February 19, 2021
De parte de Arrezafe
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–Ya
que eres un político –dijo Cicerón sonriendo–, ¿por qué no me
dices qué es un político?


–Un
farsante
– respondió Graco secamente.


–Por
lo menos tú eres franco.


–Es
mi única virtud y es extremadamente valiosa. En un político la
gente la confunde con la honestidad. […] hay mucha gente que no
tiene nada y un puñado que tiene mucho. Y los que tienen mucho
tienen que ser defendidos y protegidos por los que no tienen nada. No
solamente eso, sino que los que tienen mucho tienen que cuidar sus
propiedades y, en consecuencia, los que nada tienen deben estar
dispuestos a morir por las propiedades de gente como tú y como yo y
como nuestro buen anfitrión Antonio Cayo. Además, la gente como
nosotros tiene muchos esclavos. Esos esclavos no nos quieren. No
debemos caer en la ilusión de que los esclavos aman a sus amos. No
nos aman y, por ende, los esclavos no nos protegerán de los
esclavos. De modo que mucha, mucha gente que no posee esclavos debe
estar dispuesta a morir para que nosotros tengamos nuestros esclavos.
Roma mantiene en armas a un cuarto de millón de hombres. Esos
soldados deben estar dispuestos a marchar a tierras extrañas,
marchar hasta quedar exhaustos, vivir sumidos en la suciedad y la
miseria, revolcarse en la sangre, para que nosotros podamos vivir
confortablemente y podamos incrementar nuestras fortunas personales. 

Los campesinos que murieron luchando contra los esclavos estaban en
el ejército, en primer lugar, porque habían sido desalojados de sus
tierras por los latifundistas. Esas tierras, ahora cultivadas por
esclavos, los convirtieron en miserables que murieron para mantener
intactas dichas tierras. Por lo que nos vemos tentados a asegurar que
todo esto es una reductio ad absurdum. Porque debes considerar
lo siguiente, mi querido Cicerón: ¿Qué perderían los valerosos
soldados romanos si los esclavos vencen? En verdad, ellos los
necesitarían desesperadamente, ya que no hay suficientes esclavos
para trabajar adecuadamente las tierras. Habría tierras de sobra
para todos y nuestros legionarios lograrían aquello con que sueñan,
su parcela de tierra y una pequeña casita. No obstante, marchan a
destruir sus propios sueños, para que dieciséis esclavos
transporten a un viejo cerdo obeso como yo en una cómoda litera.

       Del libro Espartaco, de Howard Fast

http://vozobrera.org/periodico/wp-content/uploads/2016/04/espartaco.pdf




Fuente: Arrezafe.blogspot.com