May 9, 2021
De parte de La Haine
216 puntos de vista


[Intervenci贸n realizada el 21 de abril de 2021 en el marco de la Escuela Internacional de Marxismos Cr铆ticos (19 al 25 de abril, 2121), tercer m贸dulo del Curso Internacional en Pensamiento Pedag贸gico Cr铆tico, organizado por el Centro Internacional de Investigaciones 鈥淥tras Voces en Educaci贸n鈥 (Venezuela) y la CEIP Hist贸rica (Argentina).]

En esta intervenci贸n quiero compartir y discutir algunas ideas sobre el marxismo cr铆tico y la transici贸n socialista que puede desentonar con buena parte de la biblioteca marxista. En mi descargo, recuerdo la sentencia, entre severa y humor铆stica, del venezolano Ludovico Silva: 鈥淪i los loros fueran marxistas, ser铆an marxistas ortodoxos鈥. Efectivamente, repetir como loros a Marx no nos hace marxistas sino dogm谩ticos. Pero soy muy consciente de que no es f谩cil desprenderse de dogmas y ortodoxias heredadas. Es una tarea ardua, cr铆tica y autocr铆tica, en 谩spero di谩logo con la experiencia hist贸rico-social y la cambiante realidad de la lucha de clases. Pero el marxismo naci贸 como cr铆tica intransigente de todo lo existente, reconociendo la fundante relevancia de la praxisynosotrosdebemos ser capaces de criticar nuestras deficiencias, anquilosamientos o equ铆vocos para desarrollar un marxismo articulado con la praxis descolonizadora, anti patriarcal, eco-socialista, anti sist茅mica, que el presente exige.

Con ese esp铆ritu volveremos sobre la accidentada interpretaci贸n de la gran Revoluci贸n Rusa de 1917, con sus contra-tiempos y derivas. Una versi贸n esquem谩tica y simplista de la historia dec铆a que 鈥渓a Gran Revoluci贸n de Octubre鈥, bajo la direcci贸n del Partido Comunista (que todav铆a se llamaba Socialdem贸crata Bolchevique) era la 鈥減rimera revoluci贸n obrera y socialista victoriosa de la historia鈥, convirti茅ndola en paradigma y modelo de alcance universal. Pero este relato que deja en la sombra que antes de 鈥淥ctubre鈥 hubo un 鈥淔ebrero鈥, una insurrecci贸n iniciada por las obreras textiles de Petrogrado que termin贸 con el zarismo con la que irrumpieron en la lucha millones de an贸nimos soldados, trabajadoras y trabajadores, y el inmenso campesinado, ellas y ellos fueron los que construyeron los Soviets y protagonizaron una revoluci贸n social en acto, plebeya, diversa, lanzada a terminar con la guerra imperialista para construir un nuevo mundo socialista.

Los Soviets se expandieron por todo el inmenso territorio zarista y fueron el eje vertebrador de la revoluci贸n, que los bolcheviques impulsaron y orientaron con la consigna 鈥淭odo el poder a los Soviets鈥. El poder sovi茅tico se proclam贸 en Octubre, pero le llev贸 mucho m谩s tiempo imponerse despu茅s en un duro y complejo combate, con avances, retrocesos y tropezando con m煤ltiples obst谩culos, algunos de los cuales no pudieron superar. Para hablar de la transici贸n al socialismo deberemos entonces referirnos a a la Uni贸n de las Rep煤blicas Sovi茅ticas Socialistas, pero debemos advertir que el Estado que naci贸 con aquella revoluci贸n fue tambi茅n, pocos a帽os despu茅s, su radical negaci贸n.

A煤n as铆, el 鈥渟iglo sovi茅tico鈥 sobre el que tanto y tan bien escribiera Moshe Lewin, se extendi贸 desde la formidable Revoluci贸n de 1917, hasta la ca铆da del Muro de Berl铆n y el desmembramiento de la Uni贸n Sovi茅tica en 1991. Con 茅ste acontecimiento, con las simultaneas derrotas sufridas por los trabajadores en Occidente frente a la 鈥渞evoluci贸n conservadora鈥 de Reagan/Thatcher, y con la plena mundializaci贸n del capital, se clausur贸 todo un per铆odo hist贸rico del movimiento obrero y revolucionario. Pero debemos tratar de asimilar lo ocurrido como experiencia estrat茅gica de explotados y oprimidos.

Debido al relativo aislamiento de la Rusia revolucionaria, a la guerra civil internacional que se le impuso y, tambi茅n hay que decirlo, a limitaciones y errores del Partido Comunista, la esperanzada y esperanzadora instauraci贸n del poder de los Soviets fue pronto ensombrecida por la guerra, debacle econ贸mica, una hambruna sin precedentes y la acelerada burocratizaci贸n del nuevo Estado que sofoc贸 la organizaci贸n y auto-actividad de obreros y campesinos. Y al cabo de una d茅cada termin贸 imponi茅ndose la dictadura de un imprevisto 鈥渃uerpo social鈥: la burocracia del Partido/Estado, con el arbitraje brutal de Stalin.

Durante los a帽os de la gran crisis y depresi贸n capitalista de los a帽os 鈥30, los Planes Quinquenales impulsaron una acelerada industrializaci贸n, pero el indiscutible 鈥渟alto鈥 econ贸mico de la Rusia stalinista no impuls贸 la transici贸n hacia una nueva sociedad emancipada del antagonismo de clase. En el mejor de los casos, las masas disfrutaron por alg煤n tiempo de mejor铆as en el nivel de vida, salud y educaci贸n y se disminuy贸 o elimin贸 la desocupaci贸n. Pero la industrializaci贸n acelerada y la colectivizaci贸n compulsiva de la tierra se hicieron sobre la base del antagonismo social: obreros y campesinos siguieron oprimidos pol铆ticamente y econ贸micamente explotados.

Posteriormente, el decisivo aporte de la URSS a la derrota del nazismo en la Segunda Guerra llev贸 a que en las conferencias de Yalta y Potsdam el imperialismo reconociera una significativa modificaci贸n de las relaciones de fuerza que imperaban en el sistema mundial de Estados. Pero la potencia (at贸mica) de la URSS y la extensi贸n del llamado campo socialista a gran parte del planeta no quebr贸 la unidad (entendiendo que unidad implica tambi茅n desigualdad y conflicto) de la econom铆a y el mercado mundial del capital. De modo que, a diferencia de lo que muchos marxistas pensaron, incluyendo algunos de los m谩s l煤cidos cr铆ticos del stalinismo, nunca existieron 鈥渄os sistemas econ贸micos mundiales鈥 con mecanismos inconmensurables.

Pese a todo ello, en la d茅cada de 1930 Stalin aseguraba que el socialismo estaba realizado 鈥渆n sus 9/10 partes鈥, en los 鈥60 Jruschov anunci贸 que a corto plazo la URSS superar铆a a EEUU y, cuando ya era inocultable el estancamiento del sistema sovi茅tico Brejnev lleg贸 a sostener que el 鈥渟ocialismo maduro鈥 estaba en v铆speras de pasar al comunismo鈥 Hoy nadie toma en serio aquellos disparates, pero sigue siendo necesario elucidar y debatir sobre la realidad de aquel modelo que dio en llamarse 鈥渟ocialismo realmente existente鈥.

Estatizaci贸n no es socializaci贸n

La experiencia hist贸rica del campo socialista mostr贸 que el derrocamiento y expropiaci贸n de las clases explotadoras en un solo pa铆s (o s贸lo en un grupo de pa铆ses) no significa la culminaci贸n de la revoluci贸n, ni asegura un proceso de transici贸n al socialismo.

En las sociedades pos-revolucionarias de tipo sovi茅tico las f谩bricas no quedaron en manos de los obreros: los medios de producci贸n pasaron a ser propiedad del Estado y los proletarios siguieron trabajando por un salario, con las m谩quinas, t茅cnicas, procedimientos y directivas dispuestas 鈥減or los de arriba鈥. La ideolog铆a oficial enaltec铆a las bondades del 鈥渢rabajo y salario socialista鈥, ocultando que subsist铆a el intercambio de mercanc铆as, el dinero y sus fetichismos. El intercambio de fuerza o capacidad de trabajo por un salario sigui贸 siendo una relaci贸n que, aunque la llamaran 鈥渟ocialista鈥, encubr铆a la extracci贸n de trabajo excedente y plusval铆a en beneficio de aquella burocracia erigida en imprevista 鈥減ersonificaci贸n del capital鈥. La Nomenklatura gestionaba el capital estatizado y la riqueza social asegur谩ndose ingresos diferenciales, primas, redes especiales de distribuci贸n, manejo discrecional de los 鈥渇ondos estatales鈥, etc茅tera.

La concepci贸n de que con la industrializaci贸n y maximizaci贸n de la producci贸n, con el fortalecimiento del Estado 鈥渙brero鈥 y el monopolio pol铆tico del Partido Comunista se aseguraba el pasaje al socialismo y la sociedad sin clases, chocaba y choca con un principio b谩sico del marxismo. La transici贸n al socialismo debe ser un proceso en el curso del cual los hombres y mujeres ir谩n recuperando el pleno y consciente manejo de los medios de vida, de su actividad productiva y del conjunto de su praxis social. Seg煤n la ideolog铆a oficial, el sistema produc铆a bienes o 鈥渧alores de uso鈥 directamente socializados, pero de las f谩bricas sal铆an mercanc铆as que encerraban m谩s o menos valor y se intercambiaban en un mercado sui g茅neris. En el intercambio mercantil de estas econom铆as dinerarias exist铆an disimulados procesos de valorizaci贸n y capitalizaci贸n.

Con la grave contradicci贸n de que la Nomenklatura pretend铆a regular todo esto con instrumentos m谩s toscos que los del capitalismo: precios que no eran precios de mercado, moneda que no era dinero-capital, tasa de inter茅s que no era el precio del dinero, relativa ineficacia de las presiones extraecon贸micas para quebrar las reticencias del trabajo, etc茅tera. La planificaci贸n burocr谩tica no pod铆a evitar que el reconocimiento post festum de lo producido se saldara con monta帽as de productos 鈥渋nvendibles鈥 o inservibles, as铆 como no pudo remediar la mala calidad, el generalizado retraso tecnol贸gico (salvo en 谩reas muy espec铆ficas ligadas a la defensa) y el menosprecio o desconocimiento de las necesidades sociales. La planificaci贸n (burocr谩tica) coexisti贸 con una descomunal anarqu铆a y un formidable despilfarro de medios y fuerza de trabajo, desempleo t茅cnico, obras inconclusas, etc.

Mucho se ha insistido, y con raz贸n, en el peso del atraso de Rusia, los da帽os provocados por el 鈥渧oluntarismo鈥 burocr谩tico y las insuficiencias o errores en la planificaci贸n. Tambi茅n en las distorsiones que impuso la hostilidad del entorno imperialista (por ejemplo m谩ximo, la 鈥渃arrera armamentista鈥). Pero es preciso se帽alar con mucho 茅nfasis que gran parte de las disfunciones se derivaban del antagonismo estructural y la sorda e irreductible resistencia del trabajo a la explotaci贸n del capital estatizado y sus m茅todos coercitivos. El cambio jur铆dico en las relaciones de propiedad no fue acompa帽ado por la transformaci贸n efectiva en las relaciones sociales y de apropiaci贸n. En contra de la voluntad de obreros y campesinos se impuso la concepci贸n de que lo primero era aumentar la producci贸n, mejorar luego la distribuci贸n y reci茅n despu茅s transformar efectivamente los objetivos, criterios y m茅todos de producci贸n y consumo.

En base a este paradigma desarrollista y productivista heredado del capitalismo, que absolutizaba el imperio de la racionalidad instrumental, cre铆a en la 鈥渘eutralidad鈥 del complejo cient铆fico-tecnol贸gica y la bondad intr铆nseca de 鈥渓a revoluci贸n cient铆fico-tecnol贸gica鈥, los bur贸cratas creyeron que pod铆an competir con las potencias capitalistas produciendo las mismas cosas y de la misma manera aunque fuesen de menor calidad鈥 Hasta que el estancamiento, las deudas externas, el agravamiento de las contradicciones sociales intestinas, las disputas inter-estatales, la carrera armamentistas y presi贸n del mercado mundial llegaron a un punto en que aquellos supuestos Estados 鈥渙breros鈥 respondieron a la crisis del sistema y la insatisfacci贸n de la poblaci贸n imponiendo鈥 la vuelta al capitalismo.

Con el fin del socialismo realmente inexistente, se difundi贸 la nefasta ideolog铆a de que el capitalismo es el inexorable horizonte de la humanidad: 鈥淭here Is No Alternative鈥濃

隆Pero lo que hoy sufrimos es la crisis del capitalismo realmente existente!

Deberemos construir un nuevo horizonte emancipatorio, tomando en cuenta las experiencias del siglo XX, pero tanto o m谩s importante es ahora repensar el comunismo y la transici贸n socialista a partir del hecho incontrovertible de que enfrentamos una grave crisis del  capitalismo realmente existente. El irrefrenable impulso productivista y consumista del capital ha chocado con l铆mites que no quiere reconocer pero existen, y la resultante es una crisis estructural sist茅mica, generalizada y de larga duraci贸n. En poco m谩s de un siglo y aceleradamente en los 煤ltimos cincuenta a帽os, el capitalismo alter贸 gravemente las relaciones metab贸licas entre la humanidad y el resto de la naturaleza, generando una creciente brecha ecol贸gica y una crisis ambiental de imprevisibles alcances. Dicen los especialistas que se ha ingresado ya en una nueva geol贸gica, el Antropoceno que algunos denominan con mayor precisi贸n Capitaloceno. La crisis estructural del capital es tambi茅n crisis civilizatoria, crisis ambiental y, con la pandemia, crisis de salud a escala planetaria.

Las incesantes innovaciones tecnol贸gicas ya no logran impulsar un nuevo ciclo de expansi贸n, pero aumentan s铆 la precarizaci贸n del trabajo (con nuevas expresiones como la uberizaci贸n y el home working), el desempleo estructural, la financiarizaci贸n, la explotaci贸n por desposesi贸n y, a otro nivel, el enfrentamiento de los EEUU con Rusia y China, que puede derivar tanto en una grave recesi贸n como en conflictos militares. Asistimos tambi茅n en todo el mundo a desarrollos t茅cnicos, inform谩ticos y comunicacionales, as铆 como a reg铆menes de excepci贸n, con fines de control, manipulaci贸n y represi贸n social a escala jam谩s vista. Es lo que el soci贸logo Ricardo Antunes ha denominado 鈥渃ontrarrevoluci贸n preventiva y generalizada鈥 que agiganta la barbarizaci贸n del mundo. La secular lucha anticapitalista y emancipatoria de los socialistas adquiere entonces el car谩cter de lucha por la vida, la supervivencia de la civilizaci贸n, contra el Ecocidio.

A la anacr贸nica concepci贸n que hace del productivismo y la abundancia el imprescindible basamento de una sociedad alternativa al capitalismo, debe oponerse una lucha por una igualdad sustantiva, con perspectiva eco-socialista y anti patriarcal que permita ir construyendo, en luchas por lo com煤n, puntos de apoyo ideales y materiales de una nueva socialidad. Con el objetivo de liquidar el poder del capital, superar el trabajo alienado, el salario y la divisi贸n social jer谩rquica del trabajo. Pero cobra relevancia tambi茅n el objetivo de terminar con el hambre y conquistar la soberan铆a alimentaria: los productores deben tener un acceso directo y no mercantilizado a la tierra y las t茅cnicas que garanticen la comida. Porque se trata de terminar no s贸lo con el imperio del capital, sino tambi茅n de toda forma de antagonismo social y opresi贸n estatal, y de encontrando el modo de satisfacer las genuinas necesidades sociales sin ensanchar la brecha ecol贸gica.

Sabemos ahora que la transici贸n socialista es y ser谩 mucho m谩s complicada y dif铆cil de lo que supon铆an Marx, Engels, Lenin o Trotsky. Se ha visto que es imposible construir el socialismo en un solo pa铆s o s贸lo en un grupo de pa铆ses, pero sabemos tambi茅n que el car谩cter internacional de la revoluci贸n socialista no significa que pueda ser asumida por los despose铆dos del mundo simult谩neamente y del mismo modo. Y el proceso transicional hacia la nueva forma social no puede ser impuesto desde arriba, ni asegurado, por alg煤n automatismo estructural: depende siempre de la auto-actividad, experiencia y creatividad de los trabajadores mismos (esto incluye la actividad y aporte de diversas organizaciones sindicales o pol铆ticas, sin sustitutismo ni exclusivismos). Impulsar una revoluci贸n total  no significa que pueda o deba intentarse trastocar todo da un d铆a para el otro, pero s铆 que la transici贸n al socialismo exige, desde el primer momento, atacar los tres pilares del viejo orden 鈥攃apital, trabajo asalariado y Estado鈥 transformando las relaciones de producci贸n y distribuci贸n tanto a nivel 鈥渕acroecon贸mico鈥 como tambi茅n y sobre todo en cada una de las m煤ltiples unidades productivas, restituyendo la dignidad e importancia del trabajo invisibilizado de las mujeres y del inmenso pobretariado de las ciudades y el campo.

Este proceso revolucionario de largo aliento, tanto pol铆tico como social, debe ser protagonizado por los y las trabajadoras mismas, recuperando y desarrollando creativamente la breve experiencia de la Comuna de Par铆s hace 151 a帽os. Aquella fue una revoluci贸n plena de experimentaciones y de rupturas que comenz贸 a construir, organizando la solidaridad, una comunidad que aspiraba ser al mismo tiempo una dictadura revolucionaria y una democracia radical, participativa.

Marx prest贸 atenci贸n a los horizontes que abr铆a y los posibles que iluminaba. 鈥淟a gran medida social de la Comuna fue su propia existencia y su acci贸n鈥, escribi贸, agregando que con ella la 鈥淩ep煤blica Social鈥 compromet铆a su propia superaci贸n al destruir 鈥渓a m谩quina burocr谩tica-militar del Estado鈥. Este camino era el de 鈥渓a reabsorci贸n del poder del Estado por la sociedad鈥, y la restituci贸n 鈥渁l cuerpo social de todas las fuerzas hasta entonces absorbidas por el Estado par谩sito que se alimenta de la sociedad y paraliza su libre movimiento鈥. En una frase magn铆fica (pero demasiado optimista) dijo que la Comuna es 鈥渦na forma pol铆tica perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno que hab铆an sido todas fundamentalmente represivas. He aqu铆 su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma pol铆tica al fin descubierta que permit铆a realizar la emancipaci贸n econ贸mica del trabajo鈥.

Esta hip贸tesis de una suerte de poder pol铆tico que 鈥渜uiebra el poder del Estado moderno鈥, sin que ello significara la desaparici贸n de lo pol铆tico en una pura autogesti贸n social, ni creer que podr铆a prescindirse de las 鈥渇unciones centrales que son necesarias para las necesidades generales del pa铆s鈥. Lo decisivo era que a diferencia de las democracias parlamentarias burguesas, que son siempre formas m谩s o menos encubiertas del dictatorial gobierno del capital, una alternativa socialista solo puede construirse desde abajo, en base a la auto actividad y auto organizaci贸n democr谩tica de la clase trabajadora y otros sectores explotados y oprimidos.

Esto puede y debe prefigurarse desde ahora, porque el combate por la transici贸n socialista requiere y pasa por la destrucci贸n del viejo Estado y la expropiaci贸n de los expropiadores, pero no puede ni debe ser reducido y subordinado a la espera de ese acontecimiento. Avanzaremos desde ahora por esa senda, dialogando con las tradiciones y experiencias resistentes de los pueblos de Nuestra Am茅rica, sistem谩ticamente ocultadas por los dominadores y explotadores. Tambi茅n con los movimientos sociales que resistan la barbarizaci贸n y las necropol铆ticas del capitalismo pand茅mico. Acompa帽ando y aprendiendo de la arrolladora y creativa movilizaci贸n de las mujeres, los feminismos y disidencias, con sus aportes pr谩cticos y te贸ricos. Tejiendo lazos que quiebren el aislamiento, la competencia y la violencia incrustados en las relaciones interindividuales de los sectores populares que el neoliberalismo exacerba. Evitando que las luchas sociales y pol铆ticas sean 鈥渆ncapsuladas鈥 en el 谩mbito institucional-estatal, tratando de construir desde y entre 鈥渓os de abajo鈥, normas de convivencia y proyectos colectivos comunes y aut贸nomos.

Esto tiene que ver con la construcci贸n de lo que algunos denominamos 鈥減oder popular鈥 y se aproxima a lo que otros denominan 鈥渃ombate de los comunes鈥. Se trata de impulsar organizaciones o instituciones de autogobierno y su convergencia, oponiendo al 鈥渄erecho de propiedad鈥 siempre esgrimido 鈥減or los de arriba鈥, los 鈥渄erechos de uso鈥 arraigados en pr谩cticas ancestrales o basados en acciones colectivas definidas y ejecutadas en com煤n. Estas experiencias de los comunes deber铆an ser orientadas a co-actividades en ruptura con las imposiciones del capital y el mercado, desarrollando formas de democracia directa, comunal, popular, o como quieran llamarse.

El marxismo cr铆tico no pretende sustituir o imponer directivas al movimiento real. No se trata de dominar las pr谩cticas sociales, sino ayudar a liberarlas para establecer con ellas nuevas y superiores formas de rec铆proca colaboraci贸n y rectificaci贸n. Es posible y necesario afirmarse en lo popular-plebeyo de nuestro continente para proyectar y construir colectivamente una concreta y multivariada subjetividad revolucionaria e internacionalista, anclada en el enfrentamiento al capital.

Tenemos por delante un combate largo, dif铆cil y cruento, con final incierto. Pero en el mundo en que vivimos, lo 煤nico seguro es la derrota del que no lucha.

Herramienta




Fuente: Lahaine.org