October 17, 2022
De parte de Lobo Suelto
186 puntos de vista

tres d茅cadas de la publicaci贸n de Almirante Cero, biograf铆a no autorizada de Emilio Eduardo Massera, (de Claudio Uriarte, Planeta, Bs-As 1991, libro dedicado a Alejandro Horowicz), permite reflexionar sobre los modos pr谩cticos, en la pol铆tica y fuera de ella, en que se reproduce la ideolog铆a de la derecha argentina. Siniestro almirante y miembro de la primera junta militar de la 煤ltima dictadura argentina, en torno a su apellido se condensa una racionalidad hist贸rica, aquella que anim贸 el terrorismo de estado y el independentismo militar, que tiende a actualizarse por nuevos medios. 

En tanto que oficial de la Marina Argentina, Massera hereda el papel de ej茅rcito 鈥渞endido鈥 -ver al respecto los fundamentales libros de Le贸n Rozitchner: Per贸n, entre la sangre y el tiempo; y Malvinas de la guerra sucia a la guerra limpia鈥 incapaz de concebir las armas en funci贸n de guerra de liberaci贸n alguna. De la Campa帽a del desierto para ac谩 y a partir de la constataci贸n olig谩rquica del peligro constituido por la inmigraci贸n proletaria europea, las fuerzas armadas fueron formadas para la represi贸n interna, adoctrinadas por la jerarqu铆a de la Iglesia Cat贸lica Argentina -consultar sobre este punto el no menos fundamental estudio de Horacio Verbitsky sobre la historia pol铆tica de la Iglesia cat贸lica argentina. Esa marina que, como explic贸 Alejandro Horowitz en su libro Los cuatro peronismos, actu贸 como 芦煤ltima ratio禄 armada de la derecha. De Rojas a Massera hay una continuidad: el golpe del 55; la Masacre de Trelew de 1972; la ESMA.

Pero adem谩s de una herencia hay una acci贸n fundadora de derecho. Massera fue protagonista de la constituci贸n de esa forma-estado que Eduardo Luis Duhalde llam贸 en su libro El estado terrorista caracterizado como el intento de salvar al capitalismo argentino de sus cuestionamientos socavando la legalidad desde el v茅rtice mismo del orden jur铆dico en favor de una clandestinizaci贸n del accionar p煤blico (Grupo de Tareas, las desapariciones) y empleando la tortura como m茅todo.

Pero en Massera, y este es el n煤cleo del argumento del libro Almirante Cero, se exhibe de modo pronunciado la tentativa de esa m谩quina de guerra asesina de autonomizarse de las clases sociales que le han encomendado el uso de las armas para realizar su propio programa pol铆tico y econ贸mico. El poder de fuego del GT 3.3.2 no se limitaba a la 鈥渓ucha antisubversiva鈥, sino tambi茅n a resolver toda clase de conflictos pol铆ticos dentro del gobierno, pero adem谩s, a apoderarse de empresas y a liquidar obst谩culos personales de Cero. As铆 fueron asesinados diplom谩ticos, militares y empresarios, miembros conspicuos de una clase burguesa que presinti贸 el peligro que se alzaba sobre ella. 

Como parte de esa estrategia de autonomizaci贸n, Massera imagin贸 el dise帽o de un nuevo movimiento pol铆tico capaz de heredar al peronismo por medio de la c谩rcel y la picana. Esa fantas铆a de conducir v铆a sometimiento al movimiento de masas, pretend铆a combinar el doble papel que el almirante se arrogaba: custodio 煤ltimo de los valores de occidente, y amo de un peronismo al que pretend铆a amaestrar manteniendo presos a dirigentes sindicales y a la propia Isabel Per贸n, mientras decenas de militantes de Montoneros permanec铆an desaparecidos bajo su estricto control en la ESMA.

Esta m谩quina de guerra de ultra-derecha, tuvo siempre un car谩cter internacional por medio de la integraci贸n de Massera como miembro destacado a la P2 de Licio Gelli, logia del anticomunismo patronal europeo con apoyo del banco del Vaticano que otorgaba millones a Massera para financiar la compra de armas para la guerra contra el comunismo.

Y junto a esto un oportunismo discursivo de alto nivel, capaz de un revestimiento al servicio del m茅todo de la oportunidad: Massera supo ser ateo y socio de la Iglesia Cat贸lica, puso a su movimiento pol铆tico el nombre de 鈥渄emocracia social鈥 y convoc贸 escritores para constituir sus discursos, en particular a Hugo Ezequiel Lezama, director del diario masserista Convicci贸n.

Massera, en tanto encarnaci贸n del impulso autonomista de la m谩quina de guerra respecto de la clase dominante, es inseparable del delirio seg煤n el cual, una vez desarmadas sus v铆ctimas y la sociedad que las contempla, se someter谩n a su reconocimiento bajo la forma del respeto mutuo y el reconocimiento al vencedor. Esa torpeza hist贸rica, desmentida por la combatividad no violenta de familiares, organismos y militancias sociales no constituye un mero error de c谩lculo, sino un s铆ntoma de la imposibilidad de lucidez hist贸rica emergida de la ilegitimidad pol铆tica.

Si derecha es el gobierno del 芦estado de excepci贸n禄, que vive desdoblando el orden jur铆dico -separando y rearticulando fuerza y ley- en funci贸n de la defensa y la ampliaci贸n de las relaciones sociales capitalistas, haciendo de la democracia un medio de organizar pol铆ticamente las relaciones de dominaci贸n, hay que decir tambi茅n que este desdoblamiento no se realiza siempre del mismo modo. 

Y si algo nos toca pensar es ese modo distinto. Si la marina gorila del 麓55 pretend铆a desanudar por las armas la ligaz贸n peronista entre democracia parlamentaria y poder sindical por la v铆a de la proscripci贸n de contenido fuertemente racista, postergando las elecciones para un futuro popular desperonizado, la Armada de Massera participa de un plan pol铆tico distinto, en el que las Fuerzas Armadas de conjunto se compromet铆an con el programa de las clases dominantes y la c煤pula de la Iglesia Cat贸lica orientado a cortar definitivamente toda opci贸n pol铆tica con base en la clase trabajadora argentina. El golpe del 麓76 fue previsto como el golpe capaz de poner fin a los golpes de estado. Y el Estado Terrorista como fin del Estado autoritario cuya fragilidad descansaba precisamente en la incapacidad de reunir el recurso frecuente al golpe y la constituci贸n de un mando leg铆timo. En una inversi贸n t铆pica del Marx de El 18 de Brumario, Uriarte escribe que 鈥渃omo contraparte de esa militarizaci贸n de la vida pol铆tica, las Fuerzas Armadas padec铆an la politizaci贸n de su vida institucional鈥 multiplic谩ndose de ellas antagonismos y conflictos provenientes de los conflictos sociales y de clase. El Golpe de mano era asunto tan f谩cil, s贸lo depend铆a de convencer a un n煤mero de oficiales, que hasta los sindicatos peronistas lo practicaron.

La gota que rebas贸 el vaso, como se dice, fue el a帽o 麓69. El Cordobazo fue el estallido de la contradicci贸n entre un 鈥減a铆s oficial鈥 (un estado que planifica tecnocr谩ticamente su sobrevivencia) y 鈥減a铆s real鈥, efecto de una larga transformaci贸n de relaciones sociales (nueva industrializaci贸n/nuevo proletario industrial/capitales extranjeros/nueva clase media excepcionalmente ilustrada. Eso m谩s la influencia de procesos mundiales: Revoluci贸n Cubana/descolonizaci贸n/Guerra de Vietnam). El 麓69 obr贸 para propios y enemigos como el a帽o que corporiz贸 el fantasma revolucionario, e instal贸 el modelo insurreccional para activistas obreros y estudiantiles, con el consiguiente espectro de derrocamiento total de la estructura militar. La respuesta al Cordobazo qued贸 en manos del General Lanusse: repliegue de las Fuerzas Armadas, retorno de Per贸n del exilio y elecciones. El Cordobazo obr贸 como la introducci贸n a la acci贸n de masas contra el dispositivo militar de la proscripci贸n. Y su efecto fue el fin de la proscripci贸n, y los preparativos para recibir de nuevo al peronismo en el juego pol铆tico (la Masacre de Trelew fue para Uriarte el intento de la Marina de condicionar esta apertura del juego). En otras palabras: el peronismo fue visto como una 鈥減贸liza de seguros鈥 en el momento de 鈥渕ayor militarizaci贸n civil conocida hasta entonces鈥 (Ezeiza) mientras se daba libre juego a las AAA y se preservaba a las FF.AA. para la soluci贸n final.

El golpe el 麓76 y la toma del poder por la junta militar eleva a Massera, proveniente de un hogar de clase media, sensible a la poes铆a de joven y lector de Mart铆nez Estrada, a la c煤spide del poder pol铆tico. Formado durante a帽os en los Servicios de Inteligencia Navales (SIN), Massera form贸 y lider贸 el Grupo de Tareas 3.3.2 que actuaba en la ESMA, uno de los mayores centros de detenciones clandestinas del pa铆s. 鈥淐ero鈥 fue su nombre de guerra, cuando lideraba la patota que entraba por las noches en las casas de militantes, pero tambi茅n para protagonizar sesiones de tortura. De d铆a recib铆a honores de jefe de estado, pero en las madrugadas secuestraba, robaba y mataba.

La propia guerra de Malvinas, con la que Massera coquete贸 en el poder, pero en relaci贸n a la cual tuvo una participaci贸n marginal, no fue sino la extensi贸n al conjunto del mando militar de una fantas铆a colectiva -eso es, en definitiva, la autonom铆a de la m谩quina de guerra de derechas- capaz de mantener el poder al grupo en armas una vez consumado el programa antisubversivo. Entonces, la m谩quina de guerra se propuso como vanguardia armada de la defensa de un occidente que no s贸lo no les reconoc铆a ese papel, sino que adem谩s se preguntaba si los mandos militares, sustitucioncitas del Estado y de la Clase Dominante, llegar铆an a estrechar lazos con la URSS. La derrota de las FFAA, a esa altura deseada de alg煤n modo por las clases dominantes argentinas fue, por eso, obra de unas fuerzas armadas enclavadas del occidente capitalista y cristiano (y no parece despreciable el papel de contenci贸n ideol贸gica del papa Juan Pablo II tanto en el conflicto del Beagle como en Malvinas).

Massera declar贸 en el juicio que su apellido ser铆a reivindicado en el futuro. Su error fue creer que la derrota militar de la guerrilla supon铆a el desarme moral del bando popular, que se reorganiz贸 de un modo para 茅l completamente inesperado a partir del movimiento de derechos humanos y luego de un sinn煤mero de organizaciones sociales y sindicales. Este error, sin embargo, no es mero despiste. Lo propio de la m谩quina de guerra de derechas es suprimir. Mientras que las Madres de Plaza de Mayo jam谩s enfrentaron al poder en esos t茅rminos. Esa fue su fuerza inesperada.

***

En una escena del film Argentina 1985 el fiscal Strassera (Ricardo Dar铆n) acude esc茅ptico a su amigo mayor, el Ruso (Norman Brisky). Ha recibido la encomendaci贸n de acusar a las Juntas militares que gobernaron el pa铆s durante la dictadura, pero no cree que el poder judicial, la pol铆tica argentina ni 茅l mismo est茅n a la altura de las circunstancias. El Ruso lo alienta con el siguiente argumento: cada tanto, incluso en el peor de los sistemas (se refiere al Estado), se abre una rendija y, si se la aprovecha, es posible producir un cambio trascendente. Poco despu茅s, vemos a Massera y a los dem谩s miembros de las Juntas compareciendo en silencio ante un alegato que termina con citando el informe Nunca Mas de la CONADEP. 驴Qu茅 se sanciona en ese juicio? No, por cierto, el programa triunfante del llamado Proceso de Reorganizaci贸n Nacional, ni tampoco a la extensa trama de sus beneficiarios y c贸mplices de los militares. Si un error de perspectiva comet铆a en su defensa Massera (dici茅ndole a los jueces que si 鈥渉ubi茅ramos perdido no estar铆amos ac谩, ni ustedes ni nosotros鈥), era el no percibir adecuadamente hasta qu茅 punto lo que realmente se condenaba era la autonomizaci贸n de la m谩quina de guerra de ultraderecha.

驴No es esa interpretaci贸n de Argentina 1985 a la vez la m谩s interesante (por actual) y la m谩s cuestionable (por insuficiente)? Desactivar la ficci贸n negacionista que se pone en marcha en cada autonomizaci贸n de las m谩quinas de guerra de la derecha es tan importante como comprender que esa desactivaci贸n es imposible de resolver por los medios exclusivos del derecho estatuido. Ese juicio, como todos sabemos, le debe m谩s de lo confesado a la derrota militar de Malvinas y a las Madres de Plaza de Mayo. El acierto de Argentina 1985 es renovar la escucha de las palabras de 鈥渧iolencia cobarde鈥 y 鈥減erversi贸n moral鈥, le铆das por Dar铆n-Strassera, estableciendo actualizaciones necesarias. Pero al hacerlo nos remiten a la pregunta por aquellas condiciones extra-jur铆dicas (propiamente pol铆tica) que esa escucha precisa activar para frenar o destruir el 鈥渋ndependentismo armado鈥 de las actuales ultraderechas.

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La ca铆da pol铆tica de Massera (que acab贸 acusado de 83 homicidios, 623 privaciones ileg铆timas de libertad, 267 aplicaciones de tormentos, 23 reducciones a servidumbre y 11 sustracciones de menores, entre otros delitos) y la soledad final de Videla, no es m谩s que la contracara de la fantasiosa autonomizaci贸n de la m谩quina militar respecto del bloque de clases dominantes de la que proven铆a su destino. Doble delirio, en todo caso, porque tampoco lograron jam谩s un sustento social que los sostuviera leg铆timamente. Videla rezando a la virgen, resentido por haber sido abandonado por quienes en su momento lo acompa帽aban y alentaban, y Massera aborrecido por haber sido 鈥渞esponsable de cr铆menes de lesa burgues铆a鈥, constituyen una restituci贸n del principio de realidad al que las Madres de Plaza de Mayo aportaron como nadie m谩s. El propio Lezama, decepcionado de 鈥渆l negro鈥 al advertir -en el a帽o 麓88- el abrupto enriquecimiento de Cero, dej贸 de visitarlo. Massera, escribe Uriarte, cay贸 en desgracia por las mismas razones por las que alcanz贸 la cima del poder: la creencia en que 鈥渓as armas y el poder desnudo鈥 pueden obrar como sustitutos 鈥渄e las verdaderas relaciones de poder鈥 y por 鈥渉aberse puesto innumerables veces al margen de la legitimidad y la legalidad socialmente aceptada鈥.  

En otra vuelta del argumento, Uriarte piensa que Massera no advert铆a los t茅rminos de su propia victoria, consistente en que a la salida de la dictadura, sus opositores hablasen de derechos humanos y no de lucha de clases. A mi modo de ver, Uriarte mismo no llega a captar en esta frase hasta qu茅 punto la lucha de clases en la argentina de postdictadura se regener贸 no a pesar sino gracias a la singularidad que en estas tierras adopta, precisamente, el discurso de los derechos humanos. Uriarte se concentra en el estado de mudez de los jerarcas militares durante el juicio como una consecuencia natural de su pol铆tica de desapariciones clandestinas: como no reconoc铆an en p煤blico su propio accionar represivo, quedaban condenados al negacionismo o al silencio como 煤nico recurso frente al testimonio de las v铆ctimas. La principal frase de la defensa de Massera, escrito por Lezama, sintetiza lo 煤nico que los genocidas han podido articular desde entonces: 鈥淣adie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa鈥. Pero si la dictadura triunfaba, y el silencio de la defensa s贸lo significaba una debilidad moment谩nea -impuesta por la ilegalidad de los medios-, a煤n habr铆a espacio para creer, seg煤n las palabras del propio Cero, que 鈥渃uando la cr贸nica se vaya desvaneciendo porque la historia se vaya haciendo m谩s n铆tida, mis hijos y mis nietos pronunciar谩n con orgullo el apellido que les he dejado鈥. Esto no fue as铆, y no lo fue porque la cr贸nica no se desvaneci贸 sino que, precisamente se hizo m谩s n铆tida, no en la derrota sino en la resistencia, en la extraordinaria conversi贸n de la lucha de los derechos humanos en un humus sensible desde el cual cuestionar el proyecto triunfante de la dictadura.

Lo que interesa, en todo caso, no es tanto lo que cree Almirante Cero (o, por caso Argentina 1985), sino lo que incluso en esta disidencia podemos leer en 茅l hoy, tres d茅cadas despu茅s de la publicaci贸n y a 15 a帽os del fallecimiento de su autor -periodista que trabaj贸 en diversas redacciones: de Convicci贸n a P谩gina 12-, una serie de observaciones hist贸ricas m谩s 煤tiles quiz谩s para nuestro presente que para el suyo. Y en particular la siguiente: Massera, pese a toda su habilidad pol铆tica, careci贸 siempre de una base social, l铆mite que acompa帽a a煤n hoy a la ultraderecha en la Argentina. Tuvo el m谩ximo poder mientras dispuso del poder de las armas, pero el m铆nimo de legitimidad popular para una pol铆tica capaz de trascender el campo clandestino de detenci贸n y torturas. Ese l铆mite fue el suyo, incluso cuando fue el se帽or de la vida y de tantas personas. La derecha puede ser y es violenta y poderosa, delirante y asesina, s铆. Pero lo que ella no debe lograr -y ese es el verdadero desaf铆o de todos quienes entendemos que la democracia no puede ser reducida a ser s贸lo lo contrario de la dictadura, una mera 鈥渋ndependencia de poderes鈥- es la articulaci贸n entre sus m谩quinas de guerra y una adhesi贸n a nivel de un movimiento de masas.

Buenos Aires, 11 de octubre de 2022.

Tecla e帽e.




Fuente: Lobosuelto.com