October 21, 2020
De parte de La Haine
108 puntos de vista


Hoy mi茅rcoles 21 de octubre, Vox ha protagonizado la quinta moci贸n de censura de la democracia espa帽ola. El interpelado es el Gobierno de coalici贸n progresista. El candidato a presidente que el partido ultra propone es su l铆der, Santiago Abascal. En su votaci贸n de ma帽ana jueves todo indica que la moci贸n ser谩 rechazada, ya que Vox tan s贸lo cuenta con sus 52 votos afirmativos cuando necesitar铆a al menos 176 esca帽os. Pero esta no es la cuesti贸n de fondo de lo que se dirime en estas dos jornadas en el Parlamento: Vox est谩 preparando su asalto a la Moncloa a medio plazo y esta es su cabeza de playa.

Esta no es una moci贸n de censura convencional, ni siquiera por presentarla a煤n sabiendo que se va a perder. As铆 ocurri贸 con la que protagoniz贸 Felipe Gonz谩lez contra Adolfo Su谩rez en 1980, cuyo objetivo era desgastar al ya tocado l铆der de UCD y presentar frente a la opini贸n p煤blica al secretario general del PSOE como una opci贸n perfectamente posible para dirigir el pa铆s. Tampoco como la presentada por Unidas Podemos en 2017, contra un Rajoy que hab铆a sido colocado en la presidencia tras las maniobras espectrales del golpe de Ferraz, achicharrado por la corrupci贸n, cuya pretensi贸n era obligar al PSOE a situarse ante una posible coalici贸n y una sentencia desfavorable en el caso G眉rtel, como as铆 sucedi贸 un par de a帽os despu茅s. Aunque ambas mociones se perdieron en t茅rminos aritm茅ticos, ambas se ganaron en t茅rminos pol铆ticos.

Vox no est谩 hablando hoy al Congreso, ni siquiera al Partido Popular, al que pretende superar en la direcci贸n de la derecha espa帽ola. Vox le est谩 hablando a nuestro presente lleno de incertidumbre y a nuestro futuro inmediato lleno de escasez. Y habla ocupando el ep铆grafe del que se sit煤a al margen, fuera de todo, cuando todo, el ecosistema pol铆tico e institucional, est谩 siendo vinculado a la incapacidad para sobreponerse a la pandemia y a sus consecuencias econ贸micas. La reacci贸n de la opini贸n p煤blica progresista ha sido la de tildar al discurso de Abascal de demencial, en un exceso de confianza y autosatisfacci贸n, cuando lo cierto es que esta situaci贸n contiene un grave peligro potencial inherente: el predicador milenarista parece un loco siempre y cuando no nos encontremos en un momento milenarista.

Que un partido de ultraderecha sea protagonista de nuestro momento pol铆tico tiene un culpable inmediato: el Partido Popular bajo la direcci贸n de Pablo Casado. Pero tambi茅n uno a largo plazo: Jos茅 Mar铆a Aznar, el tutor del actual l铆der del PP. Casado hered贸 un partido declinante podrido hasta el tu茅tano por la corrupci贸n, pero al menos con unas se帽as de identidad reconocibles: conservadurismo moral, neoliberalismo econ贸mico y una institucionalidad cosm茅tica que les vali贸 tanto para tejer sus redes clientelares, como para encarnar una posici贸n ideol贸gica sosegada. Rajoy fue una hoja afilada y radical que seg贸 gran parte de nuestros servicios p煤blicos, pero que manten铆a el papel de hombre razonable en cualquier situaci贸n: la pol铆tica no son s贸lo hechos y discursos, tambi茅n inercias, las que se dejan en quien te vota.

Casado, ya encabezando un partido que ten铆a orbitando a su alrededor a la derecha aspiracional de Ciudadanos y a un Vox extra-parlamentario, decidi贸 empezar a juguetear con el populismo de derechas. No s贸lo al modo en que lo hab铆an hecho Rita Barber谩 o Esperanza Aguirre, cada una a su modo, en el sentido de presentarse a s铆 mismas como personajes cercanos m谩s que como l铆deres de un partido, sino en uno mucho m谩s trumpista. De hecho, si Casado se impuso a Soraya Sa茅nz de Santamar铆a, adem谩s de por las cuitas internas que esta ten铆a con Mar铆a Dolores de Cospedal, fue por presentarse como un candidato desacomplejado, pol铆ticamente incorrecto y outsider respecto a la relativa contenci贸n que hab铆a representado Rajoy. Los asistentes a aquel congreso sab铆an que ten铆an que votar a S谩enz de Santamar铆a, pero su coraz贸n les pidi贸 hacerlo por aquel joven que en el fondo les dec铆a: no pasa nada porque deis salida a vuestro larvado esp铆ritu reaccionario.

Casado ha convertido al PP en un partido limpiaparabrisas que pretende acaparar a toda la derecha, no como hab铆a hecho siempre, siendo su casa com煤n, es decir, sentando unas reglas m铆nimas a las que las diferentes corrientes se ten铆an que plegar (sobres mediante). Sino cambiando el letrero y las reglas de esa casa seg煤n toque cada d铆a y, a veces, cada hora. Un d铆a Casado se acuesta de centro liberal y al d铆a siguiente se levanta mintiendo sobre la inmigraci贸n, un d铆a pide de comer institucionalidad pero elige un postre para calificar a sus adversarios de ileg铆timos. Haber convertido al PP en un partido err谩tico no s贸lo ha favorecido a Vox electoralmente, sino que ha dado normalidad al discurso y a las maneras ultras: m谩s inercias, las de sus diputados y senadores que compiten ya por ver qui茅n dice la barbaridad m谩s chirriante.

El acontecimiento que dio posibilidad de existencia a Vox fue el oto帽o rojigualdo, la respuesta nacionalista reaccionaria que sucedi贸 a la intentona independentista catalana. No hay nada m谩s poderoso que el sentimiento de comunidad y, aquel 15m facha, hizo encontrarse en la calle a mucha gente que llevaba a帽os rumiando su rencor en soledad viendo las tertulias de los canales ultras. Pero, adem谩s del momento, de la posibilidad, hab铆a una masa social latente esperando ese pistoletazo de salida, que se dio mediante esta org铆a de nacionalismos enfrentados, pero que pod铆a haber surgido por cualquier otra situaci贸n: un atentando yihadista, un conflicto internacional o, mismamente, la configuraci贸n del actual Gobierno de coalici贸n.

Y es en la creaci贸n de esa masa social proto-ultra en la que Aznar, el sector que representa, entra en escena. El expresidente nunca super贸 su derrota en 2004, pero sobre todo nunca asumi贸 que en su segunda legislatura, con mayor铆a absoluta, fuera incapaz de sacar adelante ninguna de las medidas estrella que ten铆a pensada por la fuerte contestaci贸n social: a la reforma universitaria, a la reforma laboral, al desastre del Prestige o a la Guerra de Irak. La lectura que estos sectores afines a Aznar hicieron fue correcta: aunque el PP ganara por mayor铆a absoluta, siempre con una fuerte abstenci贸n, el sentido com煤n espa帽ol era netamente progresista. Hasta que no se variara ese equilibrio la derecha tan s贸lo gobernar铆a un pa铆s de prestado.

Comenz贸 entonces un proceso de restauraci贸n reaccionaria mediante las cadenas ultras, el TDT-Party, los radiopredicadores, el revisionismo hist贸rico, ocupar los lineales de las librer铆as con todo tipo de obras auto-justificatorias. Y, sobre todo, la vuelta de un nacionalismo espa帽ol excluyente que tuvo como coartada los m煤ltiples 茅xitos deportivos. Se empez贸 gritando “a por ellos” a la selecci贸n de f煤tbol y se acab贸 con ese mismo grito despidiendo en las comisar铆as a los uniformados enviados a Catalu帽a. El deseo de Aznar era llevar a煤n m谩s a la derecha al pa铆s y a su partido, pero lo que al final consigui贸 fue crear el fermento donde una escisi贸n de su organizaci贸n, tutelada y financiada por la internacional ultra, ech贸 ra铆ces. Esta ha sido una de las se帽as indelebles de Jos茅 Mar铆a Aznar: fracasar en todos sus objetivos pero acabar haciendo da帽o igualmente.

Lo cierto es que pese a que el PP pretende desligarse en la moci贸n de Vox, los populares ya compiten con los ultras aceptando sus reglas de juego. Y el problema, m谩s all谩 de los partidos, de las organizaciones concretas que acaben por liderar esta restauraci贸n reaccionaria, es que la parte conservadora de la sociedad espa帽ola se rige cada vez m谩s por un sentido com煤n ultraderechista: uno que considera al adversario ileg铆timo, uno que habla de ilegalizar partidos, uno que hace de la mentira su argamasa, uno que entiende a la totalidad del pa铆s restringi茅ndolo a su idea, expulsando del mismo a quien ellos decidan que no encaje.

La moci贸n puede tener consecuencias negativas para Vox, sobre todo si es percibida por la ciudadan铆a como un capricho inconsecuente que pone palos en las ruedas en un momento tan complicado como este. Abascal no es un tipo carism谩tico, ni buen orador y su partido despierta grandes miedos y desafecciones en una parte mayoritaria de la sociedad. Territorialmente es un partido minoritario en zonas decisivas, s贸lo creciendo a costa del desgaste de los populares. Adem谩s lastra las posibilidades electorales de la derecha al partir su voto en dos mitades, m谩s el bocado que el voluble Ciudadanos siempre se reserva. Hoy, adem谩s, recibir谩 un chaparr贸n parlamentario, justo a la inversa de lo que sucedi贸 en las mociones contra Su谩rez y Rajoy, donde fueron los presidentes los que tuvieron que encarar a toda la c谩mara. Todo esto es cierto, pero la izquierda, como ya hizo en la primera d茅cada de siglo, puede caer en el error de la autosatisfacci贸n y el c谩lculo t谩ctico.

La cuesti贸n es que lo cierto hoy puede dejar de serlo en muy poco tiempo, o c贸mo quien aparece en nuestro presente como la opci贸n que se queda fuera de lo aceptable, puede ser quien encabece el descontento popular a medio plazo si lo aceptable acaba siendo el objeto de la ira de una poblaci贸n agitada por el descontento. Una frase de Abascal, “quien nos va a salvar no va a ser Bruselas, sino M贸stoles”, resume este modus operandi, que pretende situar a los ultras no como un partido m谩s del arco parlamentario, sino como unos rebeldes que est谩n al margen de eso que, de forma consciente o no, muchos imb茅ciles denominan “clase pol铆tica”.

Por suerte, Vox nunca ha sabido jugar el papel destropopulista, al menos no tan bien como sus hom贸logos europeos. La ultraderecha espa帽ola siempre ha tenido un fort铆simo odio de clase hacia los trabajadores y, aunque pretendan ocultarlo mediante las apelaciones al “pueblo”, m谩s cerca del volk con misi贸n hist贸rica que de su acepci贸n com煤n, para cualquiera con olfato salta a la legua que son una colecci贸n de personajes de la cacer铆a retratada en La Escopeta Nacional. El problema es que el miedo anula el olfato, la incertidumbre la raz贸n y la ira los intereses de clase, en un momento, adem谩s, en que el propio concepto lleva a帽os dejado de la mano de Dios por casi todos los que ten铆an que hacer de 茅l su principal escarapela.

El 煤nico ant铆doto efectivo contra la ultraderecha, aquella representada en Vox, pero tambi茅n en el PP de Casado que no le hace ascos a nada, es que el Gobierno tenga 茅xito, al menos relativo, en sus medidas sociales de transformaci贸n de la econom铆a espa帽ola. Cada impuesto a las clases altas que no se aprueba, cada cesi贸n a los intereses del sistema financiero internacional, cada oportunidad perdida para salir de esta crisis diferentes a como entramos, es alimento para el 谩rbol de la incertidumbre, uno del que pretenden comer los que hoy dan el primer paso para acabar con la democracia espa帽ola.

@diasasaigonados




Fuente: Lahaine.org