September 12, 2021
De parte de Anarquia.info
2,557 puntos de vista

El movimiento anarquista

El movimiento anarquista en su estructura est谩 compuesto por peque帽os centros de poder que se desarrollan, act煤an, juzgan, condenan, absuelven, deciden y se equivocan como todos los centros de poder.

La funci贸n que desarrollan es semejante a la de sindicatos y partidos al servir de enlace entre las exigencias del capital y las presiones del embate de clase. Su 贸ptica es la de sumar el mayor n煤mero posible de personas bajo una sigla o bandera. En este caso, el poder se mide en base al n煤mero de militantes, o mejor, el n煤mero de grupos federados (que la cosa impresiona m谩s en cuanto no se sabe si un grupo est谩 constituido por 2 o 200 militantes). Muchos compa帽eros est谩n m谩s atentos a los congresos y a las reuniones que a las propias luchas; m谩s inclinados a redactar art铆culos filos贸ficos para las revistas que insisten en publicarles que al compromiso personal; no tan preocupados en atacar al poder como en tratar de molestarlo lo menos posible para seguir disponiendo de peque帽铆simos espacios donde luchar o donde ilusionar con su lucha. La verdad es que en Italia el movimiento es, en su mayor parte, un movimiento ficticio. Quitando raros casos, est谩 fuera de las luchas. Luchas que no pocos grupos y federaciones se atribuyen. Alg煤n grupo va m谩s adelante y se complace haci茅ndonos conocer sus experiencias dentro de alg煤n consejo de f谩brica o comit茅 de barrio. Lo que aqu铆 queremos subrayar es que, a menudo, detr谩s de toda esta tendencia o colectivo se pueden encontrar algunas personalidades m谩s fuertes que otras, que acaban por construir un verdadero y propio centro de poder, administr谩ndolo en perfecta armon铆a con las reglas universales del poder. No falta, y es evidente de modo particular en el movimiento anarquista italiano la tendencia a sobrevalorar la importancia del movimiento en sentido espec铆fico como elemento dinamizador de la revoluci贸n libertaria. Es de nuevo la man铆a del crecimiento cuantitativo, de la fuerza num茅rica, tanto m谩s fuerte y desconcertante cuanto menos se es, y cuanto m谩s lejos se est谩 de las condiciones que hacen posible el crecimiento mismo. Resumiendo, tenemos pues un movimiento que se coloca como depositario de un patrimonio de ideas, an谩lisis y experiencias bien precisas, pero que no tiene una relaci贸n directa con las luchas. Falta su presencia en las masas, que se considera como condici贸n 芦煤nica禄 de su mismo llamarse movimiento anarquista. Pero no todos los compa帽eros que se sit煤an dentro de este movimiento comparten las ideas susodichas, no todos se acomodan a la espera de un crecimiento cuantitativo que debe producirse dentro del movimiento, crecimiento determinante para cualquier acci贸n a desarrollar 芦en las禄 masas. Algunos ven el problema en sentido opuesto. En general este distinto an谩lisis es realizado por los denominados grupos aut贸nomos, aunque no es para nada homog茅neo o universalmente aceptado.

Movimiento ficticio y movimiento real

Consideramos como movimiento anarquista ficticio el conjunto de los compa帽eros que administran una posici贸n de poder dentro del movimiento, que no hacen un preciso trabajo anarquista contribuyendo al crecimiento de la conciencia revolucionaria en las masas, sino que se limitan a presidir las reuniones y congresos, tratando de dirigir a los compa帽eros m谩s j贸venes o menos preparados hacia lo que ellos consideran los principios indiscutibles del anarquismo. Quedan los otros compa帽eros que por debilidad o por aquiescencia acaban por adecuarse a las decisiones que son tomadas siempre por las mismas personas. Esos, aunque comprometidos en las luchas concretas desnaturalizan el significado mismo de la necesidad de la delegaci贸n y no se ocupan de prepararse de modo tal que v谩lidamente se contrapongan a la 芦tiran铆a禄 del compa帽ero m谩s competente o de m谩s autoridad. El resto del movimiento comprende dos direcciones bien precisas: los que teorizan la necesidad de la minor铆a espec铆fica, constituy茅ndose como vanguardia destinada a tutelar los sacros principios del anarquismo (o anarco-leninismo); y los aut贸nomos, que se debaten entre entre el est铆mulo originario del crecimiento y una nueva visi贸n del movimiento en sentido real En el caso de que estos 煤ltimos grupos se autoconsideren los depositarios de la verdad y, como tales, destinados a recoger la herencia de las sacras virtudes anarquistas del pasado, su destino est谩 se帽alado con anticipaci贸n. Muy prestos tambi茅n ellos encontrar谩n a su l铆der (si no lo han encontrado ya) y marchar谩n en las filas del movimiento ficticio; en el caso de que giren la mirada fuera de la organizaci贸n, hacia la realidad concreta de las luchas, entonces tal vez sean los compa帽eros m谩s indicados para darnos un nuevo an谩lisis de la esencia y las posibilidades de un movimiento anarquista real. Pero, en general, el movimiento anarquista no molesta mucho y se le deja dormitar en paz. La ilusi贸n democr谩tica abre espacios de acci贸n imaginaria ante los ojos de muchos compa帽eros y los induce al error.

El movimiento anarquista real

La parte no desde帽able del movimiento anarquista internacional que est谩 constituida por los grupos aut贸nomos, como hab铆amos indicado, no tiene un derecho mayor que cualquier otra, a declararse parte -o constituyente- del movimiento anarquista real. Tambi茅n aqu铆 se pueden verificar fen贸menos de concentraci贸n elitista, de elefantismo obtuso, de atraso en los an谩lisis en en las estrategias de lucha. Al contrario, nos parece que el lugar m谩s seguro para buscar el movimiento anarquista real est谩 fuera de los esquemas y de las iglesias. Se sit煤a en las masas que en concreto plasman sus postulados en la confusi贸n y en los cambios de opini贸n, en los errores y en los titubeos, pero con un notable esfuerzo de autoorganizaci贸n de la lucha, empleando en ellos una estrategia anarquista de aproximaci贸n a la revoluci贸n social. Pero esta b煤squeda en las masas no se puede hacer de modo ciego. En las masas explotadas la organizaci贸n de los ataques al poder (patronos, sindicatos, partidos) es un hecho espont谩neo, emergente de modo inmediato del proceso de explotaci贸n. En estas luchas se dan un m铆nimo de condiciones para el crecimiento de un movimiento real que no es cuantificable en t茅rminos de grupos o federaciones, sino que, indirectamente, resulta medible sobre la base del n煤mero de acciones de un cierto tipo que son realizadas sobre la base de la circulaci贸n de ciertas ideas, sobre la base de la respuesta que ciertas ideas reciben en determinados ambientes de explotaci贸n. En esta perspectiva las tesis anarquistas del pasado no pueden ser aceptadas de forma sagrada, sino que deben ser le铆das en clave de actualidad, como modelos de acci贸n y no como estereotipos momificados. S贸lo de este modo se podr谩 tener un movimiento anarquista real que no resulte atrasado frente a los est铆mulos te贸ricos procedentes de las situaciones reales impuestas por el movimiento real de los trabajadores. Este, resistiendo a la eliminaci贸n f铆sica en las c谩rceles y en los manicomios, rechazando jugar el rol asignado por el poder, desarrolla una organizaci贸n aut贸noma que puede tambi茅n llegar a formas bien precisas de articulaci贸n. El movimiento anarquista real no puede ser extra帽o a esta germinaci贸n organizativa espont谩nea: obligatoriamente debe formar parte de ella tratando de garantizar la esencia libertaria que emerge del movimiento de base: la lucha contra todo tipo de poder. Pero este movimiento anarquista real no debe asumir ninguna forma de prevalencia sobre las organizaciones del movimiento de los trabajadores y no puede ser administradas por especialistas iluminados capaces de mantenerlas en vida en momentos de cansancio. El punto esencial a no olvidar es que estos famosos momentos de reflujo lo son para el movimiento ficticio de los trabajadores, no para el movimiento real, sometido en todo instante a la presi贸n incansable de la explotaci贸n y el genocidio.

El movimiento ficticio y el dominio de lo aparente

Nosotros somos partidarios de la organizaci贸n, pero la organizaci贸n no puede ser un problema en s铆 misma, aislada de la lucha; un obst谩culo para acceder al combate de clase. El conjunto organizativo despegado de la realidad cae en el dominio de lo aparente y se eleva a la categor铆a de catedral en el desierto. En su interior se producen todo tipo de disputas entorno a las estrategias y t谩cticas, que nada tienen que envidiar a las reales; s贸lo que todo sucede en mundo ficticio. El motivo de esta situaci贸n se deberia buscar en la existencia de peque帽os centros de poder que empujan a muchos compa帽eros a rotar en torno a ellos, mientras los pocos que administran estos centros, en base a la ley de cualquier organizaci贸n de poder, no pueden hacer otra cosa que continuar administr谩ndolos. Nos parece que estos compa帽eros, aunque de buena fe, son responsables directos de esta situaci贸n si contin煤an sin hacer nada al respecto. Es verdaderamente extraordinario el esmero con el que son embalsamadas ciertas momias por quien deber铆a ser por definici贸n contrario a todo tipo de conservadurismos. En sustancia es la ilusi贸n producida por la apariencia lo que empuja a estos compa帽eros a comprometerse en algo que no tiene sentido si no es considerado un fin en s铆 mismo. De ah铆 las grandes fatigas para mantener en pie organizaciones que s贸lo tienden a perpetuarse a s铆 misma esperando que llegue el d铆a glorioso de pasar a la acci贸n. El proyecto revolucionario anarquista parte del contexto espec铆fico de la realidad de las luchas. No es un producto de la minor铆a, no es elaborado por 茅sta y exportado al movimiento de los trabajadores, que lo adquiere en bloque o a plazos. El proyecto revolucionario no es ni siquiera una realizaci贸n acabada en todas sus partes. Los anarquistas no deben imponer su conciencia de minor铆a revolucionaria a la clase trabajadora. Actuar en este sentido significa, involuntariamente, perpetuar la violencia leninista. Al contrario, participando en el proceso de autoorganizaci贸n de la masa, trabajando dentro, no como te贸ricos pol铆ticos o especialistas militares, sino como masa, se puede evitar el obst谩culo insuperable de la minor铆a separada que intenta 芦viajar禄 hacia la totalidad de la masa, pero no sabe decidirse sobre la metodolog铆a a emplear. Es necesario partir del nivel real de las luchas, del nivel concreto y material del combate de clase, construyendo peque帽os organismos de base, aut贸nomos, capaces de colocarse en el punto de coincidencia entre la visi贸n total de la liberaci贸n y la visi贸n estrat茅gica parcial que la colaboraci贸n revolucionaria hace indispensable. No se trata pues de propaganda, de 芦hacerse conocer禄 por las masas, no se trata de acceder a los grandes medios de comunicaci贸n, no se trata de hablar en televisi贸n a millones de espectadores; se trata de realizar en cada hecho de la lucha de masa la conciencia revolucionaria de la minor铆a, transformando en hecho-concreto la conciencia que en convento minoritario, quedaba en simple abstracci贸n; haciendo que la necesidad del comunismo advertida por las masas se realice, poco a poco, en una concreci贸n cotidiana, en una organizaci贸n material de la vida.

驴Qu茅 movimiento?

Pero, en definitiva 驴qu茅 cosa debemos entender por movimiento anarquista? Pensamos que debe ser entendido en el sentido m谩s amplio de t茅rmino, como el conjunto de todas las fuerzas que luchan por la realizaci贸n de una revoluci贸n social libertaria; pero pensamos tambi茅n que la cristalizaci贸n oficial de algunos componentes de este movimiento, el ponerse c贸modo sobre tem谩ticas escol谩sticas, el encerrarse en conventos que escupen sentencias de absoluci贸n o condena, haya acabado, al d铆a de hoy, por transformar la parte m谩s grande de este movimiento en un pesado e in煤til carroz贸n ideol贸gico. Sin embargo, m谩s all谩 de la estructura, que est谩 matando todo, hay compa帽eros, individuos que intentan luchar por su ideal, que ven con claridad como este choque continuo con la estructura acaba por oprimirlo cuando deb铆a exaltarlo y hacerlo realizable. Estos compa帽eros son los destinatarios privilegiados de nuestro discurso.

La organizaci贸n

La organizaci贸n espec铆fica de las masas explotadas se da a trav茅s de la autoorganizaci贸n. Esta puede extenderse en el curso del combate y del desarrollo de las contradicciones, pero sin perder su fundamento espont谩neo de autorregulaci贸n. Esto garantizar谩 la persistencia de una estructura horizontal, 煤nica salvaguardia para continuar la lucha. El aislamiento es la causa de la derrota revolucionaria, no s贸lo sobre el plano militar, sino, m谩s todav铆a, sobre el pol铆tico. Ello no es posible cuando el organismo actuante no es producto de un dualismo (organismo de masas-organizaci贸n espec铆fica), sino que es la masa misma la que extiende su actividad estructur谩ndose de modo aut贸nomo. Todo est谩 todav铆a por hacer en esta direcci贸n. La masa desarrolla e incrementa diariamente su necesidad de comunismo, elabora su propia teor铆a, determina sus enemigos. No podemos continuar qued谩ndonos en lo cerrado de nuestros grupos, meditando an谩lisis y proponiendo estrategias de acci贸n como producto de un organismo que se considera interlocutor privilegiado de la masa. Debemos poner al rev茅s el razonamiento, dejar de contarnos y comenzar a contar a los explotados y guettizados.

De nuevo sobre el error del crecimiento cuantitativo de la minor铆a

La vieja ideolog铆a cuantitativa se puede transferir bajo la forma de objetivaci贸n de la minor铆a misma. El compromiso por la lucha viene dado por la b煤squeda del crecimiento del movimiento espec铆fico, de la minor铆a. No debemos basarnos en las propias perspectivas y en los intereses propios, utilizando las ocasionales instancias del movimiento de los trabajadores como detonador del proceso de desarrollo y de amp!iaci贸n, sino, al contrario, el punto de partida debe ser la transformaci贸n de la realidad misma, esto es, la transformaci贸n de la relaci贸n existente entre autoorganizaci贸n y delegaci贸n de las luchas. Por eso, el 芦terreno禄 sobre el que comprometerse s贸lo puede ser el propuesto por los est铆mulos de la realidad misma, tomando en cuenta, como sabemos, que estos est铆mulos est谩n divididos entre el empuje hacia la autoorganizaci贸n de las luchas y el impulso hacia la delegaci贸n. Si en un barrio crece el descontento por ciertas carencias del poder que causan disfunciones (aumento de la explotaci贸n), esto no significa que el barrio est茅 dispuesto a autoorganizar la lucha para resolver el problema inicial, hacer disminuir la explotaci贸n que lo golpea y pasar a profundizar la lucha por otros objetivos m谩s generales y m谩s espec铆ficamente revolucionarios. A menudo, todo lo que est谩 dispuesto a hacer es esperar para ver qu茅 camino es el m谩s eficaz para obtener aquello de lo que carece.. Por este simple motivo, sindicatos y partidos pueden en todo momento obligar al poder a eliminar las contradicciones y, haci茅ndolo as铆, a apagar las luchas. Nuestra tarea no puede ser, por tanto, s贸lo la de llegar antes que ellos, sino la de introducir la lucha en un cuadro m谩s amplio, en un proyecto revolucionario m谩s complejo, que pueda desplazar la relaci贸n autoorganizaci贸n-delegaci贸n! del lado de la autoorganizaci贸n. Y esto no es posible encerr谩ndose en el hecho en cuanto tal, en la acci贸n como fin en s铆 misma, o peor todav铆a, en una perspectiva de crecimiento cuantitativo de la minor铆a. En estos 煤ltimos tiempos, la necesidad de comprender bien esta relaci贸n se hace m谩s apremiante. Podemos decir que el disenso se ha institucionalizado. La contestaci贸n, el formular peticiones no ortodoxas, una cierta animosidad de la base, cosas que hasta ayer causaban un cierto p谩nico en los sindicatos y en los partidos, hoy pueden ser objeto de debate en las instituciones. Mediante la discusi贸n, la apertura, las asambleas de base, el di谩logo, se impone, de forma limpia y sin escorias, lo que quiere el poder. Por tanto, el obietivo de intervenci贸n no puede ser establecido a priori, sino que va delimit谩ndose en el curso de la intervenci贸n misma y sobre la base de las modificaciones que ello causa sobre la realidad de las luchas. No puede valorarse en base a resultados objetivos inmediatos por alcanzar, porque esta tambi茅n puede ser tarea de partidos y sindicatos; no puede ni siquiera valorarse en base a una ideolog铆a a priori, que acaba por hacerse afirmaci贸n maximalista y, muchas veces, inoperante frente a una realidad que se va estructurando sobre una serie de contradicciones. Si, por ejemplo, nos limit谩semos a denunciar las condiciones de los encarcelados, ser铆amos sin duda 煤tiles a los compa帽eros a los compa帽eros que sufren la represi贸n; pero limit谩ndo. nos a esto, condenar铆amos nuestra intervenci贸n a quedar en manos de una minor铆a externa que se acerca a la realidad y la divisa, se bate por ella y, 鈥 al l铆mite, hace algo por cambiarla a mejor. Pero este 芦cambiar a mejor禄 es 煤til tambi茅n para el poder que, antes o despu茅s, debe tambi茅n decidirse a adoptar sistemas m谩s refinados y socialdem贸cratas de represi贸n; sistemas igualmente, si no m谩s, eficaces. La acci贸n pr谩ctica de la minor铆a es la realidad de las luchas es, pues, la de impulsar el desarrollo de la autoorganizaci贸n, rompiendo con el delegacionismo y el dirigismo, aunque est茅 camuflado de proyecto revolucionario.

La fragmentaci贸n de la realidad de las luchas

La existencia misma del poder y de la explotaci贸n es el indicio m谩s seguro de la fragmentaci贸n de la realidad de las luchas. En caso de que 茅stas lograsen fundirse en una acci贸n homog茅nea, es decir, hiciesen prevalecer la tendencia a la autoorganizaci贸n, el poder ser铆a barrido. Y dado que este 煤ltimo aprecia perfectamente el peligro, se organiza en consecuencia. Sus aliados m谩s eficaces: los partidos y los sindicatos. Esta fragmentaci贸n no se traduce en una distinci贸n de niveles seg煤n la presencia reformista, tecnocr谩tica o revolucionaria. Es una fragmentaci贸n que desciende en vertical, en profundidad. Una realidad de lucha en una f谩brica, barrio, guetto, escuela, manicomio, etc. no es nunca calificable como 芦realidad禄 reformista, tecnocr谩tica, revolucionaria, etc., siempre tiene un conjunto de problemas y de est铆mulos que la caracterizan, un conjunto de tendencias y prejuicios, de separaci贸n y de empe帽o, de compromisos y de toma de conciencia. S贸lo cerrando los ojos se puede admitir, por definici贸n, que la minor铆a es monol铆tica porque ha tomado conciencia, mientras que la realidad es fragmentaria porque ha de ser conquistada por la minor铆a. En realidad las cosas son muy distintas, el proceso es, para ambos elementos de esta relaci贸n, una tendencia y una constante modificaci贸n.

Alfredo M. Bonanno




Fuente: Anarquia.info