November 22, 2020
De parte de Tejiendo Historia
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El Restaurante Sigfrido es ahora un supermercado. Carretera Alcúdia-Artà, número 41.

Este martes visité la zona militar de La Albufera, en el Port d’Alcúdia, con el investigador local Manuel Espinosa y, al pasar por la carretera a Artà, me dijo: “Mira, ahí estaba el restaurante Sigfrido, donde iban los nazis de la isla”. Ahora hay un letrero con la leyenda “Supermercado Sigfrido”. “En la venta exigieron al nuevo propietario que mantuviera el nombre”. Manuel me contó que Otto Skorzeny, unos de los mejores oficiales de Hitler, pasó allí buenos ratos con amigos y camaradas. Un teniente coronel de las SS que nunca se arrepintió de nada. Muchos alcudiencs le recuerdan –también Manuel– porque se dejaba ver en la playa o en la plaza del pueblo. Era fácil reconocerlo: medía dos metros y tenía una enorme cicatriz en la cara.

Otto Skorzeny y Adolf Hitler.

La historia de Skorzeny se conoce muy bien gracias a su archivo. En marzo TVE e IB3  estrenaron un excelente documental de la productora Quindrop: El hombre más peligroso de Europa. Así le llamaban sus enemigos. Era inmensamente popular por cumplir operaciones imposibles, como la liberación de Mussolini. Tras la guerra, Skorzeny se libró de la muerte por ser demasiado valioso y muchos países lo contrataron como asesor, incluso Israel. Franco lo protegió y él eligió Alcudia para descansar. Se compró una casa frente al mar y nadie lo molestó hasta su muerte en 1975.

Todos sabemos que Mallorca fue un atractivo refugio para los nazis derrotados pero lo extraño es que hemos encontrado muy pocos. Hay muchas leyendas, como que compraron fincas y celebraban reuniones. El libro El nazismo al desnudo (CNT, 1938) reveló que en 1936 el sindicato nazi tenía 35 afiliados en Mallorca y había células en Santa Ponsa, Sóller, Muro, Formentor y Cala Rajada. El periodista de Mallorca Magazin Alexander Sepasgosarian ha publicado en su libro en alemán Mallorca bajo la cruz gamada (2017) que el partido nazi llegó a tener 55 miembros en la isla. También había alemanes antifascistas que acabaron siendo perseguidos por sus compatriotas.

Muchos se quedarían a vivir pero en todos estos años sólo he conseguido encontrar a dos. Ambos habían pertenecido a las Juventudes Hitlerianas y lo curioso es que ninguno estaba arrepentido. Uno vivía en Palma y en su casa exponía sin miedo todas sus insignias. Justificaba las acciones de Hitler salvo el Holocausto, que juraba desconocer, y recordaba cómo su padre, que era socialista, murió como soldado de la Wehrmacht en la defensa de Budapest. Llegó a decirme cosas tan graves que decidí omitirlas en la entrevista. Otro lo encontré en el Arenal y nunca publiqué nada. Recuerdo que insistía en que todos eran nazis porque la economía mejoraba y que lo más importante es dar de comer a tus hijos.

(Columna Tejiendo historia, publicada en Ultima Hora el viernes 23 de octubre de 2020. Sale cada 15 días en papel).




Fuente: Manuelaguilerapovedano.wordpress.com