November 16, 2020
De parte de La Peste
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Gobernar por el miedo en tiempos de crisis

La cat谩strofe no solo es la promesa de desgracia hecha por la civilizaci贸n industrial, es ya nuestro presente inmediato. Lo confirma el alarmismo de los expertos ante la posibilidad anunciada a los cuatro vientos de un colapso del sistema sanitario. Al decretar el fin del estado de alarma anterior, los gobernantes intentaban evitar la agudizaci贸n de la crisis econ贸mica. Sin embargo, la precipitaci贸n por sacar la econom铆a del confinamiento ha conducido a lo contrario: los rebrotes del virus no han tardado en venir, o al menos es lo que dicen las estad铆sticas de interesados estudios cient铆ficos. Seg煤n dejan entrever los medios de desinformaci贸n, la gesti贸n efectiva de la pandemia no pudo ser m谩s desastrosa, pues si bien una sociedad de consumo no es capaz de sobrevivir con una econom铆a semiparalizada, tampoco puede dejar de lado a los consumidores. Su grado de disponibilidad para el trabajo y el dispendio, o sea, lo que suele llamarse salud, ha de ser satisfactorio. M谩s claro: por no dar un salto hacia delante en el control social de envergadura suficiente, los dirigentes se han visto forzados a dar un paso atr谩s, proclamando un nuevo estado de alarma con el fin de acogerse a disposiciones disciplinarias anteriores, preparadas con restricciones in煤tiles en 芦actividades no esenciales禄, toques de queda y confinamientos a la carta. No es seguro que estemos ante una 鈥渟egunda ola鈥, pero lo cierto es que estamos ante un verdadero golpe de Estado. Por la v铆a de la excepci贸n se abre un segundo cap铆tulo en la implantaci贸n de una dictadura sanitaria destinada a perdurar. El p谩jaro desarrollista con la ayuda del virus medi谩tico incuba el huevo de la tiran铆a.

En verdad, las condiciones de vida en la sociedad del crecimiento infinito constituyen una seria amenaza para la salud del vecindario, pero los dirigentes y sus asesores no plantean soluciones t茅cnicas que no discurran en el sentido de los intereses dominantes. El problema es que estos son contradictorios. Hay conflicto de potencias y conflicto dentro de ellas. Las estructuras de poder se est谩n reconfigurando a escala mundial ante las crisis venideras que el choque de intereses est谩 planteando. Se articulan de nuevo los Estados, el capitalismo y la tecnociencia -la megam谩quina- con previsibles malas consecuencias para la poblaci贸n, de la cual una parte cada vez mayor ya resulta in煤til para el sistema. Se trata de gestionar excedentes, t茅cnicamente, bien por guerras, bien mediante enfermedades infecciosas. Si lo que se persigue es la obediencia incondicional, el miedo, y en casos graves, el terror, es la herramienta necesaria de gobierno. En el caso concreto de la pandemia, todo consistir铆a en encajar la salud con la econom铆a convirtiendo aquella en una oportunidad de tecnificaci贸n y desarrollo. La costosa sanidad p煤blica se dejar铆a tal como est谩, es decir, semidesmantelada. Los medicamentos caros y las vacunas milagreras ser铆an el primer objetivo de la industria farmac茅utica, la m谩s corrupta, y por supuesto, de los gobiernos. Acompa帽adas por medidas profil谩cticas como el lavado de manos, el saludo con codo, el pago con tarjeta, la mascarilla, la distancia, la ventilaci贸n, el silencio y pronto el carnet de inmunidad, abrir谩n paso al control general. Pero para que la poblaci贸n obedezca los consejos que brinda la farmacopea del espect谩culo, urge una sumisi贸n servil, y ah铆 est谩 el problema: nadie cambia alegremente sus h谩bitos sociales por el aislamiento sin sentido por m谩s que lo ordenen las autoridades. Situaciones supuestamente alarmantes requieren dosis superiores de catastrofismo y gran despliegue policial. La dominaci贸n ha de recurrir primero al miedo y luego, si eso no funciona con todos, a la fuerza. Pol铆ticamente, eso significa la supresi贸n de las apariencias democr谩ticas del parlamentarismo en pro del autoritarismo t铆pico de las dictaduras, cuya eficacia ahora depende de un control digital absoluto. En efecto, la supresi贸n de las libertades formales (de circulaci贸n, de reuni贸n, de manifestaci贸n, de residencia, de prescripci贸n m茅dica, etc.) que garantizan las constituciones, el 芦rastreo禄, las multas y el fomento de la delaci贸n, tienen muy poco que ver con el derecho a la salud y mucho con la remodernizaci贸n del poder a la que no es ajena la p茅rdida de confianza de los gobernados, que, ante la duplicidad, la ineptitud y la irresponsabilidad de los gobernantes, incurren con desenvoltura en la desobediencia. Y puesto que la soberan铆a llamada popular all谩 donde reina la mundializaci贸n no reside realmente en el pueblo, considerado un ser irracional que debe ser neutralizado, sino en el Estado, fiel ejecutor de los designios de las altas finanzas, el despotismo es la respuesta natural del poder a la p茅rdida de legitimidad. Al separar la gobernanza del derecho mediante decretos ad hoc de legalidad cuestionable, el Estado cobra a la poblaci贸n el peaje de una pretendida crisis que confiesa no haber sabido conjurar, pero de la que culpa al 鈥渃omportamiento inc铆vico鈥 de determinados sectores, principalmente juveniles. Si no hubiera resistencia a tanto abuso, la vida social acabar铆a recluida en el espacio virtual y lo 煤nico democr谩tico que permanecer铆a en pie ser铆a el contagio.

El 煤ltimo libro de Vaneigem empieza as铆: 芦Desde los d铆as sombr铆os que iluminaban la noche de los tiempos, solamente era cosa de morir. De ahora en adelante se trata de vivir. Vivir en fin, es reconstruir el mundo禄. Literalmente, la situaci贸n empuja a una reacci贸n colectiva contra la privatizaci贸n, la artificializaci贸n y la burocratizaci贸n en defensa de la vida, estrechamente ligada a la defensa de la libertad. Lo que mata a la una (el Estado, el Capital), mata a la otra, por lo que tal defensa empieza por la desobediencia civil a los dictados de ambos. Ellos son el verdadero peligro, y no el virus. La reacci贸n desobediente contra todas las imposiciones constituye en estos momentos el eje de la lucha social, pero desobedecer no es suficiente: frente a la confusi贸n fomentada por el poder, hay que reivindicar la verdad. Conviene evitar a toda costa que la protesta sea desacreditada por las alucinaciones del complotismo y el negacionismo. Las fisuras que se est谩n produciendo en el consenso cient铆fico pueden contribuir a ello. Respecto a la pandemia, la primera norma de la autodefensa aconseja guardar distancias higi茅nicas con el Estado e ir a la autogesti贸n de la sanidad. El coronavirus, arma del Estado, tambi茅n podr铆a usarse en su contra. No interesa una sanidad p煤blica porque depende del Estado y sus filiales auton贸micas, sino un sistema de salud en manos de colectivos compuestos por personal sanitario, usuarios y enfermos. La cuesti贸n consiste menos en crear cl铆nicas alternativas en la 贸rbita de la econom铆a social -opci贸n tampoco descartable-, que en arrebatar al Estado la gesti贸n de una medicina que se quiere a escala humana, es decir, descentralizada y pr贸xima. Nada ser谩 posible sin sostenidos estallidos de c贸lera que pongan en movimiento a masas insumisas hartas de sufrir la torpe manipulaci贸n de las autoridades y sus est煤pidos confinamientos. Mejor afrontar las consecuencias de su insubordinaci贸n que vivir bajo la f茅rula de ejecutivos ignorantes y tecn贸cratas embusteros. En un mundo determinado por el trabajo muerto y devorado por una psicosis inducida desde los medios, que sean cada vez m谩s los cuerdos que tomen partido por la naturaleza, libertad, la verdad y la vida.

隆La bolsa o la vida! O el caos econ贸mico y sanitario, o el fin de la dominaci贸n. O las enga帽osas comodidades cada vez mas constre帽idas de una econom铆a mort铆fera, o la aventura de una existencia soberana, esa es la cuesti贸n. Las protestas conscientes de la vida cotidiana han de tener como horizonte un mundo antidesarrollista, no patriarcal, sin poluci贸n, sin alimentos industriales, sin ocio de f谩brica, sin basura, desglobalizado y desestatizado. Si nos detenemos de nuevo en la salud, recordemos que para propagarse, los virus requieren una poblaci贸n numerosa, densa y en perpetuo movimiento. En cambio, los agrupamientos peque帽os y tranquilos no padecen enfermedades epid茅micas. El hacinamiento y la hiperactividad promueven la transmisi贸n -condiciones que se dan 贸ptimamente en las metr贸polis-, as铆 como tambi茅n los desplazamientos masivos debido a las hambrunas, las guerras y el turismo. Razones de m谩s para que el mundo a reconstruir sea un agregado de pac铆ficas comunas autosuficientes mayormente rural, desmotorizado, desurbanizado y desmilitarizado.

Miguel Amor贸s

12 de noviembre de 2020

Fuente: https://kaosenlared.net


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Fuente: Lapeste.org