April 17, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
234 puntos de vista


Author(s)

Andrew Metheven

鈥淒isp谩renles hasta que est茅n muertos鈥

Estas fueron las 贸rdenes del presidente filipino Rodrigo Duterte, sobre la forma en la que los soldados y el gobierno de los pa铆ses deber铆an utilizar un enfoque “similar al de la ley marcial” para hacer cumplir el estricto confinamiento impuesto para limitar el impacto de la pandemia de coronavirus. Pronto se produjeron historias de abusos y asesinatos policiales por infracciones del confinamiento por cuarentena, entre ellas el tiroteo de un hombre en estado de embriaguez, j贸venes encerrados en una jaula para perros y presuntos infractores del toque de queda detenidos sin comida ni agua. M谩s de 1.000 personas en Filipinas han sido detenidas por infringir las condiciones del confinamiento, y Human Rights Watch ha criticado al Gobierno por utilizar t谩cticas similares a las de su “guerra contra las drogas”, en la que la polic铆a ha matado a miles de personas, incluyendo registros casa por casa, alentando a los vecinos a denunciar a otros en su comunidad de los que sospechen que tienen s铆ntomas de Covid-19.

Estos pr谩cticas no se limitan a Filipinas – varios gobiernos han sido criticados por Michelle Bachelete, representante al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos quien dijo que

“los poderes de emergencia no deber铆an ser un arma que los gobiernos puedan esgrimir para reprimir la disidencia, controlar a la poblaci贸n e incluso perpetuar su tiempo en el poder”. Comprender la naturaleza militarizada de estos confinamientos y cierres nos ayuda a entender la naturaleza de la polic铆a militarizada y la amenaza que supone para el bienestar y la libertad de nuestras comunidades, y por qu茅 hay que resistirla y desafiarla. Fuera de las zonas de guerra reales, los encuentros con las fuerzas policiales pueden ser la experiencia m谩s directa de la militarizaci贸n para muchas personas, que est谩n afectando a la vida de un gran n煤mero de personas. Antes de que se produjera la pandemia estaba claro que el militarismo se estaba normalizando cada vez m谩s; ahora, teniendo en cuenta las enormes amenazas de la pandemia, los riesgos de una violencia extrema a manos de las fuerzas policiales militarizadas de todo el mundo se vuelven a煤n m谩s extremos.

Cuando hablamos de “militarizaci贸n”, nos referimos a los estados que utilizan pr谩cticas, sistemas, estrategias y mentalidades similares a las utilizadas por los ej茅rcitos que participan en la guerra. La “mentalidad guerrerista” ha sido un tema impulsado por instructores que imparten talleres para las fuerzas policiales en los Estados Unidos,

en los que se describe un enfoque de la labor policial que considera que los miembros de las comunidades son una amenaza que hay que contrarrestar y controlar, dando prioridad a los m茅todos violentos -incluso letales- para gestionar los conflictos y creando una mentalidad de “nosotros contra ellos”. Este enfoque, unido a las armas de uso militar y a menudo a una deficiente rendici贸n de cuentas, es una mezcla t贸xica en cualquier situaci贸n, y muchos gobiernos de todo el mundo han respondido a la pandemia del coronavirus con bloqueos impuestos por las fuerzas policiales militarizadas.

La militarizaci贸n va m谩s all谩 de los actos individuales de violencia; se basa en una compleja e intrincada red de sistemas y estructuras. La violencia militarizada es organizada, deliberada y despersonalizada, impulsada por valores patriarcales y racistas, y la mayor铆a de las veces se dirige a los sectores m谩s pobres y desfavorecidos de nuestras sociedades.

M谩s all谩 de la violenta imposici贸n de toques de queda y cierres, la militarizaci贸n tambi茅n se produce cuando los militares gestionan la respuesta de los estados a la pandemia. Entre los ejemplos de pa铆ses en los que esto est谩 ocurriendo se encuentra Indonesia, donde varios generales retirados ocupan puestos clave en la toma de decisiones, incluyendo el ministro de sanidad y el jefe del grupo de trabajo que coordina la respuesta del gobierno. Por lo tanto, no es de extra帽ar que el gobierno est茅 utilizando cientos de miles de efectivos para hacer cumplir las normas sobre el distanciamiento social y el uso de m谩scaras.

La militarizaci贸n que vemos que se est谩 llevando a cabo a trav茅s de la pandemia no sali贸 de la nada, es un s铆ntoma de mentalidades militarizadas profundamente arraigadas. Podemos verlo en el lenguaje empleado en la respuesta de los estados

al virus: “pie de fuerza”, “reunir a las tropas”. Los valores del militarismo impulsan la ret贸rica en la respuesta, que a su vez apoya las respuestas militarizadas y, en 煤ltima instancia, permite la violencia y la opresi贸n.

Hay una variedad de formas en que los gobiernos militarizaron su respuesta a la pandemia. Comprenderlas nos ayuda a construir una imagen de c贸mo opera el militarismo, e identificar las oportunidades para desafiarlo.

El Salvador

Human Rights Watch ha informado de que las fuerzas policiales

de El Salvador han “detenido arbitrariamente a cientos de personas en nombre de la aplicaci贸n de restricciones” y que el presidente del pa铆s, Nayib Bukele, ha utilizado Twitter y los discursos difundidos a nivel nacional para alentar “el uso excesivo de la fuerza y la aplicaci贸n tapabocas, aunque esto no era un mandato del gobierno, o por salir a comprar comida o medicinas.

Sud谩frica

En marzo, las fuerzas policiales de Sud谩frica dispararon balas de goma

a los compradores que hac铆an fila frente a un supermercado de Johannesburgo cuando entr贸 en vigor el confinamiento all铆. En los v铆deos se ve铆a a polic铆as y soldados fuertemente armados patrullando los barrios muy pobres donde los residentes tienen una capacidad limitada para aislarse, golpeando a las personas con l谩tigos. En abril, los servicios de seguridad fueron acusados de matar a tantas personas por no cumplir el confinamiento como las que el propio virus hab铆a matado.

Collins Khosa fue asesinado por las fuerzas de seguridad en su propia casa el 10 de abril despu茅s de que los soldados descubrieron lo que cre铆an que era un vaso de alcohol en su patio (Sud谩frica prohibi贸 la venta de alcohol durante el confinamiento).

Thato Masiangoako, investigador del Instituto de Derechos Socio-Econ贸micos de Sud谩frica, dijo a Reuters que “Esta brutalidad y violencia no es nada nuevo. Lo que es nuevo es que durante este encierro, se ha puesto m谩s 茅nfasis en estos abusos… Las fuerzas de seguridad se desplegaron principalmente en las zonas negras pobres como los municipios de alta densidad. Las 谩reas m谩s ricas han sido protegidas de la violencia.”

Sri Lanka

A mediados de mayo, m谩s de 60.000 personas en Sri Lanka hab铆an sido arrestadas por romper las restricciones del pa铆s.

El inspector general ha restringido los derechos de los ciudadanos a la libertad de expresi贸n, ordenando a la polic铆a que detenga a quienes critican la respuesta del gobierno al coronavirus, incluyendo a los funcionarios que “rega帽an” y se帽alan “cuestiones menores”. El grupo de trabajo del gobierno encargado de gestionar la respuesta a la pandemia est谩 dirigido por el General Shavendra Silva, un comandante militar que, seg煤n Human Rights Watch, “se enfrenta a acusaciones cre铆bles de cr铆menes de guerra durante los 煤ltimos meses de la larga guerra civil de Sri Lanka”.

Serbia

Adem谩s de utilizar el ej茅rcito y las fuerzas policiales militarizadas para imponer violentamente las restricciones, los estados han utilizado una violencia similar para responder a las protestas contra su manejo de la crisis. En Serbia, el “hombre fuerte” Aleksandar Vucic fue criticado por haber celebrado elecciones el 21 de junio -en las que su Partido Progresista Serbio obtuvo una victoria aplastante pero fue boicoteado por los partidos de la oposici贸n- y por haber agravado la crisis al flexibilizar las normas sobre las grandes reuniones, antes de imponer un estricto toque de queda tras ganar las elecciones. Los manifestantes que exig铆an su dimisi贸n intentaron asaltar el edificio del Parlamento, pero fueron golpeados y gaseados por la polic铆a antidisturbios, que tom贸 como objetivo a los periodistas y atac贸 indiscriminadamente a las personas que no representaban ninguna amenaza y que estaban muy lejos de la protesta. La polic铆a dispar贸 bengalas a corta distancia desde veh铆culos y golpe贸 personas sentadas en bancos de un parque.

Si no es militarismo, 驴entonces qu茅?

Los Estados optan por respuestas militarizadas debido a un amplio n煤mero de razones: porque otros sistemas y estructuras se ven privados de recursos; muchos consideran que los militares son ingeniosos, decisivos y eficaces en formas que los sistemas civiles/no militares nunca podr谩n ser; la violencia y la amenaza de violencia es una forma eficaz de crear miedo manteniendo el control; por la creencia de que, en una emergencia, la 煤nica opci贸n de los Estados es utilizar medios coercitivos y autorizados para hacer cumplir las medidas que, en 煤ltima instancia, beneficiar谩n a sus ciudadanos…

A medida que los movimientos de todo el mundo presionan para lograr una recuperaci贸n ecol贸gica al enorme impacto econ贸mico, tambi茅n deber铆amos aprovechar la oportunidad para considerar c贸mo y por qu茅 muchos estados recurrieron a esas respuestas militarizadas a la pandemia, y cu谩les ser铆an nuestras alternativas. Los militares despilfarran enormes cantidades de recursos que podr铆an haberse utilizado, durante muchos a帽os, para construir sistemas de atenci贸n sanitaria y social m谩s s贸lidos. El Instituto Internacional de Investigaci贸n para la Paz de Estocolmo estima que el gasto mundial en el sector militar en 2019 ha sido de 1.917.000 millones de d贸lares, el nivel m谩s alto desde 1988 y un aumento del 3,6% respecto a los niveles de 2018. Cuando se inyectan cantidades tan enormes de recursos en los ej茅rcitos no es sorprendente que dominen los enfoques y las narrativas militarizadas, pero debemos ser claros: el militarismo no es la 煤nica opci贸n, los enfoques militarizados no son alternativas neutrales a los sistemas que deber铆an ser gestionados y administrados por civiles, y debemos seguir impulsando enfoques para la gesti贸n de emergencias que sean equitativos y justos.

Fuente: https://wri-irg.org/es/story/2020/m…




Fuente: Grupotortuga.com