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Memorias del des-trabajo


January 23, 2022
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Argentina: Memorias del des-trabajo | Red Latina sin fronteras

Memorias del des-trabajo

Por Ignacio Pizzo (*)

(APe) 19 Enero 2022

Desde tiempos remotos y seg煤n su etimolog铆a, la palabra trabajo deriva del lat铆n tripalium, que era una herramienta parecida a un cepo con tres puntas. Se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes y as铆 poder herrarlos y luego fue instrumento de tortura para castigar esclavos o reos. De ah铆 que tripaliare significa 鈥渢orturar鈥, 鈥渁tormentar鈥, causar dolor.

Los tiempos han cambiado. Actualmente dolor y tormento son consecuencias que genera la falta de trabajo en el mundo que decidimos habitar.

Pongamos como ejemplo a Jorge, trabajador fabril. En el a帽o 1979 cerr贸 la f谩brica automotriz que lo empleaba. Ten铆a 38 a帽os y dos hijos, uno de cuatro a帽os y una ni帽a de seis. Su compa帽era y madre de sus hijos era ama de casa. Con lo que pudo rescatar de una indemnizaci贸n injusta logr贸 armar un peque帽o kiosko en su casa, para subsistir. Nunca pudo colocarse nuevamente como operario de una automotriz.

La historia de Jorge es el corolario de nuestra historia de pa铆s, cuyo empobrecimiento sist茅mico vale la pena subrayar.

M谩s de la mitad de nuestros ni帽os, ni帽as y adolescentes han cruzado la l铆nea del ingreso insuficiente y son los protagonistas sufrientes de nuestro indemne, impert茅rrito e inconmovible mecanismo de expulsi贸n hacia la nada.

La pandemia aceler贸 el proceso y las cifras de nuestro pa铆s siguen ocupando pantallas, mostrando esa 鈥渄euda de la democracia鈥, m谩s desocupados, m谩s pobres, m谩s indigentes. Deuda que decide no pagarse porque se paga la hipoteca para seguir hipotecados. La inflaci贸n que infla precios y deval煤a salarios y moneda, sigue su proceso fordista de fabricaci贸n de pobres, la 煤nica f谩brica que no baja sus persianas.

La involuci贸n podr铆amos tomarla desde un punto de partida arbitrario: a帽o 1974 (debido a que no hay registros de a帽os previos), donde el porcentaje de personas bajo la l铆nea de pobreza era del 4.4% y en cuanto a la indigencia el n煤mero porcentual era del 1.7%. No fue un efecto colateral. Entre los a帽os 1974 y 1981 la tasa de desocupaci贸n pese a per铆odos de ajuste econ贸mico, era del 5%.

Historias

Desde finales del genocidio dictatorial argentino, con complacencia civil, eclesi谩stica y econ贸mica, la tasa de desocupaci贸n tendi贸 al crecimiento y junto con ello la tasa de pobreza e indigencia. Exceptuando algunos per铆odos de bajas parciales.

Con efecto tard铆o fueron llegando los parches para cubrir las rajaduras de una represa incontenible, en cuyo puente se sit煤an caudillos y s谩trapas del desastre, fingiendo conmoci贸n por las consecuencias horrorosas producto de sus propias actividades espurias.

La caja PAN de los 80, seguros de desempleo de la infame d茅cada del 90, planes trabajar, planes jefes y jefas de hogar, subsidios de diversa 铆ndole.

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El punteraje pejotista y la complicidad opositora, falsamente indignada, pero que copia y pega, se valieron de los planes sociales, para ejecutar a discreci贸n el verdadero proyecto despojador, con generaci贸n de clientela cautiva que, seg煤n la l贸gica de la mafia, administra la miseria en los territorios de incertidumbre y devastaci贸n planificada. Desde que se implementaron, en esos fat铆dicos a帽os de pizza y champagne, donde la realidad fue reemplazada por la m谩scara, el ascenso en n煤meros de desocupados y en desamparos fue imparable.

Las sobras del banquete se derramaron y ante la medici贸n de encuestas pre o post electorales, la mano que derrama regula el flujo de dinero estatal, acelerando la impresora o deteni茅ndola seg煤n las 贸rdenes del virrey neocolonial que es el que verdaderamente reina y gobierna.

La historia disipa las sombras, y por m谩s que los vencedores la escriban, los verdaderos protagonistas la realizan. El des-trabajo que simula trabajo ha dejado de ser un plan de emergencia. Porque cuando el consensuado statu-quo sangra y drena su material purulento hay que hacer algo con los excedentes demogr谩ficos que el mismo sistema no logra matar.

Data del a帽o 1996, primeros planes de empleo, con piquetes y puebladas en Cutral-C贸 y Plaza Huincul, en Neuqu茅n. La privatizadora ola regal贸 la bandera de YPF que pas贸 a ser privada. El menemato abri贸 la mano, por los incesantes conflictos en aquella regi贸n.

Se reprim铆a a los desempleados. El Gobierno de aquel entonces cre贸 el Programa Trabajar: un subsidio que ten铆a una duraci贸n de entre 3 y 6 meses. Al a帽o siguiente el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde lanz贸 el Plan Barrios Bonaerenses. Otros gobernadores implementaron similares programas, los cuales se diseminaban por medio de los intendentes y punteros del PJ.

En el a帽o 1996, los datos hablan de cerca de dos millones de desocupados. Se otorgaron 118 mil planes. Distribuci贸n de la migaja, propia de aquellos a帽os, pero que dej贸 precedentes para ulteriormente hacer del reparto de la miseria, una costumbre.

Quienes lograban acceder a dicho subsidio eran los que conoc铆an al puntero de turno o ten铆an cercan铆a con la estructura del Estado.
Aquellos que quedaban sin acceso a estos subsidios, por no tener contactos o por no acordar con el hecho de ser clientes del puntero esperaban al costado de la historia. Es as铆 como surgieron los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD), primero en el conurbano bonaerense y luego en otras regiones del pa铆s.

Alianza y derrumbe

El Gobierno de la Alianza baj贸 notoriamente el n煤mero de planes y subsidios. 鈥淪u mayor volumen se hab铆a alcanzado en octubre del a帽o 1997 con 206 mil planes Trabajar, pero ese n煤mero no volver铆a a repetirse sino hasta mayo del 2002鈥, dice la soci贸loga Maristella Svampa: 鈥淓l recorte profundiz贸 la protesta social, ya que dej贸 sin recursos no s贸lo a los piqueteros, sino tambi茅n a la estructura de punteros del PJ.鈥

La gesti贸n de la Alianza aceler贸 el desmembramiento y la fragmentaci贸n social, a tal punto que muchos MTD y algunos intendentes del conurbano realizaban las protestas en conjunto. Un bot贸n de muestra fueron las fuertes movilizaciones en La Matanza en 1999.
Una segunda novedad se agreg贸 poco despu茅s. En competencia con el peronismo, la Alianza resolvi贸 no distribuir los subsidios exclusivamente a trav茅s de los intendentes, sino tambi茅n de manera directa a los vecinos que se organizaran y armaran una ONG.

A partir de los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre del 2001 y de la mano de las grandes movilizaciones de los meses previos, apoyado en el clima favorable que hab铆a generado la propuesta del Frente Nacional contra la Pobreza 鈥搎ue plebiscit贸 la creaci贸n de un seguro de empleo y formaci贸n para todos los desocupados鈥 los programas se incrementaron. Inclusive se plante贸 la Asignaci贸n Universal, cuyo nombre no ten铆a tal denominaci贸n, pero en el mientras tanto, era una proclama para intentar erradicar el hambre junto con el Movimiento Chicos del pueblo. La consigna y la campa帽a contra el hambre, denunciando su criminalidad y actualizando y renovando la propuesta de 鈥渘i un pibe menos鈥, eran banderas levantadas por las organizaciones sociales, sindicatos y centrales gremiales que en aquel momento parec铆an no pelear por cargos dentro de un sindicato ni esbozar aspiraciones electorales.

El plan Jefas y Jefes de Hogar, lanzado en enero del 2002 durante la fugaz presidencia de Adolfo Rodr铆guez Sa谩 y concretado finalmente por Eduardo Duhalde, se extendi贸 a dos millones de beneficiarios.

Para conseguirlo, ya no fue necesario pertenecer a determinado partido u organizaci贸n 鈥揳l menos en papeles鈥 sino reunir tres condiciones: no tener trabajo, ser jefe de hogar y tener hijos en edad escolar.

Posteriormente el per铆odo de 12 a帽os kirchnerista y los 4 a帽os del macrismo devastador, no lograron o no quisieron revertir la historia, profundizando el des-trabajo como pol铆tica.

Planeros

Pandemia mediante, elecciones de medio t茅rmino, profesionales del panelismo, profieren desprecio a punto tal que 鈥減lanero 鈥減asa a ser el nombre con el que las caras y caretas de una sociedad decide aumentar la curva de odio de manera vertical y con mayor celeridad que la de contagios de covid-19. Planero, negros, cabecitas negras, siempre el despreciado es el mismo actor de reparto, en un teatro del horror donde los poderes f谩cticos act煤an como si su responsabilidad dentro del guion no fuera tal.

Frases hechas: 鈥渆l trabajo es salud鈥, 鈥渆l trabajo dignifica鈥, parecen haber quedado en slogans humor铆sticos. A ojos vista, las medidas de emergencia, parece ser, han venido para quedarse. Los excluidos de los intercambios sociales, pero incluidos en la cadena electoral y de consumo son cada vez m谩s. Son parte de esa marginalidad cuyo margen es cada vez m谩s ancho a punto tal que ocupa la mitad de la hoja donde se escriben nuestras memorias colectivas cada vez m谩s dolorosas. Los ejecutores de tal osad铆a han logrado con sobrada eficacia despojarnos de nuestra identidad trabajadora, convirti茅ndonos en empleados, subempleados o desempleados. Tal es as铆 que el flujo de dinero para facilitar el consumo, nos convierte en consumistas. Y la robada identidad como trabajador o trabajadora nos humaniza, nos provee el vestido de la dignidad para lucir persona. Loi Waquant habla de desproletarizaci贸n en su libro 鈥淟os Condenados de la Ciudad鈥.

Los planes, que deber铆an ser una base, un piso desde donde empezar a construir, hoy son el techo aspiracional del estado, son las sobras del estado. Han crecido en una curva que no sabe de descenso, en forma directamente proporcional a la militarizaci贸n folkl贸rica permanente, que ante olas de la inseguridad ciudadana-seg煤n la denominaci贸n de la indiscreta ventana medi谩tica-, no duda en rodear con uniformados los l铆mites del margen de la excepci贸n.

S贸lo sabemos que Jorge que hoy tendr铆a 80 a帽os, falleci贸 a los 57 a帽os en el a帽o 1997, quedaron su hijo que hoy cuenta con 46 a帽os el cu谩l se emplea como ayudante de alba帽il de manera informal, su hija de 48 que vive en el mismo lugar con una hija de 20 y un nieto de dos a帽os. Ella pudo acceder a un plan por el cu谩l contrapresta realizando la limpieza de las calles del barrio. Su hija est谩 desocupada y no ha podido culminar su escuela secundaria y su ni帽o de dos a帽os cobra la asignaci贸n universal por hijo. No han logrado mudarse de barrio, ni mejorar demasiado las condiciones edilicias de su habit谩culo, m谩s que agregar habitaciones de manera vertical gracias a los conocimientos de alba帽iler铆a de uno de los integrantes.

Cuatro generaciones que ejemplifican una historicidad que avanza sin contemplar a los ca铆dos. La diferencia con el pasado radica en que los Jorge y sus descendencias se han multiplicado.

La Argentina cuenta con 3,8 millones de ni帽os pobres por ingresos y con otras privaciones como el acceso a derechos fundamentales como la educaci贸n, la vivienda o las cloacas, seg煤n un reciente informe de Unicef en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estad铆sticas y Censos (Indec). M谩s de 4 mil villas en todo el pa铆s y se reitera en otra forma: 6 o 7 de cada 10 ni帽os y ni帽as son pobres.

Si existe el sacramento de la penitencia para el catolicismo que se jacta del castigo celestial, si existen las imputaciones judiciales en la superficie terrestre, en ning煤n caso hay confesionarios o c谩rceles para los responsables directos e indirectos de este orden criminal.

Nuestra identidad ser谩 restablecida cuando logremos trazar nuevamente la ruta de navegaci贸n, para recuperar el trabajo, ya que dicha cuesti贸n identitaria se define por nuestros aspectos culturales y por quienes nos rodean, pero tambi茅n por lo que hacemos. Seremos, artesanos, expertos en alg煤n oficio, artistas, profesionales, en fin, trabajadores, no simplemente empleados. Y nuestros hijos o hijas, ser谩n precisamente identificados o identificadas por ese ser que asume su crianza. Se convertir谩n en futuros trabajadores por la reciprocidad de esa identidad. De lo contrario estaremos inmiscuidos en un naufragio eterno.

(*) M茅dico generalista- Casa de los Ni帽os Avellaneda 鈥 Cesac N掳 8, Villa 2124 CABA

. fuente:  https://www.pelotadetrapo.org.ar/memorias-del-des-trabajo.html


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Fuente: Redlatinasinfronteras.wordpress.com
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