September 28, 2021
De parte de Briega
328 puntos de vista


Nota de Briega; La importancia de este texto reside no s贸lo en lo concreto del contexto local de Rosario, sino en la extrapolaci贸n que se puede hacer de su reflexi贸n hacia nuestras otras realidades geogr谩ficas.

En la ciudad de Rosario estamos viviendo un inusitado contexto de violencia que ha venido agrav谩ndose en los 煤ltimos a帽os. Sumado a la gran cantidad de robos comunes que se suceden en toda la ciudad, los hechos de violencia extrema vinculados al narcotr谩fico y al crimen organizado han incrementado notablemente la situaci贸n de riesgo y miedo en que habitamos.

Evidentemente, la miseria, la marginaci贸n, el desempleo y el deterioro de los lazos sociales influyen tanto en el crecimiento de la violencia, como del narcotr谩fico y del delito en general, retroaliment谩ndose. La corrupci贸n de las fuerzas de seguridad y del sistema judicial, as铆 como de los pol铆ticos y empresarios 鈥legales鈥 con su participaci贸n directa o indirecta en la industria del delito es notable, y el narcotr谩fico en particular ha adquirido una dimensi贸n tal que el problema ya se plantea como inabordable por los funcionarios a cargo. Tampoco debe olvidarse el desastre que significa la justicia penal en la Argentina, donde la mayor铆a de las personas privadas de su libertad no tienen condena y pertenecen pr谩cticamente en su totalidad a los sectores m谩s marginados de la sociedad.

Cuando desde diferentes sectores nos oponemos a pedir m谩s mano dura, somos acusados de defender a los delincuentes, no solo por la burgues铆a sino tambi茅n por otros explotados y oprimidos. Si bien como clase somos los que principalmente padecemos los asaltos o la preocupaci贸n por zafarlos, esto no puede justificar la brutalidad estatal. Cuando los explotados no pelean contra los explotadores, pelean entre ellos mismos. Y la publicidad del 鈥trabajador honrado鈥 que pide mano dura es la coartada que precisan ciertos sectores de la burgues铆a para poder implementarla. (Ver: Venganza por mano propia en nro.43 de este bolet铆n)

En la ciudad de Rosario, entre enero y marzo de este a帽o se registr贸 un promedio de 2,3 personas baleadas por d铆a, cifra que incluye los asesinatos y heridos por armas de fuego. As铆 comenz贸 el a帽o y as铆 contin煤a. Entre el lunes 6 y el martes 7 de septiembre, se lleg贸 al r茅cord de 6 muertes por homicidios en 24 horas, 5 de las cuales sucedieron en el plazo de 10 horas. Seg煤n un informe del Observatorio de Seguridad P煤blica, dependiente del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, cerca del 80% de los 212 homicidios que este organismo registr贸 el a帽o pasado fueron con un arma de fuego y cerca del 50% tuvieron por motivo 芦tramas asociadas a organizaciones criminales y/o econom铆as ilegales禄, relacionados principalmente con lo que se denomina como narcomenudeo. Un 7,5% sucedieron en situaci贸n de robo, un 30% por conflictos interpersonales y un 13% est谩n a煤n en investigaci贸n. El 90% de las v铆ctimas fueron hombres y 2 de cada 3 muertos ten铆an entre 15 y 34 a帽os.

La violencia armada acontece casi en su totalidad fuera del centro y se acrecienta en los barrios de la periferia urbana. Incluso durante el aislamiento social y obligatorio continu贸 aumentando el n煤mero de asesinatos y heridos de bala. Esta situaci贸n empez贸 a evidenciarse hace ya una d茅cada, llegando en 2013 a duplicarse las tasas de homicidio que se hab铆an dado hasta 2010. En 2014 se lleg贸 a la cifra de 254 muertes por homicidio, que no ha variado sustancialmente en los 煤ltimos a帽os. Entre 2014 y 2020 la tasa de homicidios promedio en Rosario fue de 16 cada 100.000 habitantes, una de las m谩s altas del pa铆s junto con la ciudad de Santa Fe, que llega a 19. Recordemos el Triple crimen de Villa Moreno sucedido el 1掳 de enero de 2012, donde fueron asesinados Mono, Jere y Patom, militantes del Frente Popular Dar铆o Santill谩n (ver nro.1 de este bolet铆n). Este caso puso de relieve c贸mo la violencia narco impacta sobre el com煤n de los habitantes de los diferentes barrios de Rosario, completamente al margen de las bandas en conflicto.

Como ve铆amos, la mayor铆a de los homicidios est谩n relacionados con disputas territoriales dentro del mapa de la venta de drogas, donde las fronteras de cada grupo narco se establecen y desplazan de acuerdo a su nivel de violencia. Pero no solo son los personajes ligados al narcotr谩fico quienes asesinan y balean: hay desde barrabravas por el control de la tribuna y sus negocios, hasta empresarios farmac茅uticos que contratan sicarios para eliminar a la competencia. No todo es competencia leal en el capitalismo, as铆 como el gatillo f谩cil existe entre derechos y garant铆as.

Quienes viven fuera de Rosario sabr谩n que las balaceras sobre casas, autos y locales comerciales se han vuelto una pr谩ctica diaria. Ajustes de cuentas, aprietes para desalojar casas donde instalar 鈥b煤nkers鈥, cobro de deudas y hasta infidelidades son algunos de los motivos, aunque muchos de los atacados no encuentran explicaci贸n alguna. Ese es el nivel de violencia en la resoluci贸n de conflictos interpersonales. As铆 como aumenta el trabajo precario, con las apps de delivery a la cabeza, otra 鈥渟alida laboral鈥 en Rosario es el sicariato: tambi茅n en moto, sin cobertura m茅dica y pago por trabajo hecho.

M谩s all谩 del sensacionalismo de los medios de comunicaci贸n en torno a estos temas, y de las comparaciones con M茅xico o Colombia que poco explican, remarcamos la gravedad de esta situaci贸n que dificulta a煤n m谩s las condiciones de vida de nuestra clase. Qu茅 decir de quienes pierden a seres queridos en robos o disputas, o a sus hijos reclutados como 鈥渟oldaditos鈥 de los 鈥b煤nkers鈥, arriesgando la vida por robar un tel茅fono o sumergidos en adicciones.

Usos de la inseguridad e industria del delito

Se trata de un secreto a voces que la delincuencia es de utilidad para la sociedad capitalista: como se帽ala Foucault, cuantos m谩s delincuentes y m谩s cr铆menes existan, m谩s miedo tendr谩 la poblaci贸n; y cuanto m谩s miedo en la poblaci贸n, m谩s aceptables y deseables se vuelven el control y la protecci贸n estatal. Incluso, agregamos, a sabiendas de que esta no protege ni proteger谩.

La delincuencia posee tambi茅n una utilidad para la producci贸n y la circulaci贸n, se trata de una empresa provechosa y en continuo crecimiento indispensable para el lucro capitalista: tr谩fico de armas, de drogas, venta de personas. Toda una serie de negocios que, por una u otra raz贸n, no pueden ser legales.

Por otra parte, ciertas organizaciones criminales contribuyen tambi茅n a combatir manifestaciones, ocupaciones y piquetes, desaparecer a opositores y luchadores sociales, y proveer de seguridad y guardaespaldas a pol铆ticos, sindicalistas y empresarios.

En un art铆culo titulado sugestivamente Concepci贸n apolog茅tica de la productividad de todas las profesiones, Karl Marx dice que, as铆 como el fil贸sofo produce ideas, el poeta poemas o el cura sermones, el delincuente produce delitos. De este modo, produce tambi茅n la polic铆a, los manuales de derecho y c贸digos penales, los funcionarios que se ocupan de los delitos y sus castigos, as铆 como tambi茅n arte y literatura. Marx dice que podr铆amos poner de relieve hasta en sus 煤ltimos detalles el modo en que el delincuente influye en el desarrollo de la productividad. Que los cerrajeros jam谩s habr铆an podido alcanzar su actual perfecci贸n, si no hubiese ladrones. Y la fabricaci贸n de billetes de banco no habr铆a llegado nunca a su actual refinamiento a no ser por los falsificadores de moneda. En este sentido, agregamos el desarrollo tecnol贸gico en materia de seguridad, as铆 como el crecimiento de este sector en particular, que aparece como alternativa frente a la ineficacia o participaci贸n estatal en el delito.

Los negocios legales se supone son lo contrario a los negocios ilegales, de modo que la conciencia ciudadana pueda dormir tranquila. Pero unos no existen sin los otros. El turismo se retroalimenta con el tr谩fico de drogas y personas para esclavizar sexualmente, as铆 como ciertos minerales que son utilizados por empresas altamente tecnologizadas para la producci贸n de tel茅fonos son extra铆dos mediante la esclavitud y la guerra en el Congo. En el caso del narcotr谩fico en Rosario se han demostrado v铆nculos claros con el desarrollo inmobiliario, las concesionarias de autos o la representaci贸n de jugadores de f煤tbol.

Mientras exista dinero habr谩 robo

En realidad, el robo es una constante para los explotados, aunque no se perciba como tal: el desempleo, la precariedad del sector 鈥informal鈥, el aumento de la inflaci贸n y los sobreprecios, no parecen indignar tanto como la denominada inseguridad de las calles. Desde el patr贸n al gobierno, desde el sindicato al empresario, nuestra vida es consumida d铆a a d铆a. Ser谩 que la sociedad ha naturalizado la miseria, pero no todav铆a que un desconocido nos asalte. Costumbre o no, la denominada inseguridad empeora las condiciones de vida de nuestra clase. Reduce la capacidad de movimiento, achica el salario o como sea que nos ganemos la vida en gastos relativos a la seguridad (rejas, taxis, reposici贸n de objetos robados, alarmas comunitarias, c谩maras de seguridad, seguros), por no hablar del estr茅s generado, las consecuencias f铆sicas, o hasta las p茅rdidas humanas.

Nos robamos entre pobres鈥 se suele se帽alar de modo cr铆tico. Eso no importa a las fuerzas ciegas del dinero. La ambici贸n, el lucro y la competencia anteponen la ganancia a cualquier precio. S铆, a cualquier precio. Nosotros tambi茅n tenemos precio, y no porque el asaltante nos haya puesto uno: ya lo ten铆amos desde antes. La generalizaci贸n de la sociedad mercantil y su 鈥guerra de todos contra todos鈥 crea un suelo f茅rtil para estos robos y asaltos, as铆 como el desarrollo del crimen organizado. Mientras exista propiedad, Estado, polic铆a y un culto al progreso individual, habr谩 enfrentamientos entre explotados. Mientras exista dinero, no habr谩 suficiente para todos.

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Fuente: Briega.org