November 26, 2020
De parte de La Haine
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Diego Armando Maradona y Eduardo Galeano compart铆an una admiraci贸n mutua que no tem铆an manifestar, hecho que se puede comprobar en diferentes declaraciones p煤blicas y en las m煤ltiples referencias al astro argentino que el escritor uruguayo plasm贸 en sus obras. 

Una de las m谩s resonantes y recordadas aparece en su libro Cerrado por F煤tbol (2017), en el cual Galeano describe al “10” como 鈥渆l m谩s humano de los dioses鈥, una definici贸n que ya hab铆a adelantado en el programa Los d铆as de Galeano.

Una imagen de la tristeza en La Boca poco despu茅s de que se conociera la muerte de Maradona.

Maradona se convirti贸 en una suerte de Dios sucio, el m谩s humano de los dioses. Eso quiz谩s explica la veneraci贸n universal que 茅l conquist贸, m谩s que ning煤n otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanch铆n, borrach铆n, trag贸n, irresponsable, mentiroso, fanfarr贸n鈥, dec铆a Galeano.

En ese mismo fragmento, el escritor uruguayo hac铆a referencia al precio de la fama y el 茅xito que debi贸 soportar Diego, por ser el mejor de la historia del f煤tbol: 鈥淧ero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. 脡l nunca pudo regresar a la an贸nima multitud de donde ven铆a. La fama, que lo hab铆a salvado de la miseria, lo hizo prisionero鈥, agreg贸 Galeano.

Su libro “El f煤tbol a sol y sombra” (1995), biblia imprescindible para quienes defienden que deporte y letras pueden convivir, incluye ocho relatos en los que aparece Maradona.

En uno de ellos, “Gol de Maradona”, narra un tanto del que fuera t茅cnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata cuando integraba los equipos infantiles de Argentinos Juniors, en 1971.

“El n煤mero 10 de Argentinos recibi贸 la pelota de su arquero, esquiv贸 al delantero centro del River y emprendi贸 la carrera. Varios jugadores le salieron al encuentro: a uno se la pas贸 por el jopo (tup茅), a otro entre las piernas y al otro lo enga帽贸 de taquito. Despu茅s, sin detenerse, dej贸 paral铆ticos a los zagueros y al arquero tumbado en el suelo, y se meti贸 caminando con la pelota en la valla rival. En la cancha hab铆an quedado siete ni帽os fritos y cuatro que no pod铆an cerrar la boca”.

Pero, sin duda, es “Maradona” el relato que mejor disecciona al futbolista y sus circunstancias, su choque frontal con el poder y hasta la carga de ‘ser’ 茅l.

“El estaba agobiado por el peso de su propio personaje. Ten铆a problemas en la columna vertebral, desde el lejano d铆a en que la multitud hab铆a gritado su nombre por primera vez. Maradona llevaba una carga llamada Maradona, que le hac铆a crujir la espalda”, detalla Galeano, que agrega: “No hab铆a demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios, pero desde el principio supo que era imposible dejar de hacerlo”.

Quiz谩 el m谩s emotivo relato dedicado a Maradona sea “El parto”, de “Bocas del tiempo” (2004).

All铆 cuenta el nacimiento de Diego Armando y explica que su madre, do帽a Tota, “encontr贸 una estrella, en forma de prendedor”, en el suelo del hospital cuando fue a dar a luz. “La estrella brillaba de un lado, y del otro no”, narra Galeano en una m谩gica f谩bula de lo que luego ser铆a su vida. “Esa estrella de plata y de lata, apretada en un pu帽o, acompa帽贸 a do帽a Tota en el parto. El reci茅n nacido fue llamado Diego Armando Maradona”, concluye.

La exito铆na es una droga much铆simo m谩s devastadora que la coca铆na, aunque no la delatan los an谩lisis de sangre ni de orina鈥, concluy贸 el escritor en el conmovedor video.

En vida, cada uno de ellos era declarado fan谩tico del otro. Los un铆an ideales, pensamientos que defendieron siempre. 

En 2015 cuando 鈥渆l 10鈥 supo que Galeano hab铆a muerto le dedic贸 un c谩lido mensaje: 鈥淕racias por luchar como un 5 en la mitad de la cancha y por meterles goles a los poderosos como un 10. Gracias por entenderme, tambi茅n. Gracias, Eduardo Galeano: en el equipo hacen falta muchos como vos. Te voy a extra帽ar鈥.

Este 25 de noviembre pasar谩 a la memoria de los argentinos por la muerte de Maradona. Lo que muchos cre铆an imposible finalmente sucedi贸 en el mediod铆a de este mi茅rcoles. 

Por eso, es necesario recordar el d铆a que Galeano cay贸 a sus pies.

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Fuente: Lahaine.org