February 1, 2021
De parte de La Peste
218 puntos de vista

El c├ęlebre t├ęrmino ┬źecolog├şa┬╗ fue acu├▒ado por Ernst Haeckel un siglo atr├ís, para referirse a la investigaci├│n de las interrelaciones entre los animales, los vegetales y su entorno inorg├ínico. Desde Haeckel, dicho t├ęrmino ha sido ampliado hasta incluir ecolog├şas de las ciudades, de la salud y de la mente. Esta proliferaci├│n casi disparatada del uso de una palabra puede parecer preciable en una era que busca fervientemente alg├║n tipo de coherencia intelectual y una unidad perceptual, pero tambi├ęn puede resultar ser extremadamente traicionera. Como en el caso de ciertas nuevas palabras, tales como ┬źholismo┬╗, ┬źdescentralizaci├│n┬╗ y ┬źdial├ęctica┬╗, el vocablo ┬źecolog├şa┬╗ corre el albur de quedar fuera de todo contexto, sin ra├şces y sin contenido. A menudo se lo usa como una met├ífora, como una palabrita llamativa, merced a lo cual pierde la enorme l├│gica interna de sus premisas.

Del mismo modo, la fuerza radical de aquellas palabras se ve r├ípidamente neutralizada. ┬źHolismo┬╗ se evapora en un suspiro m├şstico, en una expresi├│n ret├│rica de camarader├şa ecol├│gica que acaba en un saludo tal como ┬źhol├şsticamente suyo┬╗; lo que alguna vez fue una seria actitud filos├│fica ha sido reducido a un kitsch de tono medioambientalista. ┬źDescentralizaci├│n┬╗, por su parte, significa com├║nmente una serie de alternativas log├şsticas en respuesta al gigantismo, no un proceso que har├şa posible una democracia ├şntima y directa. Y a ┬źecolog├şa┬╗ le va peor a├║n: con demasiada frecuencia se convierte en una mera met├ífora, como pasa con ┬źdial├ęctica┬╗, que sirve para identificar alg├║n tipo de integraci├│n y de desarrollo.

Lo que quiz├ís sea m├ís preocupante es que, en los ├║ltimos a├▒os, el t├ęrmino ha sido homologado a una cruda forma de ingenier├şa natural que bien podr├şa ser llamada ambientalismo. Soy consciente de que muchas personas con orientaci├│n ecol├│gica utilizan ┬źecolog├şa┬╗ y ┬źambientalismo┬╗ indistintamente. Me gustar├şa, pues, hacer una oportuna diferenciaci├│n sem├íntica. Por ┬źambientalismo┬╗ entiendo una visi├│n mecan├şstica e instrumental de la naturaleza, que la ve como un h├íbitat pasivo, compuesto de ┬źobjetos┬╗ tales como animales, plantes, minerales, etc├ętera, los cuales deben pasar a ser m├ís ├║tiles para el usufructo humano. Dado mi uso del t├ęrmino, el ambientalismo tiende a reducir la naturaleza a un dep├│sito de ┬źrecursos naturales┬╗ o ┬źmaterias primas┬╗. En tal contexto, es poco lo que se salva del vocabulario ambientalista: las ciudades se vuelven ┬źrecursos urbanos┬╗. Si la palabra recursos aparece tan a menudo en las discusiones ambientalistas sobre la naturaleza, las ciudades y la gente, es porque el tema en cuesti├│n es m├ís importante que un simple juego de palabras. El ambientalismo, en mi opini├│n, tiende a ver el logro de una relaci├│n arm├│nica entre la humanidad y la naturaleza m├ís como una tregua que como un equilibrio perdurable. La armon├şa del ┬źambientalismo┬╗ se centra en el desarrollo de nuevas t├ęcnicas para aprovechar el mundo natural perturbando lo menos posible el ┬źh├íbitat┬╗ humano. El ambientalismo no cuestiona la m├ís b├ísica premisa de la sociedad actual: la de que la humanidad debe dominar la naturaleza; por el contrario, trata de apoyar esa noci├│n, perge├▒ando t├ęcnicas que aminoren las p├ęrdidas causadas por el descuidado saqueo del medio ambiente.

Para distinguir a la ecolog├şa del ambientalismo o de otras definiciones del t├ęrmino ÔÇôabstractas y a menudo oscurecedorasÔÇô, debo retornar a su uso original y explorar su relevancia directa para la sociedad. Dicho de un modo simple, la ecolog├şa trata sobre equilibrio din├ímico de la naturaleza, sobre la interdependencia de lo vivo y lo inanimado. Dado que la naturaleza tambi├ęn incluye a los seres humanos, esta ciencia debe incluir el papel de la humanidad en el mundo natural; m├ís espec├şficamente, el car├ícter, la forma y la estructura de la relaci├│n que la humanidad mantiene con otras especies y con el sustrato inorg├ínico del entorno bi├│tico. Desde un punto de vista cr├ştico, la ecolog├şa est├í interesada por la esencia del vasto desequilibrio que ha surgido de la separaci├│n entre la humanidad y el mundo natural. Una de las especies ├║nicas de la naturaleza, el homo sapiens, ha dejado lenta y penosamente el mundo natural para introducirse en un exclusivo mundo social propio. Y como ambos mundos interact├║an a trav├ęs de complejas fases de evoluci├│n, se ha vuelto tan importante hablar de una ecolog├şa social como hablar de una ecolog├şa natural.

Perm├ştaseme subrayar que el fracaso al explorar estas fases de evoluci├│n humana ÔÇôque han dado lugar a una sucesi├│n, clases, ciudades y finalmente EstadosÔÇô, es una mala broma para la ecolog├şa social. Desafortunadamente, la disciplina ha sido bloqueada por pretendidos adherentes que continuamente tratan de que todas las fases del desarrollo natural y humano se fusionen en una ┬źunidad┬╗ (no en una totalidad), en una aburrida ┬źnoche en la que todas las vacas son negras┬╗, para usar una de las frases c├íusticas de Hegel. Como m├şnimo, el uso de la palabra especie para detonar la riqueza de la vida a nuestro alrededor deber├şa servir para demostramos la existencia de una especificidad, de una particularidad: la rica abundancia de seres y cosas diferenciados que constituyen el objeto de la ecolog├şa natural. Explorar estas diferencias, examinar las fases y las relaciones que componen su creaci├│n y el largo desarrollo humano desde la animalidad hasta la sociedad (un desarrollo plagado de problemas y posibilidad), es hacer de la ecolog├şa social una de las m├ís poderosas disciplinas desde las cuales se pueda efectuar una cr├ştica al orden social vigente.

Pero la ecolog├şa social provee de algo m├ís que una cr├ştica a la separaci├│n entre humanidad y naturaleza; tambi├ęn comprende la necesidad de reconciliarlas. De hecho, comprende la necesidad de trascenderlas. Como se├▒al├│ E.A. Gutkind ┬źla meta de la Ecolog├şa Social es la totalidad y no la mera sumatoria de innumerables detalles tomados al azar e interpretados subjetiva e insuficientemente┬╗. Esta ciencia opera con relaciones sociales y naturales en comunidades o ┬źecosistemas┬╗(1). Al concebirlos hol├şsticamente, es decir, en t├ęrminos de su mutua interdependencia, la ecolog├şa social busca discernir las formas y las estructuras de las interrelaciones que le confieren inteligibilidad a una comunidad, sea esta social o natural. El holismo, en este caso, es el producto de un esfuerzo consciente para comprender c├│mo est├ín dispuestos los elementos particulares de una comunidad, c├│mo es que su ┬źgeometr├şa┬╗ (como hubieran dicho los griegos) hace del ┬źtodo algo m├ís que la suma de sus partes┬╗. Por ende, la ┬źtotalidad┬╗ aludida por Gutkind no debe ser confundida con una fantasmag├│rica ┬źunidad┬╗ que abandona la disoluci├│n c├│smica en un nirvana sin estructura alguna; antes bien, se trata de una estructura ricamente articulada, con una historia y una l├│gica interna propias.

La Historia, de hecho, es tan importante como la forma o la estructura, pues en gran medida la historia de un fen├│meno es el fen├│meno en s├ş. Somos, de un modo concreto, todo lo que existi├│ antes de nosotros y, a su turno, podremos llegar a ser mucho m├ís de lo que ahora somos. Sorprendentemente, se ha perdido muy poco de la evoluci├│n de las formas de la vida en la evoluci├│n natural y social, e incluso en la evoluci├│n de nuestro propio cuerpo, seg├║n lo prueba nuestro desarrollo embrional. La evoluci├│n mora dentro nuestro (as├ş como a nuestro alrededor) bajo la forma de componentes de la mism├şsima naturaleza de nuestros seres.

Por el momento, basta con decir que la totalidad no es una yerma ┬źuniversalidad┬╗ indiferenciada, que reduce un fen├│meno a lo que ├ęste tiene en com├║n con el resto, ni tampoco una ┬źenerg├şa┬╗ celestial y omnipresente que remplaza a las amplias diferencias materiales de las cuales se componen el reino natural y el reino social. Por el contrario, la totalidad comprende las variadas estructuras, articulaciones y mediaciones que le dan al todo una rica variedad de formas, confiri├ęndole as├ş propiedades cualitativas ├║nicas que una mente r├şgidamente anal├ştica reducir├şa a meros detalles ┬źinnumerables┬╗ y ┬źazarosos┬╗.

Conceptos tales como ┬źintegridad┬╗, ┬źtotalidad┬╗ e incluso ┬źcomunidad┬╗, poseen oscuras connotaciones para una generaci├│n que ha conocido el fascismo y otras ideolog├şas totalitarias. Estas palabras evocan im├ígenes de una ┬źtotalidad┬╗ lograda merced a la homogeinizaci├│n, la estandarizaci├│n y la coordinaci├│n represiva de los seres humanos. Estos temores se ven alentados por una totalidad que parece proveerle una finalidad inexorable al curso de la Historia: una finalidad que implica una concepci├│n suprahumana y teleol├│gica de la ley social, y que niega la capacidad del arbitrio humano y de la voluntad individual para forjar el curso de los sucesos. Tales ideas han sido usadas ya para lograr un bestial sometimiento del individuo a fuerzas sobrehumanas m├ís all├í de todo control humano. Nuestro siglo se ha visto sobrecargado de ideolog├şas totalitarias que, al poner a los seres humanos al servicio de la Historia, les han quitado la posibilidad de servir a su propia humanidad.

En la actualidad, semejante concepci├│n de la ┬źtotalidad┬╗ choca violentamente con la que manejan los ecologistas. Adem├ís de un profundo inter├ęs por la forma y la estructura, la ecolog├şa guarda un principio muy importante: la totalidad ecol├│gica no es una homogeneidad inmutable sino m├ís bien todo lo opuesto, o sea, una din├ímica unidad de la diversidad. En la naturaleza, el equilibrio y la armon├şa se obtienen gracias a la diferenciaci├│n en constante transformaci├│n y a la diversidad en constante expansi├│n. La estabilidad ecol├│gica, en efecto, no es una funci├│n de simplicidad y la homogeneidad, sino de complejidad y variedad. La capacidad que tiene un ecosistema para preservar su integridad no depende de la uniformidad del medio ambiente sino de la diversidad.

Ciertas experiencias con estrategias ecol├│gicas para el cultivo de alimento constituyen un muy buen ejemplo de estas ├║ltimas premisas. Los granjeros han obtenido repetidamente resultados desastrosos a causa del ├ęnfasis puesto en practicar la agricultura con un solo tipo de semilla, lo cual deviene en una monocultura, por usar un vocablo ya aceptado para referirse a todos los campos de trigo y ma├şz que cubren el horizonte en tantas regiones del planeta. Sin los cultivos alternados, que normalmente proveen las fuerzas compensatorias y el apoyo mutuo que vienen con las poblaciones mezcladas de plantas y animales, es sabido que la situaci├│n agricultural de un ├írea se destruye. Los insectos benignos se vuelves plagas, ya que sus controles naturales ÔÇôp├íjaros y peque├▒os mam├şferosÔÇô han sido removidos. El suelo, carente de gusanos, de bacterias fijadoras del nitr├│geno y de suficientes cantidades de abono, termina por convertirse en arena: un medio mineral que absorbe enormes masas de sales inorg├ínicas de nitr├│geno, que originalmente eran provistas m├ís c├şclicamente y m├ís apropiadamente para el crecimiento de los cultivos. Con una negligente desconsideraci├│n por la complejidad de la naturaleza y por los sutiles requerimientos de la vida animal y vegetal, la situaci├│n de la agricultura resulta cruelmente simplificada; sus necesidades deben ser ahora satisfechas con fertilizantes sint├ęticos altamente solubles que se infiltran en el agua potable y con peligrosos pesticidas que subsisten como residuos en los alimentos. Un importante cultivo de alimentos que alguna vez se lograba gracias a la diversidad de siembra y animales, y que estaba libre de agentes t├│xicos y era probablemente m├ís saludable para la nutrici├│n, es ahora pobremente imitado por cultivos simples cuyo principal soporte son productos qu├şmicos t├│xicos y nutritivos altamente simples.

Si aceptamos que la evoluci├│n natural se ha propulsado hacia una creciente complejidad, que la conquista del planeta ha sido posible s├│lo gracias a la variedad bi├│tica, deber├şamos advertir el error que el hombre comete al alterar los procesos naturales. Los seres vivos, surgidos eras atr├ís de su primitivo h├íbitat acu├ítico en pos de colonizar las ├íreas m├ís inh├│spitas de la tierra, han creado la rica bi├│sfera que ahora la cubre, y esto ha sido posible s├│lo merced a la incre├şble mutabilidad de los seres vivos y al inmenso legado de formas de vida heredado de su rico desarrollo. Muchas de estas formas de vida, aun las m├ís primitivas y simples, nunca han desaparecido, no importa cu├ínto hayan sido modificadas por la evoluci├│n. Las sencillas algas que signaron los comienzos de la vida vegetal y los sencillos invertebrados que signaron los comienzos de la vida animal existen todav├şa en grandes cantidades. Ellos constituyen las precondiciones de la existencia de seres org├ínicos m├ís complejos (a los cuales les da sustento), las fuentes de su descomposici├│n, y hasta de ox├şgeno y di├│xido de carbono. Si bien preceden por m├ís de mil millones de a├▒os a los vegetales y mam├şferos ┬źm├ís depurados┬╗, se interrelacionan con sus ascendientes m├ís complejos en ecosistemas a menudo intrincados.

De aqu├ş que sea preciso otorgarle v├şa libre a la espontaneidad natural, v├şa libre a las diversas fuerzas biol├│gicas que dan lugar a una situaci├│n ecol├│gica diversificada. ┬źTrabajar con la naturaleza┬╗ requiere que fomentemos la variedad bi├│tica surgida de un desarrollo espont├íneo de los fen├│menos naturales. No estoy sugiriendo que debamos someternos a una m├ştica ┬źnaturaleza┬╗ m├ís all├í de toda comprensi├│n e intervenci├│n humana, una naturaleza que le impone al hombre temor y subordinaci├│n. Tal vez la conclusi├│n m├ís obvia que podemos extraer de las premisas de la Ecolog├şa es aquella aguda observaci├│n de Charles Elton: ┬źEl futuro del mundo debe ser manejado, pero este manejo no deber├şa ser como una partida de ajedrez, [sino] m├ís bien como el timoneo de un bote┬╗. Lo que la Ecolog├şa, tanto la natural como la social, puede esperar ense├▒arnos es el modo de encontrar la corriente y comprender su direcci├│n.

Lo que en definitiva distingue como inigualadamente liberatoria a la perspectiva ecol├│gica es el desaf├şo que ├ęsta le presenta a las nociones convencionales de la jerarqu├şa. Debo destacar, empero, que este desaf├şo es impl├şcito: debe ser trabajosamente deducido de la propia disciplina de la Ecolog├şa, que est├í imbuida de parcialismos cient├şficos. Los ec├│logos rara vez se dan cuenta de que su ciencia provee un fuerte basamento filos├│fico para una visi├│n no jer├írquica de la realidad. Como tantos otros cient├şficos naturales, se resisten a las generalizaciones filos├│ficas por considerarlas ajenas a sus investigaciones, prejuicio este que es a su vez una filosof├şa basada en la tradici├│n emp├şrica anglo-americana. M├ís a├║n: siguen a los colegas de otras disciplinas y toman a las ciencias f├şsicas como modelo. Este prejuicio, que se remonta a los d├şas de Galileo, ha derivado en una amplia aceptaci├│n de la Teor├şa de los Sistemas en el campo de la Ecolog├şa. Mientras  dicha teor├şa ocupe un lugar en el repertorio cient├şfico, f├ícilmente puede transformarse en una abarcadora y cuantitativa teor├şa reduccionista de la energ├ętica, si es que adquiere el predominio sobre las descripciones cualitativas de los ecosistemas, es decir, descripciones cimentadas en la evoluci├│n org├ínica, la variedad y el holismo. Sean cuales fueran los m├ęritos de la Teor├şa de los Sistemas como relaci├│n del flujo de energ├şa de un ecosistema, la primac├şa que ├ęsta le da al an├ílisis del aspecto cuantitativo hace que se olvide del estudio de las formas de vida como algo m├ís que meros consumidores y productores de calor├şas.

Publicado originalmente en La Ecolog├şa de la libertad: la emergencia y disoluci├│n de las jerarqu├şas

Extra├şdo: https://detintaverde.blogspot.com


Nota

1- El concepto de ┬źecosistema┬╗ (o sistema ecol├│gico) es usado libremente en muchos trabajos de ecolog├şa. Aqu├ş lo uso, como en la ecolog├şa natural, para referirme a una cierta comunidad animal-vegetal y a los elementos abi├│ticos o inanimados necesarios para sustentarla. Tambi├ęn suelo usarlo en ecolog├şa social para indicar una determinada comunidad humana y natural, o sea, los factores tanto sociales como org├ínicos que se interrelacionan para crear la base de una comunidad ecol├│gicamente balanceada.


Murray Bookchin: El concepto de ecolog├şa social

Murray Bookchin: Nosotros los verdes, nosotros los anarquistas

Aproximaciones libertarias a la Ecolog├şa Pol├ştica. Notas para las ciencias de la rebeli├│n

La naturaleza idealizada

Anarquismo Verde, Ecolog├şa Radical, y Otras Hierbas




Fuente: Lapeste.org