April 29, 2021
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Un convoy de las Fuerzas Armadas francesas. COPSADMIRER / Licencia CC BY-NC-ND 2.0

El ruido de sables no suena solo en España. Mientras aquí varios militares retirados pedían el pasado mes de diciembre fusilar a medio paísen Francia un grupo formado mayoritariamente por veteranos de las Fuerzas Armadas también ha hecho públicas sus demandas a un año de las elecciones presidenciales. En una carta publicada recientemente en una revista de extrema derecha, alertan sobre el peligro islamista y señalan a los migrantes y a los pobres como generadores de un caos y una inseguridad que, según ellos, podrían provocar una guerra civil en el país.

El pasado 21 de abril, la revista de extrema derecha Valeurs Actuelles, publicó un manifiesto firmado por casi un millar de militares franceses, que alertaban sobre el peligro de una guerra civil si no se intervenía urgentemente en los barrios periféricos para defender la civilización contra “las hordas de los suburbios”. El manifiesto, que incluye una serie de exigencias al presidente de la República, Emmanuel Macron, asegura que existe una “creciente violencia, día tras día”, relacionada con una supuesta islamización del país.

Las “hordas” a las que hace referencia el texto señalan a los habitantes de los barrios humildes franceses, conocidos como banlieues, y habitados por personas de origen migrante, constantemente señaladas y estigmatizadas por la extrema derecha.

“Se acabó el tiempo de las vacilaciones. De lo contrario, mañana la guerra civil pondrá fin a este caos creciente, y las muertes, de las que usted será responsable, se contarán por miles”, dice la carta apelando a Macron. En el texto, que describe una “Francia en peligro”, los firmantes denuncian la “desintegración” que golpea a la “patria”, a través de “un cierto antirracismo” que, según ellos, tiene un objetivo: “Crear en nuestro suelo un malestar, incluso un odio entre comunidades”. Señalando al “islamismo y a las hordas de la banlieue”, llaman a los líderes franceses a “encontrar el coraje necesario para erradicar estos peligros” aplicando “sin debilidad las leyes que ya existen”. “Como nosotros, una gran mayoría de nuestros conciudadanos están abrumados por las ambigüedades y los silencios culpables” de los dirigentes políticos, señala el manifiesto.

La reacción oficial a esta carta se produjo por medio del general François Lecointre, jefe del Estado Mayor de la Defensa. Lecointre anunció sanciones para los generales y para los soldados en activo que firmaron el manifiesto. “Estos generales pasarán por un consejo superior militar. Al término de este procedimiento, será el presidente de la República el que firme un decreto de expulsión”, precisó el jefe de los ejércitos franceses en Le Parisien.

La líder del partido ultraderechista Rassemblement National, Marine Le Pen, dijo recientemente compartir la preocupación de estos militares, y los animó a sumarse al partido para las próximas elecciones presidenciales de 2022. Al menos tres de los 20 exgenerales que firman el manifiesto, entre otros altos mandos, han sido candidatos de su partido en elecciones locales.

Otro de los firmantes, Christian Piquemal, es un fiel seguidor de la teoría conspiranoica del “Gran Reemplazo”, popularizada por el escritor Renaud Camus y seguida por numerosos grupos y simpatizantes de extrema derecha. Esta teoría sugiere que existe un complot para reemplazar a la población europea por población migrante y someterla al islam. Se trata de una actualización de las viejas teorías antisemitas de Los protocolos de los sabios de Sión, y otras menos conocidas, esta vez con los musulmanes sustituyendo a los judíos como artífices del malvado plan. Piquemal, de 80 años y excomandante de la Legión Extranjera, perdió sus privilegios como oficial retirado tras ser arrestado por participar en una manifestación contra el islam en 2016.

Simpatías ultras en el ejército y la policía

También en Francia las Fuerzas Armadas y la policía han tenido, históricamente, cierta simpatía por la extrema derecha, un aspecto sobre el que ya alertó el periódico Libération el año pasado. El diario ofrecía porcentajes que rondan el 50% de apoyo de estos funcionarios a la extrema derecha, siendo la candidatura de Le Pen la más valorada en conjunto.

Florence Parly, ministra de Defensa francesa, dijo que el manifiesto publicado en Valeurs Actuelles era una politización “irresponsable” del ejército, mientras que la ministra de Industria, Agnès Pannier-Runacher, condenó “sin reservas a este puñado de generales que piden un levantamiento”. Parly apeló en su cuenta de Twitter a la misma Marine Le Pen: “Nótese que Marine Le Pen juega con una confusión que le conviene: la columna irresponsable publicada en Valeurs Actuelles está firmada únicamente por soldados retirados, ya sin ninguna función en nuestros ejércitos y que solo se representan a sí mismos”.

Posteriormente se supo que no todos los firmantes eran militares retirados. Dieciocho de ellos (incluidos cuatro oficiales) están en activo. Todos recibirán “sanciones disciplinarias”, explicó el general Lecointre, y serán “más duras cuanto más alta sea su graduación”. A su juicio, a una responsabilidad más alta le corresponde también “una obligación de neutralidad y de ejemplaridad más fuerte”.

A pesar de las amenazas de sanción, el fenómeno está creciendo como una bola de nieve entre los militares franceses. Cada día se suman nuevas firmas al manifiesto, que empezó con unas mil y cuyo número se ha multiplicado por ocho en las últimas horas. Un antiguo eurodiputado del Frente Nacional, Florian Philippot, animaba desde su cuenta de Twitter a que otros militares firmaran la carta con el objeto de salvaguardar “la Francia eterna”.

“Todo esto es preocupante porque en Francia se lleva años banalizando el discurso de la extrema derecha y dándole voz en todas las cadenas. Se está creando un clima de opinión en el que están dictando la agenda”, apunta María Santos-Sainz, doctora en Ciencias de la Información y profesora titular de Periodismo en el Institut de Journalisme Bordeaux Aquitaine (Universidad Bordeaux Montaigne).

“Con las elecciones generales tan próximas [2022], el clima de opinión está tomando un carácter muy preocupante. Hay una alta posibilidad de que Marine Le Pen pueda llegar a la presidencia. Es un caldo de cultivo preocupante, cómo personajes como Eric Zemmour y otros voceros de la extrema derecha son invitados a los platós, convirtiendo los debates en un espectáculo. Estamos creando un ambiente muy tóxico que puede dar resultados inquietantes”, añade Santos-Sainz.

Islamofobia en el debate público

Francia ha endurecido la legislación después de diversos ataques con sello islamista, el último de ellos contra el profesor Samuel Paty, que provocó una ola de indignación y motivó diversas declaraciones sobre nuevas medidas contra el llamado “separatismo islamista”. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, entre otras, así como colectivos de personas migrantes, musulmanas, de izquierdas, e incluso varios diputados corsos, criticaron los discursos del presidente y las medidas anunciadas, advirtiendo que estas podrían ir más allá y usarse contra otros colectivos.

“Las tesis islamófobas han ganado muchísimo terreno. A pesar del problema que ha tenido Francia con el terrorismo, se ha creado un clima de opinión muy alarmante. Hasta el punto de que el gobierno de Macron ha acabado haciendo una caza de brujas que ha llegado incluso a la universidad, contra profesores acusados de ‘islamoizquierdistas’, por tener posiciones críticas con determinados discursos y alertar sobre la islamofobia”, afirma Santos-Sainz.

Los ataques de tinte islamófobo se incrementaron en un 53% el pasado año, según el Observatorio Nacional de la Islamofobia. Los franceses que profesan la religión musulmana, muchos de ellos procedentes de las antiguas colonias, representan actualmente cerca del 6% de la población francesa.

El putsch sugerido por estos militares, “recuerda al intento de golpe de Estado contra De Gaulle en 1958, protagonizado por militares reaccionarios que tuvieron un papel importante en la guerra de Argelia”, apunta la profesora. Aquella guerra por la independencia, que se desarrolló entre 1954 y 1962, costó más de millón y medio de vidas argelinas. “Volvemos a la noción de cruzada frente al islam y las hordas de la periferia”, asegura Santos-Sainz.

Actualización 11.45h (29/04/2021)




Fuente: Lamarea.com