March 4, 2023
De parte de Acracia
994 puntos de vista

El pasado mes de febrero se cumplieron dos a├▒os del golpe de Estado en Myanmar. Dos a├▒os en los que el Tatmadaw, el ej├ęrcito birmano, ha gobernado el pa├şs en base a un Estado de Alarma que deb├şa haber acabado este febrero con la convocatoria de elecciones; algo que la c├║pula militar ya ha decidido retrasar al menos seis meses m├ís. Pero tambi├ęn se cumplen dos a├▒os de resistencia, dos a├▒os durante los cuales parte de la poblaci├│n de Myanmar ha participado de diferentes frentes y m├ętodos de lucha contra el gobierno militar. Lo que comenz├│ como una primera resistencia urbana masiva, con bloqueos de distritos, huelgas de trabajadores y el nacimiento del Movimiento de Desobediencia Civil de trabajadores estatales, ha ido mutando con el tiempo, adapt├índose a la brutal represi├│n de los militares, y en parte, volvi├ęndose m├ís clandestino. Al mismo tiempo, han crecido focos de resistencia armada en las zonas rurales, que se unen a los grupos armados de minor├şas ├ętnicas que luchan desde hace d├ęcadas.

Para acercarnos a esta realidad os recomendamos el podcast de febrero de La Internacional (aunque en realidad os recomendamos que lo escuch├ęis todos los meses), donde Adriana Cardoso e Hibai Arbide entrevistan a Queralt Castillo, que nos pone en contexto del golpe de hace dos a├▒os, de la pol├ştica birmana y de la actual resistencia. Tambi├ęn se puede completar con el art├şculo que Queralt escribi├│ para La Marea en febrero sobre el tema.

Pero si hay un aspecto sobre el que no se habla en profundidad en el podcast, es sobre la lucha armada que se está llevando a cabo en grandes áreas rurales de Myanmar. Para profundizar en ello, traducimos a continuación un extracto de una entrevista realizada por el activista birmano Obi-Y Kanochi a Leisa, una rebelde que participa de la resistencia armada al Tatmadaw, y que fue publicada por el portal web libcom.org (donde se puede encontrar el texto al completo).

Entrevista a Leisa

┬┐C├│mo te involucraste en la resistencia armada al golpe militar?

Empec├ę a involucrarme en el movimiento de resistencia urbana con algunos grupos de la UG. Cuando eso fracas├│ y nos vimos obligados a huir de las ciudades, algunos de mis compa├▒eros viajaron a las ├íreas controladas por las Organizaciones Armadas ├ëtnicas (EAO) para recibir entrenamiento b├ísico de combate. Mientras, yo me qued├ę sola en la ciudad apoyando a aquellos que segu├şan participando de los CDM (Movimiento de Desobediencia Civil). Durante ese tiempo, brind├ę apoyo a unos 20 trabajadores pertenecientes a los CDM, proporcion├índoles a cada uno un saco de arroz y 50.000 kyats (unos 25 d├│lares) al mes.

Durante todo este camino, tuve que vender todas mis propiedades, y solo cuando no pod├şa permit├şrmelo, comenc├ę a pedir donaciones online. M├ís tarde, mis camaradas regresaron de entrenar en la selva. Al principio, no pod├şamos decidir a qu├ę fuerza de resistencia unirnos, y finalmente, nos unimos a un grupo de Defensa Popular Local en la regi├│n, el SBDF, y nos alistamos en su base. Por aquellos momentos, no ten├şamos la confianza p├║blica ni el apoyo de la gente, por lo que ten├şamos que comer y sobrevivir solo con lo que pod├şamos encontrar en la selva, como brotes de bamb├║ y pasta de pescado. Aun as├ş, tratamos de producir material altamente explosivo, rifles hechos a mano y bombas con habilidades y conocimientos limitados. Yo asum├ş el papel de apoyo en el transporte y la log├şstica. Ya fuera un d├şa lluvioso o soleado, de d├şa o de noche, transporte en motocicleta materiales y armas que se fabricaban en lugares ocultos de la ciudad hacia nuestros campamentos de resistencia. Como es l├│gico, hubo muchos incidentes en los que casi me arrestan. Para ser honesta, tengo miedo de morir, y al luchar y esforzarme por no morir, me convert├ş en una mujer fuerte. Las personas como nosotros que no tenemos fe en la vida eterna, creo que tenemos m├ís miedo a la muerte porque una vez que morimos, ya est├í, se acab├│.

Por mucho que nuestra fuerza de resistencia necesite un tremendo apoyo, es altamente efectiva y realiza muchas operaciones con gran resoluci├│n. Y, por supuesto, no podemos hacerlo solos sin la solidaridad, el apoyo y la ayuda mutua de la gente. Tambi├ęn tenemos un tesorero, cuyo alias es Mr. Yar Zar. A trav├ęs de sus conexiones en el extranjero, recibimos mucho apoyo de los trabajadores migrantes en otros pa├şses. Por otro lado, hemos sufrimos muchas bajas y dificultades en esta lucha. Comenzamos con una veintena compa├▒eros entrenados por los EAO, y ahora solo tenemos tres. La mitad han muerto y el resto est├ín heridos. A pesar de las p├ęrdidas, creemos que la victoria est├í a nuestro alcance. En estos dos a├▒os hemos cumplido muchas misiones. Tenemos datos y estad├şsticas que haremos p├║blicas cuando todo esto termine.

┬┐Puedes explicarnos c├│mo tu grupo de resistencia dentro de la rama SBDF se transform├│ con el tiempo?

En los dos campamentos de nuestra rama SBDF, solo ten├şamos treinta miembros y no ten├şamos suficientes alimentos ni materiales para producir armas. Tampoco ten├şamos electricidad, y necesit├íbamos de un generador para fabricar las armas, lo que cuesta alrededor de 50.000 kyats al d├şa en combustible. Entonces, discutimos nuestra supervivencia y decidimos impulsar nuestro papel de relaciones p├║blicas y revelar algunas misiones al p├║blico para atraer fondos. En cuanto a las armas y municiones, ten├şamos la posibilidad de obtenerlas del NUG (Gobierno de Unidad Nacional) si entramos en su cadena de mando. Tras tomar esa decisi├│n, le pedimos permiso al comandante Than Ma Ni del SBDF para formar un nuevo grupo de defensa local llamado Dynamite.

La fama del nuevo grupo de milicianos se ha extendido por toda la regi├│n y hemos ganado el apoyo de los lugare├▒os. D├şa a d├şa llegan nuevos reclutas a unirse a nosotros, no solo de la regi├│n sino tambi├ęn de nuestros vecinos. De esta forma, nuestro grupo pas├│ a completar las caracter├şsticas de un batall├│n, y con la ayuda de un antiguo miembro del partido NLD (Liga Nacional para la Democracia) y coordinador de j├│venes del pueblo, solicitamos convertirnos en un batall├│n oficial reconocido por el Ministerio de Defensa de NUG. La estructura organizativa del batall├│n es una jerarqu├şa de arriba a abajo. Personalmente, no me gust├│, pero estaba en minor├şa, as├ş que tuve que acatar la decisi├│n de acuerdo con la democracia mayoritaria.

Pero entonces sucedi├│ algo que nos hizo separarnos: la mitad de mis compa├▒eros y yo dejamos el batall├│n para formar un nuevo grupo.  Acordamos dejar las pertenencias, armas y municiones que obtuvimos de donaciones mientras est├íbamos en el grupo de Dynamite para el batall├│n, y aqu├ş estamos de nuevo, comenzando desde cero. Sin embargo, ya no existe una estructura de autoridad de arriba a abajo. A cada uno se le asigna su propio rol y responsabilidad. Yo estoy oficialmente a cargo de la contabilidad y en la delegaci├│n encargada de hablar con el p├║blico y otros grupos.

Como mujer en lucha, ┬┐te has encontrado con el estigma patriarcal y la discriminaci├│n de g├ęnero?

Definitivamente, he enfrentado muchos obst├ículos, desde la discriminaci├│n de g├ęnero hasta la influencia religiosa. En gran medida, los monjes nos salvaron. Recibimos refugio y comida de los monasterios.

Como ejemplos, en una ocasi├│n, a nosotras, las mujeres, no se nos permiti├│ ir al segundo piso del monasterio, que es el ├║nico lugar donde pod├şamos tener acceso a Internet. Cuando ven├şan los monjes, ten├şamos que mostrar respeto y juntar las palmas de las manos frente al pecho. Algunas personas del pueblo se burlaban de nosotras por tener tatuajes, usar pantalones y maquillarnos. Sin embargo, con el tiempo, esto se va arreglando y hemos logrado generar la confianza y el respeto mutuo con el monje principal hasta un punto de que podemos mantener discusiones. As├ş como yo muestro mi respeto por su religi├│n, ellos tienen que mostrar su respeto por mi libertad y mis valores. 

En t├ęrminos generales, hay algunos monjes traficantes de poder en esta comunidad budista, creen que son moralmente superiores a sus devotos. Adem├ís, son arrogantes y disfrutan de poder sobre sus creyentes. De esta manera, se asocian con pol├şticos. Aqu├ş, la religi├│n y la pol├ştica siempre se han entrelazado.

En el pasado, los aldeanos rurales ni siquiera se atrev├şan a pasar a la sombra de los monjes que se hac├şan llamar Sangha, los hijos de Buda, y se pon├şan la t├║nica religiosa como un uniforme solo para ganar riqueza y poder. Pero ahora est├ín maldiciendo a esos monjes que defienden la injusticia. Los ignoran cuando se trata de donaciones. Comienzan a cuestionar las consecuencias de Kan (Karama). Estoy bastante satisfecha de ver esas acciones. Adem├ís, creo que solo los monjes progresistas son capaces de examinar cr├şticamente las creencias y los valores religiosos que les han sido transmitidos e influenciados de generaci├│n en generaci├│n, y solo ellos son capaces de demoler el muro religioso que han construido. Por eso creo que hemos hecho algunas mejoras a medida que avanzamos. La gente ahora empieza a cuestionarse el poder que la religi├│n ha construido.

Como anarquista, ┬┐hasta qu├ę punto esperas lograr la libertad y la igualdad de esta lucha?

Desde mis propias creencias, desear├şa llegar a ese punto en el que nadie pueda gobernar a nadie y el gobierno ya no sea necesario. En realidad, sin embargo, estamos combatiendo un sistema democr├ítico representativo contra una dictadura militar. Eso ya lo sab├şa, pero la situaci├│n en la que me encuentro me ha obligado a luchar, y no tengo otra opci├│n privilegiada que luchar y sobrevivir, as├ş que decid├ş hacerlo en esta lucha por una sincera esperanza de que, junto con la revoluci├│n, seremos capaces de avanzar como oprimidos en la lucha de clases y acabar, hasta cierto punto, con el extremismo religioso y la discriminaci├│n de g├ęnero.

Finalmente, ¿tienes algo más que agregar?

Para ser honesta, los que est├ín luchando activamente en la revoluci├│n son en su mayor├şa gente de clase baja y familias campesinas rurales. Las clases medias progresistas o educadas liberalmente (la peque├▒a burgues├şa) est├ín menos involucradas. Vivimos en una sociedad donde algunos privilegiados reclaman derechos sabiendo que la libertad tiene precio. Yo estoy luchando contra todo esto creyendo que podr├ę ser capaz de cambiar algo, aunque sea un poco. No espero mucho, y continuar├ę luchando d├şa a d├şa, cada uno con nueva esperanza.

Tomado de: https://www.todoporhacer.org/myanmar-despues-golpe-militar/




Fuente: Acracia.org