October 11, 2021
De parte de La Haine
374 puntos de vista


De todas las fuerzas pol铆ticas europeas que en la d茅cada de los 30 impusieron reg铆menes de excepci贸n, tres se distinguieron por convertir a sus sociedades en la vasta prisi贸n de un Estado total: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania y el falangismo en Espa帽a. En sus or铆genes, los dos primeros cobraron consenso a partir de la devastaci贸n social e institucional provocada por la Primera Guerra Mundial. Entre sus premisas, se hallaba una postura beligerante hacia la moralidad religiosa. Misma que nunca lleg贸 a una ruptura con la Iglesia, aunque se tradujo en una relaci贸n siempre recelosa entre ambas partes.

En Espa帽a, en cambio, el falangismo naci贸, evolucion贸 y se consolid贸 como una forma de fascismo confesional. Sus nexos con la jerarqu铆a eclesi谩stica espa帽ola se mantuvieron inc贸lumes hasta el final [en realidad hasta hoy]. Se ha escrito mucho sobre los or铆genes sociales y culturales del falangismo, pero no se ha estudiado con rigor el impacto que produjo el levantamiento cristero en M茅xico en su formaci贸n.

Entre 1925 y 1929, la prensa espa帽ola sigui贸 con detalle extremo el conflicto que se inici贸 como una medici贸n de fuerzas entre el callismo y la gente de la Iglesia y, finalmente, devino un levantamiento armado que conjug贸 a campesinos, comunidades rurales y hacendados en una fuerza que, en aras de la libertad religiosa, enarbolaba la idea de la constituci贸n de un Estado integral (una noci贸n caracter铆stica del ideario de Primo de Rivera y, despu茅s, de Franco). La jerarqu铆a eclesi谩stica mexicana, que al principio apoyaba a la rebeli贸n, en su tercer a帽o opt贸 por buscar una negociaci贸n con los dirigentes callistas.

En cierta manera, daba la espalda a los rebeldes que se hab铆an debatido en una extensa y cruel铆sima guerra en amplias zonas del Baj铆o. La negociaci贸n impuso el desarme a los cristeros y su disoluci贸n como fuerza armada. Pero no todos se desarmaron. Habr铆a una segunda cristiada en la d茅cada de los 30, como respuesta a la violencia ejercida por los propios caudillos locales ligados ya a al Partido Nacional Revolucionario.

Parad贸jicamente, en M茅xico fue la Iglesia quien se encarg贸, en parte, de desmantelar la posibilidad de la formaci贸n de una fuerza cuya estructura interna, principios de autoridad, programa y discurso pol铆tico se asemejaban de manera particular a los que inspirar铆an al falangismo espa帽ol a帽os m谩s tarde. 驴Qu茅 habr铆a pasado si las fuerzas cristeras logran derrotar al ej茅rcito callista? 驴Habr铆a asistido el pa铆s a la emergencia de un Franco en versi贸n local? En la historia, la pregunta de qu茅 habr铆a pasado no tienen sentido alguno. Es s贸lo una especulaci贸n.

Sea como sea, la ultraderecha espa帽ola (a medir por lo que escriben en la 茅poca sus editorialistas en peri贸dicos como El Debate) encontr贸 en la rebeli贸n mexicana de los cristeros una fuente de inspiraci贸n; vieron que era factible reunir el poder de las armas con el de la religi贸n para someter al Estado. Afortunadamente, la sociedad mexicana logr贸 desmantelar las posibilidades de esta cat谩strofe. En la d茅cada de los 70, despu茅s de la muerte de Franco, el falangismo intento, fallidamente, dar dos golpes de Estado a la naciente democracia espa帽ola. Finalmente, se refugi贸 en las filas del Partido Popular para buscar un camino en la nueva vida pol铆tica del pa铆s. Pero en 2013 volvi贸 a renacer en la figura de un partido pol铆tico ya separado del PP, Vox.

Un partido cuyo programa, discurso pol铆tico y emplazamientos p煤blicos podr铆an definirse, sin temor al equ铆voco, como un neofalangismo. Sus rasgos distintivos hablan de ello en abundancia: la homofobia, el rechazo radical a los derechos de g茅nero, la supresi贸n del r茅gimen de autonom铆as, la islamofobia, el antisemitismo, el retorno a los valores morales, una visi贸n econ贸mica ultraneoliberal, la propuesta de acallar con la violencia los reclamos de Catalu帽a y, sobre todo, la xenofobia contra los trabajadores migrantes de otros pa铆ses. 脡ste 煤ltimo aspecto es el que representa acaso la m茅dula de su creciente auditorio electoral, que cosecha los sentimientos racistas que distinguen hoy a una porci贸n considerable de la poblaci贸n espa帽ola.

Su dirigente actual es Santiago Abascal. El mismo que fue recibido en el Senado mexicano por una cuantiosa franja de panistas, con los cuales suscribi贸 un acuerdo de acci贸n mutua. La relaci贸n entre el PAN y el falangismo se remonta a sus or铆genes mismos en la d茅cada de los 40. Muchos de los antiguos dirigentes cristeros pasaron a sus filas y tambi茅n de esa clase media profascista que prolifer贸 en M茅xico durante la Segunda Guerra Mundial. Durante d茅cadas fueron una minor铆a en el PAN, que se enfil贸 m谩s bien hacia el solidarismo que predicaba Manuel G贸mez Mor铆n (acaso un fallido intento de construir una democracia cristiana en M茅xico).

Todo esto cambi贸 a partir de 1988, cuando Acci贸n Nacional inici贸 su ascenso hasta llegar a la Presidencia en 2000. Ah铆 se convirti贸 en el centro 煤nico de todas las derechas del pa铆s. La pregunta es si el sexenio de Felipe Calder贸n y el de Enrique Pe帽a Nieto estuvieron entrecruzados por rasgos de este ambiente neofalangista tan conocido para ambos. El falangismo tuvo siempre una caracter铆stica central: la divisi贸n de la pol铆tica entre el amigo y el enemigo, y la guerra consiguiente entre ambos. Acaso un material para escribir la dif铆cil historia de nuestro tiempo presente.

La Jornada




Fuente: Lahaine.org