October 10, 2021
De parte de Acracia
151 puntos de vista


El anarquismo, aunque tenga una extensa prehistoria, nace en la primera mitad del siglo XIX; por lo tanto, al igual que el marxismo, es consecuencia de la Revoluci贸n francesa, del triunfo de la burgues铆a, de la formaci贸n de la clase obrera y del desarrollo del capitalismo industrial. Por muchos precedentes que podamos se帽alar, no podemos hablar de anarquismo expl铆cito antes de Proudhon; dejaremos para m谩s adelante, la primera y significativa controversia que tuvo este autor con Marx.

Como primer hecho diferencial, evidente, con las ideas de Marx, hay que hablar de una concepci贸n materialista y evolucionista de la historia y del universo mucho menos r铆gidas en el caso del anarquismo. Aunque los primeros anarquistas, como Bakunin y Kropotkin, s铆 poseen esa visi贸n materialista y la vinculan con las ideas 谩cratas, importantes figuras posteriores vendr谩n a matizar la cuesti贸n y negar谩n especialmente cualquier forma de determinismo en la historia y en la posible construcci贸n de una sociedad libertaria. Es m谩s, el acusado cientifismo que se da en las ideas marxistas, como fuente de conocimientos incontrovertibles, un paradigma que puede extenderse a la civilizaci贸n occidental en el siglo XIX, es tambi茅n objeto de cr铆tica, especialmente en el anarquismo desarrollado en el siglo XX; podemos mencionar a dos figuras importantes, como ejemplo de dicha cr铆tica, como son Malatesta y Landauer.


El sujeto revolucionario dentro del marxismo es el obrero industrial, aquellos que han abrazado las ideas de Marx se encontraron entre las capas medias y altas de la clase trabajadora. Marx y sus seguidores se esforzaron a menudo en presentar al anarquismo como una ideolog铆a peque帽o-burguesa; otros marxistas m谩s l煤cidos, y con miras m谩s amplias, acabaron reconociendo que el anarquismo es una poderosa alternativa para las ideolog铆as obreristas. Por mucho que se trate de desvirtuar la historia, all谩 donde se ha desarrollado el anarquismo ha encontrado simpat铆as, especialmente, entre los obreros y los campesinos. Es m谩s, como es sabido, es en Barcelona donde mayor arraigo encontraron la ideas anarquistas y la clase obrera industrial las adopta firmemente como una gran alternativa revolucionaria. En otras ocasiones, han sido los campesinos los que han utilizado el anarquismo como arma socialmente transformadora, mientras que en algunas circunstancias tambi茅n lo han hecho los desclasados; los que en la terminolog铆a marxista se denominan peyorativamente como lumpemproletariado, aquellos que se encuentran por debajo o al margen del proletariado. Con esto se quiere evidenciar el car谩cter no dogm谩tico del anarquismo, su falta de rigidez en la visi贸n social e hist贸rica; el sujeto revolucionario puede ser en la visi贸n 谩crata cualquier clase oprimida, tal y como han reconocido algunos marxistas como Marcuse.

La gran diferencia pol铆tica entre marxistas y anarquistas se encuentra en la concepci贸n de la sociedad, del Estado y de la revoluci贸n. Todos los pensadores anarquistas, como ya hemos insistido muy a menudo, distinguieron entre Estado y sociedad; la sociedad es una realidad natural, mientras que el Estado vendr铆a a ser una degradaci贸n de aquella; el Estado, para el anarquismo, es una realidad jer谩rquica y coercitiva, una permanente divisi贸n entre gobernantes y gobernados, que se ha relacionado con la propia separaci贸n de clases y con el nacimiento de la propiedad privada. Aunque los marxistas pueden estar en gran medida de acuerdo con esto 煤ltimo, ellos consideran que es la propiedad privada y la divisi贸n de clases la que da lugar al poder pol铆tico y al Estado; por lo tanto, para los marxistas, el Estado es un instrumento con el que la clase dominante asegura sus privilegios y sus propiedades. Desde este punto de vista, existe una relaci贸n lineal y unidireccional entre el poder pol铆tico y su consecuencia, el poder econ贸mico. Los anarquistas poseen en cambio una visi贸n circular y, podemos decir, dial茅ctica; pueden estar de acuerdo, en algunos momentos originarios, en que el poder pol铆tico genera el econ贸mico, lo mismo que puede considerarse lo contrario en muchos otros. Estamos en la ra铆z de las grandes diferencias entre el marxismo y el anarquismo.

Los anarquistas han considerado desde sus or铆genes que cualquier revoluci贸n que no acabe con el poder pol铆tico, al mismo tiempo que con el poder econ贸mico, se encuentra condenada a fortalecer el Estado, atribuy茅ndole consecuentemente todos los derechos, y a generar una nueva clase dominante. Esta pol茅mica, presente ya en Marx y en Bakunin, result贸 tristemente prof茅tica; la praxis marxista demostr贸 que los anarquistas ten铆an raz贸n y algunos marxistas, l煤cidos y heterodoxos, acabaron reconociendo que los llamados pa铆ses socialistas cambiaron el capitalismo liberal por capitalismo de Estado, que una nueva clase t茅cnica y burocr谩tica sustituy贸 a la burgues铆a, y que las llamadas 芦democracias populares禄, no solo no superaron a la democracia representativa, sino que agravaron al m谩ximo sus defectos y limitaciones; la gran iron铆a es que de los soviets, aut茅nticos 贸rganos de autogesti贸n obrera en 1918, solo quedar铆a el nombre en el monstruo totalitario conocido como Estado 芦socialista禄. Un heredero de Marx, como Cornelius Castoriadis, del que hablaremos m谩s adelante, de posiciones heterodoxas y que luego se acercar铆a al socialismo libertario, reconoci贸 la deriva burocr谩tica de la praxis marxista y la necesidad de la autonom铆a de la clase trabajadora.

Proudhon frente a Marx

El primer encuentro entre los dos autores se produjo en Par铆s en 1844, el alem谩n ten铆a 25 a帽os y el franc茅s 35 y, a partir de entonces, parece ser que las reuniones entre ambos fueron frecuentes durante al menos un a帽o. Marx declarar铆a en alguna ocasi贸n, con cierta suficiencia, que si Proudhon conoci贸 el hegelianismo fue gracias a 茅l y, aunque ello sea cierto, poco importa para conocer lo valioso del pensamiento de uno o de otro. Tanto Marx, como posteriores int茅rpretes de su doctrina, tal vez algo adoradores ciegos de la fortaleza te贸rica del alem谩n, hablar谩n con desd茅n de los intentos de Proudhon por partir de la dial茅ctica para elaborar un discurso filos贸fico propio; a nuestro modo de ver las cosas, lo consigui贸 m谩s que de sobra. No hay que hacer, en primer lugar y para recuperar de manera limpia y honesta el pensamiento de determinados autores, excesivo caso a unas cr铆ticas marxistas que parecen muy parciales, reiterativas y, adem谩s, a las que la historia parece ir colocando en su sitio. Parece ser que Proudhon, en la l铆nea de la labor que har铆a posteriormente Bakunin, hab铆a advertido a Marx sobre la intolerancia de sus postulados. Adem谩s, Proudhon elaborar铆a una obra, Filosof铆a de la miseria (1846), en la que tal vez se puede notar la influencia de Hegel y de Marx, pero con una asimilaci贸n libre de su pensamiento y estableciendo un discurso propio.

Era tal vez demasiada independencia para el alem谩n, que no tardar铆a en escribir su respuesta, La miseria de la filosof铆a (1847), a la que tambi茅n puede denominarse sin ambages el antiproudhon, en la que trata de demostrar que poco hab铆a entendido o quedado de la dial茅ctica en el pensamiento del franc茅s. Insistiremos, las cr铆ticas de Marx, por muy brillante que fuera este autor, pierden fuelle ante su partidismo y dogmatismo; as铆 lo dejan ver calificaciones totalmente inapropiadas a Proudhon de 芦utopista禄 o de 芦peque帽o burgu茅s禄, algo por otra parte habitual en Marx y en algunos marxistas, etiquetar a todo el que ose contradecirles. Cuando Proudhon se encuentra con Marx, no es ya un joven, habr谩 tenido m煤ltiples influencias, como la del socialista ut贸pico Fourier (es una pena, es cierto, que no le influyera m谩s en cuestiones de moral sexual), gran amante de la dial茅ctica; es posible asegurar que pose铆a el autor de 驴Qu茅 es la propiedad? ya sus propias ideas, su propia concepci贸n de la dial茅ctica. Partiendo de la l贸gica de Hegel, al que puede decirse que se opondr谩 posteriormente, elabora lo que se atrever谩 a denominar, como un fil贸sofo con personalidad propia, teor铆a o dial茅ctica serial; esta visi贸n dial茅ctica, que observa el pluralismo en la naturaleza y en la sociedad, se extiende al 谩mbito econ贸mico y pol铆tico, y por supuesto al principio federativo proudhoniano, parte primordial de la propuesta pol铆tica y filos贸fica 谩crata. Proudhon apuesta por un equilibrio de fuerzas antag贸nicas, sin que haya ning煤n principio superior que las sintetice, y se niega a aceptar el 芦absolutismo禄 de ning煤n elemento, insistimos, tambi茅n en el terreno social. El acercamiento a la verdad se producir铆a gracias al equilibrio, a una permanente tensi贸n y contradicci贸n.

Para Marx, igual que para Hegel, el movimiento dial茅ctico se caracteriza por el enfrentamiento de dos elementos contradictorios (tesis y ant铆tesis) hasta su fusi贸n en una categor铆a nueva (s铆ntesis). En la propuesta de Proudhon, no existen tres elementos, sino 煤nicamente dos, que se mantienen uno junto a otro de principio a fin. No hay un final sintetizador, sino equilibrio, una especie de antinomia persistente. Numerosos marxistas acusar谩n a Proudhon de renuncia o impotencia para resolver los antagonismos sociales. Nada m谩s lejos de la realidad. El autor de Sistema de contradicciones econ贸micas desconf铆a de la perfecci贸n, pero no renuncia en absoluto al progreso, su dial茅ctica no es est茅ril ni inmovilista. Es m谩s, el aut茅ntico progreso (o ascenso) se encontrar铆a en un constante flujo y reflujo. La guerra o pol茅mica ser铆a una de las principales categor铆as de la raz贸n humana, tanto especulativa como pr谩ctica, y de la din谩mica social. La paz se establece en la permanencia del antagonismo, no en la destrucci贸n rec铆proca, sino en la conciliaci贸n ordenadora y en el perfeccionamiento sin fin. Los t茅rminos derivados de esta conciliaci贸n son justicia, igualdad, equilibrio o armon铆a y en todos ellos est谩n unidos lo real y lo ideal. Proudhon propone un equilibrio en la diversidad, continuamente inestable, susceptible de ser perfeccionado.

En lo social, los elementos que en estado puro ser铆an nocivos, gracias a la uni贸n con su contrario, y a la correcci贸n consecuente, mantienen el movimiento de la vida; el equilibrio recibir谩 el nombre de justicia. Sin embargo, la justicia no ser谩 solo el resultado del equilibrio, sino tambi茅n el principio que asegura su realizaci贸n (algo, tal vez, oscuro en la obra de Proudhon y que remite de alguna manera a cierto principio trascendente). Donde se aparta tambi茅n de Hegel y de Marx es en la elaboraci贸n de toda una teor铆a de la libertad, como fuerza de la colectividad soberana, y de la justicia, como ley; se niega a aceptar, en definitiva, un pseudoprogreso que no es m谩s que un proceso determinista y apuesta firmemente por la libertad humana. Frente a una s铆ntesis que mecaniza el proceso y que inhibe la iniciativa humana, Proudhon apuesta por el acto creador. Diego Abad de Santill谩n escribir铆a que el fil贸sofo franc茅s deseaba la 芦revoluci贸n permanente禄 (concepto que ir谩 m谩s all谩 de su significado marxista y trotskista), en ese af谩n por un progreso constante y por una justicia siempre presente. Por supuesto, no todo est谩 di谩fano en la teor铆a de Proudhon, su propuesta conciliadora parece tender a la s铆ntesis en algunas lecturas y hacia la dificultad en otras, no resulta f谩cil resolver los conflictos sin suprimir la tensi贸n entre opuestos, y su negaci贸n de toda trascendencia en su movimiento dial茅ctico no casa del todo bien con la asignaci贸n al proceso de una norma y de un fin. No obstante, las fisuras que puede haber en todo gran pensador no debe conducirnos al desd茅n, m谩xime cuando se trata en el caso de Proudhon de alguien que apost贸 por el progreso sin caer en la ilusi贸n del devenir ni en ning煤n tipo de determinismo.

En el 谩mbito econ贸mico, donde coinciden Marx y Proudhon es en considerar que es 煤nicamente el trabajo lo que crea valor. Sin embargo, en la concepci贸n de la sociedad socialista, encontramos ya la gran divergencia entre anarquistas y marxistas; si Marx parece conformarse con considerar que en una sociedad sin alienaci贸n las decisiones colectivas solo pueden ser correctas, Proudhon teme que un poder central destruya la libertad individual y la espontaneidad de los trabajadores. Es en La capacidad pol铆tica de la clase obrera donde Proudhon insta a los trabajadores a sacudirse toda tutela y a que se conduzcan hacia la autogesti贸n. En algunos momentos de su obra, Proudhon predica a favor de la cooperaci贸n entre clases, pero su pensamiento evoluciona hacia una mayor confianza en las posibilidades revolucionarias de los trabajadores; a partir de 1852, si hablamos de una concepto marxista como es la lucha de clases, Proudhon adopta ya un camino recto hacia la sociedad autogestionada con una clase obrera emancipada. En el pensamiento anarquista posterior, resultar谩 inadmisible la sociedad de clases; tal y como Rocker deja bien claro en Anarcosindicalismo. Teor铆a y pr谩ctica; si se renuncia a acabar con la divisi贸n entre clases, solo puede aceptarse la g茅nesis de una nueva clase dominante. No obstante, la complejidad proudhoniana no reduce la revoluci贸n a un simple antagonismo entre clases; Proudhon considera que una conciencia superior debe ser el resultado de la fusi贸n entre clases, por lo que conmin贸 no pocas veces a las capas medias a acercarse a la causa de los trabajadores. No obstante, qued茅monos tambi茅n con su firme apuesta por la capacidad plenamente revolucionaria de de la clase obrera. Algo que se confirmar谩 posteriormente con Bakunin, la Primera Internacional y la apuesta decidida para que la emancipaci贸n de los trabajadores sea realizada por ellos mismos (parafraseando la frase, parad贸jicamente, atribuida al propio Marx).

Bakunin frente a Marx

Un segundo momento del enfrentamiento entre la concepci贸n marxista y la 谩crata se vive con la disputa entre estos dos titanes: Marx y Bakunin. No ser铆a conveniente aludir 煤nicamente al terreno personal, aunque va a ser inevitable hablar de algunas t谩cticas inadmisibles para desprestigiar y defenestrar al contrario (acusaciones a Bakunin de ser agente del zar y de Prusia, o de ser un estafador; algo infundado por supuesto, pero que algunos herederos de Marx se han esforzado en mantener, por no hablar de un desprecio intelectual fundado en el doctrinarismo m谩s papanatas). Isaiah Berlin, alguien nada sospechoso de simpat铆as hacia el ruso o el anarquismo, cuenta en su biograf铆a de Marx la afiliaci贸n de la mayor parte de los militantes 谩cratas a la Internacional (eso s铆, hace gala de poco conocimiento de las ideas libertarias cuando matiza que 芦desafiando sus propios principios禄, ya que esa organizaci贸n se dedicaba a la 芦acci贸n pol铆tica禄). Marx deseaba llevar a cabo una pol铆tica internacional muy concreta, con una disciplina rigurosa que garantizara una adhesi贸n inquebrantable; el descontento ante semejante empresa dictatorial solo pod铆a sembrar el descontento y, en torno a Bakunin y su propuesta de una federaci贸n de organizaciones con un alto grado de autonom铆a, se acab贸 creando la Alianza para la Democracia Socialista (afiliada a la Internacional, pero opuesta al centralismo y al autoritarismo). Se trata de la imposible conciliaci贸n entre dos visiones opuestas, ya que Marx deseaba firmemente un organismo central de autoridad indiscutida, el cual condujera a una revoluci贸n adecuadamente concertada y organizada para empezar en un determinado momento en la situaci贸n hist贸rica precisa. No hay ninguna duda sobre su desprecio hacia la concepci贸n revolucionaria de Bakunin, tal vez en茅rgico, noble y rom谩ntico, pero in煤til seg煤n la concepci贸n marxista; as铆, se lanza abiertamente al ataque contra Bakunin y sus seguidores.

E. H. Carr, en su biograf铆a de Bakunin (y vuelvo a citar a alguien que parece profesar pocas simpat铆as hacia el anarquismo), cuenta que el ruso ten铆a raz贸n en observar que la abolici贸n del Estado no constitu铆a un punto fundamental de la doctrina marxista. La pol铆tica de Marx confiaba en hacer la revoluci贸n desde arriba, desde el Estado se lograr铆a la liberaci贸n seg煤n este punto de vista; muy al contrario, Bakunin sosten铆a que la verdadera emancipaci贸n solo pod铆a realizarse 芦desde abajo禄, a trav茅s del individuo (lo cual no puede hacer caer, como se ha querido ver a veces por parte de sus enemigos, a las ideas de Bakunin en un extremismo individualista; estamos ante una visi贸n netamente socialista). La ruptura final en el seno de la Internacional no puede verse, de manera simplista, como el enfrentamiento entre dos teor铆as revolucionarias diferentes; con seguridad, hay que ir m谩s all谩 y apreciar dos visiones sobre el ser humano abiertamente contrarias: una, la de Marx, observaba a la humanidad (tal vez, deber铆amos decir 芦la masa禄) desde el punto de vista del estadista y del administrador (orden, m茅todo y autoridad), mientras que Bakunin contempla al individuo concreto y su m谩xima preocupaci贸n es la 茅tica. Se tengan las simpat铆as que se tengan, creo que no puede negarse la brillantez te贸rica de Marx, por supuesto, pero tampoco que Bakunin representa en la historia una de las m谩ximas concepciones del ideal de la libertad (y, tal vez, irrealizable en algunos aspectos, pero una permanente aspiraci贸n).

La concepci贸n anarquista considera que los medios deben adecuarse a las finalidades, un punto fundamental donde hay que situar las grandes divergencias con Marx y sus seguidores. Por lo tanto, la gran disputa que nos ocupa no se sit煤a solo en la diferencia de teor铆as, una de las cuales se lanzar铆a a toda clase de medios para lograr la victoria; la excesiva abstracci贸n en las ideas y la adopci贸n de cualquier clase de m茅todo hace olvidar qui茅n debe ser el punto de partida y la finalidad de toda acci贸n revolucionaria: el individuo concreto. Bakunin realiza una cr铆tica visceral a todo defensor del Estado, incluidos los socialistas que 茅l llama 芦doctrinarios禄, ya que si se enfrentan a reg铆menes autoritarios es para tomar el poder y construir su propio sistema desp贸tico. Incluso, aunque adoptemos un punto de vista no necesariamente anarquista, sino simplemente partidario del progreso social, 驴se la puede quitar la raz贸n al ruso visto el desarrollo de todo socialismo de Estado? Cada paso dado en cualquiera de esos reg铆menes ha sido para reforzar la burocracia y el privilegio de Estado y, por lo tanto, bloquear, tanto el control de la industria por parte de los trabajadores, como la libre asociaci贸n pol铆tica y econ贸mica. La creencia ciega en el dogma, basado en el poder centralizado y en el control de unos pocos sobre la mayor铆a, ha anulado la posibilidad de toda revoluci贸n socialista.

Bakunin critica a los socialistas doctrinarios, con Marx a la cabeza, que son capaces de defender al Estado por encima de la propia revoluci贸n social. El Estado burgu茅s era el enemigo para todos los socialistas, autoritarios y antiautoritarios, pero la creencia en la conquista del Estado por parte del 芦proletariado禄, por medios violentos o pac铆ficos, para asegurar una igualdad real, ha demostrado ser una triste falacia en la praxis. Una falacia, totalitaria por un lado, sucumbida ante el sistema capitalista por otro, que ha condicionado toda visi贸n progresista en el 煤ltimo siglo. Bakunin quer铆a ver en el concepto de Estado popular, propio de los partidarios de Marx, una contradicci贸n en los t茅rminos, ya que el participio convertido en sustantivo solo implica dominaci贸n y explotaci贸n. Se reclama una nueva concepci贸n de la pol铆tica, que no la identifique exclusivamente con la forma de Estado. La visi贸n del ruso es radical, solo observa aspectos negativos en el Estado, consecuencia seguramente de que 茅l fue testigo de la evoluci贸n del Antiguo R茅gimen en las supuestas revoluciones burguesas. Se negaba a aceptar un nuevo poder pol铆tico que, simplemente, privilegiaba a una nueva clase y manten铆a a la mayor铆a en la ignorancia y en la ilusi贸n, incluso, de progreso social.

Los marxistas aseguraban que su concepto de 芦dictadura del proletariado禄 supon铆a 煤nicamente la dominaci贸n de la inmensa mayor铆a sobre una peque帽a minor铆a burguesa. Desgraciadamente, y como es l贸gico, la realidad no ha sido as铆, ninguna forma de Estado ha asegurado ninguna igualdad ni ha acabado con la divisi贸n de clases; todo lo contrario, se han creado nuevas clases dirigentes, con la dominaci贸n garantizada, en gran parte, por la creencia popular en un 芦ideal禄 inalcanzable. Bakunin pensaba l煤cidamente que cualquier trabajador en el poder, iba a dejar de serlo inmediatamente, y convertirse en un privilegiado. Esta cr铆tica se convirti贸 desde el principio en una se帽a de identidad de todo movimiento libertario, que ha tratado de reproducir en sus formas organizativas la futura sociedad. Esta lucha contra el privilegio en beneficio de la cooperaci贸n y de la solidaridad, no solo en el aspecto pol铆tico y econ贸mico, tambi茅n en cualquier 谩mbito de la vida, convirti贸 al anarquismo tal vez en la filosof铆a sociopol铆tica con un concepto de la lucha de clases m谩s rico. La lucha de clases es un concepto general casi asumido por la humanidad (en la pr谩ctica, las fuerzas reaccionarias impiden el progreso), pero solo en un contexto de aut茅ntica libertad se puede asegurar esa igualdad de ra铆z. La idolatr铆a hacia el Estado, y los ulteriores horrores en la praxis marxista, es algo que supieron observar Bakunin y los anarquistas, y agrada mucho ver que lo reconocen autores influidos por Marx. A este gran autor, por otra parte, no hay que leerlo condicionado 煤nicamente por las revoluciones llevadas a cabo en su nombre. En muchos textos pol铆ticos de Marx, estaba seguramente el germen del totalitarismo, pero la cr铆tica antiautoritaria puede ser la premisa fundamental para encontrar ideas valiosas en el pensamiento de cualquier autor.

El socialismo autoritario

Ya Rudolf Rocker, en 1925, denunciaba esa distinci贸n entre socialismo ut贸pico, supuestamente todo el anterior a Marx, y socialismo cient铆fico, resultado de las ideas de Marx y Engels. Despu茅s de la consolidaci贸n del totalitarismo, fascista y comunista, Rocker no pod铆a por menos de realizar una enorme cr铆tica al socialismo autoritario con el t铆tulo de 芦La influencia de las ideas absolutistas en el socialismo禄. La supuesta 芦misi贸n hist贸rica del proletariado禄 solo pod铆a ser ya puesta en entredicho; a una clase social, adem谩s de ser imposible establecer los l铆mites para dicho concepto, no pueden atribu铆rsele ciertas tareas hist贸ricas ni convertirla en representante de determinadas corrientes ideol贸gicas. Como es l贸gico, pertenecer a un determinado estrato social no garantiza el pensamiento y la acci贸n de los individuos. Se insiste as铆 desde el anarquismo en la cr铆tica al determinismo econ贸mico e hist贸rico, cualquier tipo de proceso natural que se desarrolle al margen de la voluntad humana. Rocker se atreve incluso a acusar al marxismo de absolutista y de hacer un da帽o irreparable al socialismo al confiar en un desarrollo mec谩nico y prescindir de las premisas 茅ticas. No puede m谩s que reivindicar a Proudhon, entre los antiguos socialistas, ya que fue el que m谩s insisti贸 en negar una panacea universal que solucionara todos los problemas sociales; encontramos en el franc茅s, aunque existan como es l贸gico aspectos de sus propuestas que hayan sido superados con el tiempo, una cr铆tica feroz a cualquier tendencia absolutista y a todo sistema cerrado. Es un legado incuestionable para el anarquismo, la negaci贸n de todo dogmatismo y sectarismo, y la confianza plena en la pluralidad social.

Como no pod铆a ser de otra manera, y como ya hemos apuntado anteriormente, Marx y sus partidarios calificaron a Proudhon tambi茅n de 芦ut贸pico禄. El desarrollo del capitalismo, con sus poderosos monopolios, junto al fortalecimiento del Estado quer铆a verse como una negaci贸n de las propuestas de Proudhon. Precisamente, el llamado primer anarquista supo prever ese desarrollo y advertir en consecuencia. La llegada del fascismo en el siglo XX, junto a los graves problemas de burocratizaci贸n y negaci贸n del derecho y la libertad personal en el socialismo de Estado, no pueden sino dar la raz贸n moral a las advertencias anarquistas. Proudhon fue tal vez el primero, tal como se帽ala Rocker, en predecir que la uni贸n entre el socialismo y el absolutismo supondr铆a una tiran铆a sin precedentes. La influencia del autoritarismo en el movimiento socialista se remonta a su primera fase, con la Gran Revoluci贸n y el largo periodo de las guerras napole贸nicas. Despu茅s de aquella convulsa 茅poca, se produjo una etapa de resignaci贸n y desesperanza, caldo de cultivo para la reacci贸n y el autoritarismo.

Los llamados 芦socialistas ut贸picos禄, Saint-Simon, Fourier y Owen, fueron testigos de aquel agitado tiempo; as铆, Rocker reivindica juzgar sus ideas y actos en relaci贸n con la 茅poca que vivieron, sin recurrir a esa clasificaci贸n arbitraria e insignificante de 芦socialismo ut贸pico禄 para despu茅s llegar al 芦socialismo cient铆fico禄. Por supuesto, incluso estos precursores del socialismo, por muy adelantados que estuvieran, no pudieron sustraerse a las influencias autoritarias de la 茅poca. Rocker recuerda que el absolutismo napole贸nico hab铆a relegado la tradici贸n liberal a un segundo plano; se produjo una nueva fe en la omnipotencia de la autoridad. En los socialistas de la vieja escuela se produce, por tanto, cierto coqueteo con las concepciones absolutistas y una hostilidad hacia las aspiraciones liberales. Rocker denuncia esta influencia nefasta, la de la tradici贸n jacobina y autoritaria; sin embargo, se produjo un contrapeso notable con el pensamiento de Saint-Simon, con el asociacionismo federalista de Fourier y, especialmente, con la filosof铆a ya anarquista de Proudhon. No obstante, la situaci贸n en Alemania ser铆a muy diferente, ya no exist铆a tradici贸n revolucionaria y el liberalismo era una d茅bil copia del ingl茅s; hasta el final de la Primera Guerra Mundial, el alem谩n era un Estado semiabsolutista. El socialismo de un Ferdinand Lassalle, m谩s que el de Marx y Engels, y su confianza f茅rrea en un Estado todopoderoso, ejercieron una gran influencia en el movimiento obrero alem谩n.

Para Rocker, la influencia de Marx en la clase trabajadora alemana fue de naturaleza muy diferente. Marx tambi茅n recogi贸 influencias absolutistas, ya que subordinaba todo desarrollo social a necesidades forzosas fundadas en las condiciones econ贸micas; su supuesto descubrimiento de las leyes del movimiento social eran para 茅l 芦puras y absolutas禄. Se trata de una concepci贸n mecanicista y fatalista de los hechos hist贸ricos que se presenta, no pocas veces en la obra de Marx, como una verdad absoluta. No obstante, Rocker considera que Marx tuvo tambi茅n la influencia de Proudhon, por lo que su objetivo 煤ltimo era tambi茅n la eliminaci贸n del Estado en la vida social. No obstante, como ya hemos insistido muy a menudo, donde se difiere es en la forma de alcanzar esa meta; Bakunin y los anarquistas insistir谩n en el fin previo del Estado, junto a las instituciones de explotaci贸n econ贸mica, para posibilitar el libre desarrollo de la vida social. Las concepciones centralistas y autoritarias de Lasalle y Marx predominar谩n finalmente sobre el socialismo libertario, lo que llev贸 en las d茅cadas siguientes a una concepci贸n socialista r铆gida y dogm谩tica, con la pretensi贸n inclusive de tener una base cient铆fica. Se trata de una tradici贸n fatalista, y con una fe ciega en el Estado, que se convertir铆a en el poderoso gu铆a del movimiento socialista internacional; Rocker, con triste iron铆a y recogiendo las palabras de su amigo Erich M眉hsam, recordaba que esa influencia ser铆a tan nefasta como la pol铆tica de Bismark y solo pod铆a tener un nombre: bismarxismo. Era el campo abonado para las dictaduras: el socialismo solo puede ser libre o no existir谩.

El sujeto revolucionario y la transformaci贸n social

Dos de las grandes diferencias ente marxismo y anarquismo las establecen las diferencias en torno al sujeto revolucionario y a la v铆a de transformaci贸n social. Un interesante analista, Rudolf de Jong, desgraciadamente con escasa obra traducida al castellano, nos introduce en esas divergencias en funci贸n de las relaciones centro-periferia. Las calumnias, equ铆vocos y distorsiones en torno al anarquismo, como ya hemos contado, se remontan a los propios or铆genes de la Primera Internacional; todav铆a hoy, por parte de personas con una (supuesta) cultura pol铆tica, puede escucharse que el anarquismo es antiorganizativo, demasiado individualista y, en el mejor de los casos (y de manera significativa), demasiado amante de la libertad. Por m谩s que haya transcurrido siglo y medio, con multitud de experiencias libertarias organizativas y de todo tipo, desde aquellas primeras injurias, es necesario aclarar una y otra vez lo lamentable de ciertas visiones sobre el anarquismo.

Como es obvio, la cuesti贸n no es estar a favor o en contra de la organizaci贸n, sino saber el para qu茅 de la misma, qu茅 forma ha de tener y cu谩l es su base y fundamento. Los anarquistas no solo han propiciado, por lo general, sus propias organizaciones espec铆ficas, sino que procuran que las personas se organicen para gestionar sus propios asuntos en todos los 谩mbitos de su vida. En un contexto estatal y capitalista, la organizaci贸n se hace de arriba abajo, dirigidas las personas por propietarios, jefes, bur贸cratas o pol铆ticos. Lo que se propicia desde el anarquismo, lo diremos una y mil veces, es que las personas se organicen por s铆 mismas; por ejemplo, en el 谩mbito laboral, que los trabajadores gestionen ellos mismos la producci贸n, eso es lo que podemos denominar la conquista de la libertad y del socialismo. El anarquismo, por mucho que est茅 pleno de ideas y convicciones, recuerda siempre que la base organizativa es la realidad social; frente a otras concepciones, que priman la idea y los principios en el modelo organizativo, y que acaban por no ver m谩s all谩 de la conquista del poder para poder realizar sus propuestas.

En cualquier caso, el anarquismo da por supuesto importancia a la forma organizativa, pero estableciendo siempre una estrecha relaci贸n con la base. Lo que se procura, algo que dota de una innegable actualidad a las propuestas libertarias, es que las formas organizativas no act煤en de manera alienante con el individuo, que no afecte a la persona ni a circunstancias concretas: es por eso que se insiste en el pensamiento y la acci贸n individuales, en la acci贸n desde la base, en la autonom铆a, en la descentralizaci贸n, el federalismo鈥 Para obtener una coordinaci贸n 贸ptima, y conseguir acuerdos y afinidad, no se logra con mejores resultados desde la direcci贸n y la coerci贸n, sino desde la cooperaci贸n y la solidaridad pr谩ctica. Llegamos as铆 a otro concepto anarquista, la acci贸n directa, que no es m谩s que aceptar la responsabilidad con todas sus consecuencias sin carg谩rsela a un tercero; frente al infantilismo que supone en el ser humano la dejaci贸n de la responsabilidades, deleg谩ndolas en otros, se pide la madurez que supone el hacer y pensar por cuenta y riesgo propios. Acci贸n directa es actuar por un mismo, pero no de manera aislada, sino como participante consciente en la comunidad.

Por lo tanto, frente a las inacabables calumnias al respecto, ya hemos apuntado algunas propuestas organizativas anarquistas. Ejemplos existen a lo largo de la historia, organizaciones sin aparatos centrales ni burocracia. Otro asunto es que el marxismo, y creo que puede generalizarse, haya propiciado todo lo contrario; la toma del poder en base a una direcci贸n, con la necesidad de la centralizaci贸n y de la disciplina desde arriba, as铆 como de una jerarquizaci贸n organizativa. Lenin fue el que llev贸 esta f贸rmula organizativa hasta sus extremos y consecuencias, de tal manera que solo sobrevive finalmente la direcci贸n suprema. Cierto folleto comunista de hace tiempo ilustra muy bien, no solo las diferentes concepciones organizativas entre anarquismo y marxismo, sino la imposibilidad de aceptar una tesis contraria a las propias por parte de ciertas visiones r铆gidas; el texto del folleto rezaba as铆: 芦Centralizaci贸n: dirigir desde un punto (鈥); Descentralizaci贸n: lo contrario de centralizaci贸n, luego dirigir desde varios puntos禄. Vemos que algunos son incapaces de pensar, siquiera, en la posibilidad de que la descentralizaci贸n suponga la gesti贸n propia, la autoorganizaci贸n.

No es dif铆cil de entender que a los partidarios de la jerarquizaci贸n organizativa les cueste comprender y aceptar las propuestas anarquistas; lo que es inaceptable es que se siga vinculando anarquismo con desorden e indisciplina. Los anarquistas poseen sus propios principios organizativos y luego es la realidad la que aparece cargada de matices, de confusi贸n o de abandono a la improvisaci贸n y espontaneidad de las personas. Recordemos esos principios y convicciones anarquistas, ya que hablamos tambi茅n de una ideolog铆a, aunque recordando la importancia de la realidad y de los hechos (de ah铆 que tantos hayan hablado del anarquismo como 芦algo m谩s禄 que una ideolog铆a).

En general, la forma libertaria contempla las relaciones de dominio desde el centro a la periferia. La teor铆a y la pr谩ctica anarquistas concibe la transformaci贸n social como la b煤squeda del fin de las relaciones centro-periferia; as铆, se produce una reflexi贸n cr铆tica sobre el Estado, el partido, el ej茅rcito y sobre cualquier posici贸n de direcci贸n o de vanguardia. Es esta concepci贸n lo que hace diverger a anarquistas y marxistas, al menos a la gran mayor铆a de estos 煤ltimos.

Veamos las palabras de Rudolf de Jong:

芦Los revolucionarios marxistas, los reformistas sociales y, en general, la mayor铆a de los militantes de izquierda quieren siempre utilizar el centro como un instrumento 鈥搚 en la pr谩ctica como el instrumento鈥 para la emancipaci贸n de la humanidad. Su modelo es siempre un centro: Estado, partido o ej茅rcito. Para ellos la revoluci贸n significa, en primer lugar, la toma del centro y de su estructura de poder, o la creaci贸n de un nuevo centro, para utilizarlo como un instrumento para la construcci贸n de una nueva sociedad. Los anarquistas no desean tomar el centro; desean su destrucci贸n inmediata. Es su opini贸n que, despu茅s de la revoluci贸n, dif铆cilmente habr谩 lugar para un centro en la nueva sociedad. La lucha contra el centro es su modelo revolucionario y, en su estrategia, los anarquistas intentan evitar la creaci贸n de un nuevo centro禄.

Otra gran diferencia estriba en la discusi贸n, que se remonta tambi茅n a los tiempos de la Primera Internacional, sobre qui茅n ser铆a el sujeto revolucionario, aquel sector de la poblaci贸n encargada de llevar a cabo la transformaci贸n social. Marx, como ya hemos dicho y es muy conocido, seg煤n su an谩lisis hist贸rico e identificaci贸n de la lucha de clases entre la burgues铆a y el proletariado, colocaba su confianza en este 煤ltimo, una clase trabajadora industrial y urbana que proliferaba en las regiones m谩s desarrolladas econ贸micamente. El autor de El Capital consideraba que, antes de la dictadura del proletariado y del socialismo, deb铆a producirse la revoluci贸n burguesa; 茅sta, consolidar铆a el capitalismo de manera plena, desarrollar铆a las fuerzas productivas y dar铆a lugar al proletariado industrial: ser铆a el sujeto revolucionario, en la visi贸n marxista, que llevar铆a a la clase trabajadora a su emancipaci贸n. Burgues铆a y proletariado, seg煤n esta concepci贸n, ser铆an elementos de progreso, mientras que otras clases son desechadas en el papel revolucionario e incluso tildadas de fuerzas conservadoras. Bakunin ten铆a una visi贸n m谩s amplia y generosa del llamado sujeto revolucionario; la revoluci贸n pod铆an llevarla a cabo tambi茅n los campesinos e incluso su papel resulta fundamental junto al del proletariado. Esta concepci贸n revolucionaria de Bakunin es incluso ampliada por otros autores anarquistas, como es el caso de Rudolf de Jong, en base a esas relaciones entre el centro y la periferia; eso nos ayuda a entender unas relaciones de domino m谩s amplias. As铆, puede decirse que para el anarquismo el sujeto revolucionario son todas las v铆ctimas de esas relaciones de domino sin olvidar el an谩lisis de clase ni renunciar a tratar de comprender las diferentes categor铆as sociales.

Recapitulando, recordaremos que el modelo de transformaci贸n social anarquista renuncia a toda organizaci贸n del centro a la periferia y promueve la movilizaci贸n de amplios sectores de la poblaci贸n para, de abajo arriba, conducir a la revoluci贸n social y tratar de crear una sociedad socialista libertaria. El Estado es sustituido por estructuras autogestionadas y federadas; la v铆a para lograrlo pasa por la potenciaci贸n de los movimientos sociales, adem谩s de las organizaciones anarquistas espec铆ficas, seg煤n el modelo libertario (que, insistiremos, pasa porque sean las personas las que gestionen sus propios asuntos sin centro directivo potenciando la autonom铆a y la individualidad consciente en la unidad social).

Por 煤ltimo, insistiremos en otra gran diferencia entre marxistas, especialmente los leninistas, y anarquistas; aquellos, insisten en la separaci贸n entre lo pol铆tico y lo social, de tal manera que justifican las relaciones jerarquizadas y de dominio, esto es, la vanguardia del proletariado, el partido, que acaba en lo alto de la pir谩mide y se convierte en una centro cuya base o periferia son los movimientos sociales. Los anarquistas, aunque tengan sus organizaciones espec铆ficas y constituyan una minor铆a activa, est谩n de acuerdo en el desarrollo de los movimientos sociales por la base y desean establecer una relaci贸n 茅tica entre lo pol铆tico y lo social; la transformaci贸n revolucionaria es realizada desde la periferia hacia el centro.

J. F. Paniagua




Fuente: Acracia.org