July 31, 2021
De parte de Paco Salud
480 puntos de vista


Mar铆a Silva Cruz, Mar铆a 鈥淟a
Libertaria鈥

Autor: Jos茅 Luis Guti茅rrez Molina

De los afectados por la matanza de
Casas Viejas en enero de 1933 Mar铆a Silva Cruz fue la que alcanz贸 mayor
popularidad. Si todos vieron cambiadas sus vidas la suya lo fue a煤n m谩s. Tanto
que tres a帽os m谩s tarde hasta la perdi贸. Durante unos meses de 1933 su nombre
estuvo en boca de media Espa帽a: en las del pueblo com煤n, en las de jueces y
autoridades, en las de periodistas y pol铆ticos y en las de literatos y poetas.

Seg煤n los libros de la iglesia de
Nuestra Se帽ora del Socorro de Casas Viejas, Mar铆a naci贸 al mediod铆a del 20 de
abril de 1915 y fue bautizada dos meses despu茅s, el 6 de julio, con los nombres
de Mar铆a del Socorro, Josefa de la Sant铆sima Trinidad. Datos que se contradicen
con los del Registro Civil en el que fue inscrita como nacida dos d铆as antes,
el 18 de abril, y dos horas despu茅s, a las dos de la tarde. Sus padres eran
Mar铆a Cruz Jim茅nez y Juan Silva Gonz谩lez y tuvo siete hermanos: Catalina nacida
en 1917, Carmen, en 1919, Francisco, en 1921, Juan, en 1923, Manuel, en 1925,
Antonia, en 1927 y Jos茅 quien, nacido en 1929, muri贸 pocos meses despu茅s. Su
madre era hija de Francisco Cruz Guti茅rrez, un carbonero conocido como
鈥淪eisdedos鈥 por tener ese n煤mero de dedos en manos y pies, y Catalina Jim茅nez
Esquivel. Su padre era hijo de dos vecinos de Guaro, en la provincia de M谩laga,
afincados en Casas Viejas.

La infancia y adolescencia la pas贸 en
las Alg谩mitas, en la finca 鈥淶apatero鈥, donde la familia Cruz se dedicaba a
hacer carb贸n. Una econom铆a llena de dificultades que ten铆a que completarse con
otras fuentes de ingresos. Como trabajar en la siega de la cosecha o emplearse
de criada interna. En la de los Su谩rez lo hizo la viuda del hijo de Catalina
Jim茅nez. A ella iba a veces una peque帽a muy t铆mida a la que llamaba la atenci贸n
los grifos y los materiales de las paredes. Ni unos ni otros los ten铆a en la
choza en la que viv铆an. Era Mar铆a.

Entre ocho y diez a帽os vivieron all铆.
Durante ellos murieron de gripe los dos hijos de Catalina Jim茅nez. Fue otra
muerte la que decidi贸 a Francisco Cruz a instalarse en la aldea: la de Antonio,
el primog茅nito. Por esas fechas Catalina Jim茅nez tambi茅n enferm贸. Entonces
鈥淪eisdedos鈥 dijo que no quer铆a llevar m谩s muertos hasta Casas Viejas y se
fueron a vivir a la aldea. Ser铆a 1928 o 1929. Un traslado que se realiz贸 por
etapas. Primero 鈥淪eisdedos鈥 con los ni帽os mayores, entre ellos Mar铆a que se
hab铆a criado con su abuelo y en el pueblo continu贸 viviendo con 茅l. Esa fue la
raz贸n por la que el 11 de enero se fuera a la choza de su abuelo antes que a la
de sus padres.

Aunque Casas Viejas era un peque帽o
pueblo la vida de Mar铆a cambi贸. Antes hab铆a recibido instrucci贸n por parte de
su abuela y, a veces, de algunos de los maestros que sol铆an recorrer los campos
ofreciendo sus servicios. Cuando llegaron sab铆an poco m谩s que las primeras
cartillas. Fueron a la escuela durante un tiempo donde tampoco aprendieron
mucho. La maestra se preocupaba de que conocieran el catecismo y encargarles
faenas dom茅sticas. Su mejor maestra fue su abuela Catalina Jim茅nez. Ella le
introdujo en las ideas libertarias ley茅ndole novelas, como las que editaba la
familia Montseny en la colecci贸n La Novela Ideal. Se sentaban por la noche en
torno a una vela y, durante horas, les le铆a.

Con quince o diecis茅is a帽os comenz贸 a
relacionarse con los muchachos que o铆an las historias que les contaban quienes
hab铆an vivido los a帽os anteriores a la dictadura de Primo de Rivera y conocido
c贸mo el primer sindicato creado en la poblaci贸n hab铆a desaparecido tras el
suicidio de su presidente Gaspar Zumaquero. Uno de ellos era Juan Estudillo, un
zapatero vegetariano, fundador del primer sindicato y tesorero desde 1933, que
era hermano de la madre de Manuela Lago, una de las mejores amigas de Mar铆a.

Se ha discutido si Mar铆a ten铆a ideas
anarquistas o simplemente era una joven que se vio arrastrada por unos
acontecimientos que le otorgaron un papel de revolucionaria que no ten铆a.
Seguramente en ambas afirmaciones tienen algo de verdad. Era una joven que
ocupaba su tiempo en las faenas que le encargaba su madre y ayud谩ndole a coser.
Pero tambi茅n era la muchacha que o铆a a su abuela leer novelas anarquistas,
ten铆a a familiares en los comit茅s del sindicato y se reun铆a con otras j贸venes
tambi茅n cercanas al mundo 谩crata. Pertenec铆an a la CNT su padre, Juan Silva, su
t铆o, hermano de su padre, casado con Sebastiana otra hija de 鈥淪eisdedos鈥, y sus
t铆os maternos Francisco y Pedro Cruz. Este 煤ltimo fue vocal del comit茅.

Adem谩s, perteneci贸 al grupo de mujeres
libertarias que, con el nombre de 鈥淎mor y Armon铆a鈥, formaban una decena de
j贸venes entre las que se encontraba su hermana Catalina Silva Cruz, su prima
Catalina, Manolita Lago, Francisca Ortega y Ana Cabezas.

Un grupo cercano a los j贸venes de las
Juventudes Libertarias que se reun铆a en el local sindical y paseaban juntas por
la plaza principal de Casas Viejas. Uno de esos muchachos era Antonio Caba帽as
Salvador, 鈥淕allinito鈥. Era de m谩s edad y mayor formaci贸n y vivencias que sus
compa帽eros. Fue quien anim贸 a Mar铆a y a sus amigas a formar el grupo anarquista
y comenz贸 鈥渁 salir con ella鈥. En la primavera de 1932 ambos protagonizaron un
incidente.

Paseaban por la Alameda en compa帽铆a de
Manuela Lago, su hermana Catalina y otras amigas. Mar铆a llevaba al cuello un
pa帽uelo rojo y negro. Por la plaza tambi茅n estaba el guardia civil Manuel
Garc铆a Rodr铆guez, un veterano acostumbrado a otros tiempos y actitudes.

La visi贸n de la jovencita alardeando
de los colores de los revolucionarios le pareci贸 una provocaci贸n. Se dirigi贸 a
la joven y le orden贸 que se lo quitara. La muchacha se neg贸 y entonces de un
manotazo se lo arranc贸. Parece que Mar铆a respondi贸 con una bofetada y que
Garc铆a, entonces, le amenaz贸 dici茅ndole: 隆me las pagar谩s, Libertaria! A partir
de entonces comenz贸 a conoc茅rsela con ese apodo. Parece claro por tanto que,
antes de enero de 1933, Mar铆a ten铆a una militancia libertaria de la que no se
escond铆a. As铆 que no extra帽a que la ma帽ana del d铆a 11 de enero de 1933, tras la
proclamaci贸n del comunismo libertario en el pueblo, paseara por las calles
portando una bandera rojinegra y una pistola que le hab铆a entregado un vecino y
estuviera, como otras j贸venes libertarias, llevando comida, agua y realizando
labores de enlace entre los diversos puestos que hab铆an establecido los revolucionarios.

Cuando la fuerza entr贸 en el pueblo
Mar铆a se refugi贸 en la casa de su abuelo. Como hicieron otras ocho personas:
鈥淪eisdedos鈥, sus hijos Pedro y Francisco, su yerno Jer贸nimo Silva, Josefa
Franco y sus hijos Francisco y Manuel, y Manuela Lago. Desde que comenz贸 a
disparar la ametralladora Mar铆a, con Josefa Franco, Manuel Garc铆a y Manuela
Lago, estuvo en la peque帽a habitaci贸n trasera. Ninguno esperaba que incendiaran
la choza. Cuando comenz贸 a arder se refugiaron en la cocina gritando e insultando
a los guardias. Fue entonces cuando Mar铆a y su primo Manuel Garc铆a Franco
salieron. Los guardias dudaron lograron escapar. Menos suerte tuvieron Manuela
Lago y Francisco Garc铆a Franco. Al salir fueron acribillados. Mar铆a y Manuel
rodearon la choza, se escudaron en la burra y se dirigieron a su casa donde
estaban su madre, su padre, enfermo en la cama, y sus hermanos. Cuando la choza
del abuelo se derrumb贸. Muertos de miedo se fueron a casa de su abuela
paterna.Llevaba el pelo quemado, la ropa manchada de sangre y hay familiares
que aseguran que Mar铆a result贸 herida en una pierna por una bala.

Amanec铆a cuando lleg贸 la patrulla que
se llev贸 al padre de Mar铆a al matadero. Su hermana Catalina y Mariana Lago, al
o铆r los cercanos disparos, se acercaron hasta los restos de la choza y vieron
la carnicer铆a. Entonces todos decidieron huir al campo. A la llamada 鈥淭orre de
los Vela鈥 o 鈥淐ortijo Benalup鈥, la construcci贸n musulmana de donde procede uno
de los nombres del pueblo. Dos d铆as permanecieron alojados en los establos
junto a otros familiares. El s谩bado 14 volvieron al pueblo, a la casa de la
abuela paterna. Ante ella, unas horas m谩s tarde, unos guardias civiles se
presentaron y detuvieron a Mar铆a. Llov铆a a c谩ntaros y se la llevaron a la
administraci贸n de correos a esperar al coche para Medina donde iba a comparecer
ante el juez. Le acompa帽aron su t铆a Sebastiana y su hermana Catalina. Ambas
vieron como un guardia le dio un empuj贸n cuando quiso protegerse del agua y
tuvo que esperar moj谩ndose. Cuando lleg贸 el autob煤s, esposada y entre dos
guardias subi贸.

Mar铆a Silva ingres贸 en la c谩rcel de
Medina para responder de las noticias que iban apareciendo en la prensa sobre
su actuaci贸n. En el interrogatorio al que la someti贸 el juez lo neg贸. No hab铆a
participado en la insurrecci贸n, ni paseado por las calles con la bandera
confederal y una pistola y no hab铆a estado en la casa de su abuelo. Hab铆a
permanecido todo el d铆a junto a su madre y familiares en su casa de donde no
hab铆an salido. Los rumores s贸lo eran invenciones de la Guardia Civil y de gente
del pueblo que la quer铆a mal. Sin embargo periodistas del Diario de C谩diz y ABC
la entrevistaron y pusieron de manifiesto las contradicciones de sus
declaraciones. Pero su figura iba adquiriendo, cada vez m谩s, un car谩cter 茅pico.
No s贸lo para los anarquistas, sino tambi茅n para una poblaci贸n impactada por la
monstruosidad de lo ocurrido.

Para la derecha era el prototipo del
revolucionario. El periodista Julio Romano la present贸 como una 谩crata
furibunda que, cuando conoce el comienzo de la revuelta, exclama, con una
sonrisa, que ya era hora de que pudiera satisfacer su deseo de hacerse un
rosario de cabezas de ricos. El anarcosindicalismo y otras muchas personas
quedaron cautivados por la figura de la superviviente del incendio y representante
de aquellos campesinos rebeldes. La joven publicista Hildegart, muy famosa
entonces, escribi贸 un art铆culo en el que convirt铆a a Mar铆a en el s铆mbolo del
revolucionario generoso, una Mariana Pineda del siglo XX, enfrentada al r茅gimen
republicano convertido en un tumor que era preciso sajar. Su supervivencia la
convert铆a en un 鈥測o acuso鈥 permanente contra quienes no hab铆an hecho otra cosa
que perfeccionar el ejercicio de la represi贸n.

Las clases populares la hicieron suya
inmediatamente. A finales de febrero se celebraron los carnavales. En diversas
localidades andaluzas se cantaron coplas referentes a los sucesos que, en alg煤n
caso, protagoniz贸 Mar铆a. Como las de 鈥淟os Racionalistas鈥 de Carmona (Sevilla),
que la hac铆an depositaria de la memoria de 鈥淪eisdedos鈥 y revolucionaria que
vengar铆a las muertes y mantendr铆a encendida la llama del ideal anarquista.
Otra, de la cercana Alcal谩 de los Gazules (C谩diz), tambi茅n la hizo s铆mbolo
acusador de un gobierno responsable de lo ocurrido.

Tampoco pudieron escapar a la
fascinaci贸n de su figura periodistas, literatos y poetas. Eduardo de Guzm谩n y
Ram贸n J. Sender elevaron a Casas Viejas a la categor铆a de mito con sus
reportajes en los diarios madrile帽os La Tierra y La Libertad. Sender, retrat贸 a
una 鈥淢ariquilla鈥 que le铆a a sus vecinos los panfletos anarquistas que recib铆a
su abuelo, estaba dotada de una discreci贸n e inteligencia natural, y era el
prototipo f铆sico, morena y con un punto de melancol铆a, de la mujer andaluza. El
poeta comunista Daniel Pl谩 y Beltr谩n la convirti贸 en protagonista de un
arrebatado poema en la que la compar贸 con una 鈥減elada flor de la sierra鈥 y P铆o
Baroja `pidi贸 que los centros anarquistas sustituir铆an los retratos de 鈥渧iejos
barbudos鈥 por una fotograf铆a de Mar铆a.

Mientras, en su celda Mar铆a intentaba
escapar a las investigaciones del juez que buscaba su implicaci贸n en los
hechos. Durante la reconstrucci贸n judicial, el guardia Garc铆a Rodr铆guez asegur贸
que hab铆a sido ella quien hab铆a limado las esposas de Quijada. Entonces volvi贸
a comparecer ante el juez para responder de esta acusaci贸n concreta que pod铆a
convertirse en causa de su procesamiento. Su declaraci贸n de que no hab铆a estado
en la choza se vio cada vez m谩s comprometida por los careos a los que fue
sometida. Manuel Ortiz Aguilar y Antonio Lara Jim茅nez, con quienes hab铆a
coincidido en la torre de los Vela, dijeron que Mar铆a les hab铆a contado como le
quitaron las esposas a Quijada y que le hab铆a pedido que le cortaran el pelo
chamuscado.

Fueron los d铆as durante los que
coincidi贸 en la prisi贸n de Medina con Miguel P茅rez Cord贸n, el militante
cenetista del vecino pueblo de Paterna que hab铆a sido el primero en denunciar
p煤blicamente los asesinatos. Cuando fue puesto en libertad su principal
preocupaci贸n fue apuntalar la versi贸n exculpatoria. Public贸 un art铆culo,
titulado 鈥淔iguras de la tragedia. Mar铆a Silva 鈥淟a Libertaria鈥, en el que
critic贸 la imagen que de la muchacha daba la prensa burguesa al servicio de los
intereses de las autoridades. Interesaba presentarla como quien cargaba las
escopetas de su abuelo que, buen tirador, no erraba el disparo. Tanto se hab铆a
repetido que ya eran los personajes centrales de la tragedia. Pero si
鈥淪eisdedos鈥 hab铆a muerto, Mar铆a viv铆a y era acosada por fot贸grafos y
periodistas que pon铆an en sus labios las m谩s peregrinas respuestas. Estaba
seguro de que todo lo que se dec铆a no era sino un montaje acusador pagado por
los se帽ores de Casas Viejas. No hab铆a repartido armas, ni cortado las esposas a
Quijada ni huido de la choza incendiada.

Para dar credibilidad a sus afirmaciones
Cord贸n utiliz贸 otros hechos que hab铆an ocurrido y sobre los que no cab铆a la
menor duda. La vesania de las autoridades no se hab铆a detenido en los
asesinatos cometidos, ni en acusar injustamente a la muchacha, sino que hasta
la hab铆an acosado sexualmente. Cuando lleg贸 a la prisi贸n de Medina, Mar铆a
estaba mojada, aterida de fr铆o y con fiebre. Nadie la atendi贸, ni siquiera le
dieron medicamentos. Tambi茅n sus cartas fueron censuradas y se le prohibi贸
recibir prensa. Aunque su mayor sufrimiento moral se lo proporcionaron las
libidinosas insinuaciones diarias del jefe de la c谩rcel que lleg贸 a prometerle
trabajo, cuando quedara en libertad, a cambio de besos. Denuncias que tambi茅n
hizo suyas otro conocido anarcosindicalista andaluz, Alfonso Nieves N煤帽ez que
por esa 茅poca ten铆a una estrecha relaci贸n con Ana Cabezas, otra de las j贸venes
del grupo 鈥淎mor y Rabia鈥.

Aunque el juez puso en libertad, por
unas horas, a Mar铆a que volvi贸 a ser detenida, incomunicada y trasladada a la
Prisi贸n Provincial en C谩diz en donde permaneci贸 hasta finales de febrero. La
tradici贸n familiar atribuye su liberaci贸n a las gestiones que Miguel hizo ante
Marcelino Domingo, ministro de Agricultura. No parece probable. Estaba a
disposici贸n de dos juzgados, el civil que hab铆a comenzado a instruir una
primera causa por los sucesos acaecidos y el militar que hab铆a abierto otra por
haber sido atacada la fuerza p煤blica, con resultado de muerte, y empleadas
armas de fuego. El juez de la segunda, a mediados de febrero, comunic贸 que de
las diligencias que hab铆a practicado, ni en las que le hab铆a proporcionado el
juez civil, no se pod铆a deducir ning煤n indicio de que Mar铆a hubiera agredido,
insultado o realizado actos o demostraciones ofensivas de obra o palabra contra
la Guardia Civil. Por ello solicitaba su puesta en libertad independientemente
de lo que decidiera el juzgado instructor del otro sumario o el Gobernador
Civil. Como ninguno de estos dos puso objeci贸n alguna, el d铆a 21 fue puesta en
libertad en compa帽铆a de otros dos detenidos, Crist贸bal Toro Pe帽a y Francisco
P茅rez Franco.

Seguramente la causa 煤ltima de su
puesta en libertad estuvo en la intenci贸n, tanto del juzgado como del gobierno,
de rebajar la tensi贸n en la opini贸n p煤blica ya bastante soliviantada por los
estremecedores sucesos y el espect谩culo del mundo pol铆tico. No ayudaba a
rebajarla el encarcelamiento de una joven que hab铆a perdido a una decena de
familiares e estaba convirti茅ndose en un mito a medida que pasaban los d铆as.
Adem谩s, tampoco resultaba f谩cil imputarle ning煤n delito. No cab铆a la menor duda
de que ten铆a ideas anarquistas, de las que hac铆a exhibici贸n vistiendo lazos y
corbatas rojas y negras, y que su familia hab铆a participado activamente en la
rebeli贸n. Pero que en su caso, salvo su negativa a reconocer que hab铆a estado
en la choza de su abuelo, la 煤nica acusaci贸n que pod铆a hac茅rsele era la de
haber limado las esposas de Quijada. Durante las tres semanas que permaneci贸
Mar铆a encarcelada en C谩diz recibi贸 en diversas ocasiones la visita de P茅rez
Cord贸n. En C谩diz tambi茅n estaba preso 鈥淕allinito鈥, su novio. Fue cuando Mar铆a y
Miguel se enamoraron. Unas circunstancias que permitieron a Federica Montseny
escribir unas p谩ginas llenas de im谩genes de di谩logos furtivos, entrecortados a
trav茅s de las rejas, de palabras sueltas dichas como al aire y miradas que
hablaban m谩s que los labios. Unas sensaciones que jam谩s hab铆a sentido la joven
en su relaci贸n con Caba帽a. Era el amor, el soberano que se apodera de los
cuerpos y las almas.

Ya en libertad P茅rez Cord贸n y Mar铆a
pasaron un d铆a en Medina. Jornada que describi贸 en un art铆culo aparecido en el
peri贸dico El Luchador. En libertad y sin cargos no ten铆a sentido mantener la
ficci贸n de que Mar铆a no hab铆a estado en la choza. Ahora Cord贸n proporcionaba
nuevos detalles sobre lo ocurrido. Nada menos que de un testigo presencial.
Miguel lleg贸 de Paterna y Mar铆a de Casas Viejas. Ten铆an que presentarse a media
ma帽ana en el juzgado. Ella para prestar otra declaraci贸n m谩s ante el nuevo
juez. 脡l para recoger los libros que la Guardia Civil se hab铆a llevado cuando
registraron su casa. Durante dos horas declar贸 Mar铆a sobre si hab铆a estado en
la choza de su abuelo. Un tiempo durante el que volvi贸 a o铆r reproches contra
su familia que la hab铆a envenenado y una novedad: que si Miguel era familiar.
Las noticias de su relaci贸n corr铆an r谩pidas.

Por primera vez Mar铆a reconoci贸
p煤blicamente la verdad de lo sucedido. Estaba en la choza y huy贸 cuando vio que
iba a morir achicharrada o acribillada. No era verdad que lo hiciera por la
ventana trasera como dec铆an, lo hizo por la puerta. Fue la burra quien le salv贸
la vida. Tropez贸 con ella y ambos cayeron al suelo. Las balas alcanzaron al
animal. Despu茅s se levant贸 y salt贸 las tunas. Al llegar a su casa se bebi贸 dos
vasos grandes de agua y pasaron las horas en la oscuridad, con su padre en la
cama enfermo y sus hermanos peque帽os llorando. Al amanecer llegaron los
guardias y se llevaron a su padre. Despu茅s su madre y algunos ni帽os se fueron y
se quedaron su hermana Catalina y cuatro primos. Escondi茅ndose por las calles
buscaron la salida del pueblo. All铆 encontraron a su madre y a los dem谩s ni帽os.
Fue al d铆a siguiente, cuando Catalina fue al pueblo, cuando se enteraron de la
tragedia ocurrida.

Cuando la Guardia Civil la detuvo al
volver a su casa la hicieron pasar por delante de la choza quemada y le
preguntaron con burla si no la reconoc铆a. En el cuartel el sargento la maltrat贸
y pretendi贸 cachearla 茅l mismo. Quer铆an ver si su pelo estaba quemado, si ten铆a
rastros de heridas o quemaduras en alguna parte de su cuerpo. Hab铆a muchos
detenidos a los que pegaban continuamente. Sin embargo no la tocaron. S贸lo
cuando la llevaron a coger el coche que la iba a llevar a la c谩rcel de Medina
la echaron fuera de la Administraci贸n de Consumo donde se hab铆an refugiado de
la lluvia. Mojada, con las medias rotas del campo fue como la vieron los
periodistas y por eso escribieron que era una muchacha sucia. Despu茅s la
pusieron en libertad y regres贸 a Casas Viejas. Por poco tiempo. Al d铆a
siguiente unos guardias se la volvieron a llevar al cuartel pasando, de nuevo,
por la choza donde los perros mordisqueaban los huesos de los suyos. Despu茅s
sus caminos se hab铆an cruzado y Miguel ya conoc铆a todas las vicisitudes.

Miguel y Mar铆a vivieron en Paterna
hasta que en agosto se trasladaron a Madrid donde Cord贸n se incorpor贸 a la
redacci贸n del diario CNT. Antes, en C谩diz, se hicieron una fotograf铆a. Mar铆a
viste un traje negro y medias del mismo color. Miguel un terno, con la camisa
abrochada, sin corbata, al estilo de los campesinos andaluces, y por el
bolsillo superior de la americana le asoma el capuch贸n de su pluma. Fue su
鈥渇oto de bodas鈥. Mar铆a pasa su mano izquierda por el hombro de su compa帽ero
quien cuidadosamente la coge. En la derecha tiene un clavel. La flor s铆mbolo
del amor.

La familia de Mar铆a estaba en C谩diz.
Se hab铆a trasladado para huir del asfixiante ambiente de Casas Viejas. La
Comisi贸n Pro-V铆ctimas les pagaba el alquiler de la casa y 250 pesetas mensuales
que completaban con el trabajo que Catalina y Carmen realizaban en una peluquer铆a.
Tambi茅n pusieron unos maestros que se encargaron de la educaci贸n de los ni帽os.

Un sost茅n que no dur贸 mucho tiempo.
Poco a poco las suscripciones fueron menguando hasta que la situaci贸n se hizo
insostenible. Fue entonces cuando se trasladaron a Paterna. En el pueblo Cord贸n
les podr铆a ayudar mejor y los ni帽os aprender铆an un oficio. Podr铆an esperar en
mejores condiciones que el congreso de los diputados aprobara una pensi贸n de
250 pesetas mensuales para los familiares de los asesinados. Los Silva Cruz ten铆an
derecho a ella por el asesinato del cabeza de familia, Aunque las familias de
quienes hab铆an muerto en la choza no fueron incluidas. Para solicitarla se
hicieron una foto familiar en la que est谩n pr谩cticamente todos los
supervivientes de la familia de 鈥淪eisdedos鈥. Doce, s贸lo faltan Mercedes Cruz y
su marido Manuel Prieto que fueron los 煤nicos que permanecieron viviendo en
Casas Viejas, y Manuel Silva Cruz, hermano de Mar铆a, que estaba en una colonia
escolar. Est谩 tomada en la sede de la CNT de C谩diz. En el centro aparece Mar铆a
con el mismo traje de la 鈥渇oto de su boda鈥. Ya era una persona conocida en toda
Espa帽a que inspiraba a poetas y literatos y cuya vida hab铆a cambiado como la de
quien iba a ser su compa帽ero desde entonces.

No sabemos con precisi贸n si Miguel y
Mar铆a formaron lo que hoy llamar铆amos una pareja de hecho, o se inscribieron en
el Registro Civil. Aunque s铆 que su uni贸n cont贸 con la autorizaci贸n de la
madre, Mar铆a Cruz Jim茅nez y que ambos viajaron en verano a Madrid. En la
capital de la naci贸n vivieron varios meses. Un tiempo del que desconocemos
donde tuvieron su domicilio y con quienes se relacionaron. Seguramente no
salieron del c铆rculo anarcosindicalista que les proporcionar铆a casa por los
barrios de Lavapi茅s o La Latina muy cercanos a la redacci贸n del peri贸dico. De
esos meses contamos s贸lo con una fotograf铆a realizada a principios de octubre.
Por ella podemos apreciar los cambios que se hab铆an producido en ambos durante
esos meses. Mar铆a aparece con un vestido blanco y tiene el pelo suelto y
rizado. Miguel lleva otro terno y viste ahora corbata. No ha cambiado el
capuch贸n de la pluma que asoma, como antes, del bolsillo superior de la
chaqueta. Tambi茅n ha modificado su peinado. Tienen un aspecto m谩s urbano, el
del periodista del portavoz del principal sindicato del pa铆s y su compa帽era.

Mar铆a intervino en el mitin que la CNT
celebr贸 a fines de noviembre en el cine Europa en el que fij贸 su posici贸n tras
los resultados electorales de unos d铆as antes que hab铆an dado la mayor铆a
parlamentaria a la derecha republicana del partido Radical de Alejandro Lerroux
y a la extrema derecha de la CEDA de Gil Robles. Adem谩s intervinieron
militantes muy conocidos en Madrid como Teodoro Mora, Pedro Falomir Antonio
Moreno, Claro J. Send贸n y Valeriano Orob贸n Fern谩ndez. El acto era el inicio de
la campa帽a que buscaba preparar el ambiente para que la CNT encontrara el momento
de cumplir la palabra que hab铆a empe帽ado cuando llam贸 a la abstenci贸n: si
ganaban las derechas, los anarcosindicalistas ir铆an a la revoluci贸n. Acudi贸 una
multitud que abarrot贸 el local, la terraza aneja e invadi贸 la calzada de la
calle Bravo Murillo.

Cuando se anunci贸 se iba a hablar
Mar铆a se hizo un profundo silencio. Llevaba unas cuartillas en la mano con el
texto de su intervenci贸n. Seguramente se las hab铆a escrito Miguel. Estaba
nerviosa y emocionada. Muchas cosas hab铆an cambiado en pocos meses. De la aldea
de Casas Viejas hab铆a pasado a vivir en Madrid y ahora estaba frente a miles de
personas que esperaban o铆rla. Comenz贸 a leer y su voz reson贸 en la sala a donde
llegaron los ecos de los altavoces:

鈥淐ompa帽eros y compa帽eras, pueblo de
Madrid que en estos momentos

escucha la voz emocionada de una
superviviente de la tragedia que

conmovi贸 a Espa帽a y al mundo entero;
pueblo que muestra su rebeld铆a,

su ansia de superaci贸n y de terminar
con todos los traidores, con

todos los vagos profesionales que le
han esclavizado…鈥

Seg煤n la cr贸nica aparecida en el CNT
no pudo continuar. La emoci贸n le embarg贸 y comenz贸 a llorar. Los aplausos
resonaron en la sala y el presidente del mitin fue quien termin贸 de leer el
escrito que finalizaba con una invitaci贸n a la lucha revolucionaria.

Miguel y Mar铆a permanecieron en Madrid
unos meses m谩s. El diario no se editaba pero la redacci贸n continu贸 trabajando.
Cambiaron de local y durante alg煤n tiempo se pens贸 que pod铆a reaparecer. Aunque
cuando lo hizo, ocho meses despu茅s, Cord贸n no era ya redactor y hab铆a regresado
a Paterna. 驴Cu谩ndo lo hicieron? La tradici贸n familiar dice que cuando supieron
que Mar铆a estaba embarazada. Si es as铆, teniendo en cuenta que su hijo no naci贸
hasta primeros de mayo de 1935, permanecieron en Madrid al menos hasta
septiembre de 1934. Sin embargo tenemos el testimonio del propio Cord贸n quien
en octubre asegur贸 que volvi贸 鈥渦nos meses antes鈥. Es decir, al menos, en julio
o agosto. Fueron las semanas en las que trabaj贸 en la explotaci贸n colectiva de
Belmonte que hab铆a puesto en marcha el a帽o anterior.

El regreso de P茅rez Cord贸n y de Mar铆a
estuvo lleno de dificultades. Se reunieron con sus familias y supieron que
esperaban un hijo, pero el contexto no era el m谩s propicio, ni el econ贸mico, ni
el social, ni el pol铆tico. Se instalaron en el soberao de una casa de vecinos.
Poco m谩s que una habitaci贸n y un cuarto de estar. Trabajaba donde y cuando
pod铆a, de jornalero, de maquinista o recogiendo aceituna. All铆, el 5 de junio
de 1935 naci贸 su hijo Sidonio. Una fecha y en unas circunstancias especiales.
Tantas como tendr铆a la vida de ese ni帽o. La primera es que oficialmente naci贸
el siete de julio aunque en realidad lo hiciera un mes antes. Pero no es la
煤nica. El 28 de septiembre de 1936 el sacerdote Camilo Garc铆a lo bautiz贸 en la
iglesia de Nuestra Se帽ora de la Inhiesta, junto a una veintena de ni帽os que no
lo hab铆an sido por sus padres. Se le cambi贸 el nombre por el de Juan m谩s acorde
con los tiempos de nacional catolicismo que se viv铆an en Paterna y fue inscrito
como nacido el 1 de enero de 1936. Un error que se debi贸, posiblemente, a la
acumulaci贸n de trabajo.

Tambi茅n el parto estuvo rodeado de
circunstancias especiales. En 1935 se encontraba de comandante del puesto de la
Guardia Civil de Paterna el cabo Manuel Garc铆a Rodr铆guez, uno de los guardias
supervivientes de Casas Viejas. El mismo con el que Mar铆a hab铆a tenido el
incidente del pa帽uelo. Su mujer era comadrona. Ni Mar铆a ni Miguel quer铆an que
fuera ella quien asistiera al parto. En el pueblo hab铆a otra y fueron a hablar
con ella aunque la mujer del guardia insist铆a en ser ella. Por esos d铆as, otra
vecina estaba tambi茅n a punto de dar a luz. Cuando la partera la atend铆a naci贸
Sidonio y a Mar铆a la asisti贸 la que ella quer铆a. Un a帽o m谩s tarde, en mayo de
1936, Garc铆a fue trasladado al puesto de Arcos. Precisamente de Arcos fue de
donde vinieron, seg煤n algunos testimonios, quienes registraron la casa de
Miguel y Mar铆a y, unos d铆as despu茅s, la detuvieron.

En Paterna ha quedado un confuso
recuerdo de c贸mo se produjo el triunfo del golpe de Estado de julio de 1936.
Est谩n presentes la ocupaci贸n efectiva de la poblaci贸n la noche del 23 de julio
y la sucesi贸n de asesinatos que se produjo esa misma madrugada. Con menor
claridad se sabe quienes la protagonizaron. Si fueron fuerzas venidas de Alcal谩
o Medina y cual era su composici贸n: guardias civiles, paisanos e, incluso,
unidades del ej茅rcito de 脕frica que ya hab铆an desembarcado en C谩diz. En
cualquier caso lo sucedido en la localidad es un ejemplo m谩s de por qu茅 no se
pueden calificar de operaciones militares las ocupaciones de las poblaciones
gaditanas.

Las noticias de la sublevaci贸n en
脕frica se conocieron la misma noche del 17 de julio. El rumor se extendi贸 por
el pueblo que comenz贸 a movilizarse. Tanto la corporaci贸n municipal como la
Asociaci贸n Campesina de la CNT se reunieron el d铆a 18 y acordaron tomar las
medidas oportunas para evitar cualquier movimiento de los conspiradores, en
especial la ocupaci贸n del ayuntamiento, empleando la fuerza si era necesario.
El cabildo envi贸 sendos oficios a los jefes de la Guardia Civil y de
Carabineros inst谩ndoles a obedecer 煤nicamente sus 贸rdenes. Tambi茅n se discuti贸
si se entregaban armas al pueblo. La reuni贸n se prolong贸 hasta entrada la
madrugada del domingo19 cuando ya hab铆a llegado de Medina el teniente de la
Guardia Civil Manuel Mart铆nez Pedr茅 con el bando proclamando el Estado de
Guerra y la orden del Gobernador Militar de C谩diz, general L贸pez Pinto, para
destituir al cabildo y hacerse cargo del poder municipal.

La ma帽ana del domingo 19 fue muy tensa
en Paterna. Varios concejales se opusieron con vehemencia a entregarle el
gobierno de la poblaci贸n. Formalmente se hizo cargo de 茅l, al d铆a siguiente,
Jos茅 Reig de Deu, teniente de Carabineros y jefe del puesto de ese cuerpo en
Medina Sidonia que cont贸 con el refuerzo de veinte guardias. Cuando lleg贸, se
encontr贸 con el pueblo en la calle. Invad铆a la plaza y la calle Real donde escuchaba
las noticias que difund铆an las emisoras de radio de Madrid. Se dirigi贸 al
ayuntamiento y, desde el balc贸n, habl贸 a los vecinos tratando de calmarles, lo
que no consigui贸 del todo. Hasta la noche del veintitr茅s en el pueblo se vivi贸
una especie de 鈥渄oble poder鈥 en el que, aunque los golpistas ten铆an ocupado el
ayuntamiento, no controlaban la situaci贸n y eran vigilados por grupos de
trabajadores que no perd铆an de vista al edificio y la central telef贸nica. Los
bandos de guerra fijados eran sistem谩ticamente arrancados mientras que los
trabajadores que estaban en los cortijos los abandonaban y regresaban al
pueblo.

Una situaci贸n que termin贸 la noche del
23 cuando sus habitantes decidieron abandonar la huelga y vigilancia y pasar a
la acci贸n. Se formaron grupos que poco despu茅s intentaron asaltar el cuartel de
la Guardia Civil, la central de tel茅fonos y se enfrentaron a las patrullas de
guardias y carabineros. La ocupaci贸n de la casa de tel茅fonos no se efectu贸 con
la suficiente rapidez para impedir que comunicara a Medina lo que suced铆a. De
nuevo Mart铆nez Pedr茅 se present贸 con un grupo de guardias civiles y algunos
falangistas y civiles. Se les unieron los carabineros y guardias civiles
locales y algunos vecinos. Comenz贸 entonces lo que los rebeldes denominaron
鈥渆nfrentamiento鈥 que s贸lo origin贸 v铆ctimas entre la poblaci贸n: catorce muertos,
algunos heridos y la pr谩ctica totalidad de la poblaci贸n hu铆da al campo.

Cuando las tropas entraron en Paterna,
Mar铆a, junto a Miguel y su hijo, se refugi贸 en su casa. Esperaron
acontecimientos hasta que, bien porque oyera los disparos o le comunicaran lo
que estaba pasando, Cord贸n decidi贸 que lo mejor era escapar. Fueron momentos
tensos y de decisiones dolorosas. 驴Deb铆a irse s贸lo o con Mar铆a y su hijo?

Nadie sab铆a hasta qu茅 punto estaban
dispuestos a llegar los sublevados y no se pod铆a saber el tiempo que durar铆a la
separaci贸n. Mar铆a no le acompa帽贸, el peque帽o no podr铆a aguantar el camino.
Adem谩s 驴qui茅n iba a tocarla? Aunque, a medida que pasaron los d铆as y se
comenzaron a conocer las brutalidades de los sublevados, Miguel, desde Ronda a
donde hab铆a logrado llegar, comenz贸 a dudar y a pensar que quiz谩s toda su
familia debiera partir, como hab铆an hecho otras familias, hacia Jimena o
Algatoc铆n. As铆 se lo hizo saber en una carta que escribi贸 el d铆a 12 de agosto,
once d铆as antes de que Mar铆a fuese asesinada.

Tras la marcha de su compa帽ero Mar铆a
se march贸 a casa de los padres de Miguel. La represi贸n en Paterna, como en la
mayor铆a de las localidades que iban ocupando los sublevados, comenz贸 el mismo
momento en que se hicieron cargo de la poblaci贸n, continu贸 durante los a帽os del
conflicto y se prolong贸 durante las largas d茅cadas del franquismo. Fue en este
primer instante, que comenz贸 con los asesinatos de la noche del d铆a 23, al ocupar
la ciudad, y dur贸 hasta comienzos de septiembre, cuando se produjeron casi la
mayor铆a de cr铆menes que conocemos. Entre ellos el de Mar铆a Silva.

All铆 permaneci贸 hasta que la
detuvieron. P茅rez Cord贸n dice que ocurri贸 el mi茅rcoles 19 de agosto. 驴D贸nde
estuvo hasta su asesinato el lunes 24? Seguro que primero en la c谩rcel de
Paterna. 驴Fue trasladada despu茅s a Medina? Los testimonios est谩n divididos.
Unos dicen que s铆, otros, por el contrario, aseguran que se la llevaron
directamente de Paterna para matarla. Incluso hay quien dice que la mataron
sola no en compa帽铆a de Catalina Sevillano y Mart铆n Menacho. S铆 parece que su
hijo Sidonio estuvo con ella hasta que se lo entregaron a la familia el d铆a en
que se la llevaron para matarla.

Tambi茅n hay diferencias sobre quienes
fueron sus asesinos. Mientras que hay quien dice que fueron falangistas de la
Columna de Mora Figueroa, que ten铆an un cuartel cercano, otros descargan la
responsabilidad en falangistas de la misma Paterna. Aunque las divergencias
entre los testimonios no permite asegurar con precisi贸n los participantes.

En la memoria local, refrendada por la
documentaci贸n del Gobierno Civil conservada, figuran los nombres de hasta una
docena de miembros de las Milicias Patri贸ticas aquellos grupos a los que los
militares golpistas encargaron, junto a la Falange, el control de la
retaguardia. Siempre bajo la supervisi贸n de los comandantes militares de las
localidades. Fue bajo sus 贸rdenes como prestaron los servicios de toda clase,
de armas y nocturnos de los que hablan los informes del Gobierno Civil. Aunque
la desaparici贸n de la documentaci贸n generada por la Delegaci贸n de Orden
P煤blico, a cargo de un militar, nos impide conocer m谩s detalles sobre ellos.

Tampoco hay unanimidad sobre el lugar
donde fue asesinada y qu茅 ocurri贸 despu茅s con su cad谩ver. Hasta media docena de
lugares se dice que fue el lugar del asesinato. El m谩s com煤n es el conocido
como la 鈥淟aguna de Medina鈥, donde tambi茅n fueron asesinadas otras personas. Un
lugar del que se ha escrito que 鈥渉asta despu茅s de haber pasado la guerra, los
caballos y mulos no hab铆a forma de hacerlos pasar, les hac铆a repugnancia el
olor a sangre humana鈥. Aunque otras versiones aseguran que fue en las carretera
de Paterna a Alcal谩 o Paterna a Medina o en 鈥淓l Visillo鈥, o junto al palacio de
El Jautor en el t茅rmino de Alcal谩 de los Gazules, o en la finca 鈥淓l Maj贸n鈥 en
la Laguna de La Janda, o en el kil贸metro 5 de la carretera de Paterna a Jerez.
Su cuerpo, para unos, fue arrojado a una fosa com煤n en las cercan铆as del
Ventorrillo del Ret铆n o qued贸 en la Laguna de Medina. Para otros el cami贸n de
Manuel Col贸n la llev贸 a Paterna en cuyo cementerio fue enterrada. Lo que es
seguro es que todav铆a hoy Mar铆a Silva sigue siendo, como otra treintena de
paterneros y decenas de miles de espa帽oles, una desaparecida sin que tenga
siquiera inscrita su muerte en el Registro Civil.

La muerte de 鈥淟a Libertaria鈥 se
difundi贸 r谩pidamente. El recuerdo de la matanza de Casas Viejas continuaba
presente incluso en esas horas sangrientas. Entre tanto horror y muerte, la
noticia ocup贸 espacio en las p谩ginas de la prensa, en especial de la
anarquista. El primero en darla fue Tierra y Libertad el 10 de septiembre. Dos
d铆as despu茅s lo hizo el diario cenetista valenciano Fragua Social. A partir de
entonces Mar铆a Silva ha ocupado un lugar propio en el mundo anarquista y en el
social andaluz. En 1951 Federica Montseny escribi贸 una novela corta destinada a
mantener su recuerdo. Hasta se ha pensado que pod铆a servir de reclamo para un
negocio hotelero en su localidad natal. Poco despu茅s de su muerte, la poeta
Luisa S谩nchez Saornil le dedic贸 un romance que terminaba con el momento de su
secuestro:

L谩tigos hienden la noche.

-Coraz贸n m铆o, es el viento鈥

Y Mar铆a Silva canta:

鈥淒uerme鈥 nanita鈥 arrapiezo.鈥

Pu帽os de gigante baten

La puerta del aposento,

Y la noche entra de pronto,

Negra de horror y misterio.

-R谩fagas de fuego arrancan

Desgarrones de silencio-.

隆Ay, Mar铆a Silva Cruz,

Carne dolida del pueblo!

Rugi贸 brutal el destino.

隆Al fin, Mar铆a Silva! 隆Fuego!

隆Ay! Mar铆a Silva Cruz

(鈥淟ibertaria鈥, por tu abuelo)

隆Carne de tu misma carne,

Te vengar谩 el pueblo 铆bero!

 

Fuente: Todos los nombres




Fuente: Pacosalud.blogspot.com