde se debe poner el acento es en la cualidad de la violencia.

Digo esto porque es pol铆tica editorial de Rialta 芦descubrir禄 la violencia del Estado cubano, como si fuese el agua fr铆a. No les basta este eximio descubrimiento, por lo cual intentan homologar –esa palabra que le endilgan tanto al Estado– su represi贸n con la de dictaduras militares del mundo dependiente, con lo cual maximizan la represi贸n hasta l铆mites falsos, fant谩sticos, metaf铆sicos. Este ejercicio de homologaci贸n abstracta se conoce en el marxismo como cosificaci贸n, y se basa en la interpretaci贸n del mundo como disposici贸n de cosas igualables en su contenido de trabajo abstracto, con arreglo a su hom贸logo valor de cambio. Lo que se olvida aqu铆 es la otra dimensi贸n: la cualidad de las cosas, su valor de uso, lo concreto en ellas que las hace 煤nicas, variables. Es decir, no basta con entender que todo Estado est谩 sustentado en la violencia, y el Estado cubano no escapa a esta determinaci贸n, hay que investigar la cualidad de esa violencia.

Entonces, la pregunta ser铆a: 驴cu谩l es la cualidad de la represi贸n del Estado cubano? La verdad es que se trata de un ejercicio represivo sustentado fundamentalmente en lo simb贸lico y muy poco en lo f铆sico. Por lo tanto, no se repite en Cuba el triste panorama de las dictaduras militares mudas [o Gobiernos neoliberales] de Argentina o Corea del Sur, que desaparecieron y torturaron sin piedad. Esos golpes, esos disparos, esas pu帽aladas no emit铆an palabra alguna, ni palabra alguna pod铆a salvar a las v铆ctimas, salvo que esa palabra se volviera en fuerza bruta. En el caso cubano prima, en general, la violencia de tipo simb贸lica, lo cual implica una mayor atenci贸n sobre cada acto de violencia f铆sica.

No por azar en Palabras a los intelectuales (https://lahaine.org/aB3g) Fidel defiende la necesidad de intentar siempre convencer a los posibles reaccionarios de no hacer contrarrevoluci贸n, hasta que cayeran en la categor铆a de 芦contrarrevolucionarios incorregibles禄. Es decir, para Fidel ante todo hay una labor hegem贸nica que hacer, y solo es l铆cito recurrir a la violencia en 煤ltima instancia, como 煤ltimo recurso, pues en ello le va la vida al proyecto emancipador. Se puede decir que este principio fidelista no siempre fue aplicado con rigor por el Estado cubano en su devenir, pero nadie puede afirmar con el rigor suficiente que las fuerzas armadas cubanas act煤an con un m铆nimo de desviaci贸n con respecto a este principio de cuidado de las vidas.

Pues, en definitiva, si existe una sociedad ajena al concepto de necropol铆tica, acu帽ado por Achille Mbembe, son las sociedades socialistas, cuya posici贸n con respecto a la vida es llevar la l贸gica del biopoder hasta sus 煤ltimas consecuencias. No hay sociedad m谩s biopol铆tica que una sociedad socialista constituida, con sus constantes atenciones a los distintos par谩metros de los niveles de la vida material, la matriz de consumo, el componente nutricional, el estado ps铆quico de sus habitantes, sus niveles de instrucci贸n, etc茅tera. Solo un ejercicio abierto de cosificaci贸n homologar铆a a una sociedad como la cubana con los reg铆menes de necropoder se帽alados por Mbembe.

Por otro lado, cuando se habla de represi贸n en Cuba se asume que todo su ejercicio se debe a una orientaci贸n estatal. Con lo cual se niega no solo la existencia de 贸rganos diversos con subordinaci贸n mediada al m谩ximo poder del Estado, sino la existencia de formas de lo que Walter Benjamin llama violencia divina. Es este un tipo de violencia explosiva, espont谩nea, ciega, donde el pueblo act煤a con arreglo a su deseo destructor de las disposiciones del orden. Los famosos actos de repudio, por ejemplo, corresponden en general a este tipo de violencia, no eran realizados por comando policial.

Otra l铆nea argumental del art铆culo de Hilda Landrove identifica al Estado con las m谩quinas y postula que sus 煤nicas l铆neas de fuga son los sucesos del 27 de noviembre o los del 11 de julio. La ecuaci贸n m谩quinas=Estado es una consecuencia de la semi-autonom铆a de las m谩quinas que las hace parecer como el Estado mismo. Huelga repetir que estas no son el Estado, pues no solo este es algo superior a la mera suma de las cuatro m谩quinas se帽aladas, sino que posee coagulaciones determinantes como naci贸n, socialismo o Revoluci贸n.

El problema del 11 de julio no es que sea una l铆nea de fuga –posibilidad que podr铆amos encontrar incluso en las m谩s t铆midas pol铆ticas reformistas –, sino la manera en que se monta en viejas m谩quinas, m谩quinas reaccionarias y liberales, que conducen la fuga, como tendencia, hacia afuera del socialismo, no hacia su profundizaci贸n. Esto tiene que ver con la manera en que niegan las m谩quinas, pues en el 11 de julio y sus consecuencias no hay preocupaci贸n por la unidad –a no ser la unidad como reacci贸n al poder estatal– o la continuidad –obsesiones estas de todo movimiento revolucionario–, ni una postulaci贸n del enemigo imperialista o del l铆der comunista. En gran medida el 11 de julio es una explosi贸n de deseo destructivo en las masas, un acontecimiento cargado de negatividad, sin visi贸n de un futuro positivo, cuyo 煤nico sentido es la borradura, no la escritura de algo nuevo.

Lo que escaseaba en los manifestantes opositores del 11 de julio era una conciencia de clase. La conciencia de esas masas revueltas era de un car谩cter subalterno, se basaba en un reconocimiento de la dominaci贸n inmediata, que es siempre la dominaci贸n del Estado-naci贸n. Pero una conciencia de clase ser铆a capaz de alumbrar la dimensi贸n de la explotaci贸n, que desde el surgimiento del capitalismo es un espacio distinto al de la dominaci贸n. Solo una conciencia de clase puede permitir visualizar el sistema mundo capitalista como el mayor enemigo del pueblo, y no al Estado como 煤nico responsable de sus desgracias.

Pero este tipo de acento exclusivo en la dominaci贸n pol铆tica es un efecto de la politizaci贸n intensiva de la vida en los reg铆menes socialistas, cuando se llega a asumir que todo lo que existe es voluntad de un poder consciente, y se olvidan las determinantes econ贸micas –la dependencia, la reproducci贸n impugnada, las presiones imperialistas–. Ni siquiera la expansi贸n del sector privado capitalista y del r茅gimen de precariedad laboral asociado a este –proceso que inicia desde los noventa–, ha levantado este tipo de concientizaci贸n proletaria. Por el contrario, ha acentuado una curiosa disposici贸n del 茅xito-fracaso individual: todo 茅xito es achacable a la voluntad individual, mientras que todo fracaso es atribuible a una mala gesti贸n estatal –en un r茅gimen capitalista el fracaso es tambi茅n responsabilidad del individuo– [7]. Del Estado capitalista nada se espera, mientras que del socialista se espera todo.

La pregunta entonces es 驴qu茅 salida se propone al Estado socialista? En rigor, Hilda Landrove propone una salida estatalista y anti-maqu铆nica, sustituir el actual Estado por otro –que a falta de aclaraci贸n debe ser capitalista– que respete las libertades individuales y oponer al ejercicio de las m谩quinas agenciamientos colectivos –sin especificar el signo pol铆tico, que ya conocemos–. Por supuesto, nosotros apostamos por una l铆nea de fuga distinta, una que hizo su m谩s visible acto de presencia el 29 de noviembre de 2020 bajo el nombre de La T谩ngana.

En su intento de apropiaci贸n de 芦Cuatro m谩quinas…禄, Hilda cita solo un pedazo aislado del 煤ltimo p谩rrafo que debo repetir a riesgo de parecer reiterativo, pues la mayor parte de las cr铆ticas lo han olvidado:

芦Por consiguiente, el reto que imponen las mismas m谩quinas es la posibilidad de imaginar funcionamientos formales distintos y, por tanto, resultados diferentes, en un diapas贸n creativo casi ilimitado que implica combinaciones entre las m谩quinas y su dimensi贸n libidinal. Su prop贸sito era resolver cuatro problemas cruciales para todo proceso revolucionario. Son tan solo la soluci贸n que ha quedado. Tienen su utilidad y destreza, pero son insuficientes, cuando no contraproducentes, para las exigencias reales del proyecto revolucionario. C贸mo lograr su transformaci贸n quiz谩s tenga que ver con un cambio en el organizador de la producci贸n. Me refiero a un momento de expropiaci贸n en el cual la maquinaria deja de ser controlada por el Estado como cerebro organizador de la producci贸n y pasa a ser supervisada por las masas, entendidas como fuerzas productivas de car谩cter colectivo. Un cambio as铆 ofrece la posibilidad de transformar las m谩quinas y su manera de producir, y no solo sus productos, sin renunciar a ellas para lograr hacer la gran pol铆tica que merece el pueblo de Cuba y el proyecto emancipador de 1959.禄[8]

Como se observa, la propuesta de soluci贸n tiene una fuerte carga de poshumanismo emancipador –contrario al libertarismo abstracto que Landrove le atribuye a la cita–. En esto tambi茅n el texto es deudor de la tradici贸n marxista,[9] que ve en el desarrollo industrial de las m谩quinas la posibilidad misma de desligar al trabajador de la necesidad de trabajar para otros, y crear un r茅gimen de automatismo y abundancia capaz de sostener el fin de las explotaciones.[10] Esta condici贸n reproductiva de la vida material es extensible a la vida intelectual: tambi茅n en este 谩mbito son pertinentes y necesarias las m谩quinas, si no inevitables. No creo en la ilimitada capacidad prometeica del humano, son indispensables las m谩quinas para todo proyecto emancipador. Es en este sentido en que me refiero a la necesidad de transformarlas, no eliminarlas, pues son maneras de facilitar el trabajo intelectual, formas de operativizar en concreto dif铆ciles concepciones que en ocasiones poseen un alto vuelo filos贸fico formal.

Ahora bien, la cualidad emancipadora de las m谩quinas se encuentra en dos condiciones: 1) arrancarlas del reino de lo inconsciente para hacerlas conscientes –pues toda emancipaci贸n supone una grado m铆nimo de consciencia– y 2) ponerlas a disposici贸n del sujeto popular –es eso lo que denota la palabra expropiaci贸n, que no es nunca destrucci贸n sino el uso por otro sujeto para otros fines–. Pero ese momento de expropiaci贸n, que es una forma de apropiaci贸n, abre aun otra posibilidad m谩s radical no asumida en 芦Cuatro m谩quinas…禄: la de una incorporaci贸n de la m谩quina al cuerpo mismo de las masas, como una especie de pr贸tesis o ciborg. No el proletario en tanto aut贸mata, no la sustituci贸n del humano por la m谩quina, sino el proletario con m谩quinas incorporadas y puestas a disposici贸n de la emancipaci贸n colectiva.

Si el Estado es el Estado de la Revoluci贸n, las m谩quinas son revolucionarias, en tanto inscritas en el orden simb贸lico que llamamos Revoluci贸n y, en cuanto tales, no es l铆cito para ning煤n revolucionario abandonarlas. La misi贸n hist贸rica para todo aquel que ponga su lealtad en el proyecto emancipador abierto en 1959 es, no tanto provocar un cambio de contenido de producci贸n o de m谩quinas, sino una variaci贸n formal liberadora en ellas, un giro emancipador que provoque un cambio cualitativo en el proceso productivo. La propuesta es un maquinismo libertario que canalice el esfuerzo cognitivo y permita sostener la energ铆a revolucionaria y el deseo comunista en la lucha de larga duraci贸n.

Mientras tanto, puesto que toda idea de poscapitalismo es siempre marginal y secundaria, nunca sobra pensar la posibilidad de una m谩quina Utop铆a que sostenga nuestros t铆midos y ocasionales agenciamientos futuristas. Para m铆, dicha m谩quina solo tiene sentido como continuaci贸n real de la revoluci贸n cubana de 1959 y solo puede asumir, a falta de otro mejor, el nombre de comunista.

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Notas

[1] Landrove, Hilda. 芦Cuba: m谩quinas, di谩logos y l铆neas de fuga禄. En Rialta, https://rialta.org/cuba-maquinas-dialogos-y-lineas-de-fugas/.

[2] Quien lo dude consulte de inmediato los muy pol茅micos y esclarecedores ensayos de Ra煤l Escalona 芦La f谩bula de los ap贸stoles: necropoder y sacrificio en el discurso reaccionario cubano禄 (9 de marzo de 2021, https://medium.com/la-tiza/la-f%C3%A1bula-de-los-ap%C3%B3stoles-necropoder-y-sacrificio-en-el-discurso-reaccionario-cubano-c9fd8d7c75f5) y 芦Libertad, anti-totalitarismo y opresi贸n: las mutaciones del discurso reaccionario ante el 11 de julio禄 (23 de agosto de 2021, https://medium.com/la-tiza/libertad-anti-totalitarismo-y-opresi%C3%B3n-las-mutaciones-del-discurso-reaccionario-ante-el-11-de-cdb689608619), publicados en La Tizza.

[3] Groys, Boris. La posdata comunista. Buenos Aires: Cruce Casa Editora, 2015 [2007], trad. Griselda M谩rsico, pp. 54-55.

[4] 脥dem, p. 12.

[5] 脥dem, p. 11.

[6] Es lo que sucedi贸, por ejemplo, con el caso del aumento de la tarifa el茅ctrica a inicios de 2021, subida de precios que el murmullo popular espont谩neo logr贸 aminorar en considerable medida.

[7] Bauman, Zygmunt. 芦Comunismo: post-mortem禄. Praxis International 10:3/4 Octubre 1990 & Enero 1991.

[8] Ver https://link.medium.com/b3sqgoU0cjb

[9] Es oportuno se帽alar que la imaginer铆a industrial asociada a palabras como 芦m谩quinas禄, 芦maquinaria禄, 芦instrumento禄 o 芦herramienta禄, empleadas para explicar fen贸menos sociales, se encuentra arraigada al lenguaje marxista desde sus or铆genes. Por ejemplo, al Estado se le llama maquinaria y al marxismo herramienta de lucha, por no decir nada sobre la gran expansi贸n terminol贸gica asociada a lo digital. No son dominio exclusivo de Guilles Deleuze y Felix Guattari, aunque quiz谩s a ellos corresponda la consagraci贸n m谩s evidente de su dimensi贸n libidinal como m谩quinas deseantes en el Anti-Edipo y obras posteriores.

[10] Ver, entre otros, Marcuse, Hebert. Eros y Civilizaci贸n. Londres: Abacus, 1972.

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Fuente: Lahaine.org