May 17, 2021
De parte de Rojo Y Negro
315 puntos de vista


Los amigos del Ateneo Al Margen, que tanto y bien hacen por la cultura libertaria con simpar tenacidad y enorme m茅rito, me piden un texto para el n煤mero de primavera de su revista bajo la r煤brica Distop铆a para un mundo imperfecto. Y la sugerencia me llega con una nota justificativa conteniendo como nexo argumental sendas ideas de las que modestamente  me permito discrepar y sobre las que basar茅 mi aportaci贸n. La primera afecta a la Revoluci贸n Industrial como el momento en que se torci贸 el curso positivo de la historia, presuponiendo que hasta entonces hubo un tiempo mejor. La segunda y concluyente estimula como manifiesto de supervivencia a <<seguir caminando hacia esas utop铆as siempre necesarias como referentes de nuestros actos>>.  Creo, por el contrario, que por esa savia-vaiv茅n, utop铆as-distop铆a, arbitrariamente conjugadas y amalgamadas, circula buena parte de cierto esquema maniqueo construido sobre el desideratum y la mitolog铆a escatol贸gica. Desde esa perspectiva incurrir铆amos en el vicio cl谩sico de la posici贸n del observador que modifica el objeto observado. Principios de m谩ximos, prejuicios proyectados como certezas que a menudo sofocan el anarquismo experimentado, que no es sino una teor铆a de la Justicia en plenitud de Libertad, no una <<ciencia subversiva>> como anunciaba una promo de RNtv con inmerecida fe de carbonero. Me explico.

Revoluci贸n y Utop铆a son dos conceptos abracadabrantes. Alfa y omega de un mismo sistema alternativo. El universo del Todo ya, aqu铆 y ahora. El non plus ultra vital. Continente contenido. Significante significado. Y, en consecuencia, el eterno yunque de nuestra frustraci贸n. Ese 谩mbito cognitivo en el que el engre铆do Aquiles jam谩s es superado por la esforzada tortuga. Pero la condici贸n S铆sifo en s铆 misma no es algo rechazable, al contrario, implica voluntad de esperanza legada generacionalmente. El problema nace cuando Revoluci贸n y Utop铆a se convierten en consignas que envenenan nuestros sue帽os. Sue帽os de la raz贸n que, como muestran los famosos grabados de Goya, tienen car谩cter dual. En cuanto fantas铆a abandonada a la raz贸n, produce monstruos imposibles; unida a ella es madre de las artes y origen de las maravillas (copio la cita que explica las pinturas negras en el Museo del Prado).

Desde que Plat贸n escribiera la que se ha considerado la primera utop铆a pol铆tica, La Rep煤blica, (en realidad dist贸pica y desp贸tica porque sacrificaba la libertad personal al igualitarismo uniformador), el g茅nero ha contado con ilustres propagandistas. Todos aquellos pensadores que de una u otra manera consideraron ilimitadas las capacidades de la raz贸n, pr谩ctica o te贸rica, contribuyeron a enmarcarla dentro de lo posible en diferido. Por hablar solo de los tiempos modernos, Ren茅 Descartes con su <<pienso, luego existo>>; Carlos Marx cuando sostiene que <<la humanidad solo se propone objetivos que puede alcanzar>>, en colisi贸n con lo afirmado antes por su amigo y benefactor Friedrich Engels, quien en su libro Anti-D眉hring hab铆a distinguido entre un socialismo ut贸pico, disfuncional, y un socialismo cient铆fico, de probidad asegurada; incluso Max Weber se aproxim贸 al secreto de la esfinge al declarar: <<el hombre no hubiera alcanzado lo posible a menos que, una y otra vez, no hubiera intentado lo imposible>>. Bien es cierto que en el caso del padre de la sociolog铆a comprensiva su acercamiento a la problem谩tica ut贸pica en la escena de lo social se construye distinguiendo entre acciones guiadas por la  <<茅tica de la convicci贸n>> y acciones  encomendadas a la <<茅tica de la responsabilidad>>.  Pero todos ellos ten铆an en com煤n, de entrada, considerar la utop铆a un v谩stago del progreso y, en segundo t茅rmino, al plantear la condici贸n del hombre como ser social, que lo racional domina  a lo emocional. Seguramente porque en mayor medida eran tributarios del Hegel de <<lo real es racional y lo racional real>> (Filosof铆a de la historia). Un silogismo que cobij贸 tanto al utopismo de izquierda (comunismo) como al utopismo de derecha (fascismo). Dos totalitarismos uncidos al Estado como supremo regulador para asaltar los cielos. Otro cantar es Hebert Marcuse y su ensayo El final de la utop铆a. Aqu铆 por primera vez se liga la utop铆a y la emancipaci贸n al terreno de lo f谩ctico y realizable gracias al favorable grado de desarrollo econ贸mico. Dotando al pensamiento ut贸pico hasta entonces dominante de aliento antiautoritario, el fil贸sofo alem谩n se帽ala que <<con las fuerzas productivas t茅cnicamente disponibles, ya hoy es posible la eliminaci贸n material e intelectual del hambre y de la miseria>>.

La evidencia constada por Marcuse nos devuelve a un evento crucial: la utop铆a como prosperidad. En ese sentido, ser铆a consecuentemente la Revoluci贸n Industrial, con sus avances en todos los 谩mbitos del conocimiento, la fuente de donde manar铆a la concreci贸n de la utop铆a. La encrucijada precisa en que, debido a los avances instrumentales t茅cnico-cient铆ficos, la humanidad empieza a abandonar la larga noche de las necesidades fundamentales insatisfechas por la dram谩tica escasez de recursos. Cierto es que al mismo tiempo en que se inaugura una nueva etapa de abundancia material que lleva hasta la sociedad del bienestar que hoy declina, son muchos los millones de personas que se quedan al margen del nuevo orden de presunta igualdad de oportunidades. Que el capitalismo, con su axioma del beneficio caiga quien caiga, se haya instalado como sistema hegem贸nico, con su correlato de grandes desigualdades y lacerantes injusticias, no significa que a nivel macro no se hayan dado cambios favorables para una inmensa minor铆a donde antes reinaba la indigencia general. Es lo que Marcuse refleja en su trabajo y las estad铆sticas corroboran. Por ce帽irlo solo a 谩mbitos que tienen que ver con la <<calidad de vida>>,  con datos de la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial (BM), registramos: que la esperanza de vida se ha duplicado en un siglo  (en 1909 el promedio era de 38,8 a帽os en los hombres y de 43,6 a帽os en las mujeres, y en 2009 de 78,4 a帽os en los hombres y de 84,5 a帽os en las mujeres); la pobreza extrema ha fluctuado del 64 % de la poblaci贸n mundial en 1960 al 10% en 2012; y la mortalidad infantil ha dado un vuelco desde 1960, cuando de cada cinco ni帽os uno mor铆a antes de cumplir cinco a帽os hasta la actualidad en que sobreviven 19 de cada 20. Ejemplos exportables a temas como acceso el a fuentes de agua protegidas de la contaminaci贸n; escolarizaci贸n; m茅dicos por habitante; analfabetismo; etc. Pero ni de lejos estamos en el mejor de los mundos posibles, mientras contin煤an las guerras, el hambre y el 11% de la poblaci贸n sobrevive con menos de 2 d贸lares al d铆a frente a una 茅lite depredadora que atesora la mayor parte de la riqueza planetaria.

L贸gicamente la percepci贸n de Marcuse, esa posibilidad de realizar la utop铆a con un  excedente de medios que son enajenados a una parte significativa de la sociedad por la dominaci贸n pol铆tica, supone una llamada a la rebeli贸n que nada ni nadie puede paliar. Porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones que crece a cada instante. Ese es el factor humano que los anarquistas y todas las personas de bien deben comprometerse a preservar. Un imperativo categ贸rico y solidario que debe guiar una vida plena.  Extensible a lo que Hans Jon谩s defini贸 como <<el principio de responsabilidad>>: obrar de tal manera que los efectos de nuestra acci贸n sean compatibles con la permanencia de una vida humana aut茅ntica sobre la tierra. En este dilema es donde aparecen como vasos comunicantes la utop铆a y la distopia (utop铆a en negativo), est谩 reprobada desde las tribunas contestatarias con luces de ne贸n, y aquella tan idealizada que se conserva en tetrabrik al alcance de todas las mitolog铆as revolucionarias. Porque la necesidad de la utop铆a y la exigencia de la revoluci贸n, m谩s all谩 de la apariencia, forman un conjunto disjunto espoleado por la inmediatez. La utop铆a en cuanto af谩n de mejora civilizatoria adquiere una dimensi贸n err谩tica al uncirse a un revolucionarismo que dicta la transformaci贸n total a trav茅s de un solo acto de fuerza. Una especie de 隆h谩gase la luz! creacionista caracter铆stico del pensamiento m谩gico. Una llamarada de sesgo milenarista capaz de voltear 360 grados el orden imperante sin volver donde sol铆a. Mutaci贸n que presupondr铆a una madurez individual y colectiva del motor del cambio, y que por ser ajena a la maceraci贸n de la experiencia que precisa el metabolismo de la conciencia, suele instar la necesidad de un agente o estructura mediadora como ejecutor representante. Extrapolaci贸n que en 煤ltima instancia anula las virtudes que acompa帽an idealmente al gradiente ut贸pico y al proceso revolucionario. Que la naturaleza no procede a saltos (Natura non facit saltus), es una verdad convenida desde Arist贸teles a Linneo. Quiz谩s por una impropia asimilaci贸n de lo que significa el t茅rmino revoluci贸n en el campo pol铆tico. Concepto este que tiene su raz贸n de ser geneal贸gico en el terreno de la ciencia, donde naci贸, como recuerda Hannah Arendt, <<gracias a la obra de Cop茅rnico De revolutionibus orbium coelestium (Sobre la revoluci贸n). De esa misma saga surgir铆an expresiones como la Revoluci贸n Industrial para catalogar un cambio epocal.

Llegados a este punto en que parece que ni contigo ni sin ti tienen nuestros males remedio, la cuesti贸n a plantear ser铆a: 驴qu茅 pintamos nosotros en este enredo? Y la respuesta m谩s directa se resume en ser proactivos en la polinizaci贸n libertaria y la centrifugaci贸n del compromiso 茅tico. 驴Qu茅 c贸mo se come eso? Sin atragantarnos. Asumiendo que la experiencia no se delega porque deja de ser existencia propia. Que la utop铆a en distop铆a es posible y necesaria pero que no nace de la nada, por un acto de fe revolucionaria. Que muchas veces la evoluci贸n sin prisa pero sin pausa da mejores frutos y m谩s duraderos que los saltos en el vac铆o, porque entra帽a arraigo (entra en el terreno de la superstici贸n esa pretensi贸n de un <<hombre nuevo>> que liquidar铆a de un plumazo siglos de tradiciones, h谩bitos, creencias, mitos y prejuicios desde la noche de los tiempos). Que en tanto seres racionales y afectivos, contamos con m谩s capacidades para favorecer la empat铆a y la solidaridad que los limitados recursos que ofrece la pol铆tica cortoplacista e institucional del aqu铆 te pillo aqu铆 te mano. Que como dec铆a Proudhon no hay que confundir ser revolucionarios con ser atropelladores. Y, aprovechando que estamos en el centenario de Kropotkin, que el apoyo mutuo es un factor de la evoluci贸n humana. Uno, pero no el 煤nico. Que junto a la veta cooperativa tambi茅n existe la competitiva que manej贸 Hobbes para cimentar el contrato social del Estado Leviat谩n.

(Nota. Este art铆culo se ha publicado en el n煤mero de primavera de la revista Al margen).




Fuente: Rojoynegro.info