February 20, 2022
De parte de ANRed
307 puntos de vista

La pensadora feminista boliviana llegó al Perú para presentar su libro “Feminismo Bastardo”, una tesis que habla de despatriarcalizar los estados y que centra su mirada en los diferentes feminismos latinoamericanos. Por Lucia Castro ( Diario Femenino)


María Galindo, la gran pensadora boliviana, llegó al Perú, a La Casa de la Literatura Peruana para presentar su libro â€œFeminismo Bastardo”, un escrito en donde presenta sus tesis sobre los feminismo de América Latina y cómo estos deben romper con el sistema actual. Asimismo, propone una forma de lucha feminista que se centre en la calle.

¿Por qué un feminismo bastardo?

En muchos sentidos, el feminismo se ha manejado de forma demasiado tradicional que en vez de una enunciación de los feminismos, es la condición de ser mujeres. Yo creo que ese es un lugar, simplificador, pequeño y escaso. Es un corset, prácticamente, que ha sido capturado por un status quo, porque ser mujer no quiere decir nada, es solo un dato biológico.

Al mismo tiempo, el neoliberalismo nos ha introducido una domesticación, donde el lugar de enunciación es la identidad, entendida como un lugar fijo y estanco. Determinado por un conjunto de limites. Por un ejemplo, “soy indígena”, un lugar de enunciación; “soy afro”, un lugar de enunciación, etc.

Lo que hago yo con el feminismo bastardo es construir un lugar que es un abismo. Un lugar de enunciación que no es identitario, un lugar de enunciación que pretende romper con esos marcos identitarios de legitimidad, es decir, un lugar entre. Nunca eres solo india, solo mujer o solo afro ¿Dónde ponemos a la “cuate” que es india, gorda y discapacitada?

Por otro lado, a mí me interesa mucho el bastardismo como una apertura de una corriente filosófica, política y foránea en un lugar mal llamado América Latina, porque no es América ni es Latina, sino el culo del mundo. En lo bastardo, yo planteo la violencia como origen, como lugar de la historia, la necesidad de resolver los racismo, y castigo corporal de lo que vivimos a partir de la interpretación y la necesidad traumática de negar la violación como origen. Por eso me declaro la hija de la violada y el violador.

Bajo lo que tú mencionas, ¿Cómo percibes el feminismo en Latinoamérica?

Yo hablo de muchos feminismo que no son posibles de catalogar como más validos o menos válidos unos respectos de los otros. Yo planteo una visión de conjunto de feminismo que implique feminismo en pluralidad. Exijo la ampliación de la noción de pluralidad a la totalidad de feminismos, eso quiere decir, que si hay 20 feministas en un espacio, hay 20 feminismos. Porque el feminismo es una especie de bricolaje, que lo aprendes tú, no es un aprendizaje en un master de género que te cuesta 4.000 euros y que te lo da la Universidad de Barcelona.

El feminismo es una lectura muy personal y directa. Esa es una lectura mucho más sólida, por eso a mí me gusta hablar de un feminismo intuitivo. Yo creo que sobre estos feminismos interesantes y fabuloso, hay dos problemas. Uno es la necesidad de construir un horizonte en que confluyamos. Por otro lado, tenemos la ofensiva que, a través de la “onegisación” del escenario de la luchas de las mujeres y la introducción de “empoderación” de la mujer, por ejemplo, ha defendido una candidatura fascista como la de Keiko Fujimori. “Ah, porque es mujer”, eso es solo un dato biológico.

Tenemos que separar este escenario plural de lo que es la imposición neoliberal de género, quitarnos el corset eurocentrado que nos impone el paradigma del derecho de las mujeres. Porque con la excusa de lucha por los derechos de las mujeres, las mujeres blancas y de clase alta van agarrando espacios de poder y visibilidad. Tenemos que separarnos de ahí y proponer un enfoque antisistémico de transformación social.

En tu libro planteas la “despatriarcalización” y justo con lo que mencionabas acerca de la transformación, ¿crees que el feminismo debe enfocarse en este cambio antes que la lucha por derechos?

Totalmente. La despatriarcalización es una tesis construida y escrita por mí, en el proceso constituyente boliviano, que fue plagiada con abuso y violencia por parte del gobierno de Evo Morales. La lucha por derecho de las mujeres y la despatriarcalización son proyectos antagónicos. La despatriarcalización es la afectación de estructuras de poder patriarcal, y el paradigma de derecho de las mujeres parte de la vista colonial, racial y ecocida, que lo único que le falta es incluir mujeres.

Esta despatriarcalización no funciona sin la descolonización, van de la mano, ya no puede realizarse uno sin el otro. Además, nos enfrenta a un nuevo sujeto que es más que el mujeres vs. hombres, sino en el que todas las aristas de la complejidad social entran en juego.

María Galindo: “Las mujeres de esta parte del mundo estamos en un proceso de sublevación”

Esto me parece muy interesante porque, a pesar de que se están incluyendo leyes con “enfoque de género” en los Estados, hasta ahora, los cambios no se sienten. No hay una correcta fiscalización. La cifra de feminicidios sigue siendo la misma.

La ley no se cumple porque, primero, tiene un carácter retórico, meramente discursivo. Segundo, porque tiene un carácter balsámico, porque calma el conflicto político entre cuerpo de las mujeres y patriarcado, porque se responde jurídicamente a algo que es político. Pero, sobre todo, no se cumple la ley porque tu cuerpo no es digno de esa ley. Cuando matan a una joven de la clase alta blanca, ahí hay policías, hay juez, hay sentencia carcel, hay movilización. Cuando matan a una trabajadora sexual, es un cuerpo desechable que va a la crónica roja, porque su cuerpo no es digno de la ley.

A partir de lo que mencionas, que solo el Estado legisla en género para calmar el conflicto, ¿cómo desde el feminismo debemos ver al Estado? ¿Qué relación deberíamos tener con él?

Yo creo que hemos adolecido a través de la tecnocracia de Estado en que los feminismos son estadocéntricos, donde lo que se hace es pedir una ley o pararse en frente del Gobierno y pedir unas cuantas diputadas, sin atribuirse la fuerza de interpelar la estructura. Desde mi punto de vista, creo que es muy importante generar imaginarios, formas de lucha que no sean estadocéntricos, sino que sean “callecéntricos”, por decirlo de alguna manera.

Las mujeres entendemos que la calle es el único escenario de las democracias – en este mundo mal llamado América Latina– donde se tienen que generar diálogos propios. No es que tú tengas que dialogar con la sociedad a través del Estado, porque sino tienes a alguien que siempre te tiene que traducir. La lucha social es la construcción de lenguajes y de una nueva semántica que el Estado no entienda.

Ahora yo no digo que hay que dejar al Estado en paz, lo que yo estoy diciendo es No al Estadocentrismo, No a hablar el idioma del Estado, porque cuando tú hablas tu propio idioma – y en eso yo soy testigo – y este no te entiende, se pone muy ansioso y no te puede traducir. Eres como un jaboncillo que se le escapa de las manos y tu lucha resulta mucho más interesante.

Concuerdo. Por ejemplo, en Perú, pasó que teníamos primero a Anahí Durand, que se identificaba como feminista, en la cartera la Mujer y, por decisiones de Castillo, pasamos a Katy Ugarte que tenía un discurso más conservador.

Me encanta el ejemplo que has puesto porque este es muy ilustrativo del hecho físico, ya que para el Estado una mujer es equivalente a otra mujer, a pesar de que una vaya colgada de una biblia y la otra, de otro ideario político. A Castillo le da lo mismo poner lo mismo una que otra, y no lo digo por racismo o porque él no entienda nada. Es que hay cosas que a él no le interesa entender. Él no es él, sino que es un resultado de un proceso de destitución de una élite racista y colonial, que tiene que saber respetar.

Exacto porque, desde espacios feministas, se apoyó a Castillo, ya que se entendió que Keiko Fujimori, a pesar de que usaba el discurso de “empoderamiento” de la mujer, traía un discurso vacío de este.

Estoy de acuerdo, porque varias autoras hemos explicado los mecanismos a través de los cuales las mujeres representamos el soporte principal del patriarcado, desde nuestro trabajo de crianza gratuito, trabajo doméstico gratuito que traducimos como amor y formar de complicidad con estructuras patriarcales. Entonces hay que desmitificar que el patriarcado es hombres vs. mujeres, sino es una construcción histórica que hay que develar cómo esta construida.

Por ejemplo, ¿cómo esta construido el patriarcado peruano? Por supuesto que Keiko Fujimori es figura destacada del patriarcado peruano, pero también Castillo, aunque uno y otro no equivalgan lo mismo, y esto representa un doble desafío para repensar para las mujeres peruanas. Si ustedes comprendieron muy bien que Castillo era un opción de destitución de élites coloniales y racistas, hoy le toca a Castillo comprender que ese proceso de destitución no es suyo, sino un gigante bloque cultural y político del que las feministas somos parte.

Para volver un poco al tema de despatriarcalización, ¿cómo contemplas que este debería incluirse en la lucha feminista y qué tarea pendiente tenemos en esta?

Con el proceso de despatriarcalización, yo planteo que sucede en tres estructuras. La primera estructura es un proceso que está sucediendo ahorita y que simplemente no le hemos dado nombre y cuerpo. Las mujeres de esta parte del mundo estamos en un proceso de sublevación a gran escala, por eso nos están matando. Todos los días las noticias dicen “la mataron porque no se defendió”, nunca dicen “la mataron porque fue a la Policía, esta no les hizo caso y no la creyó digna”. Váyanse al cuerno.

Otro ejemplo. Yo soy catedrática y cuando entro a una clase, digo: “Levanten la mano las hijas de exitosas empresarias o periodistas”, y ni una levanta la mano. Cuando digo: “Levanten la mano las hijas de cocineras, ambulantes, de comerciantes que no han terminado la primaria”, todas levantan la mano. Pero qué están haciendo ahí estudiando sociología, antropología o filosofía. Cómo le explican a su madre que de la venta de gelatina tienen que pagar una carrera abstracta que no les va dar dinero. Entonces, yo le llamo a todo eso el proceso de despatriarcalización y que está sucediendo.

Por otro lado, este escenario necesita una lectura política y cultura. Necesitamos generar estos discursos como este en el Feminismo Bastardo y otros aportes más de otras autoras. Además, creo que tenemos la tarea pendiente de hilvanar un bloque popular que confluya las identidades y discursos feministas.

Sobre la autora

Galindo se describe como étnicamente bastarda, socialmente abajista, GLTB (Gorda, lesbiana y terca boliviana), intelectualmente monumento arqueológico y cocinera de oficio. No obstante, también es una conocida escritora, activista y artista que ha publicado decenas de libros y escribe artículos y ensayos en medios académicos e independientes que se publican en diversos países del mundo.

Fuente para DDF: Enrique Stola publicada en La República





Fuente: Anred.org