January 28, 2022
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____MEX_Muj en resistencia

Cartel realizado por las mujeres organizadas de la regi贸n fronteriza en la acci贸n que se realiz贸 el 25 de noviembre de 2020. Autora: Diana Lilia Trevilla

M猫xico

En un rinc贸n de la frontera se teje insurgencia. Territorios encarnados ante la (re)patriarcalizaci贸n

Delmy Tania Cruz Hern谩ndez*
febrero 4, 2021

Resumen: Ante las inminentes amenazas de despojo y el incremento de violencias sobre los cuerpos-territorios-tierra de mujeres rurales, ind铆genas, campesinas y sus entramados comunitarios, hace seis a帽os se comenz贸 un intercambio de di谩logos y tejidos organizativos entre diversos colectivos de la frontera, mujeres de la Meseta Tojolabal de Chiapas (Comit谩n, La Trinitaria y Las Margaritas), con el fin de construir un repertorio de acciones y establecer diques para frenar la (re)patriarcalizaci贸n del espacio social. El objetivo del art铆culo es iniciar la conceptualizaci贸n del significado de territorio encarnado, categor铆a anal铆tica que est谩 elaborando el telar organizativo de mujeres diversas. Primero, delinear茅 el contexto fronterizo para enmarcar la (re)patriarcalizaci贸n de los territorios que se despliega en ese rinc贸n del sureste, caracterizado por econom铆as de enclave que construyen geograf铆as desiguales de riqueza e impulsan din谩micas de violencias. Despu茅s, analizar茅 los itinerarios, recorridos y estrategias que las mujeres organizadas de la frontera despliegan para ir enunciando lo que se atestigua como territorio encarnado.

Introducci贸n

En uno de los lugares perif茅ricos de la ciudad fronteriza de Comit谩n de Dom铆nguez est谩 el barrio de los desamparados donde se ubica la sede del Centro de Educaci贸n Integral de Base A. C. (Ceiba).

Ah铆, antes de la emergencia sanitaria ocasionada por el COVID-19, sol铆an reunirse cada mes cuatro colectivos organizados de la regi贸n fronteriza correspondiente al corredor Comit谩n, Chiapas- Huehuetenango, Guatemala para gestar organizaci贸n y crear estrategias colectivas que vuelvan m谩s visibles sus territorios. A partir de marzo los encuentros se suspendieron. Todo qued贸 paralizado. Pero cada colectivo se llev贸 a sus comunidades la semilla insurgente que ya estaba sembrada en cada una y uno.

En lugar de f铆sicas, las citas de los colectivos comenzaron a hacerse por medio de plataformas virtuales. El aire estaba mezclado con un olor a incertidumbre. En las llamadas se escuchaban preocupaciones, temores, angustias por no saber el verdadero significado del virus y la implicaci贸n de un encierro. Las primeras reuniones llevadas a cabo por medio de Zoom se complicaron por la falta de medios materiales para hacerlas. Entonces, la v铆a fueron las llamadas telef贸nicas y de WhatsApp.

Durante los primeros meses del confinamiento, se mantuvieron las reuniones colegiadas. Pero despu茅s cada grupo decidi贸 que esta vez la apuesta colectiva que se hab铆a construido ten铆a que encarnarse con m谩s profundidad en el territorio.

Imagen 1: Rumbo a Ceiba en la urbe marginal de Comit谩n Chiapas. Autora: Delmy Tania Cruz Hern谩ndez.

 

Territorios (re)patriarcalizados en la frontera sur de Chiapas

Al tomar el camino viejo a Independencia, la primera foto que se encuentra al fondo del camino para llegar a la sede de Ceiba son dos minas de arena que antes eran cerros. El paisaje es gris. Un gran porcentaje de personas, la mayor铆a hombres, se han convertido en empleadores y trabajadores de bloques para la construcci贸n porque el campo ya no les da sustento.

Las pol铆ticas neoliberales implementadas en las 煤ltimas cuatro d茅cadas en M茅xico desplazaron a personas del campo que ahora realizan trabajos precarios en las urbes. Estas pol铆ticas estrangularon el espacio rural y sacaron al campesinado de la ecuaci贸n neoliberal (Cruz Hern谩ndez, 2019).

En particular en Chiapas, desde los a帽os ochenta, el Estado reorient贸 la producci贸n agropecuaria, al impulsar la ganader铆a y la agricultura de tipo empresarial (algod贸n, sand铆a, mel贸n, ca帽a de az煤car, soya, cacahuate, caf茅, cacao, tomate). Tambi茅n promocion贸 la producci贸n de monocultivos y expandi贸 la econom铆a extractiva de los recursos naturales (barbasco, madera, biodiversidad) (Olivera, et al., 2014: 96-98). En el corredor fronterizo, un claro ejemplo del desplazamiento de cultivos tradicionales (ma铆z y fr铆jol) a la agroindustria se observa en la carretera 190, que lleva de Comit谩n a Lagos de Montebello. All铆 la compa帽铆a Agrocima[1] instal贸 decenas de invernaderos de tomate. Dos d茅cadas atr谩s en ese ramal se cultivaba ma铆z para la venta entre comunidades en la regi贸n.

La misma senda que lleva a Ceiba da entrada a los ejidos de la llamada zona rural de Comit谩n. Antes de llegar a la parte campesina, como cintur贸n marginal, se ubican decenas de bodegas de autobuses de carga que trasladan mercanc铆as por todo el pa铆s. En medio de los bodegones hay diversos bares de 芦entretenimiento禄 donde se venden bebidas alcoh贸licas a cambio de pasar un rato con mujeres. 芦Cuando comenzaron a funcionar las bodegas, se fueron instalando m谩s y m谩s bares禄.[2] Ello ha provocado el incremento de la presencia masculina en el espacio. 芦A los bares llegan de todo: soldados, campesinos, obreros que trabajan en la construcci贸n y los choferes son los que m谩s禄.[3] De acuerdo a un informe realizado por Sipaz en 2015, la ciudad fronteriza de Comit谩n se ha convertido en una de las rutas de paso m谩s importantes de mercanc铆as, personas, delincuencias, etc., y es considerada una de las urbes de la frontera m谩s porosas por sus tramas delincuenciales. Estas no se perciben a primera vista y son poco abordadas por las autoridades, lo cual genera aires de impunidad en la regi贸n.

El corredor fronterizo Comit谩n, Chiapas-Huehuetenango, Guatemala se encuentra en din谩micas econ贸micas de enclave. Se considera que un territorio es un enclave cuando se vuelve un par茅ntesis dentro de los Estados-naci贸n con el fin de usar ese espacio social para generar din谩micas socioecon贸micas que beneficien al exterior y debiliten la econom铆a local (Pierri y Abramovsky, 2011: 155). La revitalizaci贸n del concepto de enclave puede ayudar a comprender las situaciones de desposesi贸n emergentes en Abya Yala en un contexto del capitalismo flexible que acorta distancias y acelera la rotaci贸n del capital (Harvey, 2004). Sin duda, en las econom铆as de enclave se profundiza como en ninguna otra la reproducci贸n asim茅trica global (Falero, 2011) que deja detr谩s pobreza, desolaci贸n y corrupci贸n (Serje, 2011).

Estas din谩micas socioecon贸micas en la regi贸n se articulan al cambio de Gobierno en el pa铆s. Desde hace dos a帽os, M茅xico est谩 gobernado por un r茅gimen de supuesta izquierda. Se observan cambios en el discurso y la superficie, pero la estructura desigual contin煤a. Las din谩micas clientelares y extractivistas son similares a las de d茅cadas pasadas. Hoy d铆a sigue vigente el inter茅s por ampliar las zonas especiales en el sureste, impulsar megaproyectos como el tren bala en Yucat谩n como parte del complejo del Tren Maya, fomentar la miner铆a a cielo abierto, ampliar la red de supercarreteras con el fin de dar paso a la recolonizaci贸n de los territorios. Y en estas obras el Estado es el mediador (L贸pez y Rivas, 2020).

Para jugar su papel de mediador, el Estado ha creado instituciones que sirven como dispositivos de reproducci贸n de la neocolonizaci贸n, como el Instituto Nacional de Pueblos Ind铆genas (INPI), que significa 芦el retorno al viejo indigenismo establecido por el r茅gimen priista, clientelar y corporativo, que fue denunciado como pol铆tica de Estado para los pueblos ind铆genas禄 (L贸pez y Rivas, 2020: 99).

El Gobierno de Andr茅s Manuel L贸pez Obrador (AMLO) potenci贸 la instalaci贸n de ciento treinta oficinas del INPI en todo el territorio mexicano. Las acciones de los funcionarios del INPI generan tensiones sobre todo en territorios donde se desarrollan procesos auton贸micos profundos, como los espacios de vida zapatista, porque los agentes de esa instituci贸n act煤an como intermediarios en conflictos ambientales entre pueblos ind铆genas y empresas trasnacionales.

Ante esta din谩mica de mediaci贸n impuesta por el Estado, actores como el Congreso Nacional Ind铆gena, el EZLN, as铆 como diversas organizaciones de derechos humanos y movimientos sociales en defensa de los territorios, han planteado que los acosos a sus territorios y las tensiones entre ellos y agentes del Estado contin煤an increment谩ndose con las pol铆ticas impulsadas por el Gobierno actual (L贸pez y Rivas, 2020).

La guerra de baja intensidad en Chiapas鈥 contin煤a

Para abordar la noci贸n de (re)patriarcalizaci贸n del territorio, en el contexto del sureste mexicano, es fundamental revivir el concepto de guerra. Parto de la premisa de que las pol铆ticas del Gobierno de AMLO est谩n reforzando la desposesi贸n por acumulaci贸n, que produce guerra contra lo vivo. Como bien se sabe, la guerra no tiene g茅nero neutro: ciertos cuerpos encarnan m谩s que otros los procesos destructivos del modelo econ贸mico.

A finales de los noventa, el EZLN caracterizaba el neoliberalismo como una nueva guerra de conquista de territorios, una guerra en la que se da un proceso de destrucci贸n/despoblamiento y reconstrucci贸n/reordenamiento.[4]

La guerra es m谩s cruenta y ha cobrado tintes distintos en Am茅rica Latina. Poco a poco han entrado a la escena nuevos actores, como el narcotr谩fico, cuerpos de seguridad policial privados y paramilitares (Segato, 2017; Falquet, 2017). Lo que persiste es el ataque a las mujeres, los cuerpos feminizados y sus pueblos (Cruz Hern谩ndez, 2019). Se hace presente la 芦due帽idad禄, el acto de querer poseer los cuerpos de las mujeres, de los ni帽os y ni帽as, de las feminizadas, algo atribuible al capitalismo patriarcal y colonial m谩s feroz.

En el sureste mexicano, en especial en Chiapas, hablar de guerra no es nada nuevo. El asedio capitalista a los pueblos originarios es una constante cotidiana. En este rinc贸n del mundo se vive una guerra de baja intensidad.

De acuerdo con la definici贸n del concepto de guerra de baja intensidad de los militares estadounidenses, esta es la que requiere el uso de una fuerza mayor con el fin de combatir las revoluciones, movimientos de liberaci贸n o cualquier conflicto que amenace sus intereses (Pineda, 1996). La tesis central de la guerra de baja intensidad en Chiapas, que comenz贸 despu茅s del levantamiento zapatista, es declarar un proyecto de contrainsurgencia. El Estado entrena y arma grupos de las regiones para utilizarlos como choque de fuerza militar y mostrarse como inocente, pues se tratar铆a de ri帽as intercomunitarias. La guerra de baja intensidad trastoca la vida cotidiana, las costumbres, las tradiciones, el arraigo a los lugares donde se nace, donde viven los antepasados y los dioses protectores y las esperanzas c铆clicas de tener d贸nde alimentarse (Olivera, 1998).

Las mujeres est谩n en la primera l铆nea en esta guerra porque son las que defienden la reproducci贸n de la vida social material y simb贸lica. Las mujeres y los pueblos organizados son el objetivo a atacar, puesto que se sabe que el da帽o se hace a los entramados comunitarios. Tomo el concepto de entramados comunitarios de Raquel Guti茅rrez, quien los define como:

鈥 m煤ltiples mundos de la vida humana que pueblan y generan el mundo bajo diversas pautas de respeto, colaboraci贸n, cari帽o, dignidad y reciprocidad, no plenamente sujetos a las l贸gicas de acumulaci贸n del capital, aunque agredidos y muchas veces agobiados por ellos (Guti茅rrez, 2011).

Estos entramados son complejas relaciones sociales que se empe帽an en producir lo com煤n; son procesos en devenir, articulaciones pol铆ticas, y est谩n en construcci贸n constante.

El ataque a los entramados comunitarios, generado por estos proyectos y pol铆ticas extractivas del actual Gobierno, construye territorios de injustica espacial, la cual afecta sobre todo a las mujeres que est谩n creando estrategias organizadas para defender sus territorios. A esa desigualdad espacial el Colectivo de Miradas Cr铆ticas del Territorio desde el Feminismo la denomina (re)patriarcalizaci贸n del territorio:

El entrelazamiento de las violencias patriarcales y coloniales relacionadas al actual ciclo de expansi贸n de capital en el continente que incluye, por supuesto, la respuesta que las mujeres est谩n dando en una lucha conjunta contra la territorializaci贸n de los megaproyectos, las formas neocoloniales del despojo de los espacios de vida y la reconfiguraci贸n del patriarcado colonial que requiere el modelo extractivista (Colectivo Miradas Cr铆ticas del Territorio desde el Feminismo, 2019: 35).[5]

En esta franja fronteriza se observa c贸mo las econom铆as de enclaves, promovidas por la acci贸n del Estado 鈥攜 del mercado鈥, acent煤an las desigualdades hist贸ricas al complicar la imbricaci贸n de opresiones de clase, raza y g茅nero en los territorios. Se entiende a los territorios no solo como espacios biof铆sicos y geogr谩ficos, sino tambi茅n como espacios de vida sociales y corporales (Colectivo Miradas Cr铆ticas del Territorio desde el Feminismos, 2018; 2019).

 La noci贸n de (re)patriarcalizaci贸n del territorio y sus cinco dimensiones (ecol贸gica, cultural, pol铆tica, econ贸mica, y corpoemocional)[6] nos recuerdan que el despojo sufrido por las mujeres que viven en entramados comunitarios se genera de manera multidimensional y que, al igual que el capitalismo se renueva ante cada crisis, el patriarcado y el colonialismo se reactualizan en los espacios de vida a trav茅s de la llegada de proyectos de desposesi贸n.

Cuando estos procesos de despojo se despliegan, el control recae en los cuerpos de las mujeres ind铆genas, que viven en zonas rurales y campesinas: aumentan la militarizaci贸n que las cerca, las violencias sexuales, familiares, comunitarias y estatales, la m煤ltiple carga de trabajo familiar y comunitaria que muchas veces las priva de tiempo para el descanso y la organizaci贸n.

Las mujeres organizadas hacen frente de manera colectiva a la embestida de la racializaci贸n geopol铆tica del capitalismo. Pero no para resistir, sino para construir, tejer y permanecer en sus espacios de vida, para hacer insurgencia. En la organizaci贸n, se construyen agencias no para la emancipaci贸n de las mujeres, sino m谩s bien para la defensa de los cuerpos-territorios-tierra.

El despliegue de la insurgencia femenina

芦Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y 茅picos, sino con movimientos peque帽os en su forma y que parecen irrelevantes para el pol铆tico y el analista de arriba禄. Subcomandante Marcos, 2017: 275

En la sede de Ceiba, a orillas de la urbe marginal de Comit谩n, se ha construido desde 2015 una comunidad imaginaria compuesta por mujeres y hombres del Colectivo Colibr铆 que son parte del ejido de San Jos茅 Yocnajab,[7] mujeres de los barrios de Sacsalum, Los Pocitos y La Pila del centro de Las Margaritas,[8] mujeres de origen chuj del ejido de San Nicol谩s Buenavista del municipio de La Trinitaria.[9] La uni贸n de estos colectivos es lo que Mohanty (2020: 79) llama una comunidad imaginaria:

鈥 se concibe como una construcci贸n en devenir, que sugiere alianzas y colaboraciones potenciales a trav茅s de las fronteras divisorias [鈥 lo cual se construye en bases pol铆ticas en lugar de bases biol贸gicas o culturales [鈥 no es el color, ni el sexo, lo que construye el terreno para estas comunidades, sino m谩s bien los v铆nculos pol铆ticos que elegimos establecer en medio de y entre las luchas.

Sin duda, la expresi贸n 芦comunidad imaginaria禄 constituye una definici贸n pol铆tica y no una noci贸n esencialista.

Esta comunidad imaginaria, que naci贸 de la voluntad pol铆tica para construir territorios libres de violencia en la regi贸n fronteriza ante el asedio capitalista, colonial y patriarcal, desde 2015 reflexiona sobre los desastres ecol贸gicos en su regi贸n, como la contaminaci贸n de los lagos, lagunas y r铆os. Las mujeres de la comunidad de San Nicol谩s Buenavista ven con preocupaci贸n el cambio de color y de olor del agua del lago Encantada,[10] el m谩s cercano a su comunidad y del que dependen para su consumo cotidiano. Las colibr铆s sienten que su territorio se enferma y ven con angustia la instalaci贸n de invernaderos a gran escala para la producci贸n masiva de monocultivos en el ramal de Comit谩n hacia La Trinitaria. Con ello no solo se desplaza la agricultura local, sino que la biodiversidad del paisaje va da帽谩ndose.

Como conocen los muros a los que se enfrentan, las mujeres organizadas de la regi贸n han construido estrategias colegiadas para desplegar su lucha. En la actualidad encarnan formas de lucha para gestionar la subversi贸n y reorganizaci贸n de todas las actividades y procesos que garanticen la producci贸n y reproducci贸n material y simb贸lica de la vida social. Algunas trabajan en la salud de sus cuerpos-territorios-tierra; otras, en la prevenci贸n de violencias de g茅nero en sus territorios, y algunas m谩s piensan en la posibilidad de gestionar aguas limpias para toda su comunidad.

Es necesario visibilizar los obst谩culos que las mujeres organizadas tienen que eludir, subvertir y confrontar para llevar a cabo las tareas acordadas y reconocer las insurgencias colectivas que despliegan.

Tomo el t茅rmino insurgencias como devenir, propuesta y posibilidad de descolonizaci贸n del ser y el saber. Va m谩s all谩 que aguantar y resistir, es construir y se lleva a cabo a trav茅s de la experiencia encarnada colectiva. Las mujeres del Colectivo Colibr铆 hacen insurgencia cuando se organizan para aprender de salud. Su primera acci贸n es estudiar y preguntarse qui茅n da帽贸 el territorio y c贸mo se da帽an los cuerpos. Despu茅s van reinventando y expandiendo su aprendizaje. Entonces, buscan la sabidur铆a en las plantas, pues dicen que una no se cura con la materia de la planta, sino con su esp铆ritu. Esa sabidur铆a lleva a reflexionar sobre la importancia de mantener las plantas ancestrales vivas, para lo cual es indispensable conservar la salud de las lagunas y los r铆os. Una planta nos puede abrir un mundo de posibilidades de acci贸n cuando se reflexiona en colectivo, y as铆 se puede mirar la grandeza en todo lo que se habita. Cuando las mujeres que defienden los territorios despliegan estrategias colectivas de insurgencia, los territorios van encarn谩ndose de a poco.

 

Reflexiones finales

芦Somos el reflejo de la tierra禄, dice Zeny, integrante del Colectivo Colibr铆. 芦Si la tierra no est谩 sana, nosotras tampoco. Por eso debemos preguntarnos si nuestra alimentaci贸n es buena 鈥攎enciona Malena鈥. Pero alimentarse 鈥攅xplica鈥 no es solo lo que comes, sino tambi茅n cu谩nto ruido escuchas, con cu谩ntos sabores saludables te alimentas, cu谩nto te alimentas por la nariz, qu茅 hueles, qu茅 paisaje entra por tus ojos禄.[11] Alimentar tu cuerpo es hablar del territorio mismo, porque 茅l est谩 en una misma.

Las corrientes de pensamiento feministas que se sit煤an en Abya Yala enfatizan la relaci贸n intr铆nseca entre el cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo. Ni el cuerpo ni el territorio existen sin la tierra. No basta con comprender el cuerpo y el territorio como escalas separadas, sino que es necesario analizar la relaci贸n de interdependencia que existe entre el cuerpo-territorio-tierra.

El territorio encarnado se da en tanto que el cuerpo es mediador porque percibe el territorio que habita; es decir, entender que el cuerpo es veh铆culo para comprender que el territorio habla con las aves, que la tierra sabe cu谩ndo sembrar, que el cielo y las estrellas dicen la forma de la lluvia y que el r铆o cuenta cu谩ndo va a llover es la personificaci贸n del territorio en una misma [鈥. El territorio encarnado es poner al cuerpo (colectivo) en acci贸n, porque es el cuerpo el que comprende las acciones del territorio y es el territorio el que le habla al cuerpo (Cruz Hern谩ndez, 2020b, 42).

El territorio es cuerpo colectivo. El territorio va haciendo cuerpos y los cuerpos simbolizan el territorio. En ese sentido es necesario comprender que los cuerpos est谩n anclados en una historia y un contexto y situados en campos de poder. Los cuerpos feminizados que habitan entramados comunitarios est谩n sujetos a su condici贸n de g茅nero, clase y raza. Cuando esos cuerpos femeninos se organizan y despliegan estrategias de insurgencia para reespacializar la vida familiar y comunitaria, hacen grietas y van construyendo recorridos que les permiten reordenar y reajustar sus territorios para vivir bien. A esos procesos pol铆ticos de toma de conciencia y agencia colectiva los denomino territorios encarnados. Se encarnan a trav茅s de las acciones colectivas construidas de forma constante. Pero dichos procesos pol铆ticos solo pueden ser entendidos con una lupa que mire de cerca las experiencias cotidianas de la lucha organizada que tiene como fin sostener la reproducci贸n social material y simb贸lica de los entramados comunitarios.

___Reuniones compa帽eras

Referencias

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* Doctora en Antropolog铆a Social por el Ciesas-Sureste. Becaria del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y Centroam茅rica (Cimsur), en donde es asesorada por el doctor Gabriel Asencio Franco. Parte de su trabajo militante se desarrolla en el colectivo latinoamericano Miradas Cr铆ticas del Territorio desde el Feminismo y es cofundadora de la organizaci贸n feminista comunitaria Mujeres Transformando Mundos.

Notas:

[1] Empresa dedicada a la producci贸n agr铆cola, fertilizantes, plaguicidas y semillas para siembra. Se instal贸 en la regi贸n a mediados de los noventa.

[2] Entrevista con Armando Rojas en septiembre de 2020.

[3] Entrevista con Eulalio P茅rez en agosto de 2020, quien atendi贸 uno de los bares de 2018 a 2020.

[4] Rev铆sense las siete piezas sueltas del rompecabezas mundial: http://bit.ly/2LOLug4

[5] En este art铆culo no se har谩 referencia a las cinco dimensiones de la (re)patriarcalizaci贸n de los territorios. Al respecto, v茅ase Colectivo Miradas Cr铆ticas del Territorio desde el Feminismo, 2019.

[6] Se le pone el prefijo (re) porque se quiere dar cuenta de que las violencias patriarcales en el territorio, con distintos tintes, son un proceso de larga duraci贸n y han venido de la mano de la avanzada del capitalismo.

[7] San Jos茅 Yocnajab es una de las trece comunidades del conjunto agrario de Santo Domingo Lopoj, que componen el cintur贸n rural de la ciudad fronteriza de Comit谩n de Dom铆nguez.

[8] Las Margaritas es uno de los municipios de la regi贸n fronteriza de Chiapas. Las mujeres que participan pertenecen a las Comunidades Eclesiales de Base (CEBS). Desde 2016 han comenzado un movimiento popular de mujeres organizadas al interior de la parroquia de Las Margaritas, pero tambi茅n se han comenzado a articular con mujeres de los barrios urbanomarginales del municipio.

[9] La Trinitaria es uno de los municipios fronterizos con mayor densidad poblacional. Una de sus caracter铆sticas es que incluye un 谩rea natural protegida (Lagos de Montebello), una de las reservas con mayor biodiversidad del estado.

[10] El lago Encantada es uno de los siete lagos del Parque Nacional Montebello (Programa de Conservaci贸n y Manejo Parque Nacional Lagunas de Montebello, 2006).

[11] Conversaciones con miembros del Colectivo Colibr铆 en septiembre de 2020.

fuente: https://www.ecologiapolitica.info/?p=14491

tambi猫n editado en:  https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2022/01/28/mexico-defensoras-de-cuerpos-territorios-tierra-de-mujeres-rurales-indigenas-campesinas-y-sus-entramados-comunitarios/

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Fuente: Argentina.indymedia.org