January 15, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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La izquierda social va a pagar muy caro no haber desobedecido cabalmente ese guión securitario, con militares y generales de la Guardia Civil dando ruedas de prensa. La sumisión del contrapoder al Estado, y a los partidos políticos estadocéntricos, nunca es una buena opción.

Hordago El Salto

Puede que 2020 sea recordado como uno de los momentos verdaderamente constituyentes del Capitaloceno. Noviembre ha sido el mes más cálido desde que se tienen registros, y es probable que este año haya sido el más caluroso de la historia. El agua empieza a cotizar en el mercado de futuros, colocando a la realidad por detrás de Black Mirror. Y como banda sonora, la epidemia global.

Con estos tres acontecimientos netamente distópicos de fondo, camino de tres meses de estado de alarma y de toque de queda, y con el fantasma de un empobrecimiento generalizado, la coacción instigada desde el poder lo impregna todo. La dinámica punitiva de Ertzaintza, Policía Foral y cuerpos municipales está alcanzando cotas de represión socioeconómica sin precedentes: 15.000 multas en Araba, Gipuzkoa y Bizkaia desde el final del primer estado de alarma, casi 3.000 en Nafarroa. La mayoría relacionadas con el uso de la mascarilla, sobre cuyas virtudes en los espacios abiertos no hay, a día de hoy, evidencia científica. Pero, a falta de propiedades profilácticas es, al aire libre, un inmejorable dispositivo simbólico de disciplinamiento social.

El reciente asalto de la policía al centro cultural autogestionado Auzotegi de la Txantrea, para clausurar un pequeño taller en el que se estaban respetando escrupulosamente las medidas higiénicas, y las siete multas de 3.000 euros, dan pistas del acoso e impunidad que hay en curso. La izquierda social va a pagar muy caro no haber desobedecido cabalmente ese guión securitario, con militares y generales de la Guardia Civil dando ruedas de prensa. La sumisión del contrapoder al Estado, y a los partidos políticos estadocéntricos, nunca es una buena opción.

Entre tanto, la quiebra social ha sido contenida por los ERTE, con la economía subvencionada por las ayudas europeas. La pérdida de empleo durante la pandemia ha sido menor de la esperada, concentrada en hostelería, educación, industria y comercio, pero el riesgo de una nueva devaluación salarial se cierne sobre unas relaciones laborales aún reguladas a favor del capital. Con partes relevantes de la población sumidas en la pobreza, seguimos a la espera de medidas de apoyo para quienes no pueden hacer frente a los suministros básicos. Siguen sin interrumpirse todos los desahucios, mientras que el fin del periodo de garantía de empleo de la primera ola de ERTE sume en la incertidumbre a capas relevantes de la clase trabajadora.

En este contexto, las derivas negacionistas y conspiracionistas tampoco son una opción. Por supuesto que los complejos farmacéutico y militar-industrial, como el panóptico al que nos aboca el dominio del big data, son realidades cada vez más poderosas y hostiles para la vida autónoma y libre. Pero enfrentarse a ellas desde paranoias, códigos ideológicos autorreferenciales y sentimientos de superioridad moral… forma parte de lo peor de la tradición política de la ruptura.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/edito…




Fuente: Grupotortuga.com