April 30, 2022
De parte de Nodo50
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La ministra Margarita Robles en una visita a la Base de Submarinos de la Armada en Cartagena, el pasado lunes. MINISTERIO DE DEFENSA

En 1521, las Cortes de Navarra elevaban una protesta a la Corona: la Inquisici贸n 鈥攄enunciaban鈥 se hab铆a instalado en Tudela y no en la capital del reino, Pamplona; y para algunas causas, se consultaba a Zaragoza. Antes, en 1518, los s铆ndicos de Teruel hab铆an formulado una queja similar: 驴por qu茅 se los vinculaba a Valencia, siendo aragoneses? Castilla y Arag贸n se hab铆an unido ya, Navarra hab铆a sido ya conquistada; la soberan铆a de Carlos I se extend铆a por toda la pen铆nsula ib茅rica, salvo Portugal, pero se trataba de una uni贸n solo formal: los viejos reinos manten铆an sus fueros e instituciones. Hab铆a una excepci贸n: el Santo Oficio. El Consejo de la Suprema era el 煤nico con jurisdicci贸n sobre todos los reinos y no sent铆a 鈥攅scribe Bartolom茅 Bennassar en Inquisici贸n espa帽ola: poder pol铆tico y control social, de 1984 芦preocupaci贸n particular por las fronteras pol铆ticas interiores de las Espa帽as: Orihuela, en el reino de Valencia, depende del tribunal de Murcia, que est谩 en Castilla. Alfaro y Agreda, aunque castellanas, dependen de Zaragoza禄.

Espa帽a tuvo, en efecto, en la Inquisici贸n su primer pegamento; el Estado espa帽ol se construy贸 a partir de ella, con ella y la Corona como esqueleto. Se construy贸 recio, s贸lido. Y se construy贸 con 茅xito. Hay un adagio que dice que Italia es una naci贸n exitosa y un Estado fallido, y a Espa帽a le sucede al rev茅s: es una naci贸n fallida en un Estado exitoso. No es del todo cierto, porque la construcci贸n nacional espa帽ola no ha sido tan fallida como se tiende a pensar; pero s铆 lo es, en todo caso, que la naci贸n para s铆 quisiera, en estos pagos, la robustez del Estado. Para s铆 la quisiera tambi茅n el Estado italiano, con respecto al cual pueden hacerse comparaciones ilustrativas y, por ejemplo, la de la infiltraci贸n profunda de la mafia en las instituciones de all谩 y la eficacia judicial con que, en Espa帽a, se acab贸 con el intento de lograrla para s铆 del narco gallego o el gilismo. En Italia, nunca acab贸 de construirse el puente de Mesina, proyectado desde hace lustros para unir Sicilia con la pen铆nsula, en parte por la seguridad de que los fondos que a 茅l se destinasen acabar铆an en manos de la Cosa Nostra y la 鈥楴drangheta. En Espa帽a, jam谩s se ha dejado de construir una sola autopista, puente o aeropuerto que a alguien se le ocurriese en alg煤n momento. Y ha habido corrupci贸n: mucha, much铆sima, toda la del mundo. Pero ha habido la corrupci贸n que el Estado ha querido permitir y amparar, no la que no ha sido capaz de evitar.

Tambi茅n hab铆a corrupci贸n en la Inquisici贸n. Pero esta no dej贸 de cumplir eficazmente su papel; uno que no era tanto matar o torturar como vigilar, y sobre todo, hacer sentir vigilados. Tras unos primeros lustros de terrorismo desatado contra los criptojud铆os, la labor del Santo Oficio pasar谩 a consistir ante todo en lo que Bennassar llamaba pedagog铆a del miedo, y Juan Ignacio Pulido, Inquisici贸n difusa; un conjunto de estrategias de amedrentamiento que iban desde la presencia cotidiana de su personal en las calles (calificadores, confesores, predicadores, comisarios, familiares鈥) hasta la cuelga de sambenitos en las parroquias. La llovizna fina de la advertencia m谩s que el chaparr贸n ocasional del Terror. El dominico Francisco Pe帽a escrib铆a en su reedici贸n de 1578 al Manual de inquisidores de Nicolau Eimeric, de 1324, que la 芦finalidad primera del proceso y de la condena a muerte no es salvar el alma del acusado, sino procurar el bien p煤blico y aterrorizar al pueblo. Ya que el bien p煤blico debe situarse mucho m谩s por encima de cualquier consideraci贸n caritativa por el bien de un solo individuo禄.

El prop贸sito, aquel bien p煤blico por el que Pe帽a clamaba, era que todo un orden social permaneciese atado y bien atado. Y no dejar谩 de serlo, cuando la Inquisici贸n sea abolida a principios del Diecinueve, para aquel recio Estado, que s铆 sobrevive b谩sicamente intacto a los estallidos fundacionales de la edad contempor谩nea, y lo hace hasta hoy.

Cuando uno escudri帽a debajo de las alfombras de la historia reciente de Espa帽a, se da cuenta de que, turbulenta como ha sido, la nota predominante en ella no es la crisis, sino la continuidad. Ha habido revoluciones y guerras civiles en la contemporaneidad aciaga de este reino (como, por otra parte, las ha habido en todas partes); pero nunca ha habido un hachazo profundo que seccionase aut茅nticamente las arterias del viejo orden. Todo fue cambiando para que todo siguiera igual; los cambios de r茅gimen han sido aqu铆 vistosos pero cosm茅ticos, y siempre han acabado por consistir en una mera apertura de los salones y las alcobas de la ilesa nobleza vieja a una nobleza nueva pujante.

Espa帽a no particip贸 en las dos guerras mundiales y eso la libr贸 de las transformaciones profundas que significaron para las potencias combatientes: para las derrotadas, a las que se castiga con la defenestraci贸n y la disoluci贸n de sus castas, pero tambi茅n para las vencedoras, que no dejan de ser pasto de una destrucci贸n, material e inmaterial, tras la cual se acomete una reconstrucci贸n durante la cual las clases populares exigen compensaciones contantes y sonantes a su tributo de sangre en las trincheras. Ser谩 different Spain. Habr谩 aqu铆 momentos de Terror con te may煤scula, pero nunca se abatir谩 sobre el arcaico establishment espa帽ol, que solo habr谩 un momento en que sienta aut茅ntico miedo; miedo cuyo resultado ser谩 un genocidio con seiscientas mil v铆ctimas, tras el cual la 茅lite vieja, victoriosa una vez m谩s, premia a sus aliados de la nueva con el timbre codiciado del ennoblecimiento: en el l铆mite m谩s esperp茅ntico, el ducado de Fenosa concedido por Franco a Pedro Barri茅 de la Maza. Fenosa: Fuerzas El茅ctricas del Noroeste, Sociedad An贸nima.

Seguir谩, despu茅s, corriendo la historia y volver谩 a suceder que el franquismo se termine sin terminarse. En 1975, sobre el lecho de muerte del s谩trapa anciano, vuelve a sonar la hora de la cosm茅tica gatopardesca. No hay juicios de N煤remberg para este fascismo; no se levantan los adoquines de su orden socioecon贸mico: solo se los relustra con una vistosidad, ya desconocida para la mayor parte de los espa帽oles, de carteles electorales, octavillas, sondeos, m铆tines, anuncios que anuncian que habla el pueblo y suyo es el ma帽ana. 芦Hemos olvidado la guerra, pero no la Victoria禄, dice Torcuato Fern谩ndez-Miranda en el funeral de Carrero Blanco. Olvidada la guerra, la jerarqu铆a franquista abre las puertas del poder legislativo a los derrotados del treinta y nueve, pero no olvida la Victoria, y se cuida de que el poder judicial permanezca en manos de, y tan solo en manos de como sea posible, los asesinos de Juli谩n Grimau, Enrique Ruano y Salvador Puig Antich.

Un PSOE continuista

En cuanto al ejecutivo, parecer谩 ser aquel en que se verifique el cambio m谩s profundo: su monopolio absoluto, durante catorce a帽os, por el partido de Pablo Iglesias y Largo Caballero; la huelga general del diecisiete y la revoluci贸n del treinta y cuatro; la resistencia republicana. Y sin embargo, tambi茅n aqu铆 pesar谩 m谩s la continuidad que la ruptura, y tal vez pese m谩s, de hecho, que en los otros dos poderes.

Un dato triple y elocuente traza, en negativo, los contornos de la trampa:

1) El PSOE ser谩 la socialdemocracia europea que menos tiempo tarde, desde la liberaci贸n del r茅gimen dictatorial de su pa铆s, en conseguir una mayor铆a absoluta.

2) Lo har谩 en el pa铆s con la segunda dictadura m谩s larga del continente, despu茅s de Portugal.

Y 3), lo har谩 como un partido esencialmente nuevo, aunque tome 鈥攜 se esfuerce en tomar, batalla judicial mediante鈥 las siglas y los s铆mbolos de uno viejo.

Tan nuevo como Estados Unidos con respecto a las sociedades ind铆genas de Norteam茅rica, si seguimos el juego de una met谩fora luminosa de Pedro de Silva: la de la corriente interna Izquierda Socialista como la 芦reserva india禄 del PSOE; el estrecho redil en que quedaron confinados los defensores del PSOE republicano y marxista tras la masacre de Wounded Knee que fue para ellos el ciclo comprendido entre Suresnes y los dos congresos de 1979, de los cuales emerge un partido cuya cosmovisi贸n tendr谩 menos que ver con la de Rodolfo Llopis o Luis G贸mez Llorente que con la de Jos茅 Luis Arrese o Laureano L贸pez Rod贸.

El PSOE obtendr谩 202 esca帽os en 1982, y mantendr谩 la mayor铆a absoluta dos legislaturas m谩s y aun despu茅s de decepcionar a la clase trabajadora espa帽ola hasta el punto de enajenarse el apoyo de UGT, porque no solo recibir谩 votos de izquierda, sino que ser谩 correctamente percibido por una vasta masa de conservadores y liberales de derecha como la nueva FET y de las JONS, agrupaci贸n apresurada y ca贸tica de fuerzas dispares en torno a un caudillaje carism谩tico al servicio de lo que la casta espa帽ola necesita en ese preciso momento: una neoliberalizaci贸n del pa铆s cuya pantalla izquierdista confunda a sus v铆ctimas y merme sus fuerzas. No la ruptura con, sino la continuaci贸n m谩s pl谩cida del franquismo; y no, desde luego 鈥nos autocitamos鈥, del 芦franquismo de la Cruzada, la Victoria, la autarqu铆a y el b煤nker, pero s铆 [鈥 del] de los 鈥淴XV A帽os de Paz鈥, el desarrollismo, las bases americanas, el 鈥減ropietarios, no proletarios鈥 de Arrese, un europe铆smo sin antifascismo de suecas en bikini y desmantelamiento industrial, la letan铆a del todos fuimos culpables en una guerra entre hermanos, el enriquecimiento f谩cil y turbio禄. Pueden a帽adirse a esta lista el terrorismo de Estado, las patadas en la puerta de Jos茅 Luis Corcuera y una represi贸n antiobrera con heridos y muertos como los de Reinosa. Y hasta la construcci贸n autoritaria de pantanos, que ahora conocer谩 el valle leon茅s de Ria帽o.

Al frente de todo esto, una 茅lite nueva: la beautiful people cuyo representante m谩s esclarecido ser谩 el Miguel Boyer que case con Isabel Preysler y se instale en una mansi贸n cuyos once cuartos de ba帽o la har谩n ser conocida popularmente como Villa Meona; hombres 鈥攄escrib铆a Haro Tecglen en 1988 en un art铆culo desgarrado sobre la generaci贸n b铆fida, escrito tras la muerte de su hijo鈥 que 芦acuden a los besamanos de los obispos, comen langostinos, llevan pianos a sus despachos, tienen moquetas [鈥, tienen escoltas, compran fraques, usan Visa Oro, viajan en Concorde, eligen trajes y corbatas de buen pa帽o y buena seda, tienen asesores de imagen, cambian de esposas en busca de la riqueza, la elegancia o la popularidad [y] segregan unos seguidores que crean a su imagen y semejanza 鈥攍ealtad y langostinos鈥 y que ocupan los vigorosos puestos delegados del poder禄. La escena de siempre se ha representado una vez m谩s: una nobleza nueva germinada en las asambleas universitarias y las manifestaciones del antifranquismo (el joven Boyer daba charlas sobre el socialismo autogestionario) ha completado su refundici贸n con la aristocracia vieja de un pa铆s convertido orgullosamente por aquel Gobierno en aquel en el que 鈥攃omo presume el ministro Solchaga鈥 es m谩s f谩cil hacerse rico.

Velar por que todo siga atado y bien atado

El 谩rbol centenario del Estado sobrevive y se refuerza y lo hace tambi茅n su parte profunda, que casi mejor habr铆a que adjetivar de tel煤rica: la Santa Inquisici贸n se llama ahora GAL en su parte torturadora y CESID en la vigilante, y su velar por que todo siga atado y bien atado consiste en pincharle el tel茅fono a Julio Anguita, garantizar que B谩rbara Rey calle sus revolcones con Juan Carlos I o arruinar con filtraciones infundiosas la reputaci贸n a Josep Borrell despu茅s de que le gane, impulsado por la izquierda del partido, unas primarias a Joaqu铆n Almunia, el candidato bendecido por la Curia felipista.

Todo debe seguir, tambi茅n, atado y bien atado en el interior del PSOE; partido que 鈥攃omo dec铆a Jos茅 Mart铆nez Guerricabeitia, fundador de Ruedo Ib茅rico鈥 tom贸 el Estado a la vez que era tomado por 茅l. Y se sabr谩 conseguir aun sobreponi茅ndose a acontecimientos inesperados como el triunfo electoral de Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero, aupado a la secretar铆a general del partido por mor de una carambola de enemistades internas en el 35潞 Congreso, en 2000: todos los candidatos ca铆an muy bien a unos y muy mal a otros; el desconocido Zapatero no ca铆a mal a nadie, y unos votos del sindicato minero asturiano SOMA para evitar que saliera elegido Jos茅 Bono hicieron de 茅l, con solo nueve sufragios de ventaja, el campe贸n de la hora.

Otro acontecimiento fortuito, los atentados del 11-M y las mentiras del Gobierno Aznar, lo lleva despu茅s a la Moncloa. Y desde all谩, lanza un proyecto doble: renovar, a la vez, la imagen de Espa帽a y la del PSOE; abrir las portillas de la reserva india y permitir que los confinados en ella 鈥攑oquitos ya鈥 se desperdiguen por todo el territorio, devolvi茅ndole al partido, si no el marxismo, si no literalmente la Rep煤blica, al menos un sentimiento de conexi贸n estrecha y de tributo hacia el PSOE que los defend铆a. No lo lograr谩 por varias razones entre las que se cuentan la indisposici贸n a ayudarlo del Grupo PRISA, la fuerza de la derecha medi谩tica o la propia precariedad de su triunfo interno, que lo obliga a componendas con el viejo aparato; los Bono o los Rubalcaba, quien ser谩 su sucesor. Uno que, soldado sol铆cito de la preservaci贸n de las ataduras, prolongar谩 en 2014 el mandato al que ya ha decidido renunciar cuando la Corona le requiera quedarse: Juan Carlos I va a abdicar, Felipe VI lo va a suceder, eso va a reactivar en alguna medida el debate republicano y hace falta un PSOE comprometido con la Monarqu铆a para garantizar que el tr谩nsito se produzca sin sobresaltos; PSOE mon谩rquico que no est谩 garantizado si un Eduardo Madina u otro candidato republicano se hace con el mando del partido.

El felipismo pierde batallas en ocasiones, a veces con estr茅pito, pero siempre gana la guerra, como siempre la gana, en la historia de Espa帽a desde hace quinientos a帽os, el Estado del cardenal Cisneros y el inquisidor Vald茅s Salas; mochila vigorosa que hoy descansa sobre las espaldas de Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. El affaire Pegasus es en este momento el 煤ltimo fotograma del 煤ltimo episodio de la historia que aqu铆 hemos pretendido contar. Episodio que comienza con el rostro funerario de Susana D铆az tras su derrota ante Pedro S谩nchez en las primarias de 2017, despu茅s de una campa帽a que arroj贸 la imagen de la candidata andaluza guarnecida por el pante贸n veterotestamentario al completo, con Gonz谩lez y Guerra, Rubalcaba y Zapatero; pero prosigue con Pedro S谩nchez defenestrando a quienes lo apoyaron y devolviendo cargos y prebendas a aquellos que, antes, lo hab铆an defenestrado a 茅l; asunto sorpresivo del que las malas lenguas malician lo siguiente: anhelando un poder omn铆modo, S谩nchez se desprende de todos aquellos que conservan redes clientelares propias, caso de Jos茅 Luis 脕balos, y no ve inconveniente en recuperar a quienes ya no las tienen, y ahora son inofensivos y est谩n dispuestos a regresar con el rabo entre las piernas, porque fuera de la pol铆tica hace mucho fr铆o.

El asunto Pegasus no perjudicar谩 a este S谩nchez, que podr谩 perder votos por su izquierda, pero los ganar谩 en el espacio que, a su derecha, ahora le disputa un Alberto N煤帽ez Feij贸o que hace campa帽a cont谩ndole a Bert铆n Osborne que fue votante de Felipe Gonz谩lez, y lo volver铆a a ser. Pero s铆 perjudicar谩 gravemente a un Unidas Podemos y una Yolanda D铆az que ven acumul谩rseles los sapos que tragar, y a quienes ello provoca indignaci贸n a su alrededor y trifulcas disolventes en su interior, que arruinan ya la potencia del efecto Yolanda. Un UP menguado y desactivado, jibarizado hasta los niveles de la vieja Izquierda Unida, y un PSOE refelipizado con 150 esca帽os no es un escenario improbable para las pr贸ximas generales.

El cambio sin cambio del gatopardismo espa帽ol se habr谩, entonces, reeditado; reanudado se habr谩n de nuevo los prietos nudos, cinco veces centenarios, de su bien atada atadura. Para el viaje de derrotar a este Estado tel煤rico con Ione Belarra y Pablo Echenique al frente del asedio, pueden dejarse en casa las alforjas.




Fuente: Lamarea.com