August 23, 2021
De parte de Nodo50
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El 28 de abril de 1978, hace m谩s de cuarenta a帽os, los comunistas lograron hacer una revoluci贸n en Afganist谩n. Mi amigo Tahir Alemi fue uno de esos comunistas. Era un buen tipo, generoso y amable, y quer铆a cambiar el mundo.

Tahir era profesor de literatura past煤n en la Universidad de Kabul. Su estirpe era antigua. Su padre era un peque帽o campesino que viv铆a en el poblado de Nangarhar, cerca de la frontera con Pakist谩n. La familia trabajaba su propia tierra y hasta ten铆a un aparcero, signo de que le iba mejor que a la mayor铆a. 鈥 Tahir amaba a su padre, a sus hermanos y a su madre, pero en un momento tuvo que enfrentarse a los valores que pregonaban.

En los a帽os 1970, Afganist谩n era un pa铆s feudal. El poder no estaba del lado de los empresarios urbanos, sino de los grandes terratenientes que viv铆an en las fortalezas de las zonas rurales. A veces hab铆a dos se帽ores en un poblado, a veces uno solo. En ciertas 谩reas, muchas aldeas estaban bajo el dominio de un solo hombre. Hab铆a muchos campesinos como el padre de Tahir, que con suerte ten铆an un pe贸n, pero trabajaban su propia tierra.

Debajo de ellos estaban los aparceros, que eran probablemente la mitad de la poblaci贸n y a los que se les permit铆a quedarse con un tercio de la cosecha. En el poblado de Tahir, los aparceros representaban solo un quinto de la poblaci贸n porque la tierra era bastante buena. A todos los aparceros, trabajadores y pastores se les pagaba lo justo para comprar tres panes naan por cada dos adultos y dos por cada dos ni帽os. Es decir, 2.000 calor铆as por adulto y 1.300 por ni帽o. No pod铆an comprar m谩s comida.

A comienzos de los a帽os 1970, viaj茅 a Afganist谩n como antrop贸logo. Las personas con las que me encontr茅 hab铆an sido n贸madas con reba帽os de ovejas, pero su situaci贸n hab铆a empeorado con el tiempo. Su nivel de vida era equivalente al de cualquier afgano pobre. Las mujeres usaban dos vestidos en toda su vida, uno cuando llegaban a la pubertad y otro cuando se casaban. Una familia com煤n solo pose铆a una peque帽a taza de t茅. Com铆an carne con emoci贸n una vez al a帽o, durante la fiesta del profeta. Para saborear mejor el pan, cocinaban una sopa con tr茅boles y otras verduras de hoja que recolectaban. Dos de las tres familias m谩s ricas de aquel peque帽o poblado de treintaitr茅s hogares compet铆an entre s铆 d谩ndonos muestras de hospitalidad a mi esposa y a m铆. En una ocasi贸n especial, una familia frit贸 un huevo para convidarnos. La otra nos invit贸 un guiso con una peque帽a papa. Nadie m谩s lograba acceder a esos ingredientes.

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Mohammad Zaher Khan en su uniforme militar // Haji Amin Qodrat.

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Mohammad Zaher Khan en su uniforme militar // Haji Amin Qodrat.

Por supuesto, sostener una explotaci贸n de esa magnitud 鈥揹e dos tercios a cuatro quintos de la cosecha quedaban en manos de los propietarios de la tierra鈥 implicaba pr谩cticas crueles y violentas. Las ejerc铆an los se帽ores locales junto a sus guardaespaldas y matones, siempre con apoyo del gobierno. Mohammed Zahir Shah 鈥搑ey de Kabul鈥 y su familia, hab铆an consolidado su poder privilegiando en cada distrito a un se帽or que actuaba como su lugarteniente. 鈥淎ntes era directamente una tiran铆a鈥, me cont贸 Tahir una vez. 鈥淟os tipos ven铆an y mataban a toda tu familia. Ahora, en cambio, es una democracia. Ya no se meten con la familia: se la agarran con uno solo y como mucho llegan a arrancarle los ojos鈥. Era un chiste. Nos re铆mos.

Afganist谩n era un pa铆s pobre, conformado en gran medida por zonas 谩ridas, desiertos y monta帽as. El gobierno no ten铆a suficiente poder como para cobrarles impuestos a los grandes terratenientes ni a los peque帽os campesinos. En cambio, deb铆a contentarse con los aranceles aduaneros. Desde 1842, los gobiernos afganos se hab铆an apoyado en distintas formas de subsidios extranjeros, que proven铆an sobre todo de Gran Breta帽a. Desde los a帽os 1950 en adelante, Afganist谩n empez贸 a 鈥渄esarrollarse鈥. Durante la Guerra Fr铆a, Rusia y Estados Unidos se hicieron cargo, en concepto de asistencia, del 80% del presupuesto civil y de la mayor parte del presupuesto militar del pa铆s. Los rusos cubr铆an casi dos tercios de los gastos y los estadounidenses el tercio restante. La industria y el desarrollo econ贸mico eran marginales. El dinero que llegaba terminaba sobre todo en el ej茅rcito, en la escuelas y en la burocracia estatal. Bast贸 para que miles de estudiantes empezaran a asistir a la Universidad de Kabul y cientos de miles a las escuelas. La vieja clase dominante de terratenientes era muy peque帽a y no pod铆a cubrir todos los cargos docentes y estatales necesarios. Las personas que se hab铆an beneficiado de la nueva educaci贸n eran hombres como Tahir, hijos de campesinos pertenecientes a cierto estrato medio. Sus padres y abuelos siempre hab铆an odiado silenciosamente a los grandes terratenientes y al gobierno, y sus hijos educados continuaron la tradici贸n.

Estos j贸venes docentes so帽aban con un Afganist谩n moderno y desarrollado. Una vez, en la provincia de Helmand, Tahir y yo presenciamos, junto a una muchedumbre de curiosos sin voz, una manifestaci贸n de estudiantes de la escuela secundaria. Sub铆an por turnos a una peque帽a tarima desde la que gritaban sus consignas: 鈥淢uerte a los kanes鈥. Kan era la palabra con que designaba a los grandes terratenientes. La reivindicaci贸n de los j贸venes no era abstracta. Su programa pol铆tico era matar a esos hombres en su distrito.

鈥溌縀sto existe en Estados Unidos?鈥, me pregunt贸 Tahir.

Le dije que s铆, que yo hab铆a formado parte de protestas parecidas. Me cont贸 la historia del 鈥渢res de aqrab鈥: en 1965, un grupo de estudiantes de Kabul se hab铆a manifestado fuera del parlamento y tres hab铆an muerto a causa de los disparos. 脡l hab铆a estado ah铆.

Los j贸venes hombres y mujeres de esta nueva clase urbana, compuesta sobre todo por docentes como Tahir, empezaron a ensanchar las filas de los partidos islamistas y comunistas. La Hermandad era una organizaci贸n islamista. J贸venes con t铆tulos universitarios, pertenec铆an a la misma clase que Tahir y terminaron dirigiendo la resistencia contra los rusos. Los comunistas estaban divididos en dos. Una tendencia era Parcham (la Bandera). Sus miembros estaban bien formados, pertenec铆an a estratos urbanos y sosten铆an una pol铆tica m谩s moderada. La otra era Jalq (el Pueblo). Sus militantes en general no hab铆an accedido a la educaci贸n, proven铆an de familias rurales y en general eran pastunes. Tahir se uni贸 a Parcham. En 1973 las organizaciones comunistas crec铆an m谩s r谩pido que la Hermandad.

Una vez acompa帽茅 a Tahir a la casa de su padre y caminamos y recorrimos los poblados que rodeaban Nangarhar. Tahir hab铆a sido seleccionado por la universidad para ser mi 鈥済u铆a鈥 durante las primeras etapas de mi trabajo de campo. A cambio, cobraba tres veces su salario mensual, es decir, tres veces lo que ganaba un trabajador corriente. Yo todav铆a estaba aprendiendo la lengua, as铆 que Tahir oficiaba de traductor. Tambi茅n redactaba informes regulares sobre m铆, que entregaba a la polic铆a secreta. Ambos lo sab铆amos, pero no dec铆amos nada.

El matrimonio de Tahir estaba arreglado. Su esposa nunca hab铆a ido a la escuela. Hab铆a muchas cosas de las que no pod铆a hablar con ella. Se hab铆a casado para complacer a su familia, que hab铆a elegido una chica del pueblo con la esperanza de mantenerlo cerca. Durante los primeros a帽os del matrimonio ella viv铆a con sus padres y 茅l la visitaba cuando pod铆a. Tahir intent贸 desarrollar una relaci贸n real. Otras mujeres de las ciudades y del campo iban a la escuela y a la universidad. De hecho, en Parcham y Jalq hab铆a muchas compa帽eras mujeres. La liberaci贸n de las mujeres era una parte central del sue帽o por un mundo mejor. Tahir ansiaba mudarse con su mujer a Kabul. Cuando eso sucediera, me prometi贸, yo la conocer铆a, porque 茅l jam谩s la obligar铆a a recluirse.

En 1972 hubo una sequ铆a, efecto incipiente del cambio clim谩tico. Una parte del norte sufri贸 la hambruna. Estados Unidos enviaba alimentos. El gobierno apilaba las bolsas de granos en las plazas de las grandes ciudades. Los soldados custodiaban la proveedur铆a y los funcionarios la vend铆an a un precio diez veces mayor del normal. Para comprar algunos granos, los peque帽os campesinos terminaban vendi茅ndoles sus tierras a los kanes feudales por casi nada. Los que no ten铆an tierras se sentaban a esperar la muerte. Un periodista franc茅s me pregunt贸 por qu茅 no saqueaban las bolsas apiladas. 鈥淓l rey tiene aviones鈥, dec铆an, 鈥測 los usar谩 para bombardearnos鈥.

Pero el rey y su gobierno hab铆an perdido pr谩cticamente todo el apoyo de la poblaci贸n. Mohammed Daoud, primo del rey, hab铆a sido un primer ministro despiadado y cruel hasta 1963. Se hab铆a inclinado m谩s hacia los sovi茅ticos, mientras que el rey prefer铆a a los estadounidenses. En ese momento, Estados Unidos estaba poni茅ndole fin a la asistencia a causa de Vietnam y la mayor parte del dinero llegaba de Rusia. Entonces, Daoud mont贸 un golpe de Estado con apoyo sovi茅tico. No encontr贸 ninguna oposici贸n. Despu茅s de la hambruna, nadie estaba dispuesto a morir por el rey.

La organizaci贸n del golpe estuvo a cargo de los j贸venes oficiales comunistas, especialmente los de la tendencia Jalq. Como los docentes, los oficiales proven铆an de las capas medias del campesinado y pertenec铆an a la primera generaci贸n de sus familias que acced铆a a la educaci贸n. En general hab铆an sido entrenados por la Uni贸n Sovi茅tica.

El golpe no cambi贸 nada importante. Aunque la ret贸rica de Daoud era de izquierda, el poder permaneci贸 en manos de los grandes terratenientes. Pero la universidad y las escuelas primarias y secundarias se convirtieron en lugares de gran efervescencia pol铆tica, especialmente en los pueblos m谩s grandes y en las ciudades. Algunos docentes hac铆an proselitismo por la Hermandad, otros por Jalq y otros por Parcham. Los estudiantes debat铆an. Parcham sosten铆a que hab铆a que colaborar con la dictadura de Daoud. Jalq apostaba a una revoluci贸n completa.

Los comunistas eran cada vez m谩s. En abril de 1978, Daoud orden贸 el asesinato de Mir Akbar Kyber, dirigente comunista. Ambas tendencias de partido confluyeron en una gran protesta durante el funeral en Kabul. Daoud detuvo a todos los dirigentes de ambas organizaciones y ellos sab铆an que sus vidas pend铆an de un hilo. Entonces, un dirigente llamado Amin logr贸 iniciar un golpe de Estado bien organizado. Los mismos oficiales del ej茅rcito y de la fuerza a茅rea que lo hab铆an llevado al poder, mataron a Daoud y a toda su familia. Como sucedi贸 con el rey, nadie estaba dispuesto a luchar por Daoud y los comunistas triunfaron.

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El d铆a despu茅s de la Revoluci贸n de Saur (1978) // Cleric77.

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El d铆a despu茅s de la Revoluci贸n de Saur (1978) // Cleric77.

Los comunistas anunciaron la revoluci贸n, a la que bautizaron como la 鈥済ran revoluci贸n de abril鈥, siguiendo el modelo de la Revoluci贸n de Octubre. Aprobaron dos leyes con el objetivo de convertir el golpe en una revoluci贸n. La primera fue la reforma agraria: repartir铆an la tierra de los grandes propietarios entre los aparceros. Hab铆a muchas zonas en las que el gobierno no ten铆a ning煤n medio de garantizar la reforma agraria, pero en Helman, donde los j贸venes gritaban 鈥淢uerte a los kanes鈥, los comunistas empezaron a tomar las tierras y a redistribuirlas.

El segundo fue la abolici贸n del excrex, las donaciones que hace el marido a la familia de su novia a cambio de su mano. Eran sumas de dinero bastante grandes, que a veces representaban dos o tres a帽os de ingresos de una familia promedio. Pero m谩s importante era todav铆a el lugar simb贸lico que ocupaba esta pr谩ctica, considerada por muchos como el signo m谩s evidente de la opresi贸n de las mujeres.

Las relaciones entre los hombres y las mujeres no eran la caricatura sexista a la que nos tiene acostumbrados la propaganda islamof贸bica. Es cierto que en algunos poblados hab铆a familias que manten铆an recluidas a sus mujeres y solo les permit铆an salir vestidas con la burka. Pero como mucho cuatro o cinco, de un total de doscientas. En la mayor铆a de los hogares pobres, las mujeres ten铆an que trabajar en el campo junto a los hombres. Como sea, al igual que en otros pa铆ses, la opresi贸n era real. Los comunistas estaban decididos a transformar las cosas. La ley sobre el excrex se mantuvo en un plano formal, aunque en algunas 谩reas las mujeres empezaron a bailar en p煤blico.

Las medidas sobre la distribuci贸n de la tierra y el matrimonio precipitaron una rebeli贸n dirigida por los mul谩s. Los mul谩s no eran como los islamistas de la Hermandad, que sol铆an ser hombres formados, ingenieros y te贸logos. Los mul谩s eran campesinos pobres, con una educaci贸n que apenas alcanzaba para leer farsi y recitar el Cor谩n en 谩rabe. Las capas m谩s acomodadas de la sociedad los trataban con desprecio. Pero ten铆an una larga historia de resistencia popular.

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Mujeres afganas en 1927 // Wikimedia.

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Mujeres afganas en 1927 // Wikimedia.

En efecto, Afganist谩n nunca hab铆a sido conquistada. Los brit谩nicos la invadieron en 1838-1842 y de nuevo en 1878-1880. En ambas oportunidades, los sectores m谩s acomodados aceptaron el oro de los invasores 鈥揺ntregado, literalmente, en grandes bolsas鈥 y no ofrecieron resistencia. Pero las dos veces los mul谩s predicaron con pasi贸n en las aldeas y en los poblados hasta desatar las yihad, revueltas populares que expulsaron a los brit谩nicos. Durante los a帽os 1920, un nuevo gobierno reformista a cargo del rey Amanullah intent贸 鈥渕odernizar鈥 el pa铆s siguiendo el modelo de Ataturk en Turqu铆a y Reza Shah en Ir谩n. Amanullah insisti贸 en poner fin a la reclusi贸n de las mujeres ricas y quiso garantizarles el derecho de usar vestidos occidentales. Despu茅s intent贸 aplicar un impuesto sobre los grandes terratenientes y los peque帽os campesinos del sudeste, pero todo esto provoc贸 una nueva revuelta de los mul谩s. M谩s tarde, Habidullah, un trabajador devenido bandido, dirigi贸 una insurrecci贸n popular en Kabul. Con apoyo brit谩nico, la familia real logr贸 sofocar la revuelta, pero el experimento social de Amanullah hab铆a llegado a su fin.

Despu茅s de los a帽os 1930, los mul谩s siguieron present谩ndose como los guardianes de la ortodoxia, aun cuando el islam de los afganos siempre hab铆a sido m谩s bien flexible y para nada ortodoxo. Los mul谩s predicaban un islam conservador y se opon铆an a la liberaci贸n de las mujeres en la misma medida que al imperialismo cristiano de Gran Breta帽a y Estados Unidos y al ate铆smo de la Uni贸n Sovi茅tica. Para la mayor铆a de los afganos, hombres y mujeres, el islam ocupaba el centro moral de sus vidas.

En las grandes ciudades los comunistas contaban con bastante apoyo en las escuelas, en las universidades, entre los funcionarios estatales y en sectores afines

Despu茅s de la Revoluci贸n de Saur, los mul谩s comenzaron a organizar la resistencia al gobierno. Como lo hab铆an hecho contra los brit谩nicos y contra Amanullah, convocaron a la poblaci贸n a oponerse a la dominaci贸n extranjera. La revuelta comenz贸 en las monta帽as y en las fronteras, donde el gobierno siempre hab铆a sido m谩s d茅bil, y se propag贸 hacia los valles y las ciudades. La resistencia les planteaba un problema terrible a los comunistas. Como no contaban con el apoyo de la mayor铆a, tuvieron que recurrir a la violencia.

Es cierto que la Revoluci贸n de Saur hab铆a surgido de un golpe dirigido por una camada de oficiales j贸venes. Pero el ej茅rcito de Afganist谩n estaba formado por reclutas provenientes de todos los rincones del pa铆s, sobre todo de las familias de peque帽os campesinos y aparceros. Esos soldados segu铆an 贸rdenes, pero no estaban convencidos en t茅rminos pol铆ticos. El proceso no hab铆a logrado generar ninguna revuelta urbana ni luchas campesinas por la tierra. En ese sentido, la Revoluci贸n de Saur fue un golpe conducido desde arriba con escaso apoyo de la poblaci贸n.

Es verdad que los comunistas despertaban cierta simpat铆a en las ciudades. En las elecciones libres de 1973, previas a la toma del poder de Daoud, hab铆an ganado la mayor铆a del parlamento en Kabul. En las grandes ciudades contaban con bastante apoyo en las escuelas, en las universidades, entre los funcionarios estatales y en sectores afines. Pero en un pa铆s pr谩cticamente rural eso no era suficiente. Confrontado a la pr茅dica pasional y a los levantamientos rurales, el nuevo gobierno comunista solo atin贸 a enviar a sus soldados a detener a todo el mundo. Eso provoc贸 m谩s disturbios y entonces empezaron a torturar a la gente, lo que a su vez contribuy贸 a fortalecer la revuelta. Durante veinte meses, los comunistas y su ej茅rcito perdieron el control en casi todo el pa铆s. En diciembre de 1979 solo gobernaban tres provincias de un total de treinta y cuatro. En veintiocho provincias, el ej茅rcito controlaba solo las ciudades y los poblados m谩s grandes, pero los insurgentes controlaban las zonas rurales. En tres provincias los insurgentes hab铆an tomado el poder incluso en las ciudades.

La presi贸n dividi贸 a los comunistas en tres bandos. El grupo Parcham, dirigido por Baback Karmal, sosten铆a que hab铆a que tejer una alianza con todas las fuerzas progresistas del pa铆s. En la pr谩ctica, esto implicaba plegarse a la religiosidad musulmana, callarse la boca frente al excrex y la opresi贸n de las mujeres y detener la reforma agraria. Esta pol铆tica se adecuaba al consejo de la KGB y de los generales sovi茅ticos, que consideraban que la revoluci贸n social era una idea insensata y prematura. El problema con este enfoque era que los mul谩s 鈥搚 el resto de la poblaci贸n afgana鈥 no eran est煤pidos.

Para los militantes m谩s radicales del grupo Jalq, la t谩ctica de sus oponentes implicaba tambi茅n traicionar el sue帽o compartido de una Afganist谩n moderna, sin sexismo ni pobreza. Pasaron pocos meses hasta que el partido purg贸 a los parcham铆es. Unos pocos, como Karmal, lograron exiliarse en la Uni贸n Sovi茅tica y en Europa del Este. Los jalquis apresaron al resto.

Pero la resistencia segu铆a creciendo en las ciudades. Fue entonces que el grupo Jalq se dividi贸 en dos. Taraki, novelista proveniente de un clan de pastores y n贸mades y a la vez el dirigente m谩s experimentado, no encontraba m谩s soluci贸n que convocar a las tropas sovi茅ticas a reprimir la resistencia. Por su parte, fiel a su nacionalismo, Mohammed Amin, dirigente m谩s joven proveniente de un 谩rea rural de las afueras de Kabul que hab铆a estudiado Ciencias de la Educaci贸n en la Universidad de Columbia, jam谩s consentir铆a la invasi贸n de las tropas sovi茅ticas.

Entonces, la KGB le sugiri贸 a Taraki que matara a Amin. Taraki intent贸 pero fracas贸, porque la mayor铆a de los jalquis m谩s radicalizados tambi茅n se opon铆an a las tropas rusas. Finalmente, fue Amin el que mat贸 a Taraki.

Mientras tanto, la resistencia rural segu铆a creciendo. Amin se comunic贸 con Estados Unidos para pedir apoyo contra los sovi茅ticos. Los estadounidenses se negaron. El gobierno sovi茅tico, temiendo que Amin lograra aliarse con los Estados Unidos o dirigir una rebeli贸n, fortaleci贸 su voluntad de asesinarlo. Pero ning煤n comunista afgano estaba dispuesto a hacerlo. Frente a los ataques violentos de los que era objeto, Amin se volvi贸 cada vez m谩s cruel y multiplic贸 las detenciones, las torturas y las ejecuciones.

Los tanques sovi茅ticos llegaron a la frontera el 24 de diciembre de 1979. La Revoluci贸n de Saur hab铆a terminado. Los sovi茅ticos ejecutaron a Amin y lo pusieron en su lugar a Babrak Karmal, reci茅n llegado de su exilio moscovita. Las c谩rceles se llenaron de Jalquis. Lo m谩s triste era que todo lo que dec铆an los mul谩s y los islamistas educados sobre los comunistas, a los que conceb铆an como instrumentos del ate铆smo extranjero, parec铆a volverse realidad.

En la primavera de 1980, las protestas nocturnas de la ciudad occidental de Herat se propagaron r谩pidamente hacia Kandahar y luego a Kabul. Los funcionarios de Kabul, uno de los bastiones comunistas m谩s importantes, hicieron huelga contra la ocupaci贸n rusa. Las estudiantes de las escuelas de mujeres de Kabul, que hab铆an sido fieles partidarias de la liberaci贸n de las mujeres y del comunismo, se reunieron en el patio y empezaron a gritarles a los hombres afganos para que se levantar谩n contra el invasor.

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Soldados a bordo del BMD sovi茅tico, 25 de marzo de 1986 // Departamento de Defensa de EE.UU.

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Soldados a bordo del BMD sovi茅tico, 25 de marzo de 1986 // Departamento de Defensa de EE.UU.

La ocupaci贸n rusa dur贸 ocho a帽os y se consolid贸 con tanques en las ciudades y con bombardeos a茅reos en las zonas rurales. De una poblaci贸n total de veinte millones de afganos, un mill贸n fue asesinado, otro mill贸n sufri贸 alguna amputaci贸n a causa de los ataques y seis millones se exiliaron. Cuando todo termin贸 y los tanques sovi茅ticos abandonaron el pa铆s, los caudillos islamistas tomaron el poder. El sue帽o del feminismo y del socialismo hab铆a muerto.

鈥 Todas las ideas sobre la liberaci贸n de las mujeres fueron envueltas por un manto de sospecha.

Es cierto que entre los militantes hubo algunos que eran realmente crueles. Pero la mayor铆a eran como Tahir, personas dignas que so帽aban con un mundo mejor. Cuando se tom贸 la decisi贸n de imponer el socialismo contra la oposici贸n de la mayor铆a, todas las batallas estaban perdidas.

Muchos militantes radicalizados en los a帽os 1960 y 1970 aceptaban la idea de que el comunismo y el socialismo requer铆an una dictadura comandada por una minor铆a. A fin de cuentas, Karmal hab铆a aprendido pol铆tica en las c谩rceles de Kabul, Tarki en Bombay y Amin en Nueva York. Los comunistas afganos solo hicieron lo que la izquierda global pensaba que hab铆a que hacer para cambiar el mundo. Por m谩s terrible que haya sido, su tragedia no deja de ser la misma que se repiti贸 en otros lugares.

Cuando conoc铆 a Tahir, sus ojos se llenaban de l谩grimas al hablar de la ignorancia y del sufrimiento de los campesinos con los que nos cruz谩bamos. Los comprend铆a y los amaba, y sab铆a perfectamente por qu茅 era tan dif铆cil convencerlos. Hace unos a帽os estaba tomando una cerveza en Londres con un amigo afgano. Le pregunt茅 si de casualidad conoc铆a a Tahir. S铆, me dijo, un buen tipo, muy amable.

鈥淯n parcham铆鈥, agreg贸.

鈥淪铆鈥, le dije, 鈥渦n parcham铆鈥.

Resulta que durante el oto帽o de 1978, justo antes de la invasi贸n sovi茅tica, mi amigo hab铆a estado preso con Tahir en Jalalabad. 脡l logr贸 salir, pero Tahir no. Mi amigo no ten铆a la certeza, pero estaba bastante seguro de que Tahir hab铆a sido ejecutado.

Espero que se haya equivocado. Pero s茅 que no.

——

Este texto se public贸 originalmente en Jacobin. 

Traducci贸n de Valent铆n Huarte.




Fuente: Ctxt.es