October 18, 2022
De parte de Nodo50
167 puntos de vista

M谩s all谩 de la valoraci贸n literaria de la obra y de las enormes diferencias con el mundo laboral estadounidense, las cuestiones que aborda Anna Wiener en 鈥榁alle inquietante鈥 son una excusa perfecta para derivar hacia viejas cuestiones no resueltas.

Portada de 鈥榁alle inquietante鈥.

No conozco a nadie que trabaje para una startup tecnol贸gica. Ninguna de mis amigas va en monopat铆n por la oficina ni se toma copas en el bar de la empresa. Mi referencia m谩s cercana es un grupo de traductores de una de las gigantes de los videojuegos, que reciben como bonus los nuevos lanzamientos y un par de veces al a帽o acuden a fiestas organizadas por sus empleadores. Pero estamos en Europa y alicientes como un buen seguro m茅dico o disponer de d铆as libres pagados no cotizan en el mercado laboral.

Para Anna Wiener, autora de Valle inquietante (Libros del Asteroide, 2021) y neoyorquina veintea帽era que trabajaba precariamente en el mundo editorial, incorporarse a una empresa que ofreciese derechos tan b谩sicos como la sanidad o las vacaciones era toda una oportunidad. A la que se sumaban incentivos en forma de barra libre de cerveza fr铆a y aperitivos ultra procesados y ultra azucarados, sesiones de cine con palomitas y viajes de fin de semana para esquiar con el resto de la plantilla. A nadie se le escapa el verdadero objetivo de estos extras, ni a la autora de estas memorias ni, por supuesto, a los propios emprendedores que los impulsaban.

El abismo cultural que sent铆a respecto a mi experiencia y expectativas laborales (y las de mi entorno) se acrecent贸 mientras tomaba notas para esta rese帽a en un bar de men煤 del d铆a donde la oferta de postres estaba compuesta por mel贸n-sand铆a-flan-natillas-y-cuajada. Sin embargo, el Valle inquietante del que nos habla Wiener acecha m谩s pr贸ximo de lo que parece. No es necesario ir al Sillicon Valley de San Francisco a mediados de los dosmildieces para conocer la desilusi贸n respecto al potencial revolucionario de internet, sentir la frustraci贸n respecto a un inestable mercado de trabajo o experimentar la misoginia rampante en ciertos ambientes laborales.

Entre 2013 y 2017, la autora deja su Brooklyn natal y su entorno de j贸venes con expectativas altas en lo cultural y bajas en lo salarial para mudarse al San Francisco de la innovaci贸n y el capital riesgo. Ocupa puestos no tecnol贸gicos relacionados con la atenci贸n al cliente y la comunicaci贸n en startups dirigidas por postadolescentes que dejaron la universidad para convertirse en CEO. Intenta encajar, adaptarse a esas oficinas di谩fanas en edificios antiguos rehabilitados, con plantillas altamente masculinizadas y con una media de edad en la veintena que, a la vez que trabajan, toman caf茅, ligan y se emborrachan en esas mismas instalaciones. Spoiler: no lo consigue.

Ciberfeminismo y tecnoactivismo en el siglo XXI

M谩s all谩 de la valoraci贸n literaria de la obra y de las enormes diferencias con el mundo laboral estadounidense, las cuestiones que aborda Anna Wiener en Valle inquietante son una excusa perfecta para derivar hacia viejas cuestiones no resueltas.

Por ejemplo, 驴cu谩nto tiempo hace que no navegas a trav茅s de Firefox o que tomas las actas de la asamblea en un pad colaborativo de c贸digo abierto? Dependiendo de tu edad, puede que la respuesta sea 鈥渘unca鈥. Hubo un tiempo, all谩 hacia la primera d茅cada del siglo XXI, en que uno de los frentes m谩s activos de transformaci贸n social dirig铆a sus esfuerzos a construir nuestras propias herramientas tecnol贸gicas para derruir la casa del amo. Por supuesto, sigue habiendo encomiables excepciones, reductos de hacktivismo y software libre. Pero, reconozc谩moslo: la gran mayor铆a hemos ca铆do en la opi谩cea facilidad de la empresa que nos instaba a no ser malvadas.

Incluso el software libre ha sido fagocitado por el capitalismo. La empresa en la que la autora trabaj贸 durante tres a帽os y medio no es otra que GitHub, una plataforma social de desarrollo de software libre a la que Wiener nunca nombra de forma directa. Sabemos, a trav茅s de su descripci贸n, que la mayor铆a de la plantilla usa la sudadera con el logo del gato-pulpo como uniforme de trabajo oficioso y que la sala de espera es una r茅plica del despacho oval con unas banderitas que afirman que 鈥淓n la colaboraci贸n confiamos鈥 y 鈥淓n la meritocracia confiamos鈥, como si estos t茅rminos no perteneciesen a universos diametralmente opuestos. La empresa, fundada por 鈥渃uatro programadores veintea帽eros imberbes [que] revolucionaron 鈥攜 monetizaron鈥 el sector鈥 era una de las startups de m谩s 茅xito (鈥渦n caramelito para inversores鈥). Y, simult谩neamente, 鈥渟egu铆a el ejemplo de la comunidad de software libre, con sus valores subversivos, contraculturales y profundamente tecnout贸picos. (鈥) Los socios no cre铆an en la direcci贸n sino en la meritocracia鈥.

Mucho antes de la 茅poca dorada de la contrainformaci贸n y la seguridad digital, muchas feministas vieron en internet un potencial revolucionario repleto de posibilidades. Era una 茅poca previa a las redes sociales y a la banda ancha, una 茅poca en la que internet, adem谩s de un medio, era un fin en s铆 mismo. No se trataba 煤nicamente de difundir un mensaje sino de controlar los medios, de reinventar las relaciones humanas y la forma de tomar decisiones, de organizarse para la acci贸n pol铆tica. Como proclamaba el eslogan de Indymedia 鈥Don鈥檛 Hate the Media, Be the Media鈥 (no odies a los medios de comunicaci贸n; convi茅rtete en uno). Solo han pasado unas pocas d茅cadas y los hacklabs se han quedado reducidos a un hobby rom谩ntico o a un congreso de fin de semana organizado por empresas como GitHub. La realidad de internet ha cambiado tanto que ahora llamamos ciberactivismo a que un v铆deo de una performance se haga viral en YouTube y tiktokers de todo el mundo lo repliquen. Quiz谩 la tecnoutop铆a de internet siempre fue capitalista, aunque Sadie Plant no lo supiera.

Sempiterno patriarcado de oficina

El ambiente laboral en el que vive inmersa Wiener, en donde hay 鈥渕谩s adolescentes que mujeres鈥, es tan patriarcal como el retratado en la serie Mad Men. Ahora, en lugar de traje y corbata, llevan sudaderas con el logo de la empresa y calzado deportivo. Han cambiado el omnipresente cigarrillo por el a煤n m谩s simbiotizado m贸vil. Y siguen bebiendo alcohol (gratis) en la oficina.

鈥淟e habl茅 por correo electr贸nico a mi madre del compa帽ero de oficina que ten铆a una app en el smartwatch que no era m谩s que una animaci贸n GIF de los pechos de una mujer brincando a perpetuidad, y de los comentarios que hab铆a ido recopilando sobre mi peso, mis labios, mi ropa y mi vida sexual. Le cont茅 que el influencer hab铆a hecho una lista donde pon铆a por orden a las mujeres m谩s follables de la oficina. (鈥) Me contest贸 al email casi de inmediato. 鈥楴unca pongas por escrito quejas sobre sexismo鈥, me escribi贸. 鈥楢 menos que tengas a un abogado a mano, claro鈥欌.

Adem谩s de la ausencia de mujeres en los puestos de programaci贸n, de la imposibilidad de conciliar cualquier tipo de vida personal con la laboral y de las expl铆citas situaciones de sexualizaci贸n de las mujeres, el patriarcado impregna Silicon Valley en todas sus facetas. Las soft skills (esas habilidades laborales que no se adquieren mediante una formaci贸n reglada o autodidacta, sino que son caracter铆sticas aparentemente naturales y fuertemente marcadas por la clase y el g茅nero), cacareadamente tan apreciadas, no merecen el reconocimiento econ贸mico de otras. Cuando un antiguo jefe contacta con ella para ofrecerle volver al proyecto le pregunta si sigue 鈥渟intiendo algo por la idea鈥. Como bien se帽ala la autora, parece que su trabajo, sus habilidades laborales, el medio por el que se gana la vida se deslizaba (y, a ojos de esos emprendedores veintea帽eros, se rebajaba) a la categor铆a de amor. Una presunci贸n que se aplica a casi cualquier tarea realizada por una mujer, ya sea analizar macrodatos o cuidar a personas ancianas.

Detr谩s de esas apps tambi茅n hay clase obrera

Adem谩s de cuestiones en torno al tecnoutopismo, el machismo no tan sutil en las empresas tecnol贸gicas y la segregaci贸n del mercado laboral, Anna Wiener lanza bengalas sobre otras cuestiones que dan mucho de s铆, como el sinhogarismo fruto de la gentrificaci贸n, la (ausencia de) privacidad de los datos personales, el auge del neofascismo, el solucionismo tecnol贸gico o la imperante obsesi贸n con la productividad y la optimizaci贸n de cada faceta de la vida. Procesos que, desgraciadamente, en Europa no nos resultan tan ajenos como nos gustar铆a.

鈥淧or desgracia para m铆, me gustaba mi vida ineficiente. Me gustaba escuchar la radio y cocinar con demasiados trastos. (鈥) Rellenar formularios. Llamar por tel茅fono. Hasta me gustaba la oficina de correos y el predecible descontento que me provocaba su burocracia. Me gustaban los 谩lbumes completos y darle la vuelta al disco. Las novelas largas sin apenas trama; las novelas minimalistas sin apenas trama鈥.

Sin embargo, y esta es una de las pegas principales de todo este testimonio, la autora no lleva su reivindicaci贸n de la ineficiencia m谩s all谩 de esta nostalgia indie y 帽o帽a, de filtros vintage y novelas de Sally Rooney. El intento de organizaci贸n sindical en las startups que relata Wiener resulta tan paradigm谩tico como desalentador. Cuando se empieza a hablar en el sector de un convenio laboral para las empresas tecnol贸gicas, un programador se pone a dise帽ar un prototipo de app para facilitar las acciones colectivas en el lugar de trabajo, aun sabiendo que se le puede acusar de estar 鈥渕onetizando la organizaci贸n de la mano de obra鈥. Y cuando la autora comparte con un compa帽ero portorrique帽o de origen pobre su ilusi贸n ante la creaci贸n del sindicato, este le recuerda que 鈥渓a gente necesita sindicatos por seguridad [en las cadenas de montaje o ante la exposici贸n al amianto]. 驴De qu茅 nos proteger铆a un sindicato a nosotros? 驴De las conversaciones inc贸modas?鈥.

El valor y las limitaciones de las memorias

Soy de la opini贸n de que si vas a contar tus miserias, especialmente si son colectivas, m谩s te vale regodearte en ellas. Pero Wiener convierte la necesidad de no utilizar el nombre propio de las empresas en las que trabaj贸 (presumiblemente por los acuerdos de confidencialidad firmados) en la virtud de extender ese anonimato a todos y cada uno de los nombres propios. Se convierte en una cuesti贸n estil铆stica que acrecienta la sensaci贸n de inquietud a la que alude el t铆tulo. Pero que, tambi茅n, ha dividido al p煤blico: por un lado, quienes se lo han tomado como un reto detectivesco y, por otro, quienes les ha sacado de quicio (y del libro) que hable de 鈥渦na pel铆cula de ciencia ficci贸n sobre unos hackers que descubren que la sociedad es una realidad simulada鈥 en lugar de nombrar Matrix, por poner solo un ejemplo.

Como en todas las memorias personales, a ratos la autora sobra. En Valle inquietante, en particular, se produce un salto abrupto entre el relato de la vida laboral y la vida personal de Wiener. 驴Qu茅 nos quiere transmitir exactamente al contarnos detalles 鈥攑ero no demasiados鈥 de su novio, especialista en rob贸tica y altamente motivado? 驴O de su inesperada amistad intelectual con un emprendedor multimillonario un a帽o m谩s joven que ella? Desde una consciente ambig眉edad, a ratos autocomplaciente, la autora no llega a explicitar nunca la causa de su malestar. Aunque con frases como esta, no se hace necesario: 鈥淒urante casi dos a帽os me hab铆a dejado seducir por esa confianza en s铆 mismos que tienen los hombres j贸venes. Hac铆an que pareciera muy f谩cil saber lo que quer铆as y conseguirlo鈥. Por desgracia, todas sabemos perfectamente a lo que se refiere. Y no se trata 煤nicamente del famoso s铆ndrome de la impostora sino de la frustraci贸n generacional ante la mentira de cuentos como el ascensor social y (al menos en Europa) el desmantelamiento de un m铆nimo Estado del bienestar.

驴Quer铆as futuro? Pues toma dos tazas de presente.


No te vayas a煤n:

Cuando no puedes parar de trabajar y una app te manda a meditar

Okupar las redes sociales del amo

Politizar las tecnolog铆as desde los feminismos

Vida neoliberal y disputa cultural: otras cartograf铆as pol铆ticas




Fuente: Pikaramagazine.com