March 7, 2022
De parte de Nodo50
253 puntos de vista

El t铆tulo de este art铆culo corresponde al lema que acompa帽a la acci贸n feminista contra las guerras, que ha sido siempre, incondicionalmente, solidaria con las mujeres palestinas, afganas, sirias, iraqu铆es, colombianas, kurdas, saharauis y tantas otras que podr铆a seguir enumerando. Hoy, al escuchar con dolor los testimonios de la poblaci贸n ucraniana y ver las im谩genes de la destrucci贸n que la invasi贸n rusa est谩 produciendo, el coraz贸n est谩 con las mujeres ucranianas, las que resisten en las ciudades y las miles que han tenido que huir con sus hijas e hijos, convirti茅ndose en refugiadas. Y tambi茅n est谩 con las pacifistas rusas que crean redes de resistencia contra la guerra enfrent谩ndose a la represi贸n del r茅gimen de Putin.

En v铆speras de las manifestaciones del 8 de marzo asistimos a pol茅micas entre los partidos del Gobierno sobre la guerra y a declaraciones institucionales sobre el sentido de las pr贸ximas movilizaciones feministas, por eso, antes de entrar en materia, paso a defender la autonom铆a del movimiento feminista para marcar su propia agenda en las manifestaciones que organiza y convoca, sin injerencias institucionales o partidarias. La historia ha llevado a este movimiento a ser particularmente celoso de su autonom铆a y a diferenciar el espacio institucional y su responsabilidad con las pol铆ticas p煤blicas, del suyo propio.

El 鈥渘o a la guerra鈥 desde el feminismo tiene hondas ra铆ces hist贸ricas e internacionales y, tristemente, un largo recorrido. Aqu铆, grupos como 鈥淒ones per dones鈥, 鈥淢ujeres de negro鈥 y diversas plataformas por la paz, siempre han respondido a las guerras y han mostrado la importancia de crear redes de apoyo y de relaci贸n con y entre las mujeres de los pa铆ses en conflicto. As铆 han empujado a que el rechazo a las guerras y la defensa de la paz, hayan estado siempre presentes en el ideario y quehacer feminista y formen parte de su internacionalismo, de lo que hoy se llama 鈥渆l grito global鈥.

Los motivos que nos llevan a las mujeres a alzarnos contra la guerra y defender la paz son muy diversos. A veces se ha querido asociar a una supuesta naturaleza pac铆fica de las mujeres, un argumento con claros tintes esencialistas que no comparto y no da cuenta de las diversas experiencias de las mujeres sobre la maternidad, sobre las pr谩cticas relacionales de las que se nos responsabiliza o sobre la defensa de la naturaleza. La activista feminista y antimilitarista Montse Cervera lo explica al se帽alar el motivo de que sea as铆: 鈥淣o es porque las mujeres seamos pac铆ficas por naturaleza sino porque hemos apostado por la vida de las personas y del planeta鈥.

Esa apuesta por poner en el centro las necesidades y el bienestar de las personas, para garantizar vidas dignas en lugar de los beneficios de los mercados como proclama el capitalismo, es lo que explica el rechazo feminista a la l贸gica armamentista, a esa industria que va engordando en tiempos de paz hasta convertirse en una potente industria de la muerte generando ping眉es beneficios; el rechazo tambi茅n a las escaladas militaristas que se van fraguando bajo la ret贸rica de la paz y a las pol铆ticas securitarias de los Estados que, por otro lado, tan buenos r茅ditos dan a la extrema derecha.

Es la misma mirada que acompa帽a la exigencia de menos gastos militares y m谩s gastos sociales en los presupuestos del Estado. Son los gastos sociales los que pueden atender las necesidades reales y la seguridad de las personas, son los que la pandemia ha visibilizado como trabajos esenciales: los de las trabajadoras de la limpieza, de las residencias, de la sanidad, de los servicios de atenci贸n a la dependencia, los trabajos de cuidados y de sostenimiento en los hogares; en todos ellos la mayor铆a de trabajadoras son mujeres.

Pero hay otro componente fundamental en la propuesta feminista de paz y en el 鈥渘o a la guerra鈥: la violencia. Las mujeres conocemos bien las l贸gicas destructivas de las violencias, en este caso de las violencias machistas, y las guerras son el m谩ximo exponente de la violencia generalizada que busca el sometimiento de los pueblos y de la violencia patriarcal que la acompa帽a. Como lamentable pero afortunadamente se ha podido documentar en infinidad de ocasiones, las mujeres se convierten en bot铆n de guerra. Hubo que esperar a que saliera a la luz la tragedia de las mujeres en la guerra de los Balcanes, para que la violaci贸n se considerara crimen de guerra y es que la 茅pica belicista lleva inexorablemente a la cultura de la violencia, y no hay nada que produzca m谩s extra帽amiento a la propuesta feminista.

Pero hay otro componente fundamental en la propuesta feminista de paz y en el 鈥渘o a la guerra鈥: la violencia. Las mujeres conocemos bien las l贸gicas destructivas de las violencias, en este caso de las violencias machistas, y las guerras son el m谩ximo exponente de la violencia generalizada que busca el sometimiento de los pueblos y de la violencia patriarcal que la acompa帽a. Como lamentable pero afortunadamente se ha podido documentar en infinidad de ocasiones, las mujeres se convierten en bot铆n de guerra. Hubo que esperar a que saliera a la luz la tragedia de las mujeres en la guerra de los Balcanes, para que la violaci贸n se considerara crimen de guerra y es que la 茅pica belicista lleva inexorablemente a la cultura de la violencia, y no hay nada que produzca m谩s extra帽amiento a la propuesta feminista.

La brutalidad de la guerra, y el drama humano que conlleva, pueden llevar a que se instale una normalidad que aparque o ignore cualquier problema que escape a la l贸gica b茅lica, que sin embargo forma parte de la lucha por la vida de las mujeres de otras zonas del planeta. Pero no va a ser f谩cil, quiz谩s habr谩 que ir aprendiendo a hacerlo.

El movimiento Black Lives Matter se帽al贸 que todas las vidas importan y su lucha y su lema se convirtieron en todo un referente. Recurro a 茅l porque ante el riesgo de una normalidad que se asiente en la l贸gica del 鈥渟谩lvese quien pueda鈥 o en el 鈥渘osotros primero鈥, tan funcional al neoliberalismo, frente al miedo y a la inseguridad, me lleva a lo que el feminismo ha levantado: el 鈥渘osotras juntas鈥. La idea de que no existen derechos para unas si no se pueden extender a todas. Por eso, atender con urgencia el drama humano que supone la mayor crisis de refugiados que se ha producido en Europa no puede dejar de lado la situaci贸n de miles de mujeres y hombres que malviven en campos de refugiados por todo el mundo. Como tampoco se puede demorar el cambio de las leyes de asilo y refugio, de extranjer铆a y otras normas securitarias de la Uni贸n Europea.

Porque todas las vidas importan la regularizaci贸n de las personas ucranianas que viven en el Estado espa帽ol es urgente y tiene que favorecer que as铆 sea para cerca del medio mill贸n de migrantes que viven en el Estado espa帽ol en situaci贸n administrativa irregular. Como se帽alan las empleadas de hogar (por cierto, todav铆a sin que el Gobierno les reconozca sus derechos y ratifique el Convenio 189 de la Organizaci贸n Internacional de Trabajo), las jornaleras, las trabajadoras sexuales, cuidadoras y trabajadoras esenciales, muchas de ellas migrantes, la irregularidad de su situaci贸n las somete a mayor explotaci贸n laboral, a la desprotecci贸n legal, la exclusi贸n de servicios p煤blicos y de derechos y las hace m谩s vulnerables a la violencia machista e institucional. El Gobierno no puede esperar a que la campa帽a en marcha 鈥溌egularizaci贸n ya鈥 tenga que recoger 500.000 firmas para garantizar ese derecho.

Ese riesgo al que hac铆a referencia antes 鈥揳 que todo lo que no entre en la l贸gica b茅lica y sus tremendas consecuencias inmediatas desaparezca de la atenci贸n medi谩tica, social y pol铆tica鈥 es un enorme problema porque la guerra no va sino a agravar los efectos devastadores de las crisis que venimos sufriendo y que se van superponiendo: la derivada de la guerra cabalga sobre la de la pandemia y esta sobre las crisis ecol贸gica, de cuidados, econ贸mica y democr谩tica que tambi茅n el feminismo calific贸 como crisis sist茅mica.

El peligro de que las desigualdades que produce el sistema se hagan m谩s profundas y se instalen a煤n m谩s en una normalidad marcada por las violencias, la fragilidad de las condiciones de vida de la mayor铆a y la fragilidad medioambiental, es real.

En unas recientes jornadas sobre feminismo sindicalista, dec铆an unas compa帽eras que organizarse es empezar a resistir. Organizarse para convertir en grito global 鈥渘i guerra que nos destruya ni paz que nos oprima鈥, para construir vidas dignas y sostenibles para todas y todos, para que la apuesta por crear comunidad haga inviable el sometimiento de las mujeres y los pueblos.

Como dice el manifiesto de la Comisi贸n 8M del movimiento feminista de Madrid, 鈥渓as feministas tenemos un plan, vamos a cambiar el sistema. Dibujamos otra trayectoria posible, con una potencia feminista que atraviesa fronteras y derriba muros鈥. Y no es ret贸rica, hay un feminismo inclusivo, en el que cabemos todas, con propuestas que apuntan a las causas estructurales de la situaci贸n que viven las mujeres y que quiz谩s por eso incomoda tanto.

Feminismo o barbarie.

Justa Montero es activista feminista.




Fuente: Feministas.org