July 31, 2021
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Sidi Maatala/Marianne.

ECS. Madrid. | Desde el fin del protectorado francés, ningún gobierno marroquí ha regulado el tráfico de hachís. El estado alauita es ahora el mayor productor del mundo y sus mercancías circulan por Francia y Europa no sin consecuencias.

Desde Tánger hasta el río Moulouya, se extiende, con más 20.000 km2, la gran región del Rif; Repleta de cadenas montañosas con territorios difíciles de explotar, está entre los más pobres de Marruecos. Desde el siglo XV, la producción tradicional de hachís representa la principal economía de subsistencia. Una cultura que hoy da soporte y sirve de ‘colchón económico’ a alrededor de un millón de personas,
haciendo del reino el principal productor mundial de hachís, dedicándole casi 50.000 hectáreas.

Según un informe del Departamento de Estado de EE.UU, recogido por Le Monde en marzo de 2017, “la producción de cannabis en Marruecos equivalía al 23% del Producto Interior Bruto (PIB) de Marruecos, que aumentó en 2016 a 100 mil millones de dólares (93 mil millones de euros)“. De los cuales solamente diez mil millones de euros al año son para las mafias, según datos del Observatorio Francés Drogas y Adicciones (OFDT).

Son cifras que hay que poner en perspectiva“, sentencia Yann Bisiou, profesor de derecho privado y ciencias penales en la Universidad Paul-Valéry Montpellier-III. Según él, solo las incautaciones reales permitirían obtener una estimación justa de todos los datos de contrabando. ”Sin embargo, si los datos fueran cuantificables a principios del siglo XX, cuando Francia tuvo el control del comercio de cannabis, antes de prohibirlo para exhibir su propio tabaco, hoy las propuestas de Marruecos son mucho más vagas” especificó el catedrático e investigador.

Guardia Costera cómplice.

No obstante, en la década de 2000, Europa se convirtió en el principal mercado de este tráfico de cannabis, acaparando solo en 2006 el 74% de las incautaciones mundiales de hachís (1083 toneladas sobre 1471) producidas en su territorio. Presionado por Bruselas, el estado marroquí se vio obligado un tiempo a “controlar” sus propios traficantes. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), los cultivos cayeron de 134.000 hectáreas en 2003 a 47.500 en 2011, una disminución del 65%. Lo que no impide que continúe el tráfico. Para enviar la producción en el Viejo Continente, la mafia del Rif cruza el Estrecho de Gibraltar a bordo de lanchas rápidas con motores trucados, para tratar de escapar de la Guardia Civil. “Pero los traficantes a veces pueden contar con la complicidad de ciertos guardacostas marroquíes que, a cambio de un generoso soborno, cierran los ojos”, afirma Jérôme Pierrat, periodista y escritor especializado en crimen organizado y delincuencia.

Al final de la cadena, este tráfico realizado en Marruecos obviamente no está exento de consecuencias. Especialmente en países como España y Francia, donde las guerras entre los traficantes y clanes de la droga han acabado con la vida de decenas de personas durante los últimos veinte años. Una debilidad que el Estado marroquí domina con maestría perversa. Durante años, Rabat dejó ir y venir a su territorio, Moufid Bouchibi, conocido como “roi du shit” (rey de la mierda) este franco-argelino es propietario de muchas villas en el campo. Antes de ser arrestado en Dubái en primavera, traficaba con un promedio anual de entre 50 y 60 toneladas de cannabis a Europa, con unas ganancias que ascendían a más de 70 millones de euros.




Fuente: Ecsaharaui.com